sábado, 29 de febrero de 2020

¡Las llamadas perdidas de Dios!

Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme» (Lc 5, 27).
Bueno, Jesús, que ya te voy conociendo. Pasabas por ahí, quizá hacién­dote el despistado, como el que no quiere la cosa. Pero en el fondo querías practicar tu deporte favorito: la pesca. Y ahí, encadenado, bajo el peso del montón de dinero, estaba tu amigo Mateo, un pez gordo. Al pobre no le cuadraban las cuentas: aquí me falta algo…, decía; efectivamente tenía un agujero, un vacío interior que no había forma de llenar: ¡Me falta algo, pero no sé lo que es! Mateo alzó la vista y se encontró con tu mirada. Y le dijo: «Sígueme» Y el gran vacío se le llenó de golpe, y al instante, dejándolo todo, te siguió. ¡Qué alivio! ¡El mejor negocio de su vida!
Esos vacíos que no llenan mi vida, ¿no los podría llenar Jesús?
Él, dejándolo todo se levantó y lo siguió (Lc 5, 27).
Jesús, a veces miro el celular y me lo encuentro lleno de llamadas per­didas, de SMS, Whatsapps. Son mis amigos, que me aprecian y quieren hablar conmigo, contarme sus cosas. En cuanto puedo me pongo en contacto con ellos. Tú también, Jesús, me sigues llamando continua­mente en los aconteceres de cada día. Quieres decirme algo, hacerme presente tu cariño. Y le dijo: «Sígueme» ¿Soy consciente de esas llama­das que me haces? Qué pena si se quedan en el archivo de llamadas perdidas.
Jesús, que no pierda ninguna de tus llamadas.

Propósito: llenar vacíos y responder llamadas.

viernes, 28 de febrero de 2020

Jesús, es que te comería a besos


Se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio tus discípulos no ayunan? (Mt 9, 14).
Jesús, yo siempre tengo hambre, como los discípulos de Juan. Mi mamá me llama el hambriento. No como, devoro. Pero no es solo hambre de pizza, papas fritas y de dulces, sino también hambre de Ti Jesús, ¡qué ganas tengo de comerte! ¡Con que ilusión estoy preparando la próxima comunión! Tenemos un montón de cosas de que hablar. ¿Te acuerdas de aquella vez en que me decías…? ¿O cuando pensaba que estaba solo y te buscaba…?
► Recita despacio, por dentro, paladeándola, la Comunión Espiritual.
Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? (Mt 9, 15).
Recordaba aquella niña que cuando tenía solo 5 ó 6 años, el sacerdote del Colegio les explicó la presencia real de Jesús en el sagrario. Se le quedaron grabadas las palabras: Este es el Pan vivo. Quien come de este pan vivirá para siempre. Por eso, cada día, en el desayuno, se fijaba en sus papás. No se quedaba tranquila hasta que les veía comer pan. -¡Ah! Han comido pan, menos mal. Entonces mis papás no morirán, vivirán para siempre. En su sencillez de niña pensaba que Jesús estaba presente en todos los trozos de pan: Pan vivo, que da la Vida. Jesús, pero qué hambre tengo de Eucaristía, que ganas tengo de comerte…
► Jesús, aunque hoy sea abstinencia, te comería a besos.
Propósito: No perder nunca el hambre… de Eucaristía.

jueves, 27 de febrero de 2020

Pero, ¿dónde se esconde la Cruz escondida?


Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su alma? (Lc 9, 24-25).
¡Pobre Jesús!... ¡Siempre con la Cruz a cuestas!... Oye, Jesús, ¿y no te cansas? Ya va siendo hora de que descanses un poco. Hoy quiero ser yo quien lleve tu cruz, la cruz de cada día; hoy voy a ser tu Cireneo. Por eso hoy mi cruz será no responder ante las burlas, tratar con cariño a mis hermanos, ayudar en la casa, no protestar, ponerme de portero en el futbol, sacar la basura, estudiar de verdad…
► Pregúntale a Jesús de qué más.
El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y venga conmigo (Lc 9, 23).
¡Ya está! Lo he entendido: el que busca la Cruz se encuentra contigo, con Cristo. Jesús, esto me recuerda la historia de Carlitos. Aquel domingo fue a Misa con su abuela. Al entrar en la Parroquia se encontró, presidiendo el altar, un Crucificado de gran tamaño. El pobre Carlitos, asustado, se escondió detrás de la abuela y preguntó: —Abuela, ese, ¿quién es? La abuela le explicó que era Jesús… —¿Y quién lo ha puesto ahí? Unos hombres malos le crucificaron. —Abuela, preguntó más asustado: ¿Esos hombres malos siguen por aquí? Efectivamente, por aquí seguimos algunos, pero tranqui, que también hay cireneos.
► Con voz de trapo decía aquel niño: Pobre Jezuz, tan zolo en la Cruz.
Propósito: llevar la cruz.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Miércoles de Ceniza. Polvo, sí, más polvo enamorado.


Cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, qué está en lo escondido (Mt 6, 17).
Jesús, hoy comienza la Cuaresma. Nos ha dicho el sacerdote que es un tiempo fuerte, tiempo de conversión… pero no sé qué quiere decir lo de fuerte. Eso sí, esta mañana he ido para que me impusieran la ceniza. Los de mi clase, que son un poco mensos, van porque dicen que todo lo que es gratis se apuntan. Un año más me ha hecho que pensar lo que dice el sacerdote: Recuerda que eres polvo y al polvo volverás… Yo, como el poeta, repetía por dentro: Polvo, sí, mas polvo enamorado. Algunos piensan que somos solo eso, polvo, química, física, moléculas, átomos, neuronas… pero capaces de amar, de enamorarnos. ¡Polvo que ama!
► Dile a Jesús cómo piensas vivir esta Cuaresma: más estudio, ayudar más…
Y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará (Mt 6, 18).
Jesús, en esta Cuaresma quiero vivir más cerca de ti, ser tu mejor amigo. Jesús, perdón por las veces que te he preocupado, por las veces que te he olvidado. Y como muestra de mi amor y arrepentimiento voy a hacer muchos pequeños sacrificios: sonreír siempre, comer lo que no me gusta, estudiar en serio, etc... Y Tú, que ves en lo escondido… me recompensarás.
► Recuerda que eres de Dios y a Dios volverás…¡casi me gusta más.
Propósito: No quedarme si que me impongan la cruz de ceniza

martes, 25 de febrero de 2020

Setenta veces siete son… 490 veces


Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestro enemigos y rezad por los que os persigan (Mt 5, 43-44).
Un sacerdote recuerda que después de una guerra fratricida fue a verle una persona muy conocida, a quien habían asesinado muchos parientes en el cruce de un camino rural. Aquella persona quería levantar una cruz grande, precisamente en aquel lugar, como recuerdo de sus caídos. Yo le dije: No debes hacerlo porque lo que te mueve es el odio hacia los asesinos y aquella cruz te sirve sólo para perpetuar el odio: no será la Cruz de Cristo, sino la cruz del diablo. La cruz no se hizo. Mi interlocutor supo perdonar.
Jesús, te pido por el que me hizo...
Pedro le preguntó: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? (Mt 18, 21).
Jesús a San Pedro siete veces le parecía el máximo imaginable. Sin embargo Jesús contestó: No siete, sino setenta veces siete. Es decir, siempre. Pero perdonar no es olvidar. Me puede pasar como la historia:¿Por qué sigues echándome en cara mis antiguos pecados?, le dijo el marido a su mujer; yo creía que los habías perdonado y olvidado. La mujer le replicó: Es cierto, pero quiero que tú no te olvides que yo te he perdonado y olvidado. Tal vez no sea posible olvidar, pero hay que hacer todo lo posible.
Jesús concédeme el don de la mala memoria para los agravios
Propósito: perdonar y olvidar. ¿El qué?

Porque los iba instruyendo…


Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque los iba instruyendo (Mc 9,30).
Jesús, ¿de qué les hablabas? ¿Qué les contabas? Me imagino que les hablarías de tu Familia: lo mucho que te quiere tu Padre que está en el Cielo, y del Espíritu Santo que es todo Amor, de tu entrega, pasión y muerte por todos los hombres, pero que luego resucitarías.. pero no entendían aquello. Los pobres se mirarían con cara de “baba” y por lo bajo: ¿Pero es, o no es, el Mesías? ¿¡Pues entonces...!? Jesús yo tampoco entiendo tantas cosas: por qué mueren los niños, por qué hay guerras, hambre, dolor... Jesús, háblame, instrúyeme…
► Dile a Jesús que quieres formarte hasta los 100 años por lo menos.
¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante (Mc 9,33-34).
Los discípulos, genio y figura hasta la sepultura. Como yo, que a veces tampoco me entero. Y lo peor es que me lo creo. Pienso que estoy bien instruido, con buena formación, digo, por mi familia, porque asisto a clases de Religión. Jesús, pero no es suficiente… No puedo funcionar así, con los conocimientos de la 1°Comunión. Jesús, necesito conocerte mejor y dejarme formar asistiendo a charlas, círculos, meditaciones, retiros. ¿Por qué?: ¡Porque me da la gana!
► Amar a alguien es conocerle mejor. Di que le quieres conocer más.
Propósito: conocerle mejor.

lunes, 24 de febrero de 2020

El Maestro está aquí y te llama


Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo (Mc 9,15).
Jesús, ¡lo que hace la Visita al Santísimo! Edith Stein, la que después sería Santa Benedicta de la Cruz, cuenta que de joven estaba llena de prejuicios racionalistas. Un día, paseando con un amigo católico, ella era judía, por la ciudad vieja de Fráncfort: entramos unos minutos en la catedral y, en medio de aquel silencio, entró una mujer con su bolsa del mercado y se arrodilló con profundo recogimiento para orar. Esto fue para mí algo totalmente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que yo conocía se iba sólo para los oficios religiosos. Aquí, en cambio, cualquiera en medio de su trabajo se acercaba a la iglesia vacía para un diálogo confidencial. Esto no lo he podido olvidar.
► Jesús, que todos los días vaya a hacerte una “visita”.
En aquellos días, Moisés levantó la tienda de Dios y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó «tienda del encuentro». El que quería visitar al Señor salía fuera del campamento y se dirigía a la tienda del encuentro (Ex 33, 7-8).
Jesús, me han explicado que al Sagrario también se le llama Tabernáculo, que significa Tienda del encuentro. ¡Qué alegría! A mí también me gustan las acampadas: ir por ahí y poner la tienda de campaña. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Pero, ¿por qué no iré más a verte al Tabernáculo? Yo, como Moisés, pero sin barba.
► Jesús, iré a visitarte a tu Tienda de Gran Jefe cada día.
Propósito: visitar al Gran Jefe.

domingo, 23 de febrero de 2020

No me seas “rancio”


Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestro enemigos y rezad por los que os persigan, para que seáis hijo de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos (Mt 5, 43-44).
Jesús, quiero pertenecer a tu familia, ser hijo de tu Padre, ser tu hermano, parecerme cada vez más a Ti A veces me gusta imaginarme que me invitas a tu casa de Nazaret y la Virgen, “nuestra Madre”, —porque tam­bién es mía— nos da de merendar pan con chocolate y dátiles, que me gustan mucho. Y entonces te pido que en vez de dátiles, que engordan, me des, mejor, un corazón como el tuyo, que sepa amar a los que no me quieren y rezar por los que me persiguen
► Aprovecha que estás en casa de la Virgen y dile lo mucho que la quieres
Si amáis a los que os aman, ¿qué merito tenéis? (Mt 5, 46).
Jesús, no hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios, decía San Josemaría. Jesús, a veces veo con malos ojos a uno porque es de otra raza, de otra cultura, de otro país, de otra lengua, o simple­mente de otra clase, de otro curso o de otro colegio. Que aprenda a amar a todos, sin hacer “grupos cerrados”. Que tenga amistades bien ventiladas, porque todo lo encerrado acaba oliendo mal.
► Pídele a la Virgen un corazón grande y bien ventilado.
Propósito: tener muchos amigos.

sábado, 22 de febrero de 2020

Cátedra San Pedro: No prevalecerán sobre ella


Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará (Mt 16, 18).
El Papa Benedicto XVI sufrió los horrores y la persecución del nazismo en la 2ª Guerra Mundial. Él mismo lo cuenta: La Iglesia había sido, pese a las muchas debilidades humanas, el polo de oposición contra la ideología destructiva de la dictadura nazi; ella había permanecido en pie en el infierno que había devorado a los poderosos gracias a la fuerza proveniente de la eternidad. Nosotros teníamos la prueba: las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. Sabíamos, por experiencia propia, qué cosa eran las puertas del infierno y podíamos ver también con nuestros ojos que la casa construida sobre roca se había mantenido firme.
► Pide por el Papa, para que sea piedra, roca, cimiento de la Iglesia.
Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en Cielo (Mt 16, 19).
Jesús, al Papa no le has dado las llaves del carro, o de un chalet en la playa, o la clave para entrar en la compu. Le has dado las llaves de tu Casa, del Cielo. Por eso diré con San Josemaría: Todos con Pedro hacia Jesús por María.
► Hazte amigo de San Pedro para que cuando llegue el momento te abra la puerta.
Propósito: rezar a diario por el Papa.

viernes, 21 de febrero de 2020

Vergüenza solo para pecar


El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará (Mc 8,35).
En 1247 San Simón Stock fue elegido sexto general de los Carmelitas. Como respuesta a sus súplicas de auxilio a su oprimida orden, la Virgen María se le apareció en Cambridge, Inglaterra, el domingo, 16 de julio de 1251. La Virgen se le presentó portando un escapulario en la mano y dándoselo le dijo: toma, hijo querido este escapulario de la orden será como la divisa de mi confraternidad y para ti y todos los Carmelitas un signo especial de gracia; quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el castigo eterno.
► ¿Tengo impuesto el Escapulario? ¿Lo llevo puesto siempre?
Quien se avergüence de mí y de mis palabras, en esta gene­ración descreída y malvada, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él (Mc 8,38)
Otro inglés. De aquel soldado fallecido en combate, además del reloj, llegó a su familia la medalla escapulario que siempre llevaba puesta. “Quiero que la lleves tú, dijo el padre a otro de sus hijos -Papá, no pro­tegió mucho a mi hermano ¿No crees? -Claro que sí, mucho más de lo que te imaginas: Si caes herido y te llevan al hospital, saben que eres católico y te buscan un sacerdote… Fue lo que pasó con tu hermano. Me lo contó una enfermera”
► Quien se avergüenza de su madre es un canalla
Propósito: vergüenza solo para pecar.

jueves, 20 de febrero de 2020

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?


Por el camino preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas (Mc 8, 27-33).
Jesús, pues yo he oído todo tipo de tonterías: unos dicen que si eres un extraterrestre, un guerrillero, un hombre bueno, o un mito... Otros que si un aguafiestas. Algunos no saben o no contestan (n.s. o n.c.). Jesús, qué pena, han pasado 20 siglos y tantos que no saben (n.s.). Tantos que se dicen cristianos y no tienen ni idea, no contestan (n.c.). Funcionan con clichés, caricaturas, eslóganes, lo que han visto u oído en la tele. Nadie ha sabido explicarles, hasta ahora.
► Dile a Jesús que quieres ser su portavoz (llevar su voz a todos) en este Año de la Fe.
Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Pedro le contestó: Tú eres el Mesías Mc 8, 27-33.
Jesús, quieres saber mi opinión y me lo preguntas a quemarropa: Y tú Andrés, Mónica,... (pon tu name). ¿Tú, quién dices que soy yo? Venga, no mires atrás, respóndeme... Respuesta: —Jesús, mira mi vida, mis obras son elocuentes: desde que me levanto hasta que me acuesto pienso en ti, sueño contigo. Te lo diré con palabras de San Pedro: Tú eres el Mesías. Tú eres mi salvador.
► Dile a Jesús, todo lo que piensas sobre Él. Despáchate a gusto.
Propósito: ser portavoz / explicar a ns y nc quién es Jesús.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Me saciaré de tu semblante


Llegaron a Betsaida. Le trajeron a un ciego, pidiéndole que lo tocase (Mc 8, 22-26).
—¡Despacio! ¡Que no tropiece! Trastabillando, aquel ciego fue llevado de mano en mano hasta la mano de Jesús. Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano. Pero aquella mano era diferente, pensó el ciego, le guiaba seguro ¿Podría quizá éste poner fin a su ceguera? Otros lo habían intentado. ¿Traería colirios mágicos de Alejandría? ¿Se llevaría, como los otros, su dinero y su ilusión? El profeta empezó a hablarle mientras le humedecía sus ojos. Le untó saliva en los ojos, le impuso las manos. ¿Qué es lo primero que te gustaría ver? Al ciego se le agolparon los deseos: árboles, hombres, a sus hijos corriendo. Le preguntó: ¿Ves algo? Empezó a distinguir y dijo: Veo hombres que parecen árboles, pero andan.
► Jesús cúrame de … (dile tus enfermedades).
Le puso otra vez las manos en los ojos: el hombre miró, estaba curado (Mc 8, 22-26).
Jesús, esta vez fue a la 2ª. El ciego de Betsaida necesitaba una segunda mano. Y a la 2ª fue la vencida: abrió los ojos y veía con toda claridad. ¿Qué es lo que vio tan claro? Te vio a ti, Jesús mío. Y ya no pudo dejar de mirar.
Pide a Jesús que te eche todas las manos que haga falta: ¡Señor que vea!
Propósito: repetir, Señor que vea.

martes, 18 de febrero de 2020

Yo a cuantos amo, los reprendo


A los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca (Mc 8, 14).
¡Al que nunca se le haya olvidado algo que le mandaron que levante la mano...! A mí ¡tantas veces se me olvidan las cosas y las tareas! especialmente los domingos. Jesús cómo me gusta que tus discípulos sean tan... normales. Y a falta de pan buenas son las tortas. No sólo se les olvida el pan, sino que además empiezan a pegarse entre ellos. Además de olvidados son susceptibles, peleoneros. Ellos comentaban: Lo dice porque no tenemos pan. Viven en su pequeño mundo. Necesitan que Jesús les despierte. Como a mí.
► Jesús, ayúdame a evitar las peleas en casa, a salir de mi pequeño mundo.
Dándose cuenta, les dijo Jesús: ¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? (Mc 8, 17).
Jesús, les hablas de la “levadura” y te salen más perdidos y atontados. Los pobres no se enteran. Están metidos en sus cosas, en otra onda. Tú aprovechas la ocasión para con buen humor, tirarles de las orejas: ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? (Mc 8, 19). Porque donde hay cariño de verdad se puede exigir sin herir. Yo a cuantos amo, los reprendo (Ap 3,19).
► ¿Dejo que me exijan? ¿Lo agradezco? ¿Me quedo resentido?
Propósito: dejar que me exijan.

lunes, 17 de febrero de 2020

Jesús dio un profundo suspiro...


En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo (Mc 8, 11-13).
Jesús, te pusieron a prueba, como si fueras la cabra de un circo: Si te subes hasta aquí arriba y haces el triple mortal con tirabuzón…; y ahora el más difícil todavía: haznos un milagrito. Jesús, te pusieron a prueba y yo también, a veces, te pongo a prueba: —Que apruebe el examen con buena nota y sin estudiar. —Que encuentre el bolígrafo sin buscarlo. —Si no me concedes lo que te pido, ya no respiro o dejo de creer o de ir a Misa… Jesús, perdóname pero a veces ¡te pido cada cosa!
► Jesús, te doy, no el a-Probado sino el Sobresaliente.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? (Mc 8,11-12).
Mi abuela —que es una santa—, no hace más que suspirar. Toma todo el aire que puede, lo mantiene un ratito en los pulmones y después lo suelta de golpe, mientras musita ¡¡Ay Sssseñor…!! Mis hermanos y yo decimos que los suspiros le salen del alma. Jesús, ¿cómo fue tu profundo suspiro?, ¿suspiras también por mí?: este no se entera, pero qué cosas me pide…
► Dile que le vas hacer suspirar de orgullo santo por tener un hijo tan bueno.
Propósito: aprender de mi abuela.

domingo, 16 de febrero de 2020

Jesús, menos “ganso” y más “manso”


Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio; y el que llame a su hermano necio será reo ante el Sanedrín” (Mt 5, 21-22).
Jesús, cuando me enojo con mis hermanos o con mis amigos no es que les llame “necio”, sino insultos terribles: cucaracha, rata de cloaca, sabandija, sanguijuela o cosas peores… Luego, después, me arrepiento y lo paso mal. Jesús, ¿por qué tendré la lengua tan afilada? ¿Por qué hago tanto daño a los que más quiero? Jesús, contigo también se me­tían: Muchos de ellos decía: —Está endemoniado y loco, ¿por qué le escucháis? (Jn 10,20), y les perdonabas siempre. Jesús, quiero ser como tú: Manso y humilde de corazón (Mt 11,29).
► Jesús ¿existen ejercicios de mansedumbre? Ayúdame para ser como Tú
Ve primero a reconciliarte con tu hermano (Mt 5, 24).
Jesús ¡Cómo me cuesta pedir perdón! Porque cuando me enojo, siem­pre creo que es el otro el que debe pedirme perdón a mí. Incluso llego a la tontería de no hablar con una persona durante un tiempo, porque me ha hecho esto y lo otro; y hasta que no me pide perdón… Sin embargo, Tú has perdonado incluso a los que te crucificaban. Que aprenda de Ti a perdonar, a adelantarme, a pedir perdón de la parte de culpa que tenga.
► Piensa con quien tienes que hacer las paces, pedir perdón, y terminas.
Propósito: pedir perdón.

sábado, 15 de febrero de 2020

Me da lástima de esta gente


Como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Me da lástima de esta gente (Mc 8, 1-2).
Jesús, no me canso de contemplarte una y otra vez. En ti encuentro un rostro siempre nuevo e inagotable que me invita a seguirte. Puedo observar tu gesto cordial y optimista, tu buen humor, tu tristeza ante el mal, tu mirar compasivo y misericordioso: Me da lástima de esta gente. Te das cuenta de las necesidades de la gente, de cada uno, también de las mías.
► Jesús, estos días, por dentro hablo contigo agradeciéndote tantas cosas.
Llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos (Mc 8, 2-3).
Un Dios que es Padre y a la vez con corazón de Madre. Sólo los ojos de madre pueden ver ciertas cosas: No tienen qué comer (...), se van a desmayar por el camino, (...) han venido desde lejos. Y a mí me dices: tienes mala cara, ¿no tendrás fiebre?, hoy no has dormido bien, ¿verdad?, a ver, ¿qué ha pasado hoy en clase?... Y surge mansa la oración como el agua de una fuente: Pues mira Jesús a mí lo que me pasa es que...
► Dale un poco de pena a Jesús para que te haga caso (se deja engañar) pero no seas quejón.
Propósito: dar un poco de pena.

viernes, 14 de febrero de 2020

Santos Cirilo y Metodio: La mies es mucha


Los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir (Lc 10,1).
Jesús, de dos en dos pero sin empujar, ¡que hay gente para todos...! No sé qué me pasa pero hoy se me está abriendo un hambre apostólica… Para hacer apostolado, para acercar a alguien a Dios, en primer lugar hace falta oración. Por eso hoy mi lema apostólico es de dos-en-dos pero con el tres-más-dos. Quiero tener aventuras apostólicas, como las de aquellos dos amigos tuyos con nombres tan curiosos: Cirilo y Metodio, Patronos de Europa. No lo tuvieron fácil. Fueron grandes evangelizadores en una época muy complicada, mucho más complicada que la nuestra. Eran tan sólo dos pero convirtieron a naciones enteras que desde entonces son cristianas.
► No me llamo ni Cirilo ni Metodio, pero “envíame”, quiero ser apóstol.
La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies (Lc 10,2).
Quizá naciones enteras no, pero sí puedo evangelizar, llevar a Cristo a mi clase, a mi colegio, a mi familia, a mis amigos. Eres, entre los tuyos —alma de apóstol—, la piedra caída en el lago. —Produce, con tu ejemplo y tu palabra un primer círculo... y éste, otro... y otro, y otro... Cada vez más ancho. ¿Comprendes ahora la grandeza de tu misión? (Camino 831). Yo seré, con tu gracia, esa piedra.
► Concreta tu apostolado.
Propósito: hacer olas.

jueves, 13 de febrero de 2020

Jesús, estoy para darte gusto


No está bien echarles a los perros el pan de los hijos (Mc 7,27).
Jesús, esto de los perros me trae a la cabeza lo que cuenta San Josemaría: “Ayer, por la tarde, a las tres, salí al presbiterio de la Iglesia del Patronato a hacer un poco de oración delante del Santísimo Sacramento. No tenía gana. Pero, me estuve allí hecho un fantoche. A veces, volviendo en mí, pensaba: Tú ya ves, buen Jesús, que, si estoy aquí, es por Ti, por darte gusto. Nada”. Como yo ahora Jesús, para darte gusto.
Jesús, que mi oración no dependa de mis ganas. Estoy para darte gusto.
Pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños (Mc 7,28).
San Josemaría se encontraba seco en su oración pero persevera haciéndose un perrito: “Mi imaginación andaba suelta, lejos del cuerpo y de la voluntad, lo mismo que el perro fiel, echado a los pies de su amo, dormita soñando con carreras y caza y amigotes —perros como él— y se agita y ladra bajito... pero sin apartarse de su dueño. Así yo, perro completamente estaba”. Jesús que forma más hermosa de estar siempre contigo: un perrito fiel que come de las migajas.
Dile a Jesús: que quieres rezar soñando… ¡pero sin dormirte!
Propósito: hacer de perro delante de Dios ¡guau!

miércoles, 12 de febrero de 2020

¡Te basta mi gracia!


Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad (Mc 7,14-23).
Jesús, algo me sospechaba. ¿Por eso dentro de mí encuentro tantas ganas de chinchar a mis hermanos, llevar la contraria a mis papás, hacer enojar a mi perro, mentir, engañar...? Me pasa como a San Pablo: Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Jesús, y todo este mal, ¿de dónde sale? ¿Quién lo ha puesto? Si yo no soy malo, ¿por qué a veces hago daño a los que más quiero? Y me responde San Pablo: No soy yo quien lo realiza, sino el pecado que habita en mí. Tras el triste episodio de la manzana de Adán una gota de aquel veneno, el pecado original, nos ha llegado a cada hombre, a mí también.
Que no me olvide del pecado original. Debo luchar contra el Maligno.
¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Mc 7,14-23).
Y San Pablo escuchó: Te basta mi gracia. Jesús, la Gracia que me das en tus sacramentos es el antídoto contra el veneno del mal, contra el pecado. Porque donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (Rm 5,20). Necesito mucho antídoto, necesito mucha gracia.
Busca el surtidor más cercano de Gracia y llena el depósito del alma. Es decir, confiésate.
Propósito: ponerme el antídoto.

martes, 11 de febrero de 2020

Mi corazón está muy, pero muy cerca de ti


Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío (Mc 7,6).
Jesús, con palabras de Isaías te quejas de tus contemporáneos. Cumplían las tradiciones hacían sus rezos pero les reprochas que su corazón está lejos de mí. —¿No me pasará a mí algo parecido? —¿No te quejarás también de mí?: Hago el 3+2, rezo el Ángelus, e incluso hago el Vía Crucis los viernes... Jesús, que nunca me olvide que estas prácticas de piedad son medios para acercarme más a ti, para quererte más, pero no son fines. Jesús, Tú no eres como las máquinas de Coca-Cola® que echas una moneda y sale la lata. Jesús, no te voy a comprar con mis rezos, pero sí te voy a ganar con mi corazón enamorado.
Dile a Jesús que le quieres mucho, ¡pero mucho! Y luego sigues.
Hipócritas, (...) ¡anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición! (Mc 7, 9).
Jesús tengo los días súper-llenos: clases de piano, de tenis, fut, pintura... Es la tradición en mi familia. Y como no quiero ser un hipócrita de esos, también dedico tiempo a los demás. En el viejecito del asilo que espera mi visita, en el pesado de mi hermano, en el niño al que doy catequesis... En ellos veo tu “imagen y semejanza”, que me enamora. Ahí me esperas…
Dile a Jesús que también le das tu tiempo y terminas.
Propósito: tomarme una Coca-Cola, por ejemplo.

lunes, 10 de febrero de 2020

“Acariciar” a Dios en cada comunión


Colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto (Mc 6,56).
Jesús, a veces me lleno de envidia por la suerte que tuvieron algunos de tus contemporáneos: oír tu voz, disfrutar de tu sonrisa, distinguir tus andares... Se conformaban con poco, tan sólo con tocar el borde de tu manto y... ¡quedaban curados! Jesús y yo, que te recibo en la Eucaristía, no me conformo con tocarte, en cada Comunión quiero acariciarte con mis obras buenas en mi alma para que también me cures.
Jesús, ¡qué ganas tengo de comulgar! ¿Por qué no voy más a Misa?
Y los que lo tocaban se ponían sanos (Mc 6,56).
Contaba San Josemaría que una vez en Zaragoza pasó por delante de un bar llamado Gambrinus, y vio que dentro del local estaba un famoso torero. Algunos niños se acercaron a la multitud que rodeaba a aquel personaje popular, y uno de ellos salió corriendo gritando exultante: ¡Lo he tocado!, ¡lo he tocado! Le impresionó aquella escena a San Josemaría, y le sirvió para reflexionar sobre el hecho de que cada día tocamos a Jesús en la Eucaristía. Jesús, ¡qué suerte más grande tengo! ¿Lo aprovecho? En cada Comunión ¡toco a Dios!
Después de la Comunión me quedaré un ratito con Jesús, dando gracias.
Propósito: acariciar a Dios.

domingo, 9 de febrero de 2020

Sal que da sabor a las ensaladas


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla y que la pise la gente. (Mt 15,13)
Tengo un amigo, Jesús, que le encanta echarle mucha sal a todo. Ni siquiera prueba antes la comida. Agarra el salero y baña de sal su plato. Le gusta el sabor intenso de la sal. ¿A ti, Jesús, te gustaba las cosas saladas? Lo que tengo claro es que te gustaban las cosas en su punto. Por eso le dices a los apóstoles que son sal. Ellos van a poner las cosas en su punto. ¿Qué cosas? La familia, la sociedad, las relaciones entre amigos y muchas cosas más. Esto me recuerda que yo también soy tu apóstol. También yo debo poner en su punto las cosas.
Has probado "salar" las relaciones con una sonrisa
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de una montaña. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo de una olla, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Que alumbre así su luz a la g
Ahora, Jesús, usas el ejemplo de la luz. No sé cómo será en otros países. En el mío, a veces, se va la luz. Por suerte, no se va por mucho tiempo, pero el suficiente para quedarse sin Internet, ni poder usar los electrodomésticos de la casa. Pienso en los países donde no tienen servicio eléctrico habitualmente. Lo han de pasar mal. A la vez, pensando en que debo ser luz del mundo, creo que debo prestar un servicio ininterrumpido de iluminación. Para eso, debo iluminar con tu luz. Si lo intento sólo, voy a ser peor que luciérnaga, porque soy bastante intermitente.
Reflexiona un poco en la importancia que tiene el que seas luz
Propósito: Dar un servicio de alumbrado de primer mundo.

sábado, 8 de febrero de 2020

No te dejo ni a sol ni a sombra, ¡siempre contigo!


Y les dice: —Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco (...) Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos (Mc 6, 32-33).
Pobrecitos. Los discípulos debían estar agotados, cansadísimos... Jesús, ¡cómo te preocupas por tus apóstoles! ¡Cómo les cuidas!... ¡Cómo —también— me cuidas a mí! Probablemente te dabas cuenta de que estaban cansados porque andaban más callados, o más serios. Son detalles que sólo perciben los ojos de los que aman. Y Tú, Jesús, te dabas cuenta enseguida: Eres un padre con ojos y corazón de madre.
Dale gracias por todos los cuidados que tiene contigo.
Venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados (Mt 11, 29).
Eso va por mí, diría San Pedro; ¡Y por mí!, añadió Mateo. Venid vosotros solos a un lugar apartado. Y te los llevaste, no a cualquier sitio, sino... ¡de crucero! ¡De crucero en la barca de Pedro por el Mar de Galilea! Con la mejor compañía Naviera Petrus. Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos. Ellos solos con Jesús. Y les contarías cosas bonitas y alegres, y los harías reír y que se olvidaron de todo.
Pídele a Jesús aprender de Él para que ayudes a que descansen tus papás.
Propósito: aprender de Jesús.

viernes, 7 de febrero de 2020

No perder la cabeza...


Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magna­tes, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey dijo a la joven: pídeme lo que quieras, que te lo doy (Mc 6, 14-29).
Jesús, ¡vaya fiestita de cumpleaños! Acabó fatal como en la película Un cadáver a los postres. Que contraste: el mayor nacido de mu­jer, un hombre justo y santo, va a morir para satisfacer el capricho de un hombre ridículo, lleno de vacío, supersticioso, cruel e impuro. Seguramente Herodes estaría bebido: solo coger el punto, diría. La mezcla del alcohol y sexo tiene consecuencias imprevisibles: violen­cia, egoísmo, aborto, dolor. ¿No seré yo también con mi presencia y mi silencio cómplice de tanto asesinato?
Jesús, que no me olvide de los pecados de omisión… el que calla otorga.
Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista (…) Lo decapitó en la cárcel, trajo la ca­beza en una bandeja y se lo entregó a la joven” (Mc 6, 14-29).
Jesús, aquella adolescente alocada perdió la cabeza y pidió la ca­beza de San Juan Bautista, como podía haber pedido un caballo, un perrito o un anillo. ¡Vaya niña tonta! Quizá pensaba que era una artista. Y, ¿qué tiene de malo danzar? No era del todo consciente que con su forma de bailar, y de vestir encendió las pasiones de Herodes. Y yo ¿soy consciente?
Mi forma de vestir, bailar, hablar, ¿puede ser causa de que otros pequen?
Propósito: no perder la cabeza.

jueves, 6 de febrero de 2020

Que llevasen sandalias de repuesto


Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos (...) Les encargó que llevaran para el camino un bastón (…) que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto” (Mc 6, 7-9).
No era dinero, ni una maleta, ni una túnica nueva... Era solo una senci­lla caja de zapatos, pero con una nota desconcertante: Que hermo­sos son sobre los montes los pies de los que llevan el evangelio (Is 52,7). Aquel sacerdote, recién ordenado, abrió el regalo y encon­tró mucho más que un par de zapatos. Ahí dentro estaba todo un programa para su vida de apóstol; y entendió lo de las sandalias de repuesto. Pies ¿para qué os quiero? ¿Para dar patadas y poner zan­cadillas? Nooo...; —Para llevar el evangelio a todo el mundo ¿para qué sino?
Dile a Jesús que puede contar con tus manos, con tu boca y tus pies…
Jesús se levantó de la cena, se quitó la túnica, tomó una toalla y se la puso a la cintura. Después echó agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies a los discípulos (Jn 13, 4-5).
Jesús, me conmueve como cuidabas a tus apóstoles en la Última Cena. Lo que lavabas con tanto cariño no eran precisamente pie­cecillos de niño; eran pies sucios y polvorientos, cargados de largas caminatas por Palestina. Quizás decías: pero Que hermosos son los pies... mientras los besabas, también los de Judas. Jesús, mis patas, mis pies, quiero que sean tus pies que te lleven a todo el mundo.
Buscar pies, no tres pies al gato, ni pies de foto, sino pies que lavar.
Propósito: Ser de Lavapiés (es un pueblo en España)