jueves, 17 de agosto de 2017

Telenovelas

Entonces, acercándose Pedro, le preguntó: Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? (Mt 18, 21).
Pedro pregunta esto no de manera teórica. Lo más seguro es que se había enojado con alguno. Como te he contado antes, Jesús, muchas veces perdono sólo de los dientes para afuera. Porque después ando dando vueltas al pleito, me imagino lo que pude haber contestado, lo que le diría si se me vuelve acercar, la carita que le pondría si me pide perdón, etc. En fin, que digo que perdono pero no olvido y luego pro­duzco y dirijo una telenovela digna de ser emitida a una gran audiencia. Jesús, dame un corazón limpio que sepa amar y perdonar.
¿Guardas rencor contra alguien? Cuéntaselo a Jesús.
¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti? (Mt 18, 33).
Jesús, he estado haciendo números: si me confieso al menos una vez por semana, al año son 52 veces que me perdonas de las mismas ba­rrabasadas. ¡Eso es un montón! Y lo que me sorprende es que ni Tú ni el sacerdote parecen cansarse de perdonar. Quiero agradecerte la confe­sión y llevarte a muchos amigos para que no andemos de protagonistas de telenovelas. Y que nunca falten sacerdotes con tiempo para perdo­nar como Tú hacías en Galilea.
Prepara muy bien tu próxima confesión.

Propósito: No ser ni actor ni productor de telenovelas.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Más de dos rezando

Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas; si te escucha, habrás salvado a tu hermano. (Mt 18, 15).
Creo que fue hace un año que el Papa Benedicto XVI explicó esto en su mensaje de Cuaresma. Corregir es una manifestación de amor al pró­jimo. Y si no es por caridad, al final, uno se convierte en el que cae mal porque a todo le encuentra defectos. No deja de ser algo gracioso que hay quien no corrige para caer no mal; y quien sólo se la pasa corrigien­do y cae mal. Pero hay un caso peor: el que no corrige por “respetuoso”, es decir, porque le vale. Creo que en el fondo uno no corrige lo que no quisiera que le corrigieran; y los tales respetos son un “ni se te ocurra meterte en mi vida”. Jesús, quiero dejar todo esto de lado y ayudar a mis amigos a que estén cerca de ti; de paso, me obligo yo a mejorar.
Antes de corregir, pídele a Jesús su opinión.
Yo les aseguro, también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá (Mt 18, 19).
Y si además de corregir, se reza, el negocio sale redondo. Me he dado cuenta, Jesús, que a veces uno se da más cuenta de cómo andan sus amigos que los propios papás. Los papás suelen pedir a Dios para que sus hijos sean buenos. Si a eso añado mi oración, ya somos tres. Más lo que pide la abuelita, cuatro; y así sucesivamente…
Antes de corregir, y después de hablarlo con Jesús, reza.

Propósito: rezar por un amigo.

martes, 15 de agosto de 2017

Asunción Cosas Grandes

“Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre… ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 42.45).
¡Sí! ¡Dichosa! Y mil veces lo diría para hacerle la fiesta a mi Madre del cielo en este día de la Asunción. ¿Qué cara habrán puesto los ángeles cuando te vieron entrar en el cielo? No se imaginaban tanta belleza, tanta hermosura. Realmente hacía su entrada la reina, la soberana, la Madre del Creador. Esa mujer en la que Dios se desbordó en virtudes, dones y gracias. Esa eres tú, Madre mía. Recibes el premio merecido para los que han creído firmemente.
Repítele muchas veces hoy a la Virgen que la quieres mucho.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso. (Lc 1, 48).
Madre mía, creíste, tuviste fe, en las palabras del Ángel en la Anunciación. Pusiste tu vida entera al servicio de Dios para un plan que, en ese mo­mento, eran puras palabras. El Todopoderoso verdaderamente hizo cosas grandes gracias a tu entrega. Y pensar que hay muchos que es­peran ser recordados por generaciones a fuerza de egoísmo y ambicio­nes personales. ¡Quiero que también mi vida sirva para cosas grandes! ¡Quiero que también mi historia sea la de uno que dice sí a Dios en todo! ¡Ayúdame, Virgencita Santa!
Las cosas grandes comienzan con cosas pequeñas.

Propósito: decirle que sí a Dios.

lunes, 14 de agosto de 2017

En la Cruz la alegría y la paz

“El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hom­bres; lo van a matar, pero al tercer día va a resucitar”. Al oír esto, los discípulos se llenaron de tristeza. (Mt 17, 22, 23).
Creo que los discípulos no pusieron atención a lo que oían. Jesús aca­baba de decir “resucitar”. Quizá su atención llegó hasta la parte de “lo van a matar”. A mí me pasa a veces igual, Jesús. Me quedo en el es­fuerzo a medias que conlleva ser puntual, constante, dedicado en los estudios, y se me olvida que después de la muerte sigue la vida. Tengo que morir en mis estudios, en mis encargos, en mi amistad.
Bueno, no seamos tan exagerados. Morir, morir… Jesús en la Cruz, de ahí para bajo ningún esfuerzo es para tanto.
“¿Acaso tu maestro no paga el impuesto?” Respondió Pedro: “Sí lo paga” (Mt 17, 24-25).
Zafarse. Eso es lo que hace uno para no asumir responsabilidades. A Pedro le preguntaron: ¿va a pagar Jesús el impuesto o se va a “zafar”? De ahí viene aquello otro del “zafe”, o cómo le digan en otros lugares. Jesús no se zafa. Asume sus responsabilidades, también en lo humano. En las noticias a veces sale alguno al que agarraron por no pagar impuestos. La gente no los paga para ganar más, y a la larga para llevar una vida más cómoda (pero una comodidad estresante). Igual pasa cuando uno se zafa de estudiar.
Paga tus impuestos: se responsable. Que tenga fondos tu Visa de oración, es decir reza y trabaja con responsabilidad.

Propósito: No zafarme.

domingo, 13 de agosto de 2017

Obediencia

Inmediatamente después Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente (Mt 14, 22).
Jesús, hoy me he fijado en que los apóstoles son obedientes. Les man­das que se suban a la barca y se adelanten. Y te hacen caso sin andar preguntando mucho. A mí me pasa que cuando me manda algo mi mamá le hago mil preguntas, no para hacer correctamente lo que me pide sino porque no tengo ganas de hacerlo y así gano algo de tiempo. Esto de aprender a obedecer cuesta. Pero pienso que si aprendo a ser obedientes a mis papás, aprenderé a ser obediente a Ti.
Sigue hablando con Jesús de cómo obedeces.
Al punto Jesús, extendiendo su mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? Y cuando subieron a la barca cesó el viento. (Mt 14, 31-32).
Al principio Pedro caminaba sobre el agua porque Tú se lo mandaste, pero luego se hundió. Y Tú, Jesús, le dices que se ha hundido porque no ha tenido fe. Me parece que nos quieres enseñar que para obedecer se necesita fe, para no terminar dudando de si es justo que me manden esto, o a sospechar que están abusando de mí con eso que mandan. Se necesita de la fe para darse cuenta que te gusta que sepamos obe­decer, y obedecer con buena cara.
Pídele a Jesús que te aumente la Fe.

Propósito: Obedecer a la primera.

sábado, 12 de agosto de 2017

Montañas voladoras

Se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo: “Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo” Entonces Jesús exclamó: “¿Hasta cuándo estaré con esta gente incré­dula y perversa?”(Mt 17, 14-17).
Seguimos con lo de saber pedirte y hacerlo con fe. Esta vez, ¡gran rega­ñada le cayó al pobre papá del niño endemoniado! Quizá en el fondo de su corazón, quería que su hijo se curara pero a lo mejor por interés personal y no por amor al niño. A lo mejor por eso le llama Jesús “incré­dulo y perverso”. ¿Cuántas cosas te pido así, Jesús? Pido por puro interés. Como me dijo una vez mi papá “ahora sí andas todo amable, a saber qué me vas pedir más tarde”.
Sigue hablando si eres un interesado.
Les aseguro que si ustedes tuvieran fe, al menos del tama­ño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: Trasládate de aquí para allá, y el monte se trasladaría. (Mt 17, 20).
Jesús, a veces creo más en los Zombies, o en la vida en otros planetas, que en tu Palabra. Si tuviera fe, haría, como si nada, el truco de la mon­taña voladora. Y movería la montaña de mi pereza y de mi egoísmo; y, también las de mis amigos, y las de mucha gente.
Confía más en la fuerza de tu oración. ¿Cómo está de recargada tu tarjeta Visa de oración?

Propósito: rezar con fe por algo, y mover alguna montaña.

viernes, 11 de agosto de 2017

Pastel y sin cumpleaños

El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga (Mt 16, 24).
“Jesús te amo”, “Jesús eres mi vida”, “Jesús, dulce Jesús”, y no sé cuántas cosas más vi escritas en aquél cartel. Los que las habían puesto estaban en ese momento sentados –por no decir tirados-en el suelo. Unos con su música, otros haciendo leña a no sé quién (bulling, le llaman ahora). Entró el profesor y dijo, necesito un par que me ayude. Se vieron las caras (los que oyeron), y nadie se levantó. Después me quedé pensado, ¿y no son ese tipo de situaciones en las que nos pides que renunciemos a nosotros mismo y te sigamos?
¿Ayudo a la primera o soy un rogado?
Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras (Mt 16, 27).
La historia de arriba, al final acabó en que unos cuantos, un poco a regañadientes, se levantaron y fueron a ayudar al profesor. Resulta que le habían celebrado el cumpleaños a otro maestro y había sobrado pastel y Coca-Cola. La ayuda que necesitaba el profesor consistía en terminárselo todo porque no se podía quedar allí el pastel y la bebida. Así haces con nosotros, Jesús, basta un poquito de esfuerzo de nuestra parte, y tú lo premias como si hubiéramos subido la cumbre del Everest.
Si al final, el que sale ganando es uno.

Propósito: Apuntarme a llevar la Cruz, que después le dan a uno pastel.