martes, 31 de marzo de 2020

Jesús, que cuando me vean, Te vean


¿Tú quién eres? (…) Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy (Jn 8, 25-28).
Jesús, levantado, colgado, significa crucificado. Jesús, les estás di­ciendo que sólo en y desde la Cruz pueden entender quién eres. Y es que no se te puede separar de la Cruz. Preguntaron a un conocido pintor: —¿Mi cuadro favorito? No tengo. A mí me gusta Velázquez (…). Cuando pienso en Velázquez, nunca pienso en un cuadro, sino en una persona a la que quiero mucho. Recuerdo un día que estaba mirando (su Cristo en la Cruz) y de repente sentí que ese hombre me estaba viendo, me estaba escuchando… No está muerto, un muerto flexiona las rodillas. Ese hombre está con la cabeza baja y sabe que estamos aquí (...). Cuando una persona te gusta de un modo tan pro­fundo y cuentas con él para tantas cosas, y dialogas con él, es una referencia en tu vida.
¿Sabe Jesús qué estás con Él?
El que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo porque yo hago siempre lo que le agrada (Jn 8, 29).
Y sigue diciendo el mismo pintor: El misterio de este Cristo, algo tiene que ver con lo espiritual, con la profundidad y la bondad. En el cris­tianismo se han hecho pocas imágenes como esta, tan liberadoras de toda violencia, de toda amenaza al espectador. Pero tampoco te mueve a sentir pena por el personaje. Realmente desvela lo espiritual con una profundidad como muy pocas veces se ha hecho. Es un Cristo limpio de sangre….
Cristo en la Cruz lo atrae todo hacia sí: miradas, sueños, vidas.
Buscar una imagen del Cristo de Velázquez y mirarla.

lunes, 30 de marzo de 2020

Vosotros sois la luz del mundo


“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinie­blas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Jn 8, 12)
Jesús, en clase me han explicado una enfermedad llamada “foto-fo­bia”. por la que personas no pueden exponerse a la luz del sol. Tienen que ir siempre con lentes oscuras y salen de casa sólo de noche. Jesús creo que algo parecido les pasa en el alma a algunos de mis amigos: tienen “fotofobia de Dios”, pobrecitos. Quieren vivir a oscuras, alejados de Dios, con las cortinas del alma siempre cerradas. Se ríen de Dios, presumen de sus pecados –y a veces hasta se los inventan–: y se hace amigos del “Príncipe de las Tinieblas” ¡Qué mal gusto
¿Alguna vez me cansan las cosas de Dios? ¿Lo defiendo?
“Vosotros sois la luz del mundo (…) No se enciende una luz para ponerla debajo de una vasija, sino sobre un candelero (…) Alumbre así vuestra luz ante los hombres”. (cfr Mt 5, 14-16)
¿Y cómo enciendo esa luz? Mi linterna está siempre enchufada, cuan­do la necesito la desenchufo y entonces hay calidad de luz. Había un abuelito al que el Santo Cura de Ars veía muchas veces rezando ante Jesús Sacramentado, y le preguntó que le decía: —¿Decir? Yo lo miro y el me mira. Y todo el mundo decía que era el abuelito más buena onda del pueblo, pero a la vez ayudando a todos a hacer el bien y que llevaba a muchos a confesar con el Santo Cura. Jesús, yo quiero recargar mis baterías siempre contigo, para dar luz a los demás.
Jesús, quiero iluminar el mundo entero con tu luz.
Propósito: recargar mis baterías en el Sagrario e iluminar a la gente.

domingo, 29 de marzo de 2020

Aquel a quien tu quieres


Lázaro estaba enfermo (…) Las hermanas enviaron a de­cir a Jesús: Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo (Jn11, 1-2).
Qué forma más bonita de dirigirse a Jesús: Aquel a quien tú quieres… Se trataba de Lázaro, el hermano de Marta y María. Y quien lo cuenta es otro muy querido, San Juan el discípulo amado. Aquí, el que no corre, vuela. A partir de ahora yo también voy a ser…Quien más te quiere, el apóstol atolondrado, el preferido de la Virgen…
Búscate un nombre, que sea chulo, para dirigirte a Jesús.
Gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, sal fuera! Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: Desatadlo y dejadle andar (Jn11, 43-44).
Jesús, ¡como querías a Lázaro! Era tu amigo. Lo del nombre: Aquel a quien tú quieres, era una realidad. Cuando te dijeron que Lázaro estaba muerto y preguntaste donde lo habían puesto te dolió tanto que te pusiste a llorar. Todo el mundo se daba cuenta: los judíos entonces decían: Mirad como le quería (Jn11, 37). Oye, Jesús, y a mí ¿también me quieres? ¿tanto como a Lázaro? ¿tanto como a Juan? ¿de ver­dad…? Sabes, Jesús, a veces se me muere el alma; son los pecados. Señor, ya huele mal... Son cadenas que me esclavizan y me impiden ir hacia ti. Y entonces necesito que vengas, que me desates de pies y manos y grites: apóstol atolondrado, preferido de la Virgen… ¡sal fuera!
Pregunta a Jesús hasta cuanto te quiere.
Propósito: buscar un nombre.

sábado, 28 de marzo de 2020

Cinco minutos de Evangelio, por lo menos


Unos decían: Este es verdaderamente el Profeta. Otros: Este es el Cristo. En cambio, otros replicaban: ¿Acaso el Cristo viene de Galilea?
Jesús, el conductor del autobús que me lleva todos los días al cole se llama don Segundo. Es un hombre muy bueno, muy puntual, que hace honor a su nombre: ¡Llega al segundo! Se lo decimos y se ríe. Y ya, en el colegio, encuentro la clase limpia y ordenada: ha sido Hortensia que por las tardes hace la limpieza. Y no sé cómo lo consigue Charo, la Jefa de Limpieza, pero cada día organiza todo. Jesús, ellos, quizá sin darse cuenta son Cristo. No son don Segundo, ni Hortensia, ni Charo: eres Tú, Cristo que te haces presente. Este es el Cristo, que no ha venido a ser servido, sino a servir.
¿Conozco el nombre del chófer del bus? ¿Rezo por él, se lo agradezco?
¿Por qué no le habéis traído? Respondieron los alguaciles: Jamás hombre alguno habló así. (Jn 7, 45-46).
Jesús, ¡qué bien hablabas! Los que te oían se quedaban boquiabier­tos, embelesados, escuchándote: ¡Más, más… otros cinco minutos más porfa..! ¡La de la oveja perdida! ¡La del hijo pródigo! ¡Maestro, la última parábola! Jesús, Tú eres el Verbo hecho carne, eres La Palabra encarnada y los Evangelios son La Palabra encuadernada, por eso cada día, después de leerlos, los beso, te beso a Ti.
¿Leo el Evangelio cada día?
Propósito: Conocer más a Jesús.

viernes, 27 de marzo de 2020

Jesús, que no se me arrugue el ombligo


Entonces, algunos de Jerusalén decían: ¿No es éste el que buscan para matarle? Pues mirad cómo habla con toda liber­tad y nada le dicen (Jn 7, 25).
Jesús, te buscan para matarte; tu vida corre peligro pero no te escon­des, sino que continúas con tu misión de enseñar el Evangelio a todas la gentes. En cambio yo, Jesús, cuánta cobardía tengo a veces. Veo que debería decirle algo a ese amigo, o cortar una conversación cochina, o defender a la Iglesia o al Papa ante esa crítica. Pero me tiemblan las rodillas y me quedo allí arrinconado, escondido en mi silencio, y pierdo una oportunidad estupenda de darte a conocer.
Dile a Jesús que te dé una buena dosis de VALENTÍNA® (vía oral).
Jesús, enseñando en el Templo clamó: Me conocéis y sabéis de dónde soy (Jn 7, 28).
Jesús, quiero conocerte cada vez mejor. Quiero enterarme bien de tu vida para tratarte, quererte y luego poder transmitirla a los demás. Al regalarte aquella Historia de Jesús, puse como dedicatoria: Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo. Son tres etapas clarísimas. ¿Has intentado, por lo menos, vivir la primera? (Camino 382). Y cuando no entienda algo, que no me quede con la duda; lo preguntaré en la dirección espiritual.
Di a Jesús que le quieres conocer mejor cada día y terminas.
Propósito: Tomar VALENTINA®.

jueves, 26 de marzo de 2020

No tengáis miedo. Abrid las puertas a Cristo…


Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en nombre propio, a ése lo recibiríais (Jn 5, 42).
Jesús, fíjate si soy tonto que a veces pienso que ya te conozco lo suficiente y que me cansas. Entonces ya no te recibo. E incluso me quejo cuando tengo que estudiar el catecismo o asistir a una plática. —¿¡Otra vez Misa…?! ¡Vaya aburrimiento…! Tú, que te me acercas, que quieres ser mi amigo, y yo… no te recibo. Y, en cambio, recibo a Batman, a los Simpson, o Walking dead. Jesús, que te reciba siempre con alegría en los sacramentos, en los medios de formación.
Jesús, te pido por los que se preocupan de mi formación.
¿Cómo podéis creer vosotros, que recibís gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que procede del único Dios? (Jn 5, 43).
Jesús, me doy cuenta que la fe se robustece con el estudio y con la formación. No es lógico que vaya creciendo en mi cultura, mi cien­cia, mi capacidad, y continúe con una formación religiosa de prime­ra comunión. Ya va siendo hora de sustituir en el alma los dientes de leche de niño por una dentadura fuerte: con mi formación y doctrina echaré el diente a cualquiera que se ponga por delante. Jesús, mi inteligencia es un chispazo de tu Sabiduría y, por eso, nada hay más razonable que creer y estoy dispuesto a demostrarlo…
Dos más dos: Cuatro. Dos más Dios: Infinito (y yo soy el dos).
Propósito: Abrir la puerta.

miércoles, 25 de marzo de 2020

La Anunciación. Ave María, llena de Gracia


En aquel tiempo fue enviado el Ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María. Y habiendo entrado el Ángel donde ella estab
Jesús, siempre me ha parecido de mala educación y de mal gusto, eso de curiosear en la vida de los demás, pero hoy… hago una ex­cepción: ¿Cómo fue la Anunciación? ¿Qué dijo tu Madre? ¿Se puso colorada? Quiero saberlo todo. A veces también les pregunto a mis padres cómo se conocieron, quién tomó la iniciativa… Entonces se miran con ojos de complicidad y se nota que les palpita el corazón. «Yo entiendo que cada Avemaría, cada saludo a la Virgen, es un nue­vo latido de un corazón enamorado». (Forja, nº 615).
Recuerda a María el momento más feliz, cada día, al rezar el Ángelus.
María contestó: aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el Ángel”. (Lc 1, 38).
¡La esclava del Señor! ¡La sierva de Dios! La criatura más excelsa, la más perfecta, la Santísima Virgen, hace del servicio el centro de su existencia. Esto no todo el mundo lo entiende. Hace falta tener mucha finura interior, mucho talento y categoría humana: sólo son capaces algunas almas privilegiadas. Y yo, ¿lo entiendo? Pues entonces…
Agradece a la “Esclava del Señor” poder servir
Propósito: servir.

martes, 24 de marzo de 2020

Aquí estoy


Había un hombre que padecía una enfermedad desde ha­cía treinta y ocho años. Jesús, al verlo tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres ser curado? (Jn 5, 3-4).
Jesús, ves a ese hombre que lleva tanto tiempo paralítico —¡treinta y ocho años!— y te compadeces de él. ¿Quieres ser curado?, le pre­guntas. Jesús, también a mí me haces preguntas: ¿Quieres ser cura­do? ¿Quieres que te ayude a superar este o aquel defecto? ¿Quieres que te dé alas para volar en tu vida interior? Jesús, te parecerá men­tira pero… a veces te digo que no, que no me interesa comprome­terme (tener dirección espiritual, hacer un retiro, asistir a una charla), no sea que me complique la vida. ¡Jesús no me dejes solo con mi egoísmo (huele tan mal)!
El amor de verdad exige compromiso. ¿Me comprometo con Dios?
El enfermo le contestó: Señor, no tengo un hombre que me introduzca en la piscina cuando se mueve el agua (Jn 5, 8).
¡Cuánta gente podría decir lo mismo!: Jesús, no tengo un hombre, no tengo a nadie que me eche una mano, que me ayude, que me orien­te; nadie que me dé un buen consejo; nadie que me apoye cuando lo estoy pasando mal. Jesús, de los que están a mi alrededor, ¿puede quejarse alguno de mí? Jesús, que en el día del Juicio nadie pueda decir que no le ayudé. Tengo que abrir los ojos para que a nadie le falte mi cariño, mi ayuda, mi palabra de cristiano.
Cuéntale a Jesús a qué personas estás dispuesto a ayudar.
Propósito: Ayudar a los demás. Hacer apostolado.

lunes, 23 de marzo de 2020

Como los míos… no hay


(Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Galilea a Judea, fue a verle, y le pedía: (…) Señor, baja antes de que se muera mi niño (Jn 4, 46-47).
Jairo te fue a buscar para que le curases a su hijita de 12 años; la mu­jer cananea, la de los perrillos, consiguió que sanaras a su niña; tam­bién lo logró el padre de aquel chico lunático que se tiraba al fuego; incluso la Viuda de Naim, sin pedirlo, sin palabras, sólo con su mirada, consiguió que le resucitaras a su único hijo; hoy, en el Evangelio, es el funcionario de Cafarnaún. Todos estos padres angustiados no pedían para sí mismos, sino para sus hijos. Jesús, muchas gracias por darme unos papás que me quieren tanto, tanto, que siempre me llevan ha­cia ti.
Hay padres normales, fenomenales, pero como los míos no hay iguales.
Sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo es­taba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: Hoy a la una le dejó la fiebre (Jn 4, 51-53).
¡Vaya cara de susto se le pondría al pobre padre cuando vio que se le acercaban sus criados! Esperaba lo peor… ¡Vaya brinco de alegría cuando recibió la noticia!: Batió el record de salto de altura, seguro. Jesús eres el mejor antipirético, el mejor remedio contra la fiebre.
Repite muchas veces: ¡Jesús, muchas gracias por mis padres!
Propósito: No molestar a mis padres.

domingo, 22 de marzo de 2020

No soy ningún “prodigio”, quiero hacer de Hijo Pródigo


Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento (Jn 9, 1).
¡Pobre hombre! Al ser ciego de nacimiento jamás pudo ver a su mamá, ni el amanecer, ni los colores, ni el rostro de sus hijos. Ahí se pasaba el día entero, a la luz del sol, pero en medio de la oscuridad y de la indi­ferencia de todos. Jesús, me recuerdas otra historia: Era el primer día de primavera. El metro estaba a rebosar. Llegó a su parada de siempre y antes de subir las escaleras para salir, se paró ante un hombre que pedía limosna. Tenía un cartel: «Soy ciego, deme algo». Como director de Marketing de una gran empresa le pidió permiso para cambiar el texto. A partir de ese momento le llovieron las limosnas.
¿No seré yo también un poco ciego para las cosas de Dios?
Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé» (que significa Enviado). El fue, se lavó y volvió con vista (Jn 9, 6).
Por la tarde, el director de Marketing de regreso a casa, vuelve a pa­sar. No se sabe cómo pero el ciego le reconoció: —¿Ha sido usted, verdad? —Por favor ¿Qué es lo que ha escrito en el cartel? Pues muy sencillo: «Hoy comienza la primavera pero yo no puedo verla» (cfr Eduardo Camino, Formar líderes). Benedito XVI en la Pascua 2012 nos decía. La oscuridad amenaza verdaderamente al hombre (…) La os­curidad acerca de Dios y sus valores son la verdadera amenaza para nuestra existencia y para el mundo en general.
Para poder ver, tengo que limpiar los ojos del alma en la confesión.
Propósito: Evitar cuidar cerdos, cueste lo que cueste.

sábado, 21 de marzo de 2020

Humildad es andar en Verdad


El fariseo quedándose de pie, oraba para sus adentros: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo (Lc 18, 11-12).
Jesús, el fariseo de la parábola se creía muy bueno: No soy como los demás hombres. Solo le hace falta decir: “No me beso porque no me llego que sino…” Jesús, no hay cosa más fea que eso de colgarse medallas y hablar bien de uno mismo: Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. Jesús, ¡ayúdame a ser humilde! ¡Que no me lo crea!
Sta Teresa: “Humildad es andar en verdad”. Tengo que ser verdadero.
Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado” (Lc 18, 14).
De la mano de San Josemaría, “Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad: —pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás; —que­rer salirte siempre con la tuya; —disputar sin razón o —cuando la tie­nes— insistir con tozudez y de mala manera; (…) —despreciar el punto de vista de los demás; —no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;(…) —citarte a ti mismo como ejemplo en las conversacio­nes; —hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan (Cfr. Surco 263).
Sigue leyendo por tu cuenta Surco 263 ¿Te sientes retratado…?
Propósito: no colgarme medallas.

viernes, 20 de marzo de 2020

El primer mandamiento es ESCUCHA


¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús res­pondió: Escucha, Israel, el Señor Dios nuestro es el único Señor (Mc 12, 28-30).
Jesús, me lo puedes decir más fuerte, pero no más claro: ¿Qué es lo primero? ¿Qué es lo más importante? Me respondes: Escucha, Israel…, escucha, Marta; escucha, Andrés; escucha Nacho, escucha….. (pon tu nombre). Jesús, al isar cada día la app LinkBFF, mi rato de oración, no te oigo, me cuesta conectar contigo. Quizá es que tengo que bajar el volumen de mi ruido interior, vaciar la cabeza de pájaros y ponerme a la escucha. ¡Qué alegría cuando sintonizo! ¡Qué maravilla cuando oigo tu voz! Jesús, estoy a la escucha. Pero, por favor, no hables tan bajito.
Primero sintoniza y luego escucha lo que Jesús te quiera decir.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas (Mc 12, 28-30).
Jesús, se ve que no te gusta compartir, ¡lo quieres todo, me quieres del todo! Eso de amarte completamente y con exclusividad me pare­ce ¡tan difícil! Sabes, Jesús, me gusta el tenis y los perros y Harry Potter y, no te rías, Jesús, la pizza y la Ketchup, y tantas otras cosas. Jesús, qué bueno eres, porque queriéndote a ti, con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas, amo todas esas cosas que me gustan y sobre todo amo a mi prójimo.
Cuéntale lo que más te gusta.
Comer una pizza sin carne ni jamón (por ejemplo).

jueves, 19 de marzo de 2020

San José. Hizo como el Ángel del Señor le había mandado


José era el esposo de María, de la cual nació Jesús (Mt 1, 16).
Jesús, ¡pobre San José! Ha sufrido un auténtico complot del silencio. Ni San Marcos ni San Juan le citan en sus Evangelios. San Lucas y San Mateo no registran ni una sola palabra del Patriarca. Pero su figura no ha hecho más que crecer a lo largo de la historia. Es la grandeza de quien ha buscado ocultarse y desaparecer para no hacer som­bra ni a Jesús ni a María Santísima. Por eso dice Sta. Teresa: San José es Padre y Señor que acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús, mientras crecía y se hacía hombre. Tratándole se descubre que el Santo Patriarca es, ade­más Maestro de vida interior: Porque nos enseña a conocer a Jesús, a convivir con Él, a sabernos parte de la familia de Dios (Sta. Teresa, Libro de su Vida 6, 8).
Pide por todos los Pepes, Josés, Giuseppes, Joseph… que conozcas.
Al despertar de su sueño hizo como el Ángel del Señor le ha­bía mandado (Mt 1, 24).
Jesús, hoy también es el día del padre y me he propuesto no despertar a mi papá temprano. Quiero que todo lo que sueñe se haga realidad, como le pasó a San José. Es lo que dice un amigo mío: Para que algo sea realidad antes hay que soñarlo. ¿Con qué soñará mi papá? Sospecho que conmigo, mis hermanos, mi mamá: Vernos a todos muy felices, aquí en la tierra y, después, en el Cielo: Papá: ¡Dulces sueños!
Da gracias a Jesús por tu papá. De todos los posibles… es el mejor.
Propósito: Soñar despierto: ZZzz…

miércoles, 18 de marzo de 2020

El que salta la valla, cae en la trampa…


No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles su plenitud. En verdad os digo que mientras no pasen el Cielo y la Tierra, no pasará de la Ley ni la más pequeña letra o trazo hasta que todo se cumpla (Mt 5, 17-18)
Jesús, en el ambiente noto un terror a las normas, a los mandamien­tos, como si fueran en contra de mi libertad. Yo creo en Dios, pero a mi manera; así es más espontáneo, más natural, dicen muchos. En cambio, bien que siguen las normas de tráfico y no salen de los límites de la carretera, aunque las vallas restrinjan su libertad. Que me dé cuenta, Jesús, que los mandamientos son carreteras que me señalan la buena dirección, el mejor modo de llegar al destino correcto, para llegar hasta Ti.
Un mandamiento nuevo os doy, que os améis… ¿Ya lo he estrenado?
El que los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos.
Jesús, ¡cuántas veces lo he comprobado!: El que salta la valla, cae en la trampa. En mi afán de probarlo todo, saberlo todo, curiosearlo todo, de verlo todo… He abierto puertas y superado barreras: ¡Qué difícil después dar marcha atrás! ¡Qué amargas experiencias! ¡Qué imágenes tan sucias! ¡Buscaba más libertad y he caído en la trampa del pecado que me esclaviza! Jesús, con tu ayuda quiero cumplir tus mandatos ¡que liberan!
¿En qué trampas suelo caer? ¿Qué es lo que me esclaviza?
Propósito: No caer en la trampa del pecado.

martes, 17 de marzo de 2020

Mi mayor talento será ganar crédito con Jesús


Le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no te­nía con que pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones y que pagara así (Mt 18, 24-25).
Jesús, ¡pobre hombre! Se había metido en un buen lío, ¡debía 10.000 talentos! He investigado en Wikipedia debía algo así como 2 mil millo­nes de dólares, ¡una barbaridad! Aquel hombre jamás podría pagar su deuda… Supongo que se arruinaría jugando en los Casinos, o qué se yo. Pero lo que no entiendo es que para pagar su deuda tuvieran que vender también a su mujer e hijos… ¡Qué culpa tienen! Jesús, ya sé que se trata de una parábola, no soy tan tarado. Me dices: todo lo que hago o dejo de hacer influye en mi familia, en mis amigos… para bien o para mal, yo soy ¡el culpable!
Jesús, que con mi vida sea culpable del “buen ejemplo”.
Arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda (Mt 18, 26-27).
Una vez, el Beato Álvaro del Portillo, leyó en los periódicos el problema de países pobres, que no logran hacer frente a sus deudas. Al recibir préstamos no pueden pagar los intereses y entonces se les cierra el grifo de los créditos. Así cada vez son más pobres. Don Álvaro contaba entonces que nuestra deuda con Dios es infinita, ¡nunca podremos pagarla!; pero que cada vez que nos confesamos, Dios nos la per­dona del todo, y además siempre nos da crédito, se fía de nosotros.
Jesús, mi mayor Talento será perdonar como tú me perdonas.
Confesarme cada semana y ganar más crédito con Jesús.

lunes, 16 de marzo de 2020

Jesús, quiero hacer “extraordinario” lo ordinario


En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria (Lc 4, 24).
Jesús, estás en la sinagoga de Nazaret hablando a los de tu pueblo. Allí están tus amigos y amigas de infancia con los que jugaste, cantas­te, te reíste. Ahí están también muchos conocidos a los que San José les arregló una puerta o reparó unas goteras. No te reconocen. Jesús, tu infancia y juventud habían sido tan normales que ahora no pueden aceptar que eres el Mesías y necesitan milagros como prueba. Yo también busco milagros, cosas extraordinarias para creer. Jesús, que te sepa ver en lo ordinario, en las cosas de cada día.
Los que ya han llegado al Cielo te pueden ayudar a vivir santamente lo ordinario.
Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira, y se levantaron, le echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la cima del monte para despeñarle (Lc 4, 28-29).
Jesús, Tú no quieres hacer la exhibición, el milagrito que te pedían. Prefieres la naturalidad. Jesús, que mi infancia y juventud sean como la tuya, luchando en las típicas batallas de cada día: el minuto heroi­co, esas horas de estudio bien aprovechadas, ordenar las sillas, reco­ger la mesa, dejar a otro el mejor sitio, no comerme el plátano más rico. Quiero vivir tu vida oculta en Nazaret, llenando el día de amor a Dios y a los demás.
Sigue hablando y rézale a tu santo del cielo.
Propósito: Vivir santamente la vida ordinaria.

domingo, 15 de marzo de 2020

Jesús, Si yo supiera


Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». (Jn 4, 6-7).
Jesús, tú eres perfecto hombre, y estabas cansado de andar toda la mañana y claro te sientas pues era la hora de comer. Yo a veces soy un perfecto niño chico y me echo sobre la cama a toda hora, adoro la cama. Además tienes sed, es lógico. ¿Pero porque no tienes cantimplora o una botella? En mi Cole, no eres nadie si no tienes la tuya, y hay que estar chupando sin parar, como un bebito son biberon o su chupe: ¡es la moda! ¿Sabes una cosa? Durante la Cuaresma voy ayuanar de capri­chos: ¿tener una cantimplora y beber en todo momento es un capricho?
Pide su opinión a Jesús sobre todo lo que tu abuela califica de “caprichos de niño chico”
Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». (Jn 4, 10).
En la Cruz dijiste « tengo sed » (Jn 19, 28), tenías sed física … y espiritual, sed de almas que te amen, de almas que quieran dejarse salvar por Ti, llenarse de « agua viva », el agua que salió de tu costado abierto. Sta. Teresa de Calcuta colocaba siempre, en la capilla de sus casas, un Crucifijo con la leyenda « tengo sed » para recordar a las monjas que Jesús ansía nuestro amor. Con nuestro amor podemos dar de be­ber a Jesús, y, a cambio, Él nos abrirá su corazón para darnos el agua viva que “brota hasta la vida eterna” (Jn 4, 14). Jesús, Tú me dices: “si conocieras el don de Dios” (Jn 4, 10) Puedo ser más generoso en mis sacrificios de Cuaresma para quitar la sed a Jesús?
Puedo ser más generoso en mis sacrificios de Cuaresma
Ayunar de CANTIMPLORA y llenarme de agua viva.

sábado, 14 de marzo de 2020

Se le echó al cuello y lo cubrió de besos


Un hombre tenía dos hijos: el más joven de ellos… (Lc 15, 11).
Una antigua leyenda hebrea cuenta la historia de dos hermanos amantísimos que recibieron la herencia paterna. Al mayor le corres­pondió el campo más difícil y al menor el campo mejor. Su padre antes de morir les dijo que recordaran siempre que serían sus hijos, y que entre ellos siempre serían hermanos. Con la primera cosecha el mayor decidió llevarle parte de su trigo en secreto al granero de su hermano por la noche. Y al menor se le ocurrió lo mismo. Los dos se fueron a la cama muy felices…
Jesús, no merezco tantas cosas buenas. Y lo mejor de todo: mis herman@s.
Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos (Lc, 15, 20).
Jesús, y yo, tantas veces, me echo al cuello de mi hermano, pero para estrangularlo... Sigue la historia: Al día siguiente comprobaron que seguían teniendo mucho trigo y ambos decidieron repetir la ope­ración pero añadiendo además dos jarras llenas de aceitunas. Se cruzaron en la oscuridad sin verse y lo dejaron todo en el granero del otro. La tercera mañana se sorprendieron porque no menguaban sus bienes. Aquella noche, con una espléndida luna llena, cada uno car­gó su burro con un odre de vino y salió camino del granero del otro. Se encontraron a mitad del camino y se abrazaron llorando de emoción recordando a su padre y alabando a Dios.
Jesús, que me dé cuenta que ser Hijo de Dios es tener muchos hermanos.
Propósito: ayudar a mis herman@s.

viernes, 13 de marzo de 2020

No estar a por uvas


Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La entrecavó, la descantó y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas (Is 5. 1-2).
Jesús, hoy me recuerdo de una bonita historia: Se decía de un hom­bre que entre sus posesiones y fincas tenía escondido un tesoro riquí­simo, pero que nadie sabía dónde. Cuando le llegó el momento de encontrase con su Creador, antes de fallecer, reveló a sus hijos el lugar del famoso tesoro. Resulta que se encontraba en una lejana viña que por mucho tiempo había estado descuidada. Allá fueron los hijos y empezaron con azadones a peinar toda la viña. Después de quitar la maleza y cavarla toda entera no encontraron nada. Desanimados, desistieron, pero al poco tiempo descubrieron que esa viña daba unas uvas muy buenas y de ellas sacaron un vino excelente. ¡Este era el tesoro… la viña!
Jesús, ayúdame a descubrir los tesoros con los que me enriqueces.
Llegado el tiempo de la vendimia envió sus criados a los la­bradores para recibir los frutos que les correspondían Mt (21, 34).
Jesús, ya sabes lo despistado que soy. Vienes a mí en busca de frutos. ¿Qué te podré dar? ¿Calabazas? ¡No…! Mis frutos serán el estudio ofreci­do, mi deporte, mi alegría, mi ayudar en casa, mi simpatía. ¿Qué más?
Ofrécele a Jesús varias horas de estudio.
Propósito: dar fruto.

jueves, 12 de marzo de 2020

A quien mucho se le da, mucho se le pedirá


Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo (Lc 16, 19).
Jesús, aquel hombre sería todo lo rico que quisiera pero, ¡qué mal gusto! O bien le fallaba su asesor de imagen o bien era daltónico. El caso es que vestía muy mal. Se ve que el buen gusto no es cosa de todos. Quizá el diseñador de moda de aquellos tiempos le ha­cía creer que iba a la “última de Babilonia” y le engañaba. Jesús, yo también me dejo engañar con las marcas, modas, etiquetas, lo que se lleva o lo que se llevará… y además digo: Es que, ¡no tengo nada que ponerme…!
¿No puedo desprenderme de algo?
Cada día celebraba espléndidos banquetes. Un pobre, en cambio, llamado Lázaro, yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas, deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico (Lc 16, 20-21).
Jesús, uno de mis hermanos, el más pequeño, cuando mi mamá nos prepara filetes “hace bola”. Es decir, el condenado mastica pero no traga: ¡Mamá tengo bola!, grita. Entonces mi papá, muy serio, le explica la cantidad de gente que se muere de hambre en el mundo. Jesús, yo bola no hago pero si estoy lleno de caprichos: que si la ce­bolla, que si el arroz... Jesús ayúdame, en esta cuaresma a quitarme tanta tontería. Que coma de todo sin remilgos.
Cuenta a Jesús tus caprichos para que te ayude a no ser caprichoso.
Propósito: no hacer “bola” en el alma.