lunes, 31 de agosto de 2020

Horario

Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira, y se levantaron, lo echaron fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta la cima del monte (…) para despeñarlo (Lc 4, 28-29).

“Quien dice las verdades, pierde las amistades” dice el refrán, y a Ti, Jesús, te pasó igual. Les dijiste las cosas claras, y con cariño, y se enojaron. Lo entiendo, porque a mí me pasa un poco así: mis papás, un profesor o un sacerdote me dicen –con cariño y por mi bien– algo, y me enojo, no llego a desearles la muerte –“despeñar” es tirar por un barranco– pero casi… Y alguna vez, tengo que reconocerlo, no he hecho oración porque me asusta que me corrijas en algo, que me pidas que cambie. Ayúdame, Jesús, a no ser tan resentido, ni a creerme la gran cosa.

Agradecer a Jesús las últimas correcciones recibidas.

Pero Él, pasando por medio de ellos, seguía su camino (Lc 4, 30).

Jesús, vienes a la tierra para morir por nosotros, pero mientras llega “tu hora” (cfr. Jn 7, 30), primero nos enseñas muchas cosas y curas a tantos. El día que fueron a matarte te dejaste capturar, pero antes, sólo diciendo “yo soy”, los soldados “retrocedieron y cayeron por tierra” (Jn 18, 6); y podías entonces haberlos convertido en cucarachas o simplemente escapar caminando por medio de ellos. Gracias, Jesús, por morir por mí, pero a “tu hora”; ayúdame a mí a hacer cada cosa a “mi hora”, porque así te imito a Ti. Que me esfuerce en vivir un horario.

¿Tienes un horario?

Propósito: Cada cosa a su hora.


domingo, 30 de agosto de 2020

Sin miedo al sacrificio… hoy domingo

Empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho (Mt 16, 21).

Jesús, tienes deseos de padecer por nosotros porque nos amas. A mí me da miedo el sufrimiento, Jesús. No me refiero al miedo que me crucifi­quen o algo así; sino a las cosas chiquitas que incomodan. Te pongo un ejemplo: me cuesta un montón levantarme temprano, y los domingos, ni te cuento. Un día, casi me quedo sin Misa por levantarme tarde. Esos son los pequeños sacrificios que nos pides. Ese es el dolor al que quieres que no tengamos miedo. Allí es donde esperas que manifestemos que te queremos.

Levantarme puntual. También los domingos.

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arrui­na su vida? (Mt 16, 26).

El domingo pasado vi a mi papá molestarse mientras arrancaba unas páginas del periódico. Estos que se creen, decía, todo es buscar bien­estar y placer a toda costa. Cuando levantó la mirada (qué mala suerte la mía) estaba yo tumbado en el sillón comiendo, viendo la tele y man­dando whatsapps. Se sonrió, se sentó a mi lado y me habló del valor del sacrificio. Jesús, ahora ayúdame a ser sacrificado y a no tenerle miedo al esfuerzo.

Ya me di cuenta que viendo tele y comiendo no se conquista nada.

Propósito: una hora menos de tele (sí, hoy domingo).


sábado, 29 de agosto de 2020

Campeón nacional lavando platos

A uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. (Mt 25, 15).

¿Qué he hecho con los talentos que me has dado, mi Jesús? No me refiero sólo a mi extraordinaria capacidad de usar los controles del Xbox, sino a los otros. La verdad es que soy un comodón y no me doy cuenta de todo lo que soy capaz de dar en servicio de los demás. Hace unos días me enojé conmigo mismo porque descubrí que se me daba muy bien lavar los platos, cortar la grama, dejar ordenada la sala, y en cam­bio (pero esto es sólo aquí entre tú y yo) soy un tieso con los videojuegos, un pato para jugar FIFA, si hasta juego en nivel amateur.

Pulir mi talento y ponerlo al servicio de los demás.

Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor (Mt 25, 21).

Así me imagino mi llegada al cielo. Me pongo de pie, y entre la algarabía de los presentes paso a recibir mi premio. “Nadie lavaba tan bien los platos”, dirá el ángel comentarista. “Y vaya si me costó conven­cerlo de que servir era lo suyo”, dirá mi custodio. Al final de la premia­ción celestial, revisando los premios resultará que no habrá nada para expertos en Xbox, Nintendo, etc. Menos mal me cambié de categoría a tiempo, diré con una sonrisa.

Vamos a barrer con todos los premios de la categoría “servicios”.

Propósito: ofrecerme a lavar los platos


viernes, 28 de agosto de 2020

Las tareas del colegio

Las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas» (Mt 25,8).

¡Ahora sí, verdad! Las necias, que seguramente antes se burlaron de las prudentes, ahora quieren ayuda. Imagino que las prudentes, con todo el dolor de su corazón se vieron en la necesidad de negarles la ayuda. Jesús, cuántas veces por dejar las cosas a última hora, no logro terminar mis tareas y al final las termino copiando en clase. Ni pongo atención y encima, me arriesgo que me quiten mi cuaderno y el de mi amigo por andar copiando. Pero no me quedo ahi, Jesús, la cosa va a más. Si alguno no me quiere prestar su cuaderno, le chantajeo diciéndole que es un mal amigo y que ya va a ver cuando él esté en necesidad.

Di no a la piratería de tareas.

Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco» (Mt 25, 10-12).

No quiero quedarme afuera, Jesús. Te prometo que este fin de semana voy hacer todas mis tareas, y si puedo, hasta voy a adelantar. No me gustaría que por haragán luego no me reconozcas. Dame la fortaleza para no retrasar las cosas y para terminar bien lo que comienzo.

Mejor acabar las tareas antes y luego jugar.

Propósito: Repito: sacar


jueves, 27 de agosto de 2020

Es cuestión de estar rezando

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa (Mt 12, 42).

Jesús, ahora venden unas alarmas espectaculares. Pones un código y la casa entera está protegida. Según yo, esto bastaba, pero me explicó mi papá que siempre hay que estar atento; porque si la alarma suena y no la oyes, de nada sirvió. Cómo me gustaría tener una alarma contra las tentaciones. Creo que la clave está en la oración. Voy a procurar tener encendida la alarma de pequeñas oraciones vocales: pondré rayos infrarrojos de visión sobrenatural, y sensores térmicos para que no disminuya la temperatura espiritual de mi alma.

Para encender la alarma: Ángel de la guarda, dulce compañía…

¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso…? Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así (Mt 12, 45-46).

Yo también tengo encargos en mi casa, Jesús. No son gran cosa: poner la mesa, darle de comer al chucho, etc. Pero a veces, prefiero más las misiones de Fortnite, que las que me pone mi papá. En las del videojuego sobrevivo a tormentas, francotiradores, y además me echo mi bailecito. Pero ese mundo no existe. Con lo que me pide mi papá, salvo el orden y la armonía de mi casa, que sí es real. Creo que me voy a tomar más en serio las misiones que me da mi papá.

Ser más heroico en la llamada al deber que me hace mi papá

Propósito: Cumplir con los encargos que me dan en casa.


miércoles, 26 de agosto de 2020

Orden exterior fruto del orden interior

¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre (Mt 23, 27).

Aparentar, quedar bien, proyectar una buena imagen, y un sinfín de cosas más me dijo el peluquero para consolarme porque por fin mi mamá consiguió que me cortaran las greñas que andaba. Pero no es por eso, insistió mi mamá, es por orden y limpieza. Entonces entendí, que es bueno que mi porte exterior refleje la paz que se supone hay en mi alma. A la larga, la belleza que importa, y que perdura –habría añadido mi abuela-, es la de adentro.

Voy a poner más atención en que mis cosas reflejen que soy una persona que procura hablar frecuentemente con Jesús.

Por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes (Mt 23, 28).

Ayer, Jesús, después de confesarme, me quedé un ratito pensando en las cosas de las que te había pedido perdón. No es gran cosa, pensé; hasta para pecar soy mediocre. Pero después me di cuenta que me estaba comenzando a creer santito. Quizá no había en mi alma grandes crímenes, pero sí un montón de pequeñas faltas que a ti te duelen y de las que ahora mismo te vuelvo a pedir perdón.

Me voy a esforzar por no parecer sólo bien portado sino también serlo de verdad, desde dentro.

Propósito: ordenar mi closet.


martes, 25 de agosto de 2020

Salvando el planeta

¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! (Mt 23, 23).

No fumar, no tirar basura en la calle, no exceder la velocidad, no pararse en la grama, no consumir muchos carbohidratos; de eso sí estoy pendiente. Pero de ir a Misa, no gritarle a mis papás, estudiar duro, etc., ni me acuerdo. ¿Sera posible, Jesús, que a veces me importen más las ballenas en peligro de extinción que ayudar a mi hermanito a hacer sus tareas? No hay derecho. A ese paso, lo que de verdad estará en peligro de extinción es el cariño por los de mi casa. Voy a ser más hermano de mis hermanos y más hijo, más cariñoso, con mis papás.

Save the planet (mi familia)!

¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! (Mt 23, 25).

Creo, Jesús, que un buen comienzo para vivir una caridad auténtica en mi casa es comenzar por el principio. Ya sé que suena como a “subir arriba” o “bajar a abajo”, pero para iniciar hay que irse al inicio: primero, amar a Dios sobre todas las cosas. Ha llegado el momento de una buena limpiadita por dentro con la confesión sacramental, y comulgar.

Ecología de la buena: tener siempre libre de basura el alma.

Propósito: Ser ecologista.


lunes, 24 de agosto de 2020

Vivir en verdad

¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas! (Mt 23, 13).

Jesús, ya veo que la hipocresía no te gusta. Tienes razón, a nadie le gusta que lo engañen. Me da pena decírtelo pero yo a veces también soy un poco doble cara. Me doy cuenta porque me encanta que mis papás le cuentan a las visitas que hago oración o que recibo formación espiritual, pero cuando dejo de rezar engañándome al ponerme a hacer otras cosas, me cae mal que me lo hagan ver. Más cuando me señalan que en el fondo es pereza. ¿Pereza, yo? No es pereza, me digo, es que tengo mucho qué hacer.

Ayúdame, Jesús, a no engañarme ni engañar.

¡Ay de vosotros, guías ciegos! (Mt 23, 16).

Una vez se nos ocurrió ir de excursión al campo sin saber bien el camino. Uno de los que iba con nosotros sacó a relucir sus dotes de buena orientación, y nos pidió que confiáramos en su guía. Para darnos más seguridad, sacó un GPS de su mochila. Nos llevó por un camino que terminó en un camino que no llegaba a ninguna parte. Pasamos tanto tiempo perdidos, que al final nos tuvimos que comer el almuerzo tardísimo a la orilla de la carretera, y por fin nos volvimos a casa. Varios días después nos enteramos que aquella había sido la primera excursión de nuestro “guía”. Jesús, a mí a veces me pasa algo parecido. Creo que yo solito me voy a guiar en mi vida espiritual y no me dejo aconsejar.

Usar el GPS de la dirección espiritual.

Propósito: Buscar la dirección espiritual.


domingo, 23 de agosto de 2020

Con el corazón en Roma

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15).

¿Quién digo yo que eres tú, Jesús? Me pongo delante de tu presencia y me quedo mudo de sólo imaginar que el Hijo de Dios está delante de mí. Los pobres apóstoles, al principio, a duras penas lo sospechaban. Ante tu pregunta, Jesús, Pedro no se muerde la lengua y declara sin ninguna vergüenza lo primero que se le ocurre: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Me recuerda cuando, en la clase, el profesor lanza una pre­gunta y todos comienzan a decir lo primero que se les ocurre, hasta que alguno, de chiripa, acierta. No sé si lo de Pedro fue o no chiripa, pero está claro que el Espíritu Santo lo ayudó. Yo sé quién eres Jesús, pero lo que sé con la cabeza, a veces no lo sigue mi corazón.

Espíritu Santo, sóplame al oído, para caer en la cuenta delante de quién estoy cuando llego al oratorio.

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará (Mt 16, 18).

Se me va la cabeza para Roma (Virgencita, que algún día pueda ir). He visto en la tele la Basílica de San Pedro. Era el día de la canonización de Juan Pablo II. Todavía me acuerdo de la alegría que se le veía en la cara al Papa Francisco. ¡Qué gusto da saber que esa es mi Iglesia! Y qué alegría me da pensar que a pesar de lo tremendo que a veces soy, aquí me tienes y me cuidas.

Gracias, Jesús, por la Iglesia y por el Papa.

Propósito: rezar por el Papa


sábado, 22 de agosto de 2020

El goleador humilde

El primero entre vosotros será vuestro servidor (Mt 23, 11).

Jesús, como dice la canción “no hay que llegar primero sino que hay que saber llegar”. A veces quiero ser el primero en todo. Cuando tengo la pelota en los partidos, estoy 100% seguro que voy a anotar. No la paso porque siento que los otros van a echar a perder el gol. Me voy solo, disparo con todas mis fuerzas y al final: no entra en la portería. Me lamento exageradamente, como los de la tele, mientras escucho a lo lejos lo de siempre ¡por qué no me la pasaste, estaba solo! ¿Por qué no la pasé? Tú lo sabes Jesús, fue por egoísta. En vez de jugar para el equipo, juego para mi lucimiento personal. Ya sé que no soy el mejor, pero a veces me engaño.

Saber servir es saber pasar la bola para que otro eche el gol.

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido (Mt 23, 12).

Tengo un amigo que no juega bien pero nunca falta a un partido. No sabe crear jugadas, pero es obediente y sigue instrucciones. Casi siempre falla los tiros a gol, pero de vez en cuando anota. Siempre me ha llamado la atención como celebra esos goles. Se alegra por el equipo, por el resultado, pero no se pone creído. Es malo jugando, lo sabe y por eso se lo pasa bien. Da gusto que venga a jugar, porque no juega con el equipo sino para el equipo. Creo que eso es humildad, saber quién eres, actuar en consecuencia y ser feliz.

Dejar jugar a todos y aprender.

Propósito: Más pases, más goles, menos egoísmo.


viernes, 21 de agosto de 2020

Poner todo el corazón

Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser» (Mt 22, 36-37).

Jesús, qué fácil es decirte te quiero. No te lo digo tan seguido porque a veces me da pena. Sobre todo después de que no me he portado muy bien que digamos. ¿Cómo voy a decirte “te quiero” si no lo muestro con la obras? Y si resulta que como te digo pocas cosas a lo largo del día, es por eso que después no me porto bien. Quizá ésta podría ser mi primera buena obra, decirte muchas veces en el día que te quiero. Me suena que a esto se le llama, tener presencia de Dios.

¡Jesús, te quiero! Ahora díselo pero de corazón.

El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22, 39).

Si el segundo es semejante al primero, significa que también al prójimo habrá que quererlo con “todo el corazón”. Siempre me ha llamado la atención cómo mi mamá quiere a mis hermanos. A veces, hasta me da envidia. ¿Por qué no me alegro de que los quieran? Quizá porque mi corazón me lo quiero guardar por completo para mí y no lo quiero dar a nadie. Cuando quiera de verdad a los demás, me alegrarán sus alegrías, sus éxitos…, y también me dolerán sus dolores y esto, aunque parezca contradictorio, me hará feliz.

¿Tengo envidia?

Propósito: Alegrarme de algo bueno que le pasó a otro.


jueves, 20 de agosto de 2020

Se aburren los aburridos

El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir (Mt 22, 3).

Jesús, la vez pasada me regañó mi mamá porque me tardaba mucho en arreglarme y ya íbamos tarde. Me atrasé porque la verdad no quería ir. Era una fiesta de gente grande y no iba haber ningún amigo mío de mi edad. Le dije a mi mamá que iba a estar aburrido porque no conocía a nadie. Me explicó que me aburriría si sólo estaba pensando en mí y no me interesaba por los demás, aunque no los conociera. Imagino que a los de la parábola les pasó igual, se perdieron el banquete del Rey quizá porque pensaron que iba a estar aburrido. Y pensar que muchas veces el Rey que invita eres tú, Jesús.

Que nunca salga de mi boca “¡qué aburrido!”

Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda (Mt 22, 9).

Jesús, ahora voy entendiendo, la clave para no aburrirse está en pensar en los demás. ¿Y si no los conozco? Da igual, ya los conoceré. Si no, cómo voy a tener más amigos. Si no cambio, terminaré saliendo siempre con el mismo grupito, y a la hora de hacer apostolado, van a ser contaditos con los dedos de las manos las personas a las que podré llevar a Dios.

Voy a dejarme de timideces egoístas y voy a conocer más gente.

Propósito: Hacer un nuevo amigo


miércoles, 19 de agosto de 2020

Cuidar los estudios

Vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: –Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. (Mt 20, 3-4).

Jesús, a mí también me gustaría trabajar en tu viña. No soy muy diestro con las herramientas de campo porque soy de ciudad. He crecido entre humo de buses y asfalto. Pero si me enseñas, de seguro que te seré de ayuda. Sé que quizá al escuchar estos deseos míos me digas, mi viña también es tu colegio, tu casa, tu cuarto. ¿Quieres trabajar conmigo?, este es tu encargo: haz tus deberes, cumple con tu encargo, ordena tu cuarto. Jesús, y si hago todo eso, ¿me pagarás, como a los trabajadores de la parábola? Se me viene a la cabeza una partecita del Evangelio de ayer “cien veces más y heredar la vida eterna”

Si la viña del Señor fuera tu colegio, las uvas serían tus notas. Trabaja más tu viña y quizás un poquito menos Fortnite.

Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos (Mt 19, 16).

Un día se me ocurrió decirles eso a mis papás después de enseñarles una mala nota. Me habían dicho que como siguiera así, iba terminar de último en la clase. Jesús, bien se ve que tú muchas veces me hablas a través de mis papás. Me contestaron: por eso mismo, como los últimos serán los primeros, menos videojuegos y a estudiar.

Ser de los primeros aunque antes haya sido “último”.

Propósito: Estudiar. Así de sencillo, sin más teorías.


martes, 18 de agosto de 2020

Darlo todo

Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos (Mt 19, 25).

Hace unos días vi a mi abuelita cosiendo. Me pidió que le enhebrara la aguja porque era tarde y ya no veía muy bien. No pude. Al final lo terminó haciendo ella. Ahora pienso, ¡y un camello! Ni mi abuela. No quiero ser de esos “ricos” cara-de-camello de los que habla el Evangelio, Jesús. Y aunque no tengo muchas propiedades a mi nombre, sí que llamo a muchas cosas “mías” y hay de aquel que me las agarre.

¿No podrías ser más generoso y prestar tus cosas con más facilidad?

El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna (Mt 19, 29).

Si a veces me cuesta tanto prestar las cosas, Jesús, ¿qué pasaría si tú me lo pidieras todo? Me mareo sólo de pensarlo. Tener que dejar el cel, el carro, la bici, la tele, la laptop, mi camiseta del Madrid (sí, soy del Madrid y ¿qué?), y un largo etc. Un día le comencé a preguntar a un sacerdote que si me llegaba a entregar a Dios ir al cine, a fiestas, a… Me paró, y me preguntó: ¿por qué te aflige tanto lo que se deja por Jesús? Piensa más en lo que Él te da. “Cien veces más y la vida eterna”, ¿te parece poco a cambio de lo que dejas? No sabía que contestar.

Piénsalo bien, el Amor de Dios vale más que el amor de cualquier persona en la tierra.

Propósito: prestar algo a alguien… o mejor aún, ¡regalar!


lunes, 17 de agosto de 2020

Generosidad generosa

Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos (Mt 19, 17).

A mí me han enseñado desde chiquito los mandamientos. Me los tuve que aprender por primera vez para hacer mi primera comunión. Después me los volví a aprender porque hubo examen de eso y sólo me los sabía pero en desorden. Según yo daba igual el orden, como en la suma o en la multiplicación: el orden de los factores no altera el resultado. Hasta que entendí que los mandamientos no eran reglas frías, eran toda una estrategia de amor. Creo en medio de todo, si algo me hace ilusión es quererte más cada día.

Pídele ayuda a Jesús para no sólo saber los mandamientos sino también vivirlos.

Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo (Mt 19, 21).

Lo primero está “regalado”, Jesús. No tengo nada, y lo que tengo está roto o desgastado porque, como dice mi mamá, no cuido mis cosas. Dinero, no tengo. Siempre me mandan lonchera (sí, incluso en bachillerato le hacen a uno pasar vergüenza). Aunque ahora que lo pienso, me queda mi tiempo, mis aficiones, mis gustos, mis videojuegos. En el fondo, me queda toda mi vida. Tómala, pero tómala duro porque soy mero necio y quizá te la quiera quitar de vuelta.

Entrégate a Jesús, con todo y “orejas”, como dicen los papás.

Propósito: No ser tacaño de mí mismo.


domingo, 16 de agosto de 2020

Arrancar milagros, versión 2.0

Ella, no obstante, se acercó y se postró ante él diciendo: ¡Señor, ayúdame! (Mt 15, 25).

Vuelve aparecer este evangelio, Jesús, en este mes. Y te vuelvo a pedir la fortaleza para poder arrancarte milagros para mi familia, para mis amigos, para esta sociedad. Pero el primer milagro que te quiero pedir es para mí. Ayúdame a tener una cabeza de hielo, un corazón de fuego y unos brazos de hierro. Que no sea una gelatina que al primer desánimo o tropiezo tire la toalla.

Sigue hablando por tu cuenta pero como el que quiere arrancarle un milagro a Jesús.

Pero ella dijo: Es verdad, Señor, pero también los perrillos co­men de las migajas que caen de las mesas de sus amos. Entonces Jesús le respondió: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase como tú quieres. Y quedó sana su hija en aquel instante. (Mt 15, 27-28).

Ya te lo dije hace unos días, Jesús, pero vuelvo a repetirlo: ¡Qué bárbara esta mujer! Yo quiero una fe así que empape mi cabeza, mi corazón y mis brazos. Una fe que me fortalezca. Pero no lo quiero sólo para ser me­jor o sentirme a gusto conmigo mismo. Quiero una fe fuerte para poder ayudar a los demás y arrancarte los milagros para otros. Para llegar al cielo, volando muy alto, cargado de muchos corazones que te amen.

Cuéntale a Jesús los milagros que le quieres arrancar.

Propósito: Arrancar milagros.


sábado, 15 de agosto de 2020

Asunción de la Virgen “Ha hecho en mí cosas grandes”

María exclamó: Glorifica mi alma al Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador (Lc 1, 46).

Hoy celebramos que María llegó al cielo, y como el Evangelio sólo nos narra la vida terrena tuya, Jesús, no se nos cuenta ese gran día. Oímos en Misa el encuentro de María y su prima Santa Isabel. Tú, Señor, no lo viste, porque ibas en el seno purísimo de tu Madre. Pero si ese día fue alegre, infinitamente más lo fue el día que la recibiste en el Cielo, con su cuerpo y con su alma. ¡Cómo ibas a permitir que, al acabar su vida enterraran su cuerpo, el cuerpo que te había llevado! Por eso te alegra tanto que queramos a la Virgen y que tengamos alguna imagen que nos recuerde de Ella, y que quememos cohetes…

Lo que más alegra a Jesús es que tengamos el alma como la tiene María, es decir limpísima. ¿Estoy bien confesado?

Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo. (…) Derribó a los poderosos de su trono y ensalzó a los humildes (Lc 1, 49.52).

Madre de Jesús y Madre nuestra, tú eres la más humilde y por eso Dios te escogió y te llevó a lo más alto del Cielo. Allí estás esperándonos. ¡Qué mala es la soberbia! Lo que pasa es que tantas veces no me doy cuenta de que tengo un “ego” inmenso, y pienso que todo lo hago bien, que soy yo el que siempre lleva la razón.

Dile a la Virgen que te enseñe a ser humilde.

Propósito: Alma limpia y humilde. Y llevarle una flor a la Virgen.


viernes, 14 de agosto de 2020

Cabeza dura

Él les respondió: Moisés os permitió repudiar a vuestras muje­res a causa de la dureza de vuestro corazón; pero al principio no fue así (Mt 19, 8).

Esos fariseos eran unos necios. Pero yo no soy quien para criticarlos. A mi, Jesús, cuando se me atraviesa algo entre ceja y ceja me pongo como disco rayado: quiero ir a Mc, quiero ir a Mc, quiero ir a Mc… Hasta que terminamos yendo. Por eso dice mi mamá que si alguna vez me peleo, que use la cabeza, no para pensar, si para repartir cabezazos porque es lo más duro que tengo. Yo no quiero ser un necio contigo Jesús y volverme duro de corazón. Quiero saber escucharte en la oración, en los consejos de la confesión y especialmente al momento de comulgar.

¿En qué tipo de situaciones te pones necio?

Quien sea capaz de entender, que entienda (Mt 19, 12).

Más claro, sólo el agua embotellada. Jesús, entiendo que si uno lucha por no ser necio, acaba comprendiéndote. Por eso el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Jesús, te lo vuelvo a pedir, que no me haga el sordo con lo que me vas pidiendo en la oración. Y que sepa preguntar aquello que no entiendo, que no sea como el avestruz, que cuentan que cuando ve un peligro esconde la cabeza en un hoyo en la tierra. Que aprenda a volar en tu Amor y le enseñe a otros a volar.

Platícale a Jesús si te estás haciendo el sordo con alguna cosa.

Propósito: Lavarme bien las orejas para oír a Dios.


jueves, 13 de agosto de 2020

Telenovelas

Entonces, acercándose Pedro, le preguntó: Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? (Mt 18, 21).

Pedro pregunta esto no de manera teórica. Lo más seguro es que se había enojado con alguno. Como te he contado antes, Jesús, muchas veces perdono sólo de los dientes para afuera. Porque después ando dando vueltas al pleito, me imagino lo que pude haber contestado, lo que le diría si se me vuelve acercar, la carita que le pondría si me pide perdón, etc. En fin, que digo que perdono pero no olvido y luego pro­duzco y dirijo una telenovela digna de ser emitida a una gran audiencia. Jesús, dame un corazón limpio que sepa amar y perdonar.

¿Guardas rencor contra alguien? Cuéntaselo a Jesús.

¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti? (Mt 18, 33).

Jesús, he estado haciendo números: si me confieso al menos una vez por semana, al año son 52 veces que me perdonas de las mismas ba­rrabasadas. ¡Eso es un montón! Y lo que me sorprende es que ni Tú ni el sacerdote parecen cansarse de perdonar. Quiero agradecerte la confe­sión y llevarte a muchos amigos para que no andemos de protagonistas de telenovelas. Y que nunca falten sacerdotes con tiempo para perdo­nar como Tú hacías en Galilea.

Prepara muy bien tu próxima confesión.

Propósito: No ser ni actor ni productor de telenovelas.


miércoles, 12 de agosto de 2020

Más de dos rezando

Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas; si te escucha, habrás salvado a tu hermano. (Mt 18, 15).

Corregir es una manifestación de amor al pró­jimo. Y si no es por caridad, al final, uno se convierte en el que cae mal porque a todo le encuentra defectos. No deja de ser algo gracioso que hay quien no corrige para caer no mal; y quien sólo se la pasa corrigien­do y cae mal. Pero hay un caso peor: el que no corrige por “respetuoso”, es decir, porque le vale. Creo que en el fondo uno no corrige lo que no quisiera que le corrigieran; y los tales respetos son un “ni se te ocurra meterte en mi vida”. Jesús, quiero dejar todo esto de lado y ayudar a mis amigos a que estén cerca de ti; de paso, me obligo yo a mejorar.

Antes de corregir, pídele a Jesús su opinión.

Yo les aseguro, también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá (Mt 18, 19).

Y si además de corregir, se reza, el negocio sale redondo. Me he dado cuenta, Jesús, que a veces uno se da más cuenta de cómo andan sus amigos que los propios papás. Los papás suelen pedir a Dios para que sus hijos sean buenos. Si a eso añado mi oración, ya somos tres. Más lo que pide la abuelita, cuatro; y así sucesivamente…

Antes de corregir, y después de hablarlo con Jesús, reza.

Propósito: rezar por un amigo.


martes, 11 de agosto de 2020

Volver a las andadas

En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién juzgas que es el mayor en el Reino de los Cielos? Entonces, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos (Mt 18, 1-3).

Vuelve, Jesús, a salir esto de saber confiar en Tí. A los apóstoles les dices que para llegar al cielo hay que ser como un niño: amar confiadamente como un niño, obedecer como un niño, preguntar lo que no se sabe como un niño y pedir ayuda como un niño. Y para hacer todas estas cosas como un niño se necesita fortaleza: ser fuerte para pedir con perseverancia, fuerte para amar, fuerte para hacer caso y obedecer, y fuerte para quedar mal y pedir ayuda. Ay, Jesús, y yo que soy gelatina.

Sigue por tu cuenta sacando conclusiones de lo que significa ser como un niño.

Del mismo modo, no es voluntad de vuestro Padre que está en los Cielos que se pierda ni uno solo de estos pequeños (Mt 18, 14).

Una vez, Jesús, escuché esta frase: Dios está empeñado en ayudarnos, pero nosotros tenemos que dejar ayudarnos. Y a mi me parece que no me dejo ayudar como cuando dejo tirado mi rato de oración, cuando retraso una confesión o me hago el loco para ir a Misa cuando bien puedo ir. Jesús, ayúdame aunque yo no me deje mucho ayudar.

Cuéntale sobre otras maneras que tienes para NO dejarte ayudar.

Propósito: Dejarme ayudar.


lunes, 10 de agosto de 2020

Tristeza

Cuando estaban en Galilea les dijo Jesús: El Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los hombres, que lo matarán, pero al tercer día resucitará. Y se pusieron muy tristes (Mt 17, 22-23).

Los apóstoles se ponen tristes porque no pueden entender que para salvarnos tienes, Jesús, que entregar tu vida. La tristeza es porque te quieren mucho. Pero hay otros tipos de tristezas, como la que viene después de un pecado grave. Jesús, yo no quiero perderte y andar metido en tristezas, quiero ser fuerte para amarte y apartarme de las ocasiones de pecado. Quiero estar alegre, con la alegría del que es fuerte al momento de luchar.

Cuéntale a Jesús tus tristezas. Te consolará.

Llegados a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo y le dijeron: ¿No va a pagar vuestro Maestro la didracma? (Mt 17, 24).

Jesús, aquellos cobradores no perdonan ni una. Te pasas el día haciendo el bien: curando enfermos, expulsando demonios, enseñándole a la gente a que se comporte correctamente, etc. Y encima de todo al no más verte se te lanzan a cobrar los impuestos. Y lo sorprendente es que pagas inmediatamente. Jesús, me parece que me dices con este pasaje que no busque ser excepción, que por muy bien que me esté portando, que cumpla con todas las obligaciones.

¿En qué casos busco ser la excepción?

Propósito: Siempre alegre.


domingo, 9 de agosto de 2020

Obediencia

Inmediatamente después Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente (Mt 14, 22).

Jesús, hoy me he fijado en que los apóstoles son obedientes. Les mandas que se suban a la barca y se adelanten. Y te hacen caso sin andar preguntando mucho. A mí me pasa que cuando me manda algo mi mamá le hago mil preguntas, no para hacer correctamente lo que me pide sino porque no tengo ganas de hacerlo y así gano algo de tiempo. Esto de aprender a obedecer cuesta. Pero pienso que si aprendo a ser obedientes a mis papás, aprenderé a ser obe­diente a Ti.

Sigue hablando con Jesús de cómo obedeces.

Al punto Jesús, extendiendo su mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? Y cuando subie­ron a la barca cesó el viento. (Mt 14, 31-32).

Al principio Pedro caminaba sobre el agua porque Tú se lo mandaste, pero luego se hundió. Y Tú, Jesús, le dices que se ha hundido porque no ha tenido fe. Me parece que nos quieres enseñar que para obe­decer se necesita fe, para no terminar dudando de si es justo que me manden esto, o a sospechar que están abusando de mí con eso que mandan. Se necesita de la fe para darse cuenta que te gusta que sepamos obedecer, y obedecer con buena cara.

Pídele a Jesús que te aumente la Fe.

Propósito: Obedecer a la primera.


sábado, 8 de agosto de 2020

Los que van, ya lo saben

Al llegar donde la multitud, se acercó a él un hombre y, pues­to de rodillas, le suplicó: Señor, ten compasión de mi hijo, porque está lunático y sufre mucho; muchas veces se cae al fuego y otras al agua. Lo he traído a tus discípulos y no lo han podido curar (Mt 17, 14-16).

Jesús, tus apóstoles no pudieron curar aquel muchacho. Y la razón de que no pudieron es que les faltó FE. Yo te pido que me ayudes a creer y que con aquello que no entiendo sepa confiar en Ti. Jesús, que no intente entenderlo todo o hacer que todo sea como yo digo que tiene que ser, que aprenda a confiar y sobre todo a prender a ser fuerte para quererte en las buenas y en las malas.

Prueba pedir más fe cuando comulgues, ya verás...

¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? Él les respon­dió: Por vuestra poca fe. Porque os digo que si tuvierais fe como un granito de mostaza, podríais decir a este monte: Trasládate de aquí allá, y se trasladaría, y nada os sería im­posible (Mt 17, 19-20).

¿Qué es esta fe que nos pides? Una vez un amigo decía, hay jugadores que les falta convicción, le tienen miedo a la pelota. No porque la pelo­ta duela, sino porque no están seguros de que serán capaces de anotar. ¿Jesús, cómo se me ocurre dudar a mí si estoy jugando en tu equipo?

¿Estarás realmente en el equipo de Jesús?

Propósito: Pedir la Fe.


viernes, 7 de agosto de 2020

Amor con obras

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mt 16, 24).

Hoy se recuerda la construcción de una de las cuatro basílicas más im­portantes de Roma: Santa María la Mayor. Me han contado, Jesús, que esta basílica a lo largo de los siglos ha sido embellecida por los Papas y por eso es la basílica más grande y espléndida de toda Italia. Me pa­rece bonito pensar que los Papas han demostrado su amor a la Virgen mandando a construir una iglesia dedicada a tu Madre, un lugar donde otros se puedan encontrar contigo, un lugar donde la gente pueda reci­bir los sacramentos y doctrina segura.

Y tú, ¿cómo puedes demostrar tu amor a la Virgen?

Porque, ¿de qué sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?, o ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su alma? (Mt 16, 26).

Jesús, cuando era pequeño a mis papás no les gustaba llevarme a los funerales porque decían que con lo miedoso que soy luego no iba a poder dormir. Pero crecí y ahora los acompaño. Por eso puedo entender lo que dices hoy en el Evangelio. Lo único que queda en esta tierra es lo que uno haya hecho de bueno. Lo que queda de tantos que trabajaron en esa Basílica de Santa María la Mayor es su amor a la Virgen.

¿Qué obras buenas hay en mi vida? Demostrar con obras que quiero a Dios.

Propósito: Demostrar con obras que quiero a Dios.


jueves, 6 de agosto de 2020

La Transfiguración del Señor

Mientras Él oraba, cambió el aspecto de su rostro y su vestido se volvió blanco, resplandeciente (Lc 9, 29).

Un Papa de los primeros siglos, con un nombre curioso –San León– explicaba esta fiesta así: “El fin principal de la transfiguración era desterrar del alma de los discípulos el escándalo de la cruz”. Jesús, me parece entender que te transfiguraste –cambiaste tu figura haciendo tu cuerpo reluciente– para darles esperanza a los apóstoles, para que no se fueran a desanimar cuando te vieran sufrir y morir en la cruz. ¡Qué bueno eres! Y nos conoces muy bien, que a la hora de la verdad, de lo difícil o de lo que no se entiende, nos desanimamos y tiramos todo por la ventana.

Anímate a besar un crucifijo y pedirle a Jesús que te preste fortaleza.

Dijo Pedro a Jesús: Maestro, qué bien estamos aquí, hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías (Lc 9, 33).

Jesús, este Pedro sí que sabía disfrutar y como estaba feliz quiere quedarse en el Monte Tabor. La verdadera felicidad es estar junto a Ti. Cuando me voy a confesar, salgo tan contento que voy hasta silbando luego por ahí, es como si me hubieran llenado de combustible para avión. Y si comulgo ese día ya es agarrar aviada, tomar pista y despegar. ¡Gracias, Jesús, por los sacramentos que me transfiguran el alma!

Habla con Jesús sobre los amigos a los que puedes ayudar a despegar y volar.

Propósito: Ser torre de control de aeropuerto para los demás.


miércoles, 5 de agosto de 2020

Últimas piedras

En esto una mujer cananea, … se puso a gritar: ¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija es cruelmente atormentada por el demonio. Pero él no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaban diciendo: Atiéndela y que se vaya, pues viene gritando detrás de nosotros (Mt 15, 22-23).

Esta mujer consigue con su perseverancia que hasta los apóstoles intercedan por ella. Jesús, ayúdame a ser perseverante. Una vez escuche que San Josemaría le daba mucha importancia a las últimas piedras. Pues bien, Jesús, a mi me pasa que comienzo muchas cosas pero eso de poner la última piedra y acabar las cosas no se me da bien. Ayúdame a ser fuerte, ya que hasta en la oración me sucede que comienzo y al poco tiempo estoy distraído y se me va el tiempo.

¿En qué otras situaciones te falta ser perseverante?

El respondió: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Ella, no obstante, se acercó y se postró ante él diciendo: ¡Señor, ayúdame! (Mt 15, 24-25).

Jesús, esta mujer persevera y consigue que la atiendas y le hagas el milagro. Puso la última piedra por medio de la perseverancia. Yo te sigo diciendo lo mismo: ¡ayúdame a ser fuerte para perseverar! Quiero aprender a poner las últimas piedras en el trabajo, en mi oración, en la familia y en el apostolado.

Intenta concretar que significa poner las últimas piedras.

Propósito: Perseverar.