lunes, 3 de mayo de 2021

Soy Templo de Dios

 

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él (Jn 14, 21-22).
Jesús de mi alma, que me convenza que los mandamientos no son barreras, prohibiciones: “no mires, no toques, no pienses ¡que agobio!”. Los mandamientos me marcan el mejor camino para amar mucho en la tierra y después llegar hasta el Cielo. Que aprenda a cumplirlos con alegría y si no los cumplo irme a confesar.
No acostumbrarme a saltar las señales (Mandamientos).
Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él (Jn 14, 23).
Mi alma es una casa. Está limpia cuando vivo en Gracia, lleno de la fragancia y del Amor de Dios. En ella mora Dios. ¡Soy Templo de Dios!: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios es mi huésped. Está en mí mientras no lo expulse por el pecado grave. La llave está en mi mano. La casa es pobre, pero la Santísima Trinidad la embellece con su presencia. Hoy Dios mora en mí, en la eterni-dad yo moraré en Dios.
Termina considerando que eres “morada”, Templo de Dios.
Propósito: soy morada de Dios.

domingo, 2 de mayo de 2021

¡Saltad, gritad, vitoread!

 

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?» Él le contestó: «Si, Señor, tu sabes que te quiero» (Jn 21, 15-17).
Hace unos días la Iglesia celebró a San Pascual Bailón. Es uno de mis santos predilectos. Sobre todo por lo de Bailón. O ¿es qué para ser santo hay que tener la cara triste y aburrida? ¿Y Jesús, bailaba…? Pues claro que sí: primero entre los brazos amorosos de su madre mientras le dormía; después, en la plaza con sus amigos. Hemos tocado la flauta y no habéis bailado… y por último, en el Vía Crucis, tambaleándose, bien agarrado a la Cruz.
► Y yo, cuando bailo, ¿le dejo sitio a Dios?
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» (Jn 21, 19).
Aquella chica que sin buscarlo, en una encerrona de sus malas amigas, se vio metida en una pista de baile entre los brazos de un chico pulpo. Como este se arrimaba demasiado le dice: —Oye, ¿tú crees en Dios? —Pues, si, claro. —Pues vamos a dejarle sitio, ¿vale? Decía San Agustín que el que canta reza dos veces. ¿Y el que baila? Pues el que baila… ¡El que baila –afirmaba Juan Pablo II– reza tres veces! Pedid lo que queráis y se os concederá.
► ¿Me divierto dejándole siempre sitio a Jesús?
Propósito: bailar al Niño Jesús.

sábado, 1 de mayo de 2021

San José Artesano. ¿De dónde saca todo esto?

 ¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos poderes? ¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María? (Mt 13, 54-55).

Jesús, hoy comienza el mes de mayo, el mes de tu Madre, el mes de María. Si te parece bien, Jesús mío, durante estos treinta días en mis ratos de oración me dirigiré a Ti por medio de María Santísima. Y le quiero pedir a la Virgen que me enseñe y me ayude a tratar bien aJesús. Que este mes de mayo, la Virgen me ayude a ser verdaderamente amigo de Jesús.
Una excelente manera de ganar en amistad con Jesús es por medio del Rosario. ¿Lo rezas?
Se quedaron asombrados de su doctrina (Mc 1, 22).
Jesús, quiero preguntarte: ¿Quién te enseñó a caminar? ¿Y a comer? —La Virgen María. ¿Quién te enseñó a nadar? ¿Quién te enseñó a montar en burro? —San José. ¿Quién te enseñó a leer? ¿Y a escribir? ¿Y a sumar y a restar? —El Rabino. De acuerdo, pero aquí hay algo más… También San Mateo se dio cuenta: La gente decía admira- da: —¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? (…) Entonces, ¿de dónde saca todo eso? (Mt 13, 54). La pregunta del millón Jesús, ¿de dónde sacabas toda eso, toda esa sabiduría? —De mi Padre Amado. Jesús, del amor al Padre te venía no solo la Sabiduría, sino también el Amor y la Misericordia y el Perdón y tantas otras cosas más...
Intenta hablar un rato con Dios Padre, Dios Hijo y el Espíritu Santo.
Propósito: aprender a rezar el Rosario.

martes, 13 de abril de 2021

Reina del Cielo, ruega por nosotros

 

Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, ¿cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales? (Jn 3, 12).

Háblame, Jesús, del Cielo. Muéstrame, Señor, el lugar que me has pre­parado. ¿Cómo es?, ¿qué haremos?, ¿dónde está?, ¿será divertido?, ¿se juega al fútbol?, Perdona mis preguntas tan tontas. Pero ya ves, Señor, así somos los humanos. San Josemaría nos dice: Si el Amor, aún el amor humano, da tantos consuelos aquí, ¿qué será el Amor en el Cielo? (Camino 428).

Imagínate el Cielo y pásmate con la belleza de la Reina del Cielo: María.

Pues nadie ha subido al Cielo, sino el que bajó del Cielo, el Hijo del Hombre (Jn 3, 13).

Jesús, Tú has bajado del Cielo. Ahí está tu Padre y tanta gente. ¿Cómo es el Cielo? El Cielo es siempre nuevo, siempre distinto, sin cansancio y sin empalago. Es toda la luz y el color, es la música y la dulzura, es alegría que nadie me puede quitar. El cielo es AMOR. Un amor que no se oxida, un amor limpio que fascina, embellece, que es siempre como la primera vez. Y sobre todo, en el Cielo estaré contigo, Jesús de mi alma, para siempre. Allí, junto a María la Reina, toda hermosura… en el Cielo, junto a los Ángeles, junto a millones de almas buenas, eternamente felices… para siempre, para siempre.

Dile a Jesús que, con su ayuda, quieres ir al Cielo y terminas.

Propósito: ir al cielo, pero sin escalas (Purgatorio).

lunes, 12 de abril de 2021

Me esperaba quien yo sabía, en donde nadie parecía

 

“Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche” (Jn 3, 1).

Jesús, a Nicodemo le gustaba la noche, como a mí que soy bastan-te noctámbulo y bastante Nicodemo… Me encanta la magia de la noche dónde todo es posible. Y cuando a otros les da por irse de parranda, (virrée) yo, a veces voy a verte de noche, a la Adoración Perpetua, como Nicodemo, y te adoro. ¡Desvelándome contigo arre­glando el mundo…! Nadie te interrumpe, el silencio es más profundo, me hablas más cerca del corazón. Hay que hacer horas extras, me dices: por los que no rezan, por los que no creen, por los que no te conocen.

Dile que no piensas perder oportunidad de hacer Vela nocturna.

“El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu” (Jn 3, 8).

San Juan de la Cruz es otro Nicodemo y nos cuenta sus parrandas En una noche os¬cura, / con ansias, en amores inflamada, / ¡Oh dichosa ventura! / salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada. // En la noche dichosa / en secreto que nadie veía / ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía, / sino la que en el corazón ardía. // Esta me guiaba / más cierto que la luz del mediodía, / donde me esperaba / quien yo bien me sabía, / en parte donde nadie parecía.

Sácale juguillo a la poesía de San Juan. Dice mucho….

Propósito: ser Nicodemo, y apuntarme a la próxima Vela.

domingo, 11 de abril de 2021

Domingo de la Divina Misericordia. Señor mío y Dios mío

 

Tomás, uno de los Doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús (Jn 20, 19).

Jesús, ¿y dónde estaba Tomás? Siempre me ha parecido un misterio: ¿Qué estaría haciendo? ¿Dónde se habría metido? Está claro que, en ese momento, su sitio era estar con la Virgen Santísima y los apóstoles. Ese día se despistó, hizo su plan: yo, a lo mío… Jesús, yo como Tomás, tantas veces a lo mío, a mis planes, a mis gustos, a mi TV, a mi egoís­mo. Jesús, rompe mi egoísmo. Que esté con los demás. Que me sienta miembro de tu familia la Iglesia y hermano de todos los hombres. Dame un corazón grande como el tuyo.

Concreta cómo romper tu egoísmo… decídete a meterte en una catequesis, hacer visitas a pobres, ayudar más en tu casa, etc.

(…) no estaba con ellos cuando vino Jesús (Jn 20, 19).

Tomás volvió triste, melancólico y desesperanzado. ¡Hemos visto al Señor! (Jn 20, 25). No se lo podía creer, no lo quería creer. Si no veo la señal de los clavos…, y si no meto mi dedo en esa señal…, y mi mano en su costado, no creeré (Jn 20, 25). ¡Qué bruto eres Tomás! Es el egoís­mo y la desconfianza lo que nos impide ver a Jesús, lo que nos lleva a criticar y a ver intenciones torcidas. A los ocho días (…) se presentó en medio (Jn 20, 26). Tomás, el incrédulo, por fin vuelve con los suyos. Son las heridas de Cristo lo que le convence: ¡Señor mío y Dios mío! Y yo, ¿ya he vuelto? Me espera Jesús para que sea foco encendido y dé mucha luz a los demás.

Repite muchas veces: ¡Señor mío y Dios mío!

Propósito: pedirle que me aumente la FE.

sábado, 10 de abril de 2021

Alégrate Reina del Cielo

 

Habiendo resucitado, al amanecer del primer día de la sema­na, se apareció, en primer lugar, a María Magdalena (Mc 16, 9).

Lo siento Marcos, pero nos has confundido. ¡Aquí falta algo!.. Por no de­cirnos lo evidente: que Jesús se apareció en primer lugar a su Santísima Madre, nos has dejado confundidos. ¡No iba a ser de otra manera!: María, la Madre de Jesús, esperaba el amanecer del domingo con fe, esperanza y amor. ¡Madre!, le dijo Jesús, ten fe porque al tercer día vol­veré, al tercer día resucitaré. María lo sabe y pasa toda la noche en oración.

Hoy, acompaña también a la Virgen. Dile lo mucho que tú también quieres a Jesús.

Habiendo resucitado, al amanecer del primer día de la sema­na (Mc 16, 9)

La luna ya se ha ocultado. Un rayo de luz penetra en la habitación. Nace el nuevo sol con más alegría que nunca: ¡Es el Domingo de Resurrección, el Día del Señor! María está despierta, en espera. Con las primeras luces, una voz inconfundible: —¡Madre!, —¡Hijo mío!, Jesús mío. María cae de rodillas y Jesús la levanta y la abraza. Los Ángeles, que contemplan emo­cionados la escena, no pueden contenerse ya más y cantan a pleno pulmón: Alégrate, Reina del Cielo, aleluya / Porque el que merecis­te llevar en tu seno; aleluya / Ha resucitado, según predijo; aleluya / Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya / Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.

Sigue saboreando el Regina Coeli como si fuera un caramelo.

Propósito: rezar el Regina Coeli.

Regina Coeli

V. Alégrate, Reina del cielo; aleluya,

R. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

V. Ha resucitado, según predijo; aleluya,

R. Ruega por nosotros a Dios; aleluya.

V. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya,

R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.

V. Oración: Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el goce de la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor.

R. Amén.

viernes, 9 de abril de 2021

El amor no es ciego, dilata las pupilas

 

Les dijo Jesús: Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Le con­testaron: No. (…) Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez puesto encima y pan. (…) Jesús les dijo: Venid y comed (Jn 21, 5.9).

Jesús, lo tuyo sí que es espíritu de servicio. Sabías que a Pedro y a Juan les volvían locos las barbacoas de pescado. No te lo dijeron, sino que Tú, con ojos de madre, enseguida te diste cuenta: Cuando la Virgen y las otras santas mujeres les preparaban el almuerzo —pez asado—, veías brillar los ojillos de tus Apóstoles. Conocías sus gustos, sus platos preferidos y quisiste darles una sorpresa. Jesús, que yo también tenga ojos y corazón de madre para con los demás, que sepa adelantarme en los detalles de servicio.

¿Conozco los gustos de los demás?

Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor!

Jesús, Juan tenía una vista de lince. La barca estaba bastante lejos, pero bien que te reconoció. Dicen que el amor es ciego, pero resulta que es al contrario: El amor dilata las pupilas. Pero hay algo que no me parece bien: Jesús, ¡vaya caradura la de San Juan! ¿¡Cómo si yo no te amara, tanto o más…!? Que San Juan me perdone, pero eso de aplicarse con exclusividad el título: el discípulo amado no me parece bien. Y en el fondo de mi corazón oigo que me dices: obras son amores y no buenas razones.

Compite con San Juan en el amor a Jesús. A ver quién gana.

Propósito: ganar a San Juan.

jueves, 8 de abril de 2021

Jesús, que no te tenga miedo

 

Jesús se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Se quedaron aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. (…) Mirad mis manos y mis pies: Soy yo mismo. Palpadme y comprended (Lc 24, 36.39).

Jesús, tus apóstoles eran unos miedosos: Se quedaron aterrados y llenos de miedo. ¡Te confundían con un fantasma, y eras Tú! Seguro que les querías dar un buen susto y te morías de risa viéndoles así todos espantados. Jesús, tengo que reconocer que, a veces, también me pasa lo mismo: En la oración te tengo delante, te miro con cariño, te hablo y… ¡me das miedo! Pienso que me vas a pedir demasiado, que me vas a complicar la vida. Jesús, si me ves con cara de susto, ríete un poco de mí. Fíjate que hasta para confesarme me da un poco de miedo.

Atrévete a decirle a Jesús que te enseñe sus llagas. Comprobarás lo mucho que te quiere.

Como no acabasen de creer por la alegría y estuvieran llenos de admiración, les dijo: ¿Tenéis aquí algo que comer? Entonces ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Y tomándolo comió delante de ellos (Lc 24, 41-43).

Jesús, lo que no termino de entender es que, queriéndote tanto, tus discípulos te dieron para comer pescado... ¡Qué horror! Tengo que reconocer que a mí el pescado no me gusta mucho. Ya ves, estoy lleno de tonterías. Jesús, ayúdame a detectar y superar tantos remilgos y caprichos. Y sobre todo a no tener miedo a que me pidas lo que sea.

Para no ser miedoso y ganar en fortaleza y generosidad, haz una pequeña lista de caprichos que te vas a quitar.

Propósito: repetir pescado y no ser tan miedoso.

miércoles, 7 de abril de 2021

Jesús, quédate conmigo

 

Quédate con nosotros, Señor, porque atardece y el día va de caída.

Fue en Madrid, en la Universidad Autónoma. Juan Pablo II fue recibi­do por las autoridades académicas. Fuera, estábamos los entusias­mados, gritones y bulliciosos estudiantes. Fue asomarse al balcón del rectorado y estalló en todas las gargantas: ¡Quédate con nosotros! ¡Quédate con nosotros! Y el Papa se quedó con nosotros, tan a gus­to, a rezar el Ángelus. Jesús Quédate con nosotros, te suplicaron, y Tú aceptaste. Cuando los discípulos de Emaús te pidieron que te que­daras «con» ellos, Tú, Jesús les contestaste con un don mucho mayor. Mediante el sacramento de la Eucaristía encontraste el modo de que­darse «en» ellos recibir la Eucaristía es entrar en profunda comunión con Jesús. Permaneced en mí, y yo en vosotros (Jn 15,4). (cfr. JP II Mane Nobiscum)

Agradece a Jesús que se haya querido quedar.

¿No es verdad que ardía nuestro corazón dentro de noso­tros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? (Lc 24,35).

Una vez que las mentes están iluminadas y los corazones enfervoriza­dos, los signos «hablan». El divino Caminante sigue haciéndose nues­tro compañero. Cristo cumple a la perfección su promesa de estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20).

Cuando Jesús se haga el encontradizo reconocerle y no dejarle nunca más.

Propósito: Quedarme con Jesús.

Jesús, hágase tu Voluntad, no la mía

 

Se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dijo Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré (Jn 20, 14-15).

Jesús, pobre Magdalena, estaba trastornada de tanto llorar. Necesitada y sedienta de su Jesús. No podía vivir separada de Ti. Jesús, que yo sea fuerte y valiente, pero sobre todo que te ame como la Magdalena. Que aprenda a correr a buscarte si por desgracia caigo en un pecado mortal. Que sienta la necesidad de pedirte perdón, la necesidad de comerte en la Eucaristía. Que seas realmente mi Jesús.

Sigue diciéndole a Jesús que lo quieres mucho y no lo quieres perder nunca.

Jesús le dijo: ¡María! Ella, volviéndose, exclamó en hebreo: ¡Rabbuni! que quiere decir Maestro (Jn 20, 16).

¡Lloras más que una Magdalena! Me lo dicen mis papás a veces para hacerme enojar. Jesús, no es que yo sea ni llorica ni llorón, pero es que a veces bien merece la pena llorar. Sobre todo sabiendo que eres Tú el que me vas a consolar: Bienaventurados los que lloran porque serán consolados... Tanto lloró la Magdalena que se encontró con el mejor consuelo, con Jesús.

Llama a Jesús: Rabbuni, Magister, Teacher, Professore… y pídele unas lecciones particulares (un tutorial) sobre el apostolado.

Propósito: aprender de la Magdalena.

lunes, 5 de abril de 2021

Padre no como yo quiera sino como Tú

 

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Al anochecer, cuando se puso el Sol, le llevaron todos los enfermos (Mc 1, 29-31).

Jesús mío, es que no te dejaban tranquilo ni a sol ni a sombra, ni siquiera al anochecer; te pasaste toda la noche atendiendo enfermos. San Pedro seguro que refunfuñaba y con su vozarrón de pescador gritaba desde la puerta: ¡Qué esto no es un hospital! ¡Pero por favor, dejen descansar al Maestro! Y desde fuera la gente le contestaba: ¡Claro! ¡Como ya te ha curado a tu suegra…! ¿Y quién me cura a mi hijo? ¿O a la tía? Y quizá incluso alguno también llevaba un perrito o un pajarito con el ala rota. Y Pedro, todo avergonzado, no supo qué decir. La mirada sonriente de Jesús le sirvió de respuesta.

¿A quién puedes llevar para que lo cure?

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar (Mc 1, 35).

Jesús, ¿pero de qué hablabas tan temprano con tu Padre? —De qué iba a ser sino de aquella niña enferma: Padre, te doy gracias por haberme escuchado (Jn 11, 42). O de aquel otro que no pudo salvar: Padre, no como yo quiero, sino como Tú (Mt 26, 39). Y también de ti y de mí… ¿De qué iba a hablar si no era de nosotros?

Jesús, que de mí solo puedas contar cosas buenas.

Propósito: dar de qué hablar a Jesús.

domingo, 4 de abril de 2021

¡Resucitó, aleluya, aleluya!

 

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro (Mc 16, 1-2)

Jesús, cómo te querían las santas mujeres, incluso muerto. Tienen un amor, ¿¡como el mío!? que va más allá de la muerte, un amor que vence a la muerte y al pecado: Muerte, ¿dónde está tu victoria? Porque Jesús ¡ha resucitado! Jesús, yo también quiero llevarte el aro­ma perfumado de mi vida cristiana. Porque el que trata con pescado, huele a pescado; el que trata con pintura huele a pintura; y el que trata con perfumes huele a perfumes… Yo te llevo, Jesús, el perfume de mi vida limpia, porque te quiero tanto o más que la Magdalena.

Habla con Jesús de tus perfumes preferidos… Tú, ¿qué le llevas?

¿Quién nos moverá la piedra de la entrada del sepulcro? Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida (Mc 16, 3-4).

¡Qué mujeres! No hay quien las pare: ni lo temprano de la hora, ni la pesada piedra, ni la repulsión de tocar un cadáver, ni los soldados romanos, nada... Y es que, cuando una mujer cristiana se empeña en algo… Que aprendan de las Santas mujeres, las mujeres que quieran ser santas: mi abuela, mi madre, ¿y yo? ¡Y la piedra estaba corrida!

No hay piedra, dificultad o montaña que no mueva la fe… y el amor.

Propósito: Mover piedras en mi alma.

sábado, 3 de abril de 2021

Jesús, prometo nunca más dejarte

 

José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque ocul­tamente por temor a los judíos, rogó a Pilato que le dejaran retirar el cuerpo de Jesús. Y Pilato se lo permitió. Vino, des­pués, y retiró su cuerpo. Nicodemo, el que había ido antes a Jesús de noche

Jesús, mi buen Jesús, ¿qué te han hecho? ¡Cuánto te echo en falta! Tengo un nudo en la garganta. No puedo vivir sin tu mirada, ni tu son­risa, sin oír tu voz ni tu risa. Hoy seré valiente e iré con Nicodemo y con José de Arimatea a pedir tu cuerpo muerto a Pilato. Me pasaré, junto a tu Madre, el día velándote, contemplando y besando tus heridas. En la hora de la soledad, del abandono total y del desprecio. Jesús, que sea valiente, que siempre dé la cara por ti.

Ante el cuerpo muerto de Jesús promete que nunca le dejarás.

Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos, con los aromas, como es costumbre sepultar entre los judíos (Jn 19).

Con San Josemaría: Yo subiré con ellos al pie de la Cruz, me apre­taré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el fuego de mi amor..., lo desclavaré con mis desagravios y mortificaciones..., lo envolveré con el lienzo nuevo de mi vida limpia, y lo enterraré en mi pecho de roca viva, de donde nadie me lo podrá arrancar, ¡y ahí, Señor, descansad! Cuando todo el mundo os abandone y desprecie..., serviam!, os ser­viré, Señor.

Hoy no dejes sola a la Virgen. Espera con ella la Resurrección…

Propósito: Cumplir mis promesas.

viernes, 2 de abril de 2021

Cristo murió por nosotros; y muerte de Cruz

 

Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y Él, con la cruz a cuestas, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, donde le cruci­ficaron (Jn 19, 16-17).

Jesús, he llegado corriendo al Calvario acompañando a tu Madre. No puedo decir nada. Te veo. Estás allí, clavado en la Cruz, con la cara rota y el cuerpo destrozado y sangrante. Apenas puedes respi­rar, mientras te apoyas en tus pies atravesados para tomar aliento. La boca abierta. La mirada triste, agonizante. ¡Jesús!, ¿qué te han he­cho? Me miras… y toda mi vida me parece un sinsentido. Jesús, quie­ro consolarte, aliviar tu dolor. Que mi vida sea tu consuelo.

Sigue contemplando y consolando a Jesús con tus palabras y tu cariño.

Padre, perdónales porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34).

Jesús, en la Cruz, todos tus gestos y palabras son de amor. Tienes los brazos abiertos, no porque estén clavados, sino porque quieres abra­zar a toda la humanidad en un abrazo cósmico. Entre tus brazos me acojo y con San Josemaría te digo: Soy tuyo, y me entrego a ti, y me clavo en la Cruz gustosamente, siendo en las encrucijadas del mundo un alma entregada a ti, a tu gloria, a la Redención, a la corredención de la humanidad entera.

Busca el crucifijo más cercano y llénalo de besos.

Propósito: Besar el crucifijo.

jueves, 1 de abril de 2021

Te adoro con devoción, Dios escondido

 

Como amase a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13, 1).

Jesús, tu vida terrena está llegando a su fin y el corazón se te desborda de ternura. No te mides, no eres calculador, como yo tantas veces: los amó hasta el fin. ¡Te das del todo en la Eucaristía! Ardientemente he deseado comer con vosotros esta Pascua (Lc 22, 15), nos dices con San Lucas: ardientemente, te morías de ganas, con pasión deseabas que llegara ese momento para instituir la Eucaristía, el Dios con no­sotros hasta el final de los tiempos. Jesús, todo para estar cerca de un tipo como yo, qué bueno eres Jesús, qué bueno eres, no me lo merezco.

Sigue unos minutos. Agradécele que se haya querido quedar contigo.

Se levantó de la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó. Después echó agua en una jofaina y empezó a lavarles los pies a los discípulos (Jn 13, 4).

Jesús, al lavar los pies a los Apóstoles les estás grabando a fuego la clave de tu paso por la tierra: ser Dios es ser servidor de los demás. No basta saberlo, hace falta ponerlo en práctica cada día. Y ahí es­taban los pies de Judas, el traidor. ¡Qué cariño pondrías! Seguro que te esmeraste. Jesús, quiero ser como Tú, con un corazón grande, que sepa querer a todos, lavar los pies a todos, hasta los pies de los que me pisan.

Termina pensando a quién más puedes lavar los pies...

Propósito: Lavar pies.

miércoles, 31 de marzo de 2021

Jesús, vales más que todo el oro del mundo

 

Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue don­de los príncipes de los sacerdotes, y dijo: ¿Qué me queréis dar a cambio de que os lo entregue? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata (Mt 26, 14-16).

Jesús, ¡qué mal negocio hizo Judas! ¡Qué estafa! ¡Le han engañado y se ha engañado a sí mismo! También a mí el demonio me quiere estafar. Como dice San Josemaría: El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salva­je que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer —que nada vale—, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad. (Camino 708). Jesús, que por nada te traicione, dame fortaleza para evitar el pecado.

Habla tú con Jesús y dile que nunca te dejarás estafar por el demonio.

Y mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de voso­tros me va a traicionar. Y, muy afligidos, comenzaron cada uno a decirle: ¿Acaso soy yo, Señor? (Mt 26, 22).

Jesús, los Apóstoles se quedan muy tristes por tu anuncio de traición. Te quieren de verdad, como yo. Lo han dejado todo para seguirte, ¿¡cómo yo!?... Pero admiten humildemente la posibilidad de que son capaces de traicionarte, se sienten débiles, capaces de lo peor. Jesús, yo también soy capaz de todos los errores y de todos los horro­res. Que sea humilde. Y si te traiciono en algo dame la fortaleza de ir corriendo a la confesión.

Pregunta a Jesús en qué cosas tienes que vigilar para no traicionarle.

Propósito: Antes morir que pecar.

martes, 30 de marzo de 2021

Jesús, antes morir que pecar

 

Cuando dijo esto Jesús se turbó en su espíritu, y declaró: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará. Los discípulos se miraban unos a otros no sabiendo a quién se refería (Jn 13, 21-22).

Jesús, te turbas, te conmueves, te duele. Después de todo lo que has hecho por Judas, el canalla va y te traiciona. Le has lavado los pies, le has llamado amigo… Cuántos momentos felices, cuántas bromas, cansancios, canciones, cuántos milagros había presenciado, y, lue­go… el pecado. Jesús, ¡ya no más! ¡No quiero ofenderte nunca más! ¡No quiero ser como Judas! Sé que te turba, que te duele, de manera especial, la traición de tus amigos. Jesús, con tu ayuda, nunca más. Pero lo que más te duele es que no te busque para pedirte perdón.

Aprovecha este rato de oración y pide perdón por tus pequeñas o grandes traiciones.

Entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Y Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo pronto (Jn 13, 27).

Jesús, las grandes traiciones, como las de Judas, vienen precedidas de pequeñas compensaciones egoístas. Los edificios no se caen de repente, sino que empiezan a salir grietas pequeñas, que se van abriendo, hasta que aquello se cae. Judas robaba de la bolsa… y tras el bocado entró Satanás. Jesús, con tu gracia ayúdame a des­cubrir esas grietas en mi alma. Y si me ayudas, me iré a confesar para que me pongan el cemento de la gracia en esas grietas.

Habla con Jesús sobre las grietas que piensas que hay en tu vida.

Propósito: nunca hacer de Judas

lunes, 29 de marzo de 2021

Obras son amores y no buenas razones

 

María, tomando una libra de perfume muy caro, de nardo puro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume (Jn 12, 3).

Jesús, ¡cómo te quiere María! ¡Qué detalle! Tú la miras con infinito ca­riño y la dejas hacer. No es tanto la calidad del perfume muy caro de nardo puro sino el amor que María pone. Está demostrándote que vales más para ella que todo lo que cuesta aquel perfume tan caro. Jesús, y yo, ¿cómo te demuestro mi amor? ¿En qué se concreta? Me miras, también con cariño, como a María, y me susurras al oído: Obras son amores y no buenas razones.

¿A qué huelo? ¿Con qué buenas obras de amor perfumo mi vida?

Dijo entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregarle: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres? (Jn 12, 4-5).

Jesús, la misma historia de siempre. Ahora algunos tampoco entien­den que los cristianos queramos darte lo mejor. No siempre es el amor a los pobres, lo que les lleva a pensar así, como no lo era el caso de Judas. Es simplemente falta de Fe, visión humana, que impide luego amar de verdad a los pobres. Jesús, que sea generoso contigo, no sólo con el dinero, sino también con mi tiempo… y así te podré ver en cada uno de los pobres.

Hasta los 10 minutos, piensa en obras de amor a Dios y a los demás.

Propósito: No ser tan tacaño con Dios.

domingo, 28 de marzo de 2021

Domingo de Ramos. Jesús, que sea valiente

 

Las muchedumbres que iban a la fiesta, oyendo que Jesús se acercaba a Jerusalén, tomaron ramos de palmas, salieron a su encuentro y gritaban: Hosanna, bendito el que viene (Jn 12, 12-13).

Jesús, hoy comienza la Semana Santa. En pocos días vas a culminar tu misión en la tierra. Nos vas a dejar tu mandamiento nuevo del amor; vas a lavar los pies a tus discípulos; vas a pedir por los cristianos de to­dos los tiempos (también por mí); te me vas a entregar en la Eucaristía; vas a sudar sangre; te van a apresar y tus discípulos te abandonarán. Te azotarán y te golpearán; se burlarán de ti. Llevarás la Cruz de tu muerte y de mi salvación hasta el Calvario. Allí morirás perdonando. Y yo, Jesús,… todos estos días muy pegadito a ti.

Dile, con tus palabras, que no quieres dejarle solo ni un momento.

Jesús encontró un borriquillo y se montó sobre él, conforme a lo que está escrito: No temas, hija de Sión. Mira a tu rey, que llega montado en un pollino de asna (Jn 12, 14-15).

No temas hija de Sión… Pero, vamos a ver: ¿Qué es lo que me da miedo? ¿No soy acaso hijo de Dios?... ¡¿Entonces…?! Jesús, Tú eres el Rey de Israel, Tú eres el Rey del mundo. Nada sucede sin que Tú lo permitas, y siempre será para bien. Jesús, contigo, siempre valiente. Necesitas Hombres y Mujeres valientes.

Jesús, quiero ser muy valiente.

Propósito: No ser gallina.

sábado, 27 de marzo de 2021

Jesús, eres la Verdad, de verdad de la buena

 

Muchos, al ver lo que había hecho Jesús, (la resurrección de Lázaro) creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús (Jn 11, 46).

Jesús, que curioso, ante un mismo hecho dos reacciones opuestas: unos creen y otros te acusan. Es lo mismo que pasa ahora... Como dice un filósofo: Dios actúa en el claroscuro, de modo que hay bas­tante luz para quien quiere ver, y bastante oscuridad para quien no quiere ver. No es tanto la luz sino las disposiciones interiores. Jesús, ten­go amigos que me preguntan por qué ahora no hay milagros espec­taculares como los de antes… Pero que ellos no los ven: el milagro de un amanecer, una nueva vida, la sonrisa de un niño, una confesión, entregar la vida entera a Dios… y también de los otros.

Cuenta a Jesús el último milagro que hayas vivido. Agradéceselo.

Este hombre hace muchos signos. Si le dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán (Jn 11,47).

¡Qué terrible! En vez de buscar la verdad piensan solo en su como­didad, en lo que más le convenga. Se cumple lo de San Pablo a los Romanos: hombres que tienen aprisionada la verdad en la injusticia (Rm 1,18). Cuando se violenta la verdad todo vale. Jesús, que siga el consejo del poeta: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a bus­carla. La tuya, guárdatela”.

El que busca con sinceridad la Verdad acaba encontrando a Cristo.

Propósito: buscar la Verdad, de verdad de la buena.

viernes, 26 de marzo de 2021

La violencia ni vence ni convence

 

Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús (Jn 10, 31-42).

Jesús, lo de tus paisanos y su afición a lanzar piedras es impresionante. Si no fuera algo tan triste, sería para echarse a reír. Les gustaba eso de ape­drear a la gente. ¡No perdían ocasión! Primero quisieron apedrearte a Ti, —nos lo acaba de contar San Juan—; también lo intentaron con aque­lla desdichada mujer: El que esté sin pecado que tire la primera piedra (Jn 8,7). Al pobre de San Pablo en Tesalónica una lluvia de piedras casi le costó la vida: Apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad creyéndole muerto (Act 14,19). Y por último, San Esteban no tuvo tanta suerte y murió lapidado: Se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearle (Act 7,58). Es curioso, en un instante, la pedrada de un desaprensivo puede destrozar la magnífica vidriera de una catedral, o peor aún, arrancar una vida.

A veces, las piedras que más duelen son los comentarios hirientes, las palabras vanas, los juicios gratuitos, las opiniones sin venir a cuento…

Él les replicó: Os he hecho ver muchas obras buenas por en­cargo de mi Padre: ¿Por cuál me apedreáis? (Jn 10, 31-42).

Jesús, ante la fuerza bruta respondes con sabiduría e ingenio. Porque quien usa la violencia ni vence ni convence. El que más grita habitual­mente no lleva la razón y el que usa la violencia pierde cualquier autori­dad y se descredita delante de Dios y de los hombres.

Jesús, ayúdame a ser manso y humilde de corazón, como Tú.

Propósito: No tirar piedras a la gente, ni a los gatos.

jueves, 25 de marzo de 2021

La Anunciación. Ave María, llena de Gracia

 

En aquel tiempo fue enviado el Ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María. Y, habiendo entrado el Ángel donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo (Lc 1, 26-28).

Jesús, siempre me ha parecido de mala educación y de mal gusto, eso de curiosear en la vida de los demás, pero hoy… hago una excepción: ¿Cómo fue la Anunciación? ¿Qué dijo tu Madre? ¿Se puso colorada? Quiero saberlo todo. A veces, también les pregunto a mis papás cómo se conocieron, quién tomó la iniciativa… Entonces se miran con ojos de complicidad y se nota que les palpita el corazón. Yo entiendo que cada Avemaría, dice San Josemaría, cada saludo a la Virgen, es un nuevo latido de un corazón enamorado (Forja, nº 615).

Dile a María que la quieres mucho y que admiras su valentía.

María contestó: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el Ángel (Lc 1, 38).

¡La esclava del Señor! ¡La sierva de Dios! La criatura más excelsa, la más perfecta, la Santísima Virgen, hace del servicio el centro de su existencia. Esto no todo el mundo lo entiende. Hace falta tener mucha finura interior, mucha delicadeza y mucha categoría humana: Sólo son capaces algunas almas privilegiadas. Y yo, ¿lo entiendo? Pues entonces…

Agradece a la Esclava del Señor entender, y luego poder servir.

Propósito: Si no lo entiendo, pedir a San Gabriel que me lo explique.

miércoles, 24 de marzo de 2021

La Verdad os hará libres

 

Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois en verdad discí­pulos míos, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8, 31-32).

Jesús, ¡cuánta mentira veo a mi alrededor!, ¡cuánta apariencia!, ¡cuánta falsedad! Veo cómo hablan algunos, cómo se arreglan, cómo se visten y pienso: ¡Qué gran mentira! Lo peor de todo es que a mí me pasa lo mismo: me gusta aparentar, fijarme en la marca, exagerar, provocar,… Jesús, Tú quieres que vaya bien, a la moda, elegante… Nada hay tan hermoso ni tan atractivo como el esplendor de la Verdad, la verdad en mi vida; una verdad que libera.

Dile a Jesús que quieres ser de Verdad, Auténtico, Cristiano al 100%.

Le respondieron: somos linaje de Abrahán y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices Tú: os haréis libres? Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: Todo el que comete pecado, esclavo es del pecado (Jn 8, 33-34).

Jesús, a veces, se me llena la boca cuando digo: ¡Soy libre! ¡Soy libre! Y resulta que luego no soy capaz ni de levantarme a la hora, ni de ayudar en casa, irme ayudar a una catequesis. Soy esclavo de un capricho, o prisionero de un programa de TV o de fut… ¿Soy libre? Me parece que no, hasta que rompa esas cadenas que me esclavizan: las 7 cadenas de los pecados capitales, las 7 cadenas de televisión, las cadenas de los vicios, las cadenas de algunas amistades que me pervierten.

¿Qué cadenas voy a romper? ¡Cuento con la gracia de Dios!

Propósito: liberarme de la tele, al menos.

martes, 23 de marzo de 2021

Jesús, que cuando me vean, Te vean

 

¿Tú quién eres? (…) Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy (Jn 8, 25.28).

Jesús, levantado o colgado significa crucificado. Jesús, les estás di­ciendo que sólo en la Cruz pueden entender quién eres. Y es que tu vida no se entiende sin tu misión redentora que culmina en la Cruz. Por las mañanas, recién levantado, al mirarme al espejo me pregunto: —Y yo, ¿quién soy?... Y por dentro una vocecilla me responde: —Eres Cristo, y tu cruz, lo que te santifica, es el estudio, ayudar en casa, ser buen amigo… Jesús, ¡que cuando me vean, Te vean!

Espejito, espejito ¿Quién soy? ¿Soy Blancanieves? … Soy ¡Cristo!

El que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn 8, 29).

Jesús, esta es la razón profunda de mi alegría: ¡Siempre estás con­migo! ¡Nunca me dejarás! Has prometido quedarte con los hombres hasta el último día. ¡Qué bueno! No me dejas sólo porque busco ha­cer lo que te agrada: perdonar al burro de mi hermano pequeño, aguantar a la insoportable de mi hermana mayor, cambiar el rollo de papel del baño, ir a Misa y confesarme con frecuencia… ¿qué más te agrada?

Pregunta a Jesús que más cosas le “agradan” y terminas.

Propósito: preguntar el espejo quien soy.

lunes, 22 de marzo de 2021

Vosotros sois la luz del mundo

 

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinie­blas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Jn 8, 12)

Jesús, en clase me han explicado una enfermedad llamada “foto-fo­bia”. por la que personas no pueden exponerse a la luz del sol. Tienen que ir siempre con lentes oscuras y salen de casa sólo de noche. Jesús creo que algo parecido les pasa en el alma a algunos de mis amigos: tienen “fotofobia de Dios”, pobrecitos. Quieren vivir a oscuras, alejados de Dios, con las cortinas del alma siempre cerradas. Se ríen de Dios, presumen de sus pecados –y a veces hasta se los inventan–: y se hace amigos del “Príncipe de las Tinieblas” ¡Qué mal gusto

¿Alguna vez me cansan las cosas de Dios? ¿Lo defiendo?

“Vosotros sois la luz del mundo (…) No se enciende una luz para ponerla debajo de una vasija, sino sobre un candelero (…) Alumbre así vuestra luz ante los hombres”. (cfr Mt 5, 14-16)

¿Y cómo enciendo esa luz? Mi linterna está siempre enchufada, cuan­do la necesito la desenchufo y entonces hay calidad de luz. Había un abuelito al que el Santo Cura de Ars veía muchas veces rezando ante Jesús Sacramentado, y le preguntó que le decía: —¿Decir? Yo lo miro y el me mira. Y todo el mundo decía que era el abuelito más buena onda del pueblo, pero a la vez ayudando a todos a hacer el bien y que llevaba a muchos a confesar con el Santo Cura. Jesús, yo quiero recargar mis baterías siempre contigo, para dar luz a los demás.

Jesús, quiero iluminar el mundo entero con tu luz.

Propósito: recargar mis baterías en el Sagrario e iluminar a la gente.

domingo, 21 de marzo de 2021

Jesús, quiero ver tu rostro

 

Había algunos griegos; éstos acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús” (Jn 12,20)

—¡Han llegado los griegos! —¡Los griegos! ¡ya están aquí…! Gritó uno. —Que son griegos de verdad, volvió a gritar. En torno a ellos se arremolinaban los curiosos: ¡Pero qué raro hablan! ¡Qué túnicas tan feas! Por fin, Felipe que chapurreaba un poco su idioma oyó que le rogaban bajito algo así como: “Seor, quisiramos ver a Jes”. —¿Qué dicen? ¿Qué quieren? —Dicen que quieren ver a Jesús. Todo el mundo se quedó en silencio ensimismado como pensando: Vemos a Jesús a diario y no nos damos cuenta. Y yo, ¿me doy cuenta?

Jesús, ayúdame a valorar tu cercanía. Que me dé cuenta.

Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir (Jn 12,33).

Y tú, Jesús, ¡de qué les ibas a hablar más que de la Cruz!, Escándalo para los judíos, locura para los griegos (1 Cor 1,23). Y los griegos se volvieron locos, pero de alegría: ¡habían visto a Jesús! Desde la Cruz Jesús atrae a sí a toda la humanidad. Jesús, que te pongo en lo más alto de mi vida.

Poner a Cristo en lo más alto de mi deporte, estudio, juegos, baile…

Propósito: comerme un yogurt “griego”

sábado, 20 de marzo de 2021

Cinco minutos de Evangelio, por lo menos

 

Unos decían: Este es verdaderamente el Profeta. Otros: Este es el Cristo. En cambio, otros replicaban: ¿Acaso el Cristo viene de Galilea?

Jesús, el conductor del autobús que me lleva todos los días al cole se llama don Segundo. Es un hombre muy bueno, muy puntual, que hace honor a su nombre: ¡Llega al segundo! Se lo decimos y se ríe. Y ya, en el colegio, encuentro la clase limpia y ordenada: ha sido Hortensia que por las tardes hace la limpieza. Y no sé cómo lo consigue Charo, la Jefa de Limpieza, pero cada día organiza todo. Jesús, ellos, quizá sin darse cuenta son Cristo. No son don Segundo, ni Hortensia, ni Charo: eres Tú, Cristo que te haces presente. Este es el Cristo, que no ha venido a ser servido, sino a servir.

¿Conozco el nombre del chófer del bus? ¿Rezo por él, se lo agradezco?

¿Por qué no le habéis traído? Respondieron los alguaciles: Jamás hombre alguno habló así. (Jn 7, 45-46).

Jesús, ¡qué bien hablabas! Los que te oían se quedaban boquiabier­tos, embelesados, escuchándote: ¡Más, más… otros cinco minutos más porfa..! ¡La de la oveja perdida! ¡La del hijo pródigo! ¡Maestro, la última parábola! Jesús, Tú eres el Verbo hecho carne, eres La Palabra encarnada y los Evangelios son La Palabra encuadernada, por eso cada día, después de leerlos, los beso, te beso a Ti.

¿Leo el Evangelio cada día?

Propósito: Conocer más a Jesús.