martes, 30 de abril de 2019

Mi amigo Nicodemo, el noctambulo


Había entre los fariseos un hombre, llamado Nicodemo, judío influyente. Este vino a él de noche (Jn 3.1-2).
Jesús, Nicodemo a mi lado se queda pequeño. Yo sí que soy el Rey de la Noche. Entonces me transformo como “Batman” y me muevo entre sombras como un felino: ¡La noche es joven! Pienso, y me lo creo, que lo importante es tener éxito y si para ello tengo que dejar de ser yo, beber un poco, tampoco me importa mucho. Jesús ¿A dónde quiero llegar? La verdad es que tantas veces no lo sé; no voy, me llevan.. ¡y me llevan a cada sitio…! ¡Me usan como un trapo! Ahí Jesús, Tú no puedes estar a gusto ¿Y yo? Pues tampoco,
Cuéntale a Jesús tus findes.
Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu, es­píritu es.
Jesús, eres amigo de Nicodemos, vino a él de noche. ¡Te gusta la noche! Quieres estar conmigo también de noche. Y como a Nicocemo también me dices Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu, espíritu es (Jn 3,6). Me has dado belleza física pero sobre todo, lo mejor, belleza de alma. Sé que no hay ningún problema en salir y pasarlo muy bien, mejor que nadie. Pero Tú, Jesús, quieres venir conmigo, conocer a mis amistades, reírte. Jesús, te prometo no llevarte nunca a sitios donde puedas avergonzarte de mí, donde lo pases mal, donde las miradas no sean limpias. Mi mayor “éxito” es reflejar en mi vida la belleza que llevo dentro, a Ti, Jesús.
Nicodemo pasó de ser cobarde a dar la cara por Jesús. Piénsalo.
Propósito: Salir más con Jesús.

lunes, 29 de abril de 2019

Santa Catalina de Siena. Jesús, ¡qué grande eres!


Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has es­condido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla (Mt, 11,25-26).
Aquel sabio inglés se encontró con un campesino que a la hora del Ángelus interrumpía su trabajo para recogerse en la oración mariana. Con tono de guasa, el ilustrado preguntó: —Dígame Usted, buen hombre ¿Cómo es su Dios? ¿Grande o pequeño? El labriego sin terminar de comprender la malicia que encerraba aquella pregunta, le respondió: —Dios es tan grande que no cabe en la mente de un sabio como usted y tan pequeño que es capaz de caber en un corazón tan minúsculo como el mío.
Dile a Jesús: ¡Señor, qué grande eres, cabes en mi corazón tan pequeño!
Sí, Padre, así te ha parecido mejor (Mt, 11,26).
Tras su conversión, aquel sabio manifestó, años más tarde, que aquella respuesta del campesino había ejercido sobre él más influencia que todos los debates teológicos sostenidos y todos los libros leídos. Sí, Padre, así te ha parecido mejor… Jesús, esta historia me recuerda a la Santa de hoy: Sta. Catalina de Siena, patrona de los periodistas. Pasó de no saber ni leer ni escribir a convertirse en doctora de la Iglesia. Jesús, mira a ver qué se puede hacer conmigo…
Pregunta a Jesús puedes sacar de este rato de oración.
Propósito: estudiar más y de mayor ser periodista.

domingo, 28 de abril de 2019

Domingo de la Divina Misericordia. Señor mío y Dios mío


Tomás, uno de los Doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús (Jn 20, 19).
Jesús, ¿y dónde estaba Tomás? Siempre me ha parecido un misterio: ¿Qué estaría haciendo? ¿Dónde se habría ido? Está claro que, en ese momento, su sitio era estar con la Virgen Santísima y los Once. Ese día se despistó, hizo su plan: yo, a lo mío… Y se fue. Jesús, yo como Tomás, tantas veces a lo mío, a mis planes, a mis gustos, a mi TV, a mi egoísmo. Jesús, rompe mi egoísmo. Que esté con los demás. Que me sienta miembro de tu familia la Iglesia y hermano de todos los hombres. Dame un corazón grande como el tuyo.
Pregúntate: Cuando no pienso en Dios y en los demás, ¿en qué pienso?
¡Hemos visto al Señor! (Jn 20, 25).
Tomás no se lo podía creer, no lo quería creer. Si no veo la señal de los clavos…, y si no meto mi dedo en esa señal…, y mi mano en su costado, no creeré (Jn 20, 25). Es el egoísmo y la desconfianza lo que nos impide ver a Jesús, lo que todo lo critica, lo que ve las cosas retorcidas, al revés. A los ocho días (…) se presentó en medio (Jn 20, 26). Tomás, el incrédulo, por fin vuelve con los suyos. Son las heridas de Cristo lo que le convence: ¡Señor mío y Dios mío! Y yo, ¿ya he vuelto?
Repite muchas veces: ¡Señor mío y Dios mío!, y luego terminas.
Propósito: Volver.

sábado, 27 de abril de 2019

Sábado de Pascua. Alégrate Reina del Cielo


Habiendo resucitado, (…) se apareció, en primer lugar, a María Magdalena (Mc 16, 9).
Lo siento Marcos, pero nos has confundido. ¡Aquí falta algo! Por no decirnos lo evidente: que Jesús se apareció en primer lugar a su Santísima Madre, nos has dejado confundidos. ¡No iba a ser de otra manera!: María, la Madre de Jesús, esperaba el amanecer del domingo con fe, esperanza y amor. ¡Madre!, le dijo Jesús, ten fe porque al tercer día volveré, al tercer día resucitaré. María lo sabe y pasa toda la noche en oración.
Hoy, acompaña también a la Virgen. Dile lo mucho que tú también quieres a Jesús.
Al amanecer del primer día de la semana (Mc 16, 9)
La luna ya se ha ocultado. Un rayo de luz penetra en la habitación. Nace el nuevo sol con más alegría que nunca: ¡Es el Domingo de Resurrección, el Día del Señor! María está despierta, en espera. Con las primeras luces, una voz inconfundible: —¡Madre!, —¡Hijo mío!, Jesús mío. María cae de rodillas y Jesús la levanta y la abraza. Los Ángeles, que contemplan emocionados la escena, no pueden contenerse ya más y cantan a pleno pulmón: Alégrate, Reina del Cielo, aleluya / Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya / Ha resucitado, según predijo; aleluya / Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya / Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.
Sigue saboreando el Regina Coeli como si fuera un confite.
Propósito: rezar el Regina Coeli.

viernes, 26 de abril de 2019

Viernes de Pascua. El amor no es ciego, dilata las pupilas


Les dijo Jesús: Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Le con­testaron: No. (…) Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez puesto encima y pan. (…) Jesús les dijo: Venid y comed (Jn 21, 5.9).
Jesús, lo tuyo sí que es espíritu de servicio. Sabías que a Pedro y a Juan les volvían locos las barbacoas de pescado. No te lo dijeron, sino que Tú, con ojos de madre, enseguida te diste cuenta: Cuando la Virgen y las otras santas mujeres les preparaban el almuerzo —pez asado—, veías brillar los ojillos de tus Apóstoles. Conocías sus gustos, sus platos preferidos y quisiste darles una sorpresa. Jesús, que yo también tenga ojos y corazón de madre para con los demás, que sepa adelantarme en los detalles de servicio.
¿Conozco los gustos de los demás?
Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor!
Jesús, Juan tenía una vista de lince. La barca estaba bastante lejos, pero bien que te reconoció. Dicen que el amor es ciego, pero resulta que es al contrario: El amor dilata las pupilas. Pero hay algo que no me parece bien: Jesús, ¡vaya caradura la de San Juan! ¿¡Cómo si yo no te amara, tanto o más…!? Que San Juan me perdone, pero eso de aplicarse con exclusividad el título: el discípulo amado no me parece bien. Y en el fondo de mi corazón oigo que me dices: obras son amores y no buenas razones.
Compite con San Juan en el amor a Jesús. A ver quién gana.
Propósito: ganar a San Juan.

jueves, 25 de abril de 2019

Jueves de Pascua. Jesús, que no te tenga miedo


Jesús se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Se quedaron aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. (…) Mirad mis manos y mis pies: Soy yo mismo. Palpadme y compren­ded (Lc 24, 36.39).
Jesús, ¡vaya susto les diste a tus discípulos!: Se quedaron aterrados y llenos de miedo. ¡Te confundían con un fantasma, y eras Tú! Seguro que les querías dar un susto y te morías de risa viéndoles así. Jesús, tengo que reconocer que, a veces, también me pasa lo mismo: En la oración te tengo delante, te miro con cariño, te hablo y… ¡me das miedo! Pienso que me vas a pedir demasiado, que me vas a complicar la vida. Jesús, si me ves con cara de susto, ríete un poco de mí.
Dile que te enseñe sus llagas. Comprobarás lo mucho que te quiere.
Como no acabasen de creer por la alegría y estuvieran lle­nos de admiración, les dijo: ¿Tenéis aquí algo que comer? Entonces ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Y tomán­dolo comió delante de ellos (Lc 24, 41-43).
Jesús, lo que no termino de entender es que, queriéndote tanto, tus discípulos te dieron para comer pescado... ¡Qué horror! Tengo que reconocer que a mí el pescado no me gusta mucho. Ya ves, estoy lleno de tonterías. Jesús, ayúdame a detectar y superar tantos remil­gos y caprichos.
Haz una lista de pequeños sacrificios para combatir los caprichos.
Propósito: repetir pescado.

miércoles, 24 de abril de 2019

Miércoles de Pascua. Jesús, quédate conmigo


Quédate con nosotros, Señor, porque atardece y el día va de caída.
Fue en Madrid, en la Autónoma. No te acuerdas porque todavía no habías nacido. Juan Pablo II fue recibido por las barbudas autoridades académicas. Fuera estábamos los imberbes, gritones entusiasmados y bulliciosos estudiantes. Al asomarse el Papa al balcón del rectorado estalló en todas las gargantas un: ¡Quédate con nosotros! ¡Quédate con nosotros! Y el Papa se quedó con nosotros, tan a gusto, a rezar el Ángelus. El barbudo Rector no sabía si soñaba. Jesús, quédate con nosotros, te suplicaron, y Tú aceptaste. Cuando los discípulos de Emaús te pidieron que te quedaras con ellos, Tú, Jesús, les contestaste con un don mucho mayor. Mediante el sacramento de la Eucaristía encontraste el modo de quedarte en ellos. Recibir la Eucaristía es entrar en profunda comunión con Jesús. Permaneced en Mí y Yo en vosotros (Jn 15,4).
Agradécele que se haya quedado.
¿No es verdad que ardía nuestro corazón dentro de noso­tros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Una vez que las mentes están iluminadas y los corazones enfervorizados, los signos hablan. El Divino Caminante sigue haciéndose nuestro compañero. Cristo cumple a la perfección su promesa de estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20).
Cuando se te haga el encontradizo reconócele y no le dejes irse solo.
Propósito: quedarme con Jesús.

martes, 23 de abril de 2019

Martes de Pascua. Jesús, hágase tu Voluntad, no la mía


Se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dijo Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién bus­cas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré (Jn 20, 14-15).
Jesús, pobre Magdalena, estaba trastornada de tanto llorar. Necesitada y sedienta de su Jesús. Por cierto, Jesús, me encantan las magdalenas, ¿no te lo he dicho? Sobre todo, por las mañanas, mojarlas en el desayuno. Pero las muy tragonas, cuando las meto en la leche, se hinchan tanto, tanto, que se beben casi toda la leche. Entonces las miro, tan gorditas, tan apetitosas, y riendo me las como. ¡Qué se habrán creído! Así quiero ser yo contigo, como una magdalena sedienta de mi Jesús, como María Magdalena buscando a su Jesús.
Considera en el desayuno, si eres capaz, la lección de las magdalenas.
Jesús le dijo: ¡María! Ella, volviéndose, exclamó en hebreo: ¡Rabbuni!, que quiere decir Maestro (Jn 20, 16).
¡Lloras más que una Magdalena! Me dicen a veces para hacerme enojar. Jesús, no es que yo sea ni llorica ni llorón, pero es que a veces bien merece la pena llorar. Sobre todo sabiendo que eres Tú el que me vas a consolar: Bienaventurados los que lloran porque serán consolados... Tanto lloró la Magdalena que se encontró con el mejor consuelo, con Jesús.
Llama a Jesús: Rabbuni, Magister, Teacher, Professore…
Propósito: aprender de las magdalenas.

lunes, 22 de abril de 2019

Lunes de Pascua. Abrazaron sus pies y le adoraron


Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y gran ale­gría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos (Mt 28, 8).
La alegría de saber que estás vivo. Jesús, que aprenda a tratarte con cariño y respeto porque estás vivo. Cuantas veces se me olvida saludarte en el Sagrario, tener buenos modales cuando voy a Misa como por ejemplo bostezar sin taparme la boca, estar mal sentado o distraído con el celular o viendo quién entra tarde, etc. Jesús quiero aprender a tratarte con mucho cariño y respeto porque estás vivo.
Sigue hablando con Jesús sobre los buenos modales para tratarle bien.
De pronto Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron (Mt 28, 9).
Claro, hay que estar alegres porque realmente estás vivo y te has quedado en la Eucaristía para acompañarnos, para fortalecernos, para amarnos. Por eso, me parece obvio que la Iglesia nos pida que en el Tiempo de Pascua nos confesemos y comulguemos. Jesús, voy a preparar bien la confesión y ser valiente para decirlo todo y decirlo clarito.
Prepara tu confesión.
Propósito: Confesarme.

domingo, 21 de abril de 2019

Domingo Resurrección. ¡Resucitó, aleluya, aleluya!


Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro (Mc 16, 1-2)
Jesús, cómo te querían las santas mujeres, incluso muerto. Tienen un amor, ¿¡como el mío!? que va más allá de la muerte, un amor que vence a la muerte y al pecado: Muerte, ¿dónde está tu victoria? Porque Jesús ¡ha resucitado! Jesús, yo también quiero llevarte el aroma perfumado de mi vida cristiana. Porque el que trata con pescado, huele a pescado; el que trata con pintura huele a pintura; y el que trata con perfumes huele a perfumes… Yo te llevo, Jesús, el perfume de mi vida limpia, porque te quiero tanto o más que la Magdalena.
Habla con Jesús de tus perfumes preferidos… Tú, ¿qué le llevas? Yo el Buen olor de Cristo.
¿Quién nos moverá la piedra de la entrada del sepulcro? Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida(Mc 16, 3-4).
¡Qué mujeres! No hay quien las pare: ni lo temprano de la hora, ni la pesada piedra, ni la repulsión de tocar un cadáver, ni los soldados romanos, ni una compañía de antidisturbios... Y es que, cuando una mujer cristiana se empeña en algo… Que aprendan de las Santas mujeres, las mujeres que quieran ser santas: mi abuela, mi madre, ¿y yo? ¡Y la piedra estaba corrida!
No hay piedra, dificultad o montaña que no mueva la fe… y el amor.
Propósito: Mover piedras en mi alma.

sábado, 20 de abril de 2019

Sábado Santo. Jesús, prometo nunca dejarte


José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque oculta­mente por temor a los judíos, rogó a Pilato que le dejaran re­tirar el cuerpo de Jesús. Y Pilato se lo permitió. Vino, después, y retiró su cuerpo. Nicodemo, el que había ido antes a Jesús de noche, vino también trayendo una mezcla de mirra y áloe, como de cien libras (Jn 19,38).
Jesús, mi buen Jesús, ¿qué te han hecho? ¡Cuánto te echo en falta! Tengo un nudo en la garganta. No puedo vivir sin tu mirada, ni tu son­risa, sin oír tu voz ni tu risa. Hoy seré valiente e iré con Nicodemo y con José de Arimatea a pedir tu cuerpo muerto a Pilato. Me pasaré, junto a tu Madre, el día velándote, contemplando y besando tus heridas. En la hora de la soledad, del abandono total y del desprecio. Jesús, que sea valiente, que siempre dé la cara por ti.
Ante el cuerpo muerto de Jesús promete que nunca le dejarás.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos, con los aromas, como es costumbre sepultar entre los judíos (Jn 19).
Con San Josemaría: Yo subiré con ellos al pie de la Cruz, me apretaré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el fuego de mi amor..., lo desclavaré con mis desagravios y mortificaciones..., lo envolveré con el lienzo nuevo de mi vida limpia, y lo enterraré en mi pecho de roca viva, de donde nadie me lo podrá arrancar, ¡y ahí, Señor, descansad! Cuando todo el mundo os abandone y desprecie..., serviam!, os serviré, Señor.
Hoy no dejes sola a la Virgen. Espera con ella la Resurrección…
Propósito: Cumplir mis promesas.

viernes, 19 de abril de 2019

Viernes Santo. Cristo murió por nosotros; y muerte de Cruz


Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y Él, con la cruz a cuestas, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, donde le cruci­ficaron (Jn 19, 16-17).
Jesús, he llegado corriendo al Calvario acompañando a tu Madre. No puedo decir nada. Te veo. Estás allí, clavado en la Cruz, con la cara rota y el cuerpo destrozado y sangrante. Apenas puedes respirar, mientras te apoyas en tus pies atravesados para tomar aliento. La boca abierta. La mirada triste, agonizante. ¡Jesús!, ¿qué te han hecho? Me miras… y toda mi vida me parece un sinsentido. Jesús, quiero consolarte, aliviar tu dolor. Que mi vida sea tu consuelo.
Sigue contemplando y consolando a Jesús con tus palabras y tu cariño.
Padre, perdónales porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34).
Jesús, en la Cruz, todos tus gestos y palabras son de amor. Tienes los brazos abiertos, no porque estén clavados, sino porque quieres abrazar a toda la humanidad en un abrazo cósmico. Entre tus brazos me meto y con San Josemaría te digo: Soy tuyo, y me entrego a ti, y me clavo en la Cruz gustosamente, siendo en las encrucijadas del mundo un alma entregada a ti, a tu gloria, a la Redención, a la corredención de la humanidad entera.
Busca el crucifijo más cercano y llénalo de besos.
Propósito: Besar el crucifijo.

jueves, 18 de abril de 2019

Jueves Santo. Te adoro con devoción, Dios escondido


Como amase a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13, 1).
Jesús, tu vida terrena está llegando a su fin y el corazón se te desborda de ternura. No te mides, no eres calculador, como yo tantas veces: los amó hasta el fin. ¡Te das del todo en la Eucaristía! Ardientemente he deseado comer con vosotros esta Pascua (Lc 22, 15), nos dices con San Lucas: ardientemente, te morías de ganas, con pasión deseabas que llegara ese momento para instituir la Eucaristía, el Dios con nosotros hasta el final de los tiempos. Jesús, todo para estar cerca de un tipo como yo, qué bueno eres Jesús, qué bueno eres, no me lo merezco.
Sigue unos minutos. Agradécele que se haya querido quedar contigo
Se levantó de la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó. Después echó agua en una jofaina y empezó a lavarles los pies a los discípulos (Jn 13, 4).
Jesús, al lavar los pies a los Apóstoles les estás grabando a fuego la clave de tu paso por la tierra: ser Dios es ser servidor de los demás. No basta saberlo, hace falta ponerlo en práctica cada día. Y ahí estaban los pies de Judas, el traidor. ¡Qué cariño pondrías! Seguro que te esmeraste. Jesús, quiero ser como Tú, con un corazón grande, que sepa querer a todos, lavar los pies a todos, hasta los pies de los que me pisan.
Termina pensando a quién más puedes lavar los pies...
Propósito: Lavar pies.

miércoles, 17 de abril de 2019

Miércoles Santo. Jesús, vales más que todo el oro del mundo


Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue don­de los príncipes de los sacerdotes, y dijo: ¿Qué me queréis dar a cambio de que os lo entregue? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata (Mt 26, 14-16).
Jesús, ¡qué mal negocio hizo Judas! ¡Qué estafa! ¡Le han engañado! También a mí el demonio me quiera estafar. Como dice San Josemaría: El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salvaje que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer —que nada vale—, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad (Camino 708).
Habla tú con Jesús y dile que nunca te dejarás estafar por el demonio.
Y mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de voso­tros me va a traicionar. Y, muy afligidos, comenzaron cada uno a decirle: ¿Acaso soy yo, Señor? (Mt 26, 22).
Jesús, los Apóstoles se quedan muy tristes por tu anuncio de traición. Te quieren de verdad, como yo. Lo han dejado todo para seguirte, ¿¡cómo yo!?... Pero admiten humildemente la posibilidad de traicionarte, se sienten débiles, capaces de lo peor. Jesús, yo también soy capaz de todos los errores y de todos los horrores. Que sea humilde.
Pregunta a Jesús: ¿Acaso soy yo, Señor…? Y aguanta su mirada.
Que mi vida no sea para Jesús una historia de miedo.

martes, 16 de abril de 2019

Martes Santo. Jesús, antes morir que pecar


Cuando dijo esto Jesús se turbó en su espíritu, y declaró: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará. Los discípulos se miraban unos a otros no sabiendo a quién se refería (Jn 13, 21-22).
Jesús, te turbas, te conmueves, te duele. Después de todo lo que has hecho por Judas, el canalla va y te traiciona. Le has lavado los pies, le has llamado amigo… Cuántos momentos felices, cuántas bromas, cansancios, canciones, cuántos milagros había presenciado, y, luego…el pecado. Jesús, ¡ya no más! ¡No quiero fallarte más! ¡No quiero ser como Judas! Sé que te turba, que te duele, de manera especial, la traición de tus amigos. Jesús, con tu ayuda, nunca más.
Aprovecha y pide perdón por tus pequeñas o grandes traiciones.
Entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Y Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo pronto (Jn 13, 27).
Jesús, las grandes traiciones, como las de Judas, vienen precedidas de pequeñas compensaciones egoístas. Los edificios no se desmoronan de repente, sino que empiezan a salir grietas pequeñas, que se van abriendo, hasta que aquello se cae. Judas robaba de la bolsa… y tras el bocado entró Satanás. Jesús, con tu gracia ayúdame a descubrir esas grietas en mi alma.
En el examen de conciencia buscaré las grietas y las goteras en mi alma.
Propósito: Nunca hacer de Judas.

lunes, 15 de abril de 2019

Lunes Santo. Obras son amores y no buenas razones


María, tomando una libra de perfume muy caro, de nardo puro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume (Jn 12, 3).
Jesús, ¡cómo te quiere María! ¡Qué detalle! Tú la miras con infinito cariño y la dejas hacer. No es tanto la calidad del perfume muy caro de nardo puro sino el amor que María pone. Está demostrándote que vales más para ella que todo lo que cuesta aquel perfume tan caro. Jesús, y yo, ¿cómo te demuestro mi amor? ¿En qué se concreta? Me miras, también con cariño, como a María, y me susurras al oído: Obras son amores y no buenas razones.
¿A qué huelo? ¿Con qué buenas obras de amor perfumo mi vida?
Dijo entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregarle: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres? (Jn 12, 4-5).
Jesús, la misma historia de siempre. Ahora algunos tampoco entienden que los cristianos queramos darte lo mejor. No siempre es el amor a los pobres, lo que les lleva a pensar así, como no lo era el caso de Judas. Es simplemente falta de Fe, visión humana, que impide luego amar de verdad a los pobres. Jesús, que sea generoso contigo, no sólo con el dinero, sino también con mi tiempo… y así te podré ver en cada uno de los pobres.
Piensa en obras de amor a Dios y a los demás.
Propósito: No ser tacaño con Dios.

domingo, 14 de abril de 2019

Domingo De Ramos. Jesús, que sea valiente


Las muchedumbres que iban a la fiesta, oyendo que Jesús se acercaba a Jerusalén, tomaron ramos de palmas, salieron a su encuentro y gritaban: Hosanna, bendito el que viene (Jn 12, 12-13).
Jesús, hoy comienza la Semana Santa. En pocos días vas a culmi­nar tu misión en la tierra. Nos vas a dejar tu mandamiento nuevo del amor; vas a lavar los pies a tus discípulos; vas a pedir por los cristia­nos de todos los tiempos (también por mí); te me vas a entregar en la Eucaristía; vas a sudar sangre; te van a apresar y tus discípulos te abandonarán. Te azotarán y te golpearán; se burlarán de ti. Llevarás la Cruz de tu muerte y de mi salvación hasta el Calvario. Allí morirás perdonando. Y yo, Jesús, todos estos días muy pegadito a ti.
Dile, con tus palabras, que no quieres dejarle solo ni un momento.
Jesús encontró un borriquillo y se montó sobre él, conforme a lo que está escrito: No temas, hija de Sión. Mira a tu rey, que llega montado en un pollino de asna (Jn 12, 14-15).
No temas hija de Sión… Pero, vamos a ver: ¿Qué es lo que me da miedo? ¿No soy acaso hijo de Dios?... ¡¿Entonces…?! Jesús, Tú eres el Rey de Israel, Tú eres el Rey del mundo. Nada sucede sin que Tú lo permitas, y siempre será para bien. Jesús, contigo, siempre valiente. Necesitas Hombres y Mujeres valientes.
Jesús, quiero ser muy valiente.
Propósito: No ser gallina.

sábado, 13 de abril de 2019

Jesús, eres la Verdad, de verdad de la buena


Muchos, al ver lo que había hecho Jesús, (la resurrección de Lázaro) creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús (Jn 11, 46).
Jesús, que curioso, ante un mismo hecho dos reacciones opuestas: unos creen y otros te acusan. Es lo mismo que pasa ahora... Como dice un filósofo: Dios actúa en el claroscuro, de modo que hay bastante luz para quien quiere ver, y bastante oscuridad para quien no quiere ver. No es tanto la luz sino las disposiciones interiores. Jesús, tengo amigos que me preguntan por qué ahora no hay milagros espectaculares como los de antes… Yo les digo que ocurren pero que ellos no los ven: el milagro de un amanecer, una nueva vida, la sonrisa de un niño, una confesión, entregar la vida entera a Dios… y también de los otros.
Cuenta a Jesús el último milagro que hayas vivido. Agradéceselo.
Este hombre hace muchos signos. Si le dejamos seguir, to­dos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán (Jn 11,47).
¡Qué bárbaros! En vez de buscar la verdad piensan solo en su comodidad, en lo que más les convenga. Se cumple lo de San Pablo a los Romanos: hombres que tienen aprisionada la verdad en la injusticia (Rm 1,18). Cuando se violenta la verdad todo vale. Jesús, que siga el consejo del poeta: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.
El que busca con sinceridad la Verdad acaba encontrando a Cristo
Propósito: buscar la Verdad, de verdad.

viernes, 12 de abril de 2019

La violencia ni vence ni convence


Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús (Jn 10, 31-42).
Jesús, lo de tus paisanos y su afición a lanzar piedras es impresionante. Si no fuera algo tan triste, sería para echarse a reír. Les gustaba eso de apedrear a la gente. ¡No perdían ocasión! Primero quisieron apedrearte a Ti, nos lo acaba de contar San Juan; también lo intentaron con aquella desdichada mujer: El que esté sin pecado que tire la primera piedra (Jn 8,7). Al pobre de San Pablo en Tesalónica una lluvia de piedras casi le costó la vida: Apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad creyéndole muerto (Act 14,19). Y por último, San Esteban no tuvo tanta suerte y murió lapidado: Se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearle (Act 7,58). Es curioso, en un instante, la pedrada de un desaprensivo puede destrozar la magnífica vidriera gótica de una catedral, o peor aún, arrancar una vida.
A veces, las piedras que más duelen son los comentarios hirientes, las palabras vanas, los juicios gratuitos, las opiniones sin venir a cuento…
Él les replicó: Os he hecho ver muchas obras buenas por en­cargo de mi Padre: ¿Por cuál me apedreáis? (Jn 10, 31-42).
Jesús, ante la fuerza bruta respondes con sabiduría e ingenio. Porque quien usa la violencia ni vence ni convence. El que más grita habitualmente no lleva la razón y el que usa la violencia pierde cualquier autoridad y se descredita delante de Dios y de los hombres.
Jesús, ayúdame a ser manso y humilde de corazón, como Tú.
Propósito: No tirar piedras a la gente.

jueves, 11 de abril de 2019

Para Dios toda la gloria


Si alguno guarda mi palabra, jamás gustará la muerte. ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abrahám, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes tú? (Jn 8, 52-53).
Jesús, pero, ¡qué pesados esos fariseos! Cuántas veces se lo has repe­tido, pero no se quieren enterar. En el fondo no buscan la Verdad sino atraparte en alguna palabra para poder acusarte. Jesús, yo también, a veces, encuentro personas así: no les gusta la Verdad, son alérgicos a la Verdad y sólo les interesa la manera de retorcer mis palabras, dejarme en ridículo, reírse de mí. Jesús, ayúdame a tener tu paciencia, esa man­sedumbre que Tú has tenido siempre con los que no te comprenden.
Como en el chiste: Jesús, dame paciencia…, ¡pero dámela YA!
Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada vale (Jn 8, 54).
Cuántas veces, Jesús, estoy buscando el éxito personal, el lucimiento propio: ser el más listo, el más guapo, el más inteligente, el más alto, y, además, ¡que se note! ¡Que todo el mundo lo diga! Recuerdo lo que contaban de un famoso Tenor Ruso que al final de las actuaciones se ponía en bajito a ladrar mientras el público puesto en pié le aplaudía sin parar. La situación se repetía una y otra vez. Pero los ladridos no pasaron inadvertidos. —¿Por qué ladras? Le preguntó preocupado un amigo suyo. Un día te lo cuento. Por fin tomando café llegó la res­puesta en forma de pregunta: —Pero vamos a ver ¿Quién ladra? —Los perros (en inglés DOG). Pues eso es lo que hago yo, le devuelvo a Dios lo que es suyo: Deo Omnis Gloria, para Dios toda la gloria.
Regálale a Jesús toda tu gloria humana, y terminas.
Propósito: cuando me enaltezcan, ladrar (guau, guau…).

miércoles, 10 de abril de 2019

La Verdad os hará libres


Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois en verdad discí­pulos míos, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8, 31-32).
Jesús, ¡cuánta mentira veo a mi alrededor!, ¡cuánta apariencia!, ¡cuánta falsedad! Veo como hablan algunos de mis amigos, como se arreglan algunas de mis amigas, como se visten y pienso: ¡Qué gran mentira! Lo peor de todo es que a mí me pasa lo mismo: me gusta aparentar, fijarme en la “marca”… Jesús, Tú quieres que vaya bien, a la moda, elegante… Nada hay tan hermoso ni tan atractivo como el esplendor de la Verdad, la verdad en mi vida; una verdad que libera.
Dile a Jesús que quieres ser de Verdad, Auténtico, Cristiano 100%
Le respondieron: Somos linaje de Abrahán y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres? Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado, esclavo es del pecado (Jn 8, 33-34).
Jesús, a veces se me llena la boca cuando digo: ¡Soy libre! Y resulta que luego no soy capaz de levantarme a la hora, o soy esclavo de un capricho, o prisionero de un programa de TV… ¿Soy libre? Me parece que no, hasta que rompa esas cadenas que me esclavizan: las 7 cadenas de los pecados capitales, las cadenas de algunas amistades que me pervierten.
¿Qué cadenas voy a romper hoy? ¡Cuento con toda la gracia de Dios!
Propósito: liberarme de tele, por ejemplo.

martes, 9 de abril de 2019

Jesús, que cuando me vean, Te vean


¿Tú quién eres? (…) Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy (Jn 8, 25.28).
Jesús, levantado, colgado, significa crucificado. Jesús, les estás di­ciendo que sólo en y desde la Cruz pueden entender quién eres. Y es que no se te puede separar de la Cruz. Preguntaron a un conocido pintor: —¿Mi cuadro favorito? A mí me gusta Velázquez (…). Cuando pienso en Velázquez, nunca pienso en un cuadro, sino en una persona a la que quiero mucho. Recuerdo un día que estaba mirando (su Cristo en la Cruz) y de repente sentí que ese hombre me estaba viendo, me estaba escuchando… No está muerto, un muerto flexiona las rodillas. Ese hombre está con la cabeza baja y sabe que estamos aquí (...). Cuando una persona te gusta de un modo tan profundo y cuentas con él para tantas cosas, y dialogas con él, es una referencia en tu vida.
¿Sabe Jesús qué estás con Él? Busca un crucifijo bésalo, y se lo dices.
El que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo porque yo hago siempre lo que le agrada (Jn 8, 29).
Y sigue diciendo el mismo pintor: El misterio de este Cristo, algo tiene que ver con lo espiritual, con la profundidad y la bondad. En el cristianismo se han hecho pocas imágenes como esta, tan liberadoras de toda violencia, de toda amenaza al espectador. Pero tampoco te mueve a sentir pena por el personaje. Realmente desvela lo espiritual con una profundidad como muy pocas veces se ha hecho. Es un Cristo limpio de sangre….
Cristo en la Cruz lo atrae todo hacia sí: miradas, sueños, vidas.
Propósito: Buscar una imagen del Cristo de Velázquez y mirarla.

lunes, 8 de abril de 2019

Revestirme con las armas de la luz


La noche está avanzada, el día está cerca. Abandonemos, por tanto, las obras de las tinieblas, y revistámonos con las armas de la luz (Rm 13,12).
Hay una película: Lady Halcón que cuenta la triste historia de unos enamorados. Por una maldición están condenados a estar siempre juntos, pero nunca podrán verse. Durante el día “ella” adquiere la forma de un halcón, y al llegar la noche “él” se transforma en un peligroso lobo en compañía de una misteriosa dama. Es la luz del día o la ausencia de luz de la noche lo que marca el cambio. Jesús, pensaba en eso de las armas de la luz. Es tu gracia lo que me cambia: Paso de hombre-lobo a hijo de Dios. Eso sí que es una transformación.
Pide a Jesús que no quieres ser hombre-lobo.
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinie­blas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8,12).
En la película el halcón (ella) es atravesado por una flecha, y para salvarla la llevan a un mago, que vive en una torre. Los malvados descubren el sitio y van a por ella. Es de noche y la chica intenta salvarse subiendo a lo más alto. No tiene escapatoria, solo precipitarse al vacío…, pero en ese momento sale el primer rayo de sol y en plena caída se transforma en halcón, que majestuosamente emprende el vuelo y se salva. Jesús, así haces con nosotros cuando te pedimos perdón en la Confesión, nos transformas.
¿Por qué no me confieso más seguido?
Propósito: Con la Gracia de la Confesión, volar muy alto.

domingo, 7 de abril de 2019

Misericordia quiero y no sacrificio


Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo (Jn 8,7).
Jesús, ¿qué es lo que escribías en la tierra?; ¿a Ti también te gusta hacer grafitis? Los míos son buenos, los mejores de la clase: todos mis amigos me piden que les pinte sus carpetas, las mochilas... Pero, espera, deja que te mire a la cara… ¿cómo?... ¿estás llorando…? ¿¡Por qué!? Y nos responde el evangelista: —Querían ponerlo a prueba para poder acusarlo (Jn 8,6). Jesús, ahora que lo pienso no sé qué te dolía más: las debilidades de aquella mujer o quizá la dureza de corazón de los llamados Maestros de la Ley. Jesús, yo no te quiero hacer llorar, nunca, ¡nunca! Jesús, yo te quiero consolar, no te dejaré solo.
Di a Jesús que le quieres consolarle con tu corazón siempre limpio.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: —«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinán­dose otra vez siguió escribiendo (Jn 8, 7-8).
¡Pero qué pesados! Venga a insistir, venga a insistir, ¡más dolor! ¡más dolor aún!... Tú, Jesús, quizá escribías aquello del profeta Oseas, algo así como —Porque yo quiero amor y no sacrificio (Os 6,6). Pobres maestros de Ley pero analfabetos en el Amor, que en su ceguera ni leer sabían. Jesús, ayúdame a no dejarme llevar por las apariencias, por las primeras impresiones, a no juzgar las intenciones.
¿Juzgo a las personas por sus apariencias? ¿Juzgo las intenciones?
Propósito: consolar a Jesús.