domingo, 30 de septiembre de 2018

Si la envidia fuera verde, cuántos “marcianos” habría


El que no está contra nosotros está a favor nuestro (Mc 9, 39).
Las envidias, eso es lo que a veces arruina todo en la clase. Una vez un compañero de mi clase le propuso al profesor que rezáramos una estampa a San Josemaría pidiendo por una señora que había tenido un accidente en la entrada del colegio. No lo pidió el más piadoso de la clase precisamente, y eso fue lo que me cayó mal. Me enojé con él y no recé bien la estampa por pensar en mis adentros que ese compañero mío era un hipócrita. Después lo pensé con calma. Lo hablé contigo, Jesús. Lo que me había caído mal era que no se me hubiera ocurrido a mí, ni que hubiera sido yo quien sugiriera a mi compañero que rezara.
La envidia se cura dando gracias a Dios por lo que uno tiene.
Y cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa (Mc 9, 40).
¡Cómo cuidas, Jesús, a los tuyos! Como decía San Josemaría: no te dejas ganar en generosidad. Quiero ser tuyo, mi Jesús. Quiero pertenecerte. No es que quiera que la gente me vaya dando vasos de agua (aunque a veces no me vendrían mal, mejor si es alguna bebida rehidratante). Es más, esas palabras tuyas me animan a mostrar que soy tuyo porque voy dando “vasos de agua”. Esa agua puede ser: hacer mi cama, recoger la ropa sucia de mi cuarto, ayudar a poner la mesa, etc.
Menos pensar en ver quién me da de beber y más a quién hidrato.
Propósito: Dar un vaso de agua a alguien.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael


Vio Jesús a Natanael que se acercaba y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez (Jn 1, 47).
¡Qué buen piropo le echas, Jesús, a Bartolomé! Que era como un ángel, que no tenía “doblez”, lo que decía lo hacía y no cambiaba aunque la situación fuera difícil. Y es que cuando la Trinidad creó a millardos y millardos de ángeles les dijo “o conmigo o contra mi” y ellos eligieron libremente de una vez para siempre y nombró a tres capitanes. Jesús, ¡qué envidia de Miguel “Príncipe de la milicia celestial”, de Gabriel “Mensajero de Dios”, de Rafael “Medicina del Señor”… a los tres les pido ayuda y que no tenga nunca “doblez”, que mi “sí” sea siempre “sí”.
Pide su especialidad a cada uno de los tres Arcángeles.
En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar (Jn 1, 56).
Yo no he visto ningún ángel, pero sé que tengo uno conmigo siempre –lo llamo así “Ángel”, sin hacerme bolas– y que mi clase está llena de ellos porque somos muchos compañeros. Pero donde se juntan todos los ángeles y arcángeles es en Misa y en el Sagrario, por eso me gusta rezarles: “Oh Espíritus Angélicos que custodiáis nuestros Tabernáculos, donde reposa la prenda adorable de la Sagrada Eucaristía, defendedla de las profanaciones y conservadla a nuestro amor”. ¡Que inmenso aeropuerto de ángeles es cada altar!
Encarga a los Arcángeles que cuiden a Jesús Hostia.
Propósito: Saludar a los ángeles del Sagrario… y a los otros.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Chat divino


Y sucedió que, cuando estaba haciendo oración, se hallaban con Él los discípulos (Lc 9, 18).
¿Cómo rezabas, Jesús? O más bien ¿cómo rezas? Digo como rezas porque si rezar es hablar con Dios, lo tuyo es un chat permanente con el Padre y con el Espíritu Santo. Pero cuando estabas en la tierra con tu cuerpo mortal debía ser impresionante: ¡ayúdame a rezar! Porque a veces se me olvida, o me pongo a pensar en vez de hablar contigo, o con el Padre o con el Espíritu Santo, o con tu Madre –que es también madre mía–. Otras veces retraso el momento, porque sé que Tú siempre estás ahí esperándome y soy un abusivo.
Pide perdón a Dios por tus descuidos en la oración.
Él les dijo: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro dijo: El Cristo de Dios (Lc 9, 20).
Con la boca lo digo, Jesús, cuando rezo el Credo y en mi oración también te lo digo muchas veces: Jesucristo, Jesús el Cristo, el ungido de Dios Padre, su Unigénito. Con la boca y con el corazón, pero tantas veces, Jesús, con las obras no. Y es que seguirte cuesta, y Tú me contestas: –a mí también me costaba ir a la Cruz por ti, para salvarte, por eso me fui al Monte de los Olivos y me puse a rezar: “no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22, 42). Que aprenda a decir “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20, 28) con mi comportamiento.
Sigue pidiéndole que te haga muy coherente.
Propósito: Rezar bien y que se note luego.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Creer de verdad


Herodes el tetrarca oyó todo lo que ocurría y dudaba, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos, otros que Elías había aparecido, otros que algún profeta de los antiguos había resucitado (Lc 9, 7-8).
¡Cuánta gente se dice cristiana, Jesús! Pero no todos creen; yo ahora te digo “creo que eres el único Hijo del Padre, nuestro Señor, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nacido de santa María Virgen, que padeciste bajo el poder de Poncio Pilato, que crucificado, muerto y sepultado, tras descender a los infiernos, resucitaste al tercer día de entre los muertos, y subiste a los cielos y estás sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí has de venir a juzgar a vivos y muertos”.
Haz muchos actos de fe en Jesucristo.
Y dijo Herodes: A Juan lo he decapitado yo, ¿quién, pues, es éste del que oigo tales cosas? Y deseaba verlo (Lc 7, 9).
Te he dicho que creo, Jesús, y –como Sto. Tomás– cuando el sacerdote te alza en la Consagración rezo “Señor mío y Dios mío”, y te veo oculto bajo las apariencias de Pan y de Vino, pero te deseo ver cara a cara. Jesús, que te vea, llévame un día al Cielo. “Tu rostro buscaré, Señor” (Sal 26, 8), o como decía la Santa Patrona de los poetas: “Véante mis ojos, / dulce Jesús bueno, / véante mis ojos, / muérame yo luego”.
Dile a Jesús: “Creo, te amo y espero que me lleves al Cielo”.
Propósito: Hacer actos de fe, esperanza y caridad sin parar.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

MISIÓN: cambiar el mundo


Los envió a predicar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos (Lc 9, 2).
Yo Jesús ni soy uno de los doce Apóstoles ni tampoco soy médico, pero soy cristiano. “Cristiano es mi nombre, Católico mi apellido” decía S. Agustín hace muchos siglos. Un día en Reli nos explicaron que las últimas palabra de la Misa en latín son “ite, missa est ” que significa “salgan, su misión es ahora”. Tú me sigues enviando a predicar y a sanar a quien me rodea, a predicar con mi ejemplo, a sanar con mi sonrisa… Tú te quedas en el Sagrario, pero tu Gracia me acompaña para hacer felices a los demás… ¡Jesús, que me llene de amor a Ti y a los demás en cada Misa, en cada Comunión, y cuando voy a visitarte!
Dile a Jesús que te mande en una misión SWAT.
Y les dijo: No llevéis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos túnicas (Lc 9, 3).
¡Cuánto miedo, Jesús! Veo claro que soy de tu SWAT, pero me da miedo, cuando quiero ayudar a un amigo, hablarle de que no moleste a sus hermanos, que no es más macho por ser más patán…, entonces me da vergüenza. Me has visto, Jesús, haciendo pruebas en el espejo de lo que le voy a decir, o inventando primero jugar FIFA, para luego –medio engañado– llevármelo a Misa… Tú me dices que no necesito nada, ni bastón, ni plata… y es que teniéndote a Ti, lo demás se arregla.
Cuenta tus miedos y tus “estrategias” a Jesús.
Propósito: Lanzarme en el apostolado.

martes, 25 de septiembre de 2018

La familia lo primero


Y le avisaron: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte (Lc 8, 20).
Esta frase, Jesús, me hace pensar en que todas las familias son iguales. Siempre quieren ver y atender especialmente a los más pequeños o jóvenes. Y yo muchas veces me hago el rogado o pongo mala cara cuando hay reuniones familiares. Y en ocasiones llego a decir que son aburridas esas reuniones y que por eso no quiero ir. Jesús, hoy quiero hablarte de cada uno de los miembros de mi familia. Y además pedirte que me ayudes a tratar a todos muy bien y a quererlos.
Habla con Jesús de cada uno de los de tu familia y pide lo que piensas que necesitan.
El, respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen (Lc 8, 21).
Aquí está el secreto de los buenos hijos de Dios. Me parece entender, Jesús, que un buen hijo de Dios es el que quiere descubrir cuál es la voluntad de Dios Padre y luego hacerla. Jesús, ayúdame a que no me deje engañar por la comodidad y me conforme con simplemente no pecar y creerme después que soy bueno. Y es que a veces me felicito a mi mismo por lo bueno que soy ya que no he hecho nada malo.
¿Cuál es la voluntad de Dios Padre para ti? ¿Estás dispuesto a cumplir esa voluntad?
Propósito: Ser buen hijo de Dios.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Dar luz, tipo lámpara LED


Nadie que ha encendido una lámpara, la oculta con una vasija o la pone debajo de la cama, sino que la coloca sobre un candelero para que los que entran vean la luz (Lc 8, 16).
Jesús, no me gustan nada los nerdos, esos egoístas que quieren sacar 100 en todas la clases para ser millonarios el día de mañana. Yo quiero sacar buenas notas, pero ayúdame a no ser un egoísta, a ayudar a los demás, a pasarlo bien con ellos y a prepararme muy bien para servir con mi profesión a todos. Leí en Camino (n. 301) “estas crisis mundiales son crisis de santos”: ¡ayúdame, Señor, a iluminar y a mejorar mi ciudad, mi patria, la tierra entera!
Sueña con Jesús en darle la vuelta al mundo como a un calcetín.
Al que tiene se le dará; y a todo aquel que no tiene, incluso lo que piensa tener se le quitará (Lc 8, 18).
No lo entiendo bien, Jesús. Me parece que el rico se confía en su dinero, el nerdo en sus notas, el interesado en los conectes de su papá… Luego el banco quiebra, le da un derrame cerebral o cambian al Ministro de Economía y todo lo que uno pensaba tener se acaba… y después la muerte. Dijo San Juan de la Cruz, “al atardecer de la vida, nos juzgarán en el Amor”. A quien Te haya buscado y amado en la Tierra, Te le darás por entero y PARA SIEMPRE.
Pregunta a Jesús si piensa que tú estás aprovechando la vida. Por cierto, ¿ya descubriste tu vocación?
Propósito: Ser avaricioso del Señor.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Estar siempre ahí


Una vez en casa, les preguntó: –«¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante (Mc 9, 33-34).
Jesús, esa discusión de tus discípulos me recuerda los pleitos que a veces tenemos en el carro con mis hermanos. Tiene que ver con quién se sienta adelante. Me debería de dar igual, lo sé. Pero ir adelante implica tener el control del radio y elegir la música. Si no, le toca a uno ir con audífonos como si no tuviera familia. Cuando estamos en esas, intento llevar la discusión a términos tan absurdos como, por ejemplo, que el que debería ir adelante es el que tiene mejor gusto musical: es decir, yo. ¿Será posible que sea tan egoísta?
Ser generoso es oír la música que le gusta a tus hermanos.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: –«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» (Mc 9, 35).
Me emociono al verte así de cariñoso, Jesús. Otro les hubiera pegado una buena gritada a los apóstoles. Tú, en cambio, los reúnes, y les explicas con cariño las cosas. Ayúdame a mí también, Jesús. Quiero entender que no es ni más listo ni mejor el que “sale ganando”, a base de hacer de menos a los demás. No es más listo el que se sirve primero y agarra el pedazo más grande; ni el que corre más y se logra sentar adelante en el carro.
Dejarle lo mejor a otro. Ser el último. Eso sí quiere ganas.
Propósito: Aprenderme los gustos de mis hermanos.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Sembrar en las almas


Salió el sembrador a sembrar su semilla; y al sembrar, parte cayó junto al camino (...), parte cayó sobre terreno rocoso (...) parte cayó en medio de las espinas (...) y parte cayó en la tierra buena (Lc 8, 5-8).
Jesús mío, enséñame a recibir bien tu semilla, aunque ahora ya no haya casi nadie que quiera ser agricultor, yo sí quiero serlo. Mi abuelo me cuenta cómo se cultiva la milpa, o cómo es el trabajo de la zafra (caña de azúcar)… Y cómo pasan pendientes del clima para la cosecha… Yo he de sembrar como cristiano, con mi ejemplo, con mi palabra, con mi amistad…, recordando una obligación, desviando una mala plática hacia el fut y luego jalando las orejas, con cariño, al que la empezó.
Examina con Jesús si eres un buen agricultor de tu alma.
La que cayó en tierra buena son los que oyen la palabra con un corazón bueno y generoso, la conservan y dan fruto mediante la paciencia (Lc 8, 15).
Quiero, Jesús, ser tierra buena… soy buena tierra desde que me bautizaron; pero el pecado la convierte en mala, luego llegas Tú y me purificas –Penitencia– y me abonas y nutres con tu Palabra y con tu Pan –Eucaristía–. Sé que la Misa dura un rato, y la Comunión unos minutos, pero ayúdame Jesús a que la Misa sea el riego de un corazón bueno y generoso, que dé fruto sin cansarme.
Analiza con el Señor cómo aprovechas el riego de la gracia.
Propósito: Sembrar hoy en el alma de los amigos.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Jesús te necesita


Él recorría ciudades y aldeas predicando y anunciando la buena nueva del Reino de Dios (Lc 8, 1).
Jesús, no sé qué hubieras hecho hoy, si habrías abierto una cuenta en Facebook, o un Twitter. Lo que sí sé es que no te estás quieto, vas de un lado para otro anunciando el Evangelio (la buena-noticia) que eres Tú mismo, Dios hecho hombre. Y pensar que yo me rindo ante el primer obstáculo, y que si no hay carro no me muevo ni con una grúa. Tú caminas aunque te canses, como aquel día en que fatigado del camino te sentaste junto al pozo a las tres de la tarde (cfr. Jn 4, 6). Yo, en cambio, casi siempre estoy cansado de no hacer nada, y me canso muy pronto de hacer el bien.
Cuenta a Jesús qué caminos recorres y por qué.
Le acompañaban los Doce y algunas mujeres: (...) María, llamada Magdalena,(...) Juana,(...) Susana y otras muchas que le asistían con sus bienes (Lc 8, 1-3).
Y es que, hay que reconocerlo, Jesús, las mujeres son expertas en asistir con sus bienes: desde que nací me cuida mi mamá, siempre tan tierna y pendiente de todo, mi abuela que no se le escapa una. María, Juana, Susana, ayúdenme a querer más a Jesús, a ser menos tacaño con Él y con los demás, a saber poner esfuerzo y servir a Jesús en los demás.
Concreta con quién vas a hacer apostolado.
Propósito: Tratar muy bien a las mujeres de mi familia.

jueves, 20 de septiembre de 2018

M-i-s-e-r-i-c-o-r-d-i-o-s-o


Había en la ciudad una mujer pecadora que, al enterarse que estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, llevó un vaso de alabastro con perfume, se puso detrás a sus pies llorando y comenzó a bañarlos con sus lágrimas (Lc 7, 37-38).
¡Qué envidia, Jesús! Primero por lo fácil que yo tengo encontrarte y lo poco que te busco. Esta mujer tuvo que buscar, y luego se esforzó, y pasó pena al meterse en medio de aquel banquete… la señalarían con el dedo, pero quería estar contigo. ¡Qué envidia, Jesús! Porque a pesar de sus pecados sabe que eres m-i-s-e-r-i-c-o-r-d-i-o-s-o, y que, como está arrepentida, la vas a perdonar. ¡Ojalá yo llorara arrepentido por mis pecados, como esta mujer! Además, yo sé que esos pecados causaron tu Cruz.
Llora –sin lágrimas– de dolor de amor ante tu crucifijo.
Le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados (…) Tu fe te ha salvado; vete en paz (Lc 7, 48.50).
¡Qué alegría, Jesús! Cuando ves mi arrepentimiento, siempre me perdonas. ¡Qué no me acostumbre! Y a veces lo que me pasa es que doy las gracias al confesor, me “voy en paz”, hago la penitencia de una vez y ni te doy las gracias a Ti… Esta mujer seguro que se fue, pero a contarle a sus amigas que era una mujer nueva, que había cambiado, que el Mesías esperado le había perdonado los pecados. A mí, en cambio, me da pena decir que me confieso.
Agradece a Jesús su perdón en la Confesión y llévale amigos.
Propósito: Irme en paz y contarlo sin vergüenza.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Metas claras


Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.» (Lc 7, 32)
A veces me siento así, Jesús. No quiero rezar, pero a la vez quisiera ser el que más cerca de ti está. No quiero ayudar en la casa, y a la vez quisiera que dijeran que soy el más servicial. Así andaba una vez, hasta que mi mamá me dijo: pero vos, al final de cuentas ¿qué querés? A ti Jesús, te contesto, pues que quiero ser buen hijo de Dios, quiero ser buen hijo de mis papás. Ese objetivo claro me tiene que levantar, como el corredor que aunque se cae y pierde la competencia, de todas formas se levanta y llega a la meta.
¿Quién quieres ser? Entonces levántate y ve tras esa meta.
Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores» (Lc 7, 33-34).
Y en mi camino hacia ti, Jesús, no faltarán los criticones. Los que no tienen otro oficio que hablar mal del prójimo o andar chismoseando. Y por andar fijándose tanto en ellos, termina uno haciéndolos pedazos, y al final de cuentas es uno tan criticón como ellos. Por eso, ayúdame a tener la mirada fija en ti, y no en el qué dirán. A ser coherente y no prestarme al chisme.
Pídele a Jesús dominar tu lengua.
Propósito: Pensar cuál es mi meta en mi vida y contársela a Jesús.

martes, 18 de septiembre de 2018

Sensible de verdad


Al acercarse a la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda, y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: No llores (Lc 7, 12-13).
Ya sabes, Jesús, que soy muy sensible, pero Tú más, con una sensibilidad no superficial. Por eso te conmueves ante aquella pobre viuda a la que se le acaba de morir su único hijo. A veces cuando veo el mal, el dolor, no lo entiendo y a veces –perdóname – me enojo contigo porque permites estas cosas. Soy tonto, Tú viniste a salvarnos, a curarnos…, si te hiciéramos caso…. Tú viniste a decirnos no lloren más, yo los salvo muriendo en la Cruz y les dejo mis enseñanzas para que sean felices en esta tierra y luego en el cielo.
Agradece a Dios lo que ha hecho para salvarnos.
Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron; y dijo: Muchacho, a ti te digo, levántate (Lc 7, 14).
Yo no tengo un hijo muerto, pero –lo sabes, y me duele profunda­mente recordártelo– tengo a mi primo muerto a la fe. Va a Misa sólo en Navidad y por tradición, en sus parrandas se comporta como una bestia, en la U ya sabes que truena más que una tormenta… Mi tía no es viuda, pero hazle caso. Yo la veo a veces con los ojos rojos, y sé por qué, por mi primo: ¡hazle caso, Jesús! Resucita a mi primo.
Cuéntale a Jesús sobre otros que necesitan ser resucitados.
Propósito: Pedir por los que están muertos a la Fe.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Fe


Jesús, pues, se puso en camino con ellos. Y no estaba ya lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos para decirle: Señor, no te tomes esa molestia, porque no soy digno de que entres en mi casa (Lc 7, 6).
Otro pasaje, Jesús, donde se ve que eres el Buen Pastor. Te avisan de aquel hombre enfermo y te pones en camino para ir a curarlo. Aquel centurión te mandó a decir unas palabras que te conmovieron y que nosotros repetimos en la Santa Misa justo antes de comulgar. Si aquel hombre no era digno, imagínate cómo estaré yo. Y eso que hasta en algunas ocasiones me hago el rogado para ir a Misa o para confesarme, o voy de mala cara. ¡Que sepa valorar la Santa Misa y tu presencia real en la Eucaristía!
Repite despacio la Comunión Espiritual.
Al oírlo, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose a la multitud (…) dijo: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe (Lc 7, 9).
Me costó entender por qué dices que ese hombre tenía una gran fe. Yo hubiera dicho que tenía mucha humildad. Pero le pregunté al sacerdote del colegio y me dijo que era de gran fe porque no necesitaba verte en persona para saber que eras capaz de curar a su siervo. Y yo, en cambio, a veces me hago bolas sobre cómo es tu presencia en la Eucaristía. Por eso me ha servido aquello que me dijeron que para tener fe hay que pedirla y hay que ejercitarla.
Pide la fe y concreta cómo la vas a ejercitar.
Propósito: Hacer actos de fe al comulgar: “creo, pero aumenta mi fe”.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Ser o no ser


Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Mc 8, 27).
¿Quién digo yo que eres Tú, Jesús? No la respuesta que me aprendí de memoria del catecismo para la primera Comunión, o del libro de religión. ¿Cuál es “mi” respuesta a esa pregunta? ¿Quién eres Tú para mí? Yo digo que creo en ti, Señor. Pero, ¿vivo de acuerdo a esa realidad? ¿No será que aunque sé que eres Dios y que tus enseñanzas son la felicidad, después no termino de creérmelo? Sobre todo, pienso cuando cedo a la curiosidad y veo cualquier cosa, o cuando hago bromas pesadas, o me río de medio mundo incluyendo a mis papás. En ese momento, sin querer contesto: Jesús es un mito y el verdadero Dios soy yo.
De una vez por todas, voy a vivir como cristiano coherente.
«¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. (Mc 8, 33- 34).
Qué duro eres con Pedro, Jesús. El pobre, en ese momento, no había terminado de entender que ser cristiano coherente requiere luchar, esforzarse, y cargar con la Cruz. Quizá ese también es mi problema: a veces soy un gran haragán y sólo paso jugando. A veces soy, como diría mi abuela, peor que vaca echada en mi vida espiritual. ¡Ayúdame a ser más fuerte!
Ser como Pedro, que aunque le costó, entendió, y murió por Jesús.
Propósito: Jugar un rato menos de videojuegos.

sábado, 15 de septiembre de 2018

La Virgen María junto a la Cruz


Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena (Jn 19, 25).
Sabes, Jesús, que hoy se celebra el Día de la Independencia en algunos países, por esto Septiembre es el mes de las Fiestas Patrias allí. Pero hoy la Iglesia celebra a la Virgen de los Dolores, y creo que tiene algo que ver. ¿Cómo así? Pues que si todos somos hijos de Dios y una gran familia, somos también hijos de María. María estaba junto a la Cruz. Te acompañó porque, aunque sufría profundamente, necesitaba estar a tu lado dando consuelo. Además, no estaba sola, estaba también María de Cleofás y su amiga Magdalena. Y es que la familia es lo más importante de la Patria (“Patria” significa “lugar de los padres”), si se destruye la familia se destruye la Nación.
Cuéntale a Jesús qué haces por tu Patria… y por tu familia.
Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Después dice al discípulo: He ahí a tu madre (Jn 19, 26-27).
Señora de los Dolores, hoy no puedo sino pedirte otra vez por esas mamás de mi tierra a las que llevan sus hijos baleados… Tú, que sabes lo que es tener a un Hijo asesinado entre los brazos y que eres Madre Nuestra, haz que haya paz en nuestra Patria… y haz que haya paz en mi familia, y en todas las familias de esta Patria grande que es la tierra entera.
Sigue hablando con la Virgen.
Propósito: Rezar el Rosario por la paz en mi país.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Exaltación de la Santa Cruz


Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3, 16).
Jesús, hoy se recuerda tu sacrificio en la Cruz. Gracias a que has querido cargar con nuestros pecados y sufrir voluntariamente la muerte en Cruz, ahora somos hijos de Dios. Entiendo que el precio que pagaste fue elevado. Y que estando colgado en la Cruz pensabas en el bien de las almas, más que en tu dolor –esto me lo explicaron así en Reli. Jesús, que yo me atreva a “exaltar”, a levantar también en mi vida tu cruz. Quiero, Jesús, ser generoso como Tú y pensar en el bien de los demás. Que no sea un miedoso que huye del sacrificio y de lo que cuesta.
Sigue hablando a Jesús sobre qué es levantar su Cruz.
Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él (Jn 3, 17).
Jesús, en una ocasión me dijeron que si un hombre era sacrificado y exigente consigo mismo entonces era muy comprensivo y cariñoso con los demás. Y la razón es porque se va pareciendo a Ti, que has venido a este mundo no para condenarlo, sino para salvar a todos por medio del sacrificio de la Cruz. A mí me falta bastante exigencia personal y por eso soy frío o malo con los demás. ¡Que me decida a ser sacrificado en el estudio y el trato con los demás!
Concreta pequeños sacrificios para vivir a diario.
Propósito: Levantar la Cruz de Jesús en mi vida.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Ingeniero agrónomo


Pero a vosotros que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian (Lc 6, 27-28).
Lo has dicho bien, Jesús, a los que te escuchan invitas a que no sean rencorosos, ni vengativos. El problema es que a veces no te quiero escuchar, y por eso voy echando rayos y culebras con todo aquel que me parece que me ha ofendido o, al menos, tratado un poco mal. Y eso que mi Custodio me va diciendo que baje las revoluciones. Hasta oigo que me dice: cool down. Jesús quiero aprender de Ti a ser sereno, manso y humilde. ¡Que no quiero ser resentido! Y por cierto, que lo único que rezo por aquellos que me caen mal es aquello de Dios santo, Dios fuerte, Dios inmortal, / líbrame de este animal. Para burro del año no me gana nadie.
Cuéntale a Jesús si tienes algún rencorcillo con alguien.
Haced a los hombres lo mismo que quisierais que ellos os hiciesen a vosotros (Lc 6, 31).
Jesús, el sacerdote del colegio nos explicó en una Misa que esto es la regla de oro del cristianismo. Y al pensarlo me doy cuenta que tratarte no es sólo para no caer en tentación, para no hacer cosas malas. Sé bien que para seguirte hay que tratar de vivir la caridad con todos. Pero esto cuesta vivirlo en la práctica. Tantas veces me quedo tan pancho y me hago el chanchito con sólo saber que no tengo pecados mortales y ni muevo un dedo para ayudar a otros.
Platica con Jesús si vives la regla de oro con tu familia.
Propósito: No estafar a nadie, con todos regla de oro.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Camarón que se duerme…


Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien (…) por causa del Hijo del Hombre (Lc 6, 22).
Esto lo entiendo muy bien, Jesús. Y lo entiendo porque si uno se porta bien automáticamente le caes mal a algunos. Jesús, dame la gracia para ser valiente y no esconder que te quiero. Que no sea miedoso, que aprenda a dar la cara por el Papa o la Iglesia. Que no me importe ese tan famoso miedo al qué dirán. Que viva aquel consejo que escribió San Josemaría: Busca sólo la gloria de Dios y, amando a todos, no te preocupe que otros no te entiendan (Forja, n. 255).
¿En qué tipo de situación te pones miedoso?
¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre! ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis! (Lc 6, 25).
Jesús, hablas bien clarito. No sé que voy a hacer (ayúdame), para no reírme más de lo que te ofende. Dame la valentía de cortar a los que dicen chistes en contra de Dios, el Papa o la Iglesia. Dame la valentía de cortar a los que hacen comentarios impuros. No dejes que me arrastre el ambiente, que sea capaz de imponer yo el ambiente. Ayudame a descubrir que así los ayudo, los acerco a ti. Les protejo de las consecuencias que tiene tomarse a juego las cosas sagradas o serias.
Camarón que se duerme se lo lleva la corriente, que no sea tu caso.
Propósito: No ser camarón… de los que se duermen.

martes, 11 de septiembre de 2018

El que persevera alcanza


Sucedió en aquellos días que salió al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios (Lc 6, 12).
¡Qué bárbaro, Jesús! ¡Toda la noche en oración! ¿Cómo lo lograste? ¿Tomaste café, redbull o qué para mantenerte despierto? ¿No te distraías? ¿De qué hablabas tanto con Dios Padre? Te lo pregunto porque a mí, hacer 15 minutos de oración, sin distraerme, y sin dar una cabeceada, me parece una hazaña. Si te contara que a cada rato me pongo a ver el reloj, y hasta con el vuelo de un zancudo me distraigo. Yo hoy te quiero pedir que me enseñes hacer oración, a perseverar, a tener tema para hablar con Dios Padre sin distracciones.
Cuéntale a Jesús cuáles son las distracciones en tu oración.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió a doce entre ellos, a los que denominó Apóstoles (Lc 6, 13).
Ahora entiendo, Jesús, pasaste toda la noche haciendo oración pen­sando en los que te seguían porque al día siguiente ibas a elegir a doce, que serían los pilares de la Iglesia. No es mala idea esa de pensar en la oración en la gente con la que habitualmente convivo. Además de mi familia, están mis amigos, mis compañeros de clase, y tanta gente más. Tú pensabas en ellos para ver a quién eligirías; yo puedo pensar en la gente que me rodea para aprender de ellos, para considerar contigo las cosas en las que quizá podría ayudarles a ser mejores (sin creerme más que ellos); o, incluso, descubrir si pasan necesidad.
Piensa con Jesús si de verdad conoces a tus amigos.
Propósito: Hablar de mis amigos con Jesús.