sábado, 29 de abril de 2017

Santa Catalina de Siena. Jesús, ¡qué grande eres!

Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has es­condido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla (Mt, 11,25-26).
Aquel sabio inglés se encontró con un campesino que a la hora del Ángelus interrumpía su trabajo para recogerse en la oración mariana. Con tono de guasa, el ilustrado preguntó: -Dígame Usted, buen hombre ¿Cómo es su Dios? ¿Grande o pequeño? El campesino sin terminar de comprender la malicia que encerraba aquella pregunta, le respondió: -Dios es tan grande que no cabe en la mente de un sabio como usted y tan pequeño que es capaz de caber en un corazón tan minúsculo como el mío.
Dile a Jesús: ¡Señor, qué grande eres, cabes en mi corazón tan pequeño!
Sí, Padre, así te ha parecido mejor (Mt, 11,26).
Tras su conversión, aquel sabio manifestó, años más tarde, que aquella respuesta del campesino había ejercido sobre él más influencia que todos los debates teológicos sostenidos y todos los libros leídos. Sí, Padre, así te ha parecido mejor… Jesús, esta historia me recuerda a la Santa de hoy: Sta. Catalina de Siena, patrona de los periodistas. Pasó de no saber ni leer ni escribir a convertirse en doctora de la Iglesia. Jesús, mira a ver qué se puede hacer conmigo…
Pregunta a Jesús que se puede sacar de ti.

Propósito: estudiar más y de mayor ser periodista.

viernes, 28 de abril de 2017

Bocadillos de sardinas a ¡un euro!

Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia Él una gran muchedumbre, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para que coman éstos? (Jn 6, 5).
Atardece. Estamos fatigados y hambrientos. Jesús, levantas la mirada y ves a la muchedumbre. Pero no ves a la multitud, nos ves a cada uno, me ves a mí. Como nos dice el Papa: La mirada conmovida de Cristo se detiene también hoy sobre los hombres y los pueblos. Con su mirada abraza a las multitudes y a cada uno. Jesús, cómo me gusta sentir tu mirada. De un vistazo borras de mi alma cualquier rastro de preocupación, de amargura. Jesús, mírame, mírame mucho. Te lo pondré fácil porque pienso ir con frecuencia al oratorio.
Deja que Jesús te mire un rato cada vez que vayas a verle al Sagrario.
Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces (Jn 6, 7).
Andrés trae de la mano a su sobrino. El muchacho, con visión comercial, pensaba hacer negocio: Bocadillos de sardinas.... Y ese día hizo el mejor negocio de su vida: Lo dio todo; se dio del todo. Jesús se sirvió de su generosidad para hacer un gran milagro. Jesús, yo también te doy mi todo, porque todo lo mío es tuyo y Tú, como siempre, me devuelves el ciento por uno. ¡No te dejas ganar en generosidad!
Y yo, ¿qué puedo dar a Jesús?

Propósito: darme del todo.

jueves, 27 de abril de 2017

Cantaré tus alabanzas, Señor

El que es de la tierra, de la tierra es y de la tierra habla (Jn 3, 31).
Jesús, y yo, ¿de qué hablo? ¿Cuál es el tema de mi conversación?, ¿con mis amigos, en clase, de qué hablo?El que es de la tierra, de la tie­rra es y de la tierra habla ¡Qué vergüenza me da reconocerlo, Jesús!: Resulta que no es que hable de la tierra, sino del estiércol; hablo de la última cochinada de la televisión, del último chisme... Y, para no que­darme atrás, también yo echo leña al fuego... Otras veces escucho, y mi silencio me hace cómplice de tanto chisme. Jesús, y pensar que Tú ¡lo oyes todo! Nunca más Jesús. Si no es para hablar bien, mejor calladito.
Jesús, que siempre mis comentarios y palabras sean limpios.
El que viene del Cielo está sobre todos y da testimonio de lo que ha visto y oído (Jn 3, 31).
Jesús, no quieres que esté callado, sino todo lo contrario. Prepárate boca, prepárense cuerdas vocales, porque se van a enterar. Jesús, quiero hablar mucho de ti, mucho. No solo hablar, sino también cantar. Que todos mis amigos, mi familia, mis compañeros se enteren de la ale­gría que me llena el alma. Voy a hablar hasta quedarme afónico, como Tú, Jesús mío, que das testimonio de lo que has visto y oído (Jn 3, 31).
Hablar de Jesús hasta perder el habla y después por señas o por escrito.

Propósito: no ser tan chismoso.

miércoles, 26 de abril de 2017

San Isidoro. Vosotros sois la luz del mundo

Vosotros sois la luz del mundo. (…) No se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa (Mt 5, 14-15).
Jesús, a veces pienso que soy el patito feo de mi familia, de mi clase, de mis amigos. Y empiezo a darle vueltas: que si nadie me aprecia, que si nadie me quiere, que si no se me valora… y termino convenciéndome de que, en el fondo, será por algo... Y encerrado en mí mismo le doy vueltas y revueltas, tantas que acabo mareado y tristón. Hasta que un día, alguien, me hace caso, se fija en mí y de golpe y porrazo me doy cuenta que no soy tan horrible. Jesús, estas cosas que me pasan son manifestaciones de encerrarme en mí mismo, de egoísmo. Jesús, líbra­me de mí mismo.
Habla tú con Jesús y dile lo que te brote durante dos o tres minutos.
Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vues­tras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre (Jn 3,15).
Jesús, me hizo gracia. Era una Misa de Domingo al aire libre en un solar en el que algún día se construirá una nueva parroquia. Mientras un sa­cerdote celebraba, otro confesaba en un confesionario portátil. Cerca unos niños jugaban en un montón de arena. Un pequeño, con la cara llena de mocos y tierra, se acercó al que en ese momento estaba con­fesando, para que lo limpiara. Éste no lo pensó dos veces y con su limpia alba liberó al chiquitín de tanta suciedad. ¡Qué buena limpieza! Los tres se quedaron contentos…
Ni patito feo ni nada. Jesús, ¡enciéndeme!

Propósito: iluminar con mi sonrisa.

martes, 25 de abril de 2017

San Marcos. Jesús, descongela mi corazón

Se apareció Jesús a los Once y les dijo: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará (Mc 16,15).
Aquel montañero poeta, un día de Pascua, se conmovió al ver des­puntar, entre las rocas y la nieve el brote de una flor tierna y elegante: como un estallido de vida, cientos de estallidos, decía. El asombroso descubrimiento le acompañó hasta la cumbre mientras consideraba: El Cristianismo es mucho más que un código de comportamientos éti­cos, que una ideología o un mensaje filosófico. Para mí es como esa flor en la nieve: Cristo que vive, hoy y siempre. Cristo continuamente resucitando en los corazones de los hombres. Jesús, resquebraja el hielo que cubre mi vida, resucita en mi corazón (Julián Herranz, Los atajos del silencio).
Dile a Jesús que te aplique maniobras de resucitación cardiaca.
Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes (Mc 16,20).
Jesús, ayúdame a pregonar el Evangelio como hicieron los Once y des­pués San Marcos. Que Cristo viva, ¡resucite!, en el corazón de tantos de mis amigos, de mi familia, de mis compañeros. Con tu Gracia y el fue­go de mi amor provocaré el deshielo. Será una nueva primavera del Cristianismo.
Pide a Jesús un Cambio Climático que deshiele los corazones.

Propósito: facilitar el cambio climático.

lunes, 24 de abril de 2017

Me esperaba quien yo sabía, en donde nadie parecía

Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche (Jn 3,1).
Jesús, a Nicodemo le gustaba la noche, como a mí que soy bastante noctámbulo y bastante Nicodemo… Me encanta la magia de la noche dónde todo es posible. Y cuando a otros les da por hacer el tonto, yo, a veces voy a verte de noche, expuesto en la Custodia, como Nicodemo, y te adoro. Nadie te interrumpe, el silencio es más profundo, me hablas más cerca del corazón. Hay que hacer horas extras, me dices: por los que no rezan, por los que no creen, por los que no te conocen.
Dile a Jesús que no piensas perder la oportunidad de hacer Vela al Santísimo.
El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu” (Jn 3,8).
San Juan de la Cruz es otro Nicodemo y nos cuenta: En una noche os­cura, / con ansias, en amores inflamada, / ¡Oh dichosa ventura! / salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada. // En la noche dichosa / en secreto que nadie veía / ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía, / sino la que en el corazón ardía. // Esta me guiaba / más cierto que la luz del mediodía, / donde me esperaba / quien yo bien me sabía, / en parte donde nadie parecía.
Sácale jugo a la poesía de San Juan. Dice mucho…

Propósito: ser Nicodemo.

domingo, 23 de abril de 2017

Domingo de la Divina Misericordia. Señor mío y Dios mío

Tomás, uno de los Doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús (Jn 20, 19).
Jesús, ¿y dónde estaba Tomás? Siempre me ha parecido un misterio: ¿Qué estaría haciendo? ¿Dónde se habría ido? Está claro que, en ese momento, su sitio era estar con la Virgen Santísima y los Doce. Ese día se despistó, hizo su plan: yo, a lo mío… Y se fue. Jesús, yo como Tomás, tantas veces a lo mío, a mis planes, a mis gustos, a mi TV, a mi egoísmo. Jesús, rompe mi egoísmo. Que esté con los demás. Que me sienta miembro de tu familia la Iglesia y hermano de todos los hombres. Dame un corazón grande como el tuyo.
Pregúntate: Cuando no pienso en Dios y en los demás, ¿en qué pienso?
¡Hemos visto al Señor! (Jn 20, 25)
Tomás no se lo podía creer, no lo quería creer. Si no veo la señal de los clavos…, y si no meto mi dedo en esa señal…, y mi mano en su costado, no creeré (Jn 20, 25). ¡Qué bruto eres Tomás! Es el egoísmo y la desconfianza lo que nos impide ver a Jesús, lo que todo lo critica, lo que ve las cosas retorcidas, del revés. A los ocho días (…) se presentó en medio (Jn 20, 26). Tomás, el incrédulo, por fin vuelve con los suyos. Son las heridas de Cristo lo que le convence: ¡Señor mío y Dios mío! Y yo, ¿ya he vuelto?
Repite muchas veces: ¡Señor mío y Dios mío!, y luego terminas.

Propósito: volver.