sábado, 3 de diciembre de 2016

9ª de la Inmaculada (4º día) Tómalo, tuyo es y mío no

José subió a la ciudad de David llamada Belén con María (…) Y sucedió que, estando allí, le llegó la hora y dio a luz a su hijo primogénito (Lc 2, 4-7).
En Belén hay mucho tráfico: pastores, camellos, ángeles, reyes, estre­llas,… todos quieren ver al Niño Dios. Menos mal que San José pone un poco de orden, por algo es descendiente de reyes. ¡Qué gracioso es el Niño! Míralo, todo un Dios envuelto en pañales… Nadie llega con las manos vacías. Todos quieren hacer regalos al Niño y le traen pañales de repuesto y algún peluche, alfalfa para el burrito, manzanas para la Virgen, y un bastón nuevo para San José… En Belén todos salen ganan­do porque cada regalo es correspondido con una sonrisa del Niño. ¡Qué bien pagados se sienten!
Mi regalo: visitar a Jesús en el Sagrario acompañado de alguien.
María guardaba todas estas cosas en su corazón» (Lc 2, 19).
Y yo, ¿cómo ando de generosidad?, ¿qué puedo llevarle al Niño y a su Madre? “Por favor, no le des de lo que te sobra; dale algo de valor que realmente te cueste: tu tiempo, caprichos de ropa, confesarte más a menudo”, me dijo un día mi mamá. El Niño Jesús pone sus manitos en mis regalos y María me sonríe. San José, en recompensa, me deja car­gar al Niño que se duerme escuchando los latidos de mi corazón. ¡Mi corazón! Eso es lo que quiere. ¿Por qué no se lo doy enterito?
Dile a Jesús que le das tu corazón “Tómalo, tuyo es y mío no”

Propósito: Un regalo que me cueste…

viernes, 2 de diciembre de 2016

9ª de la Inmaculada (3º día) Sta. María, Templo de Dios

En aquellos días se puso María en camino y marchó a prisa a la montaña, a una ciudad, de Judá (Lc 1, 39).
Mira qué buena es mi Madre, nuestra Madre, que es también de todos los hombres: cuando supo que su prima Santa Isabel iba a ser también mamá, se fue corriendo para ayudarla en lo que pudiera. María agarró sus pocas cosas y agarro camino para la montaña. José, que está en todo, se trajo al burrito. María tenía prisa por llegar. Ella sabe que es tem­plo de Dios, el primer sagrario de la historia, es la primera procesión del Corpus Christi. Nuestra Madre es el sagrario más hermoso, el cofre más rico para un tesoro incalculable. Va corriendo porque quiere compartir su alegría con su prima, con todos los hombres.
Agradece a María que siempre nos traiga a Jesús.
Y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel (Lc 1, 40).
Escribe San Josemaría: “Llegamos. Es la casa donde va a nacer Juan, el Bautista. Isabel aclama, agradecida, a la Madre de su Redentor: «¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!¿De dónde a mí tanto bien, que venga la Madre de mi Señor a visitarme? (Lc 1, 42-43)» ”¡Qué suerte la de Santa Isabel!: recibió la primera visita del Santísimo. Yo también recibo tu visita, Jesús, cada vez que comulgo. Como nuestra Madre, me convierto, entonces, por unos momentos, en un sagrario, en una custodia.
¿Por qué no me propongo comulgar todos los días de la Novena…? Que no sea codo.

Propósito: Ayer me confesé, pues hoy comulgo.

jueves, 1 de diciembre de 2016

3+2 diciembre 2016

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9ª de la Inmaculada (2º día) A.M.P., sin pecado concebida

En aquel tiempo fue enviado el Ángel Gabriel de parte de Dios (…) y el nombre de la Virgen era María (Lc 1, 26-28).
Y el nombre de la Virgen era María” ¡María…! Qué bien suena: María, María, María… Como me gusta repetir: ¡María! Jesús, ayer comenzó la Novena de la Inmaculada y durante estos 9 días me he propuesto poner roja a tu Mamá con mis piropos. Si te parece bien, los días que quedan hasta la Inmaculada voy a ir leyendo lo que dice la Sagrada Escritura de María para ella sea la protagonista de mis ratitos de oración con el 3+2. Ella, que es tan buena, como en las Bodas de Caná, se encargará de susurrarte en el oído lo que necesito.
Repite muchas veces: “Ave María Purísima, sin pecado concebida”.
Eres toda hermosa, y no hay en ti mancha (Ct 4, 7).
Hace años, hubo un gran problema en el Golfo de México. Una fuga de un pozo petrolero llenó el mar con una mancha negra de muerte. Dicen que durante años pagaremos sus consecuencias. Hace muchos años, Adán y Eva cometieron el Pecado Original y desde entonces el mal ha inundado el mundo manchando los corazones de todos los hombres… menos uno: el Corazón Inmaculado de María. Este es el dogma de la Inmaculada Concepción de María: «la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción».
Querer a María es parecerme a Ella ¿Ya me he confesado?

Propósito: limpiar mis manchas de petróleo: CONFESARME.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

San Andrés. Maestro, ¿dónde vives? Venid y veréis

Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano (Mt 4, 18).
Jesús, hoy es la fiesta de uno de tus grandes amigos: San Andrés, el her­mano pequeño de Pedro. Fue a orillas del Jordán donde te hizo aquella pregunta interesada: Maestro, ¿dónde vives? (Jn 1, 38). Quizá entonces le dijiste en broma: Por tu interés te quiero Andrés, y añadiste Venid y ve­réis (Jn 1, 39). Estaba claro. Querían que les invitaras a merendar pan con chocolate y pastel de dátiles, especialidad de tu Madre. Y permanecie­ron con Él aquel día. Era como la hora décima (Jn 1, 39). Y se quedaron hasta las tantas, tan a gusto se encontraban. ¡Mira si eran listos!
Dile a Jesús que te invite a merendar… (te puede complicar la vida).
Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando la red en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: –Venid y seguid­me, y os haré pescadores de hombres (Mt 4, 18-19).
El colmo. Los pescadores fueron pescados. Todo comenzó por una me­rienda a orillas del río Jordán. Andrés fue tratando a Jesús, a su Madre, se fue haciendo cada vez más amigo hasta que llegó un momento en que decidió cambiar de patrón y de mar. En vez de anchoas del mar de Galilea se decidió por pescar almas y almejas (pequeñas almas) en el mar del mundo para Jesús, su nuevo Patrón.
Cuéntale a Jesús lo último que has pescado: un resfriado, un amigo.

Propósito: merendar con Jesús. 

martes, 29 de noviembre de 2016

Que vea con tus ojos, Jesús mío

Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: ¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! (Lc 10,23).
—Que me ves, que me oyes... Jesús, cada vez que comienzo un rato de oración repito en la oración introductoria: —Que me ves, que me oyes... Es una forma de ponerme en Presencia de Dios. Pero siempre me pregunto: —Jesús, ¿qué es lo que ves? —¿Qué es lo que tú ves en mi? Lo importante no es lo que yo veo ¡Qué fácil es engañarme! Tantas veces me creo el Rey del Mambo y pienso: Que chico tan simpático soy, que original, que desenfadado... Jesús, lo importante es cómo me ves tú. ¡Que vea con tus ojos, Cristo mío, Jesús de mi alma! ¡Qué vea con tus ojos! Y como a tus discípulos me podrás decir: ¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis!
Pide a Jesús Dieciocho ojos para ver mejor.
Muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís y no lo oyeron (Lc 10,24).
El famoso arquitecto inglés, Norman Forter, comentaba en una entrevista que le daba la sensación de que él veía cosas que los demás no veían. Son cosas que le fascinan. Por ejemplo, las pequeñas burbujas que for­ma la espuma del mar le inspiraron para diseñar un edificio. Yo como San José también me fascino: ¡Oh feliz varón, bienaventurado José, a quien le será concedido no sólo ver y oír al Dios, a quien muchos reyes quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron, sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo!
Fascinarme por poder ver, oír, abrazar y besar a Jesús en la Eucaristía.

Propósito: pedir 18 ojos y fascinarme.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Solo el amor es digno de Fe

Un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en la cama paralítico y sufre mucho» (Mt 8, 5).
Como en las películas de Romanos… Jesús, me imagino al centurión ese como una especie de Hispano, el protagonista de Gladiator, con su brillante coraza y su penacho de plumas, todo lleno de cicatrices. Un centurión se le acercó… bien rodeado de su guardia pretoriana. Pedro, instintivamente, se llevó la mano a la espada, algunos retrocedieron, las Santas Mujeres, ahí, quietas… Pero ¿¡qué hace!? Se ha puesto de rodillas… a los pies de Jesús, llora, balbucea palabras incomprensibles. ¿Qué dice?
Para que aprenda del Centurión cuando me acerque a la Comunión.
«Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Basta con una palabra tuya y mi criado quedará sano» (…) Os aseguro que en Israel no he encontrado a nadie con tanta fe (Mt 8, 6.9).
Jesús, la Fe y el Amor siempre van de la mano. El Fe del Centurión era consecuencia de su Amor. —¡Es que he perdido la Fe...! Decía desa­zonada una persona. Otro le hacía considerar que la fe no se pierde como si fuera una piedrecita: —La Fe no es como una piedrecita que se pierde, es más bien como un niño pequeño que se sostiene en brazos y se abraza. Quizá lo que Usted tuvo no fue Fe, sino pura superstición. La Fe, cuando es verdadera, nunca se pierda.
Pide a Jesús una fe gorda, gorda, más que la del Centurión.

Propósito: abrazar la fe como si fuera un niño pequeño.

domingo, 27 de noviembre de 2016

1º Adviento. ¡Velad!

Velad, pues, porque no sabéis que día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que horadasen su casa (Mt 24, 37-44)
Jesús, la otra noche tuve un sueño inquietante. Soñé que me hacían un regalo muy bien envuelto. El paquete era bastante grande y lo desen­volví con cuidado para no romper el papel. ¡Maniático que es uno! No es que el envoltorio fuera muy historiado, no; era un vulgar papel marrón de estraza. Cuando por fin, con mucho esfuerzo, conseguí quitar todos los celos —sin romperlo—, e iba a sacar el contenido del paquete… me desperté. ¿¡Qué desilusión!? No. Entonces comprendí claramente, de golpe, que el regalo que Dios me quería hacer era el nuevo día y que mi tarea consistía en ir descubriéndolo, desenvolverlo poco a poco: la Sta. Misa, los macarrones con tomate, la sonrisa de mi hermana, mis amigos, el ketchup… Jesús, cada día estoy rodeado de tanta belleza…
¡Qué me dé cuenta! Jesús, que pillo eres: me hablas hasta en los sueños.
Lo que digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad! (Mc 13,37).
Aquella otra niña, cuando era su cumpleaños, nada más despertar, bus­caba el regalo que Dios le tenía preparado: a veces era una nevada, otras un arco iris, los cristales de la habitación empañados. Jesús, que sepa descubrir las bellezas que cada día encierra.
Jesús, tú eres el mejor regalo.

Propósito: desenvolver pero sin romper.