domingo, 28 de febrero de 2021

No hay montaña alta cuando un amigo te espera

 

Tomó Jesús consigo a Pedro, Santiago y a Juan su hermano, y los llevo a ellos solos a un monte alto, y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestidos blancos como la luz (Mt 17, 1-3).

Jesús ¡Llévame contigo! Yo también quiero ser de tus amigos íntimos. Reconozco que soy poco montañero, la altura me da vértigo, pero haré contigo cordada, seguiré tus pasos, pondré mis pies en las huellas que dejes sobre la nieve hasta la cima –bueno aquí no hay nieve pero ya me entiendes-. Jesús, a veces la oración se me hace cuesta arriba y me canso… Pero una vez que me pongo te encuentro a Ti en la cima y desde arriba ¡qué claras se ven las cosas! ¡Qué bien se está contigo! Ayúdame, a tener en mi vida miras altas, amplios horizontes.

Cuéntale a Jesús la última montaña (espiritual) que hayas subido.

Todavía estaba hablando cuando una nube resplandeciente los cubrió y un voz desde la nube dijo: Este es mi Hijo, el ama­do, en quien me he complacido, escuchadle (Mt, 17, 5).

Jesús, ¡vaya susto se llevarían tus discípulos! Yo también quiero oír del Padre esas palabras tan bonitas: ser el Hijo, el amado, en quien me he complacido. Quiero que mi vida sea para muchos y para Ti fuente de alegría y de consuelo. Ahora que hay tantos que se no se saben hijos de Dios, darte sólo alegrías, muchas alegrías.

Dios habla bajito, pero también altito, eso sí, para el que quiere oír.

Propósito: subir más montañas. Ser montañero.

sábado, 27 de febrero de 2021

Setenta veces siete son… 490 veces

 

Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan (Mt 5, 43-44).

Un sacerdote recuerda que después de una guerra fratricida fue a verle una persona muy conocida, a quien habían asesinado muchos parientes en el cruce de un camino rural. Aquella persona quería le­vantar una cruz grande, precisamente en aquel lugar, como recuerdo de sus caídos. Yo le dije: No debes hacerlo porque lo que te mueve es el odio hacia los asesinos y aquella cruz te sirve sólo para perpetuar el odio: no será la Cruz de Cristo, sino la cruz del diablo. La cruz no se hizo. Mi interlocutor supo perdonar.

Jesús, te pido por el que me hizo...

Pedro le preguntó: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? (Mt 18, 21).

Jesús a San Pedro siete veces le parecía el máximo imaginable. Sin embargo Jesús contestó: No siete, sino setenta veces siete. Es de­cir, siempre. Pero perdonar no es olvidar. Me puede pasar como la historia:¿Por qué sigues echándome en cara mis antiguos pecados?, le dijo el marido a su mujer; yo creía que los habías perdonado y olvi­dado. La mujer le replicó: Es cierto, pero quiero que tú no te olvides que yo te he perdonado y olvidado. Tal vez no sea posible olvidar, pero hay que hacer todo lo posible.

Jesús concédeme el don de la mala memoria para los agravios

Propósito: perdonar y olvidar. ¿El qué?

viernes, 26 de febrero de 2021

Jesús, menos ganso y más manso

 

Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio; y el que llame a su hermano necio será reo ante el Sanedrín (Mt 5, 21-22).

Jesús, cuando me enojo con mis hermanos o con mis amigos no es que les llame necio, sino insultos terribles: cucaracha, rata de cloaca, sabandija, sanguijuela o cosas peores que no me atrevo a decirte… Luego, después, me arrepiento y lo paso mal. Jesús, ¿por qué tendré la lengua tan afilada? ¿Por qué hago tanto daño a los que más quiero? Jesús, contigo también se metían y te insultaban: Muchos de ellos de­cía: —Está endemoniado y loco, ¿por qué le escucháis? (Jn 10, 20), y les perdonabas siempre. Jesús, quiero ser como tú: Manso y humilde de corazón (Mt 11,29).

Jesús ¿existen ejercicios de mansedumbre? Ayúdame para ser como Tú.

Ve primero a reconciliarte con tu hermano (Mt 5, 24).

Mira, Jesús ¡Cómo me cuesta pedir perdón! Porque cuando me enojo, siempre creo que es el otro el que debe pedirme perdón a mí. Incluso llego a la tontera de no hablar con una persona durante un tiempo, porque me ha hecho esto y lo otro; y hasta que no me pide perdón… Sin embargo Tú has perdonado incluso a los que te crucificaban. Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Que aprenda de Ti a per­donar, a adelantarme, a pedir perdón de la parte de culpa que tenga.

Piensa con quien tienes que hacer las paces, y pedir perdón.

Propósito: buscarle y hacer las paces.

jueves, 25 de febrero de 2021

Dios nunca llega tarde

 

Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y todo el que busca, encuentra; y al que llama se le abrirá (Mt 7, 7-8).

Vale, Jesús, pero a veces venga que te pido, venga que te busco o llamo y… ¡no hay manera! ¿Dónde te metes? ¿Por qué no me haces caso? ¿Por qué te gusta tanto hacerme rabiar…? Y en el fondo del alma me susurras: —“acuérdate de lo que es La Providencia, el cuidado amoroso con el que Dios vela por todo, y cada cosa tiene su tiempo”. Es la experiencia de una abuela que después de una larga vida escribía: “Dios nunca llegó cuando yo se lo pedí, pero nunca llegó tarde”.

Que aprenda a ser perseverante en la petición y paciente en la espera.

Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los Cielos dará cosas buenas a quienes le pidan? (Mt 7, 9).

Como dice San Josemaría: ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito? Jesús, que me acostumbre a pedírtelo todo, a ser muy pedigüeño. Y entonces aprenderé a descubrir en los acontecimientos de cada día tu mano amorosa: tu mano de padre que me quiere, que me cuida, que me forma y, tal vez, que me poda, como a los árboles, para que dé más fruto.

Jesús, que por pedir no quede: alegría, paz, pureza, chuches…

Propósito: haz tu lista de pedidos.

miércoles, 24 de febrero de 2021

De perdidos al río… al retiro

 

Habiéndose reunido una gran muchedumbre, comenzó a decir: Esta generación es una generación perversa; busca una señal y no se le dará otra sino la señal de Jonás (Lc 11, 29-32).

Jesús, que bonita la historia de tu gran amigo Jonás. Era lo que ahora llamamos un profeta menor, no por la altura, ni por peso, sino porque escribió poco. El caso es que escapando de cumplir la voluntad de Dios, —como yo, fue engullido por un pez enorme. Allí dentro, un sitio calentito, tranquilo, silencioso hizo su curso de retiro de 3 días. Se dio cuenta de lo mucho que Dios le quería. Volvió cambiado, irreconocible, feliz. Se puso a hacer apostolado y convirtió a toda la ciudad: Nínive. Jesús, que me decida hacer un curso de retiro.

¿Te puedes apuntar aún para hacer un curso de retiro? Averígualo.

La reina del Mediodía se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los extremos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón (Lc 11, 29-32).

La Reina de Saba y Salomón y los Reyes Magos y Moisés y los once hermanos de José, y la Burra de Balaám, y Noé y la hija de Jairo y Abrahám y Jonás y la Magdalena, y… tantos personajes bíblicos, me tienen envidia ¿Por qué? Por poderte recibir en la Eucaristía, Jesús mío. ¿Me doy cuenta? ¿Lo aprovecho? ¿Lo valoro?

Sigue por tu cuenta diciéndole a Jesús que le quieres recibir muy bien en la Comunión.

Propósito: Apuntarme al próximo curso de retiro.

martes, 23 de febrero de 2021

Padre mío que estás en el cielo y en la tierra

 

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre (Mt 6, 10).

Padre nuestro que estás en el Cielo… y en la tierra, en el Sagrario y en el autobús, en la cocina y en mi cuarto, en la piscina y en la montaña, y en la copa de un pino. Danos el pan de cada día... y la leche, y chocolates, y pizza y un carro nuevo para papá, y salud para mi abuela, y dinero para pagar la hipoteca, y que me salga el sudoku, y que siempre sonría, y que no mueran más niños antes de nacer, y que se acaben las guerras, y …

Y tú, ¿qué le puedes pedir al Padre de parte de su Hijo Jesús?

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo (Mt 6,12).

Del Padrenuestro, los santos han sacado mucho provecho. Santa Teresa de Jesús escribió: En tan pocas palabras está toda la contem­plación y perfección encerrada, que parece que no hemos menester otro libro sino estudiar en este. Porque aquí nos ha enseñado el Señor todo el modo de hacer oración y de alta contemplación, desde los principiantes a la oración mental, y de quietud y de unión que a ser yo para saberlo decir, se pudiera hacer un gran libro de oración sobre tan verdadero fundamento (Camino de Perfección). Y San Josemaría: Tenía por costumbre, no pocas veces, cuando era joven, no emplear ningún libro para la meditación. Recitaba paladeando, una a una las palabras del Padrenuestro, y me detenía, saboreando, cuando Dios era mi Padre, que me debía sentir hermano de Jesucristo y hermano de todos los hombres. No salía de mi asombro, contemplando que era ¡hijo de Dios!

Reza “paladeando”, “saboreando” el Padrenuestro, pero despacito.

Propósito: rezar más Padrenuestros.

lunes, 22 de febrero de 2021

Cátedra San Pedro: No prevalecerán sobre ella

 

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará (Mt 16, 18).

El Papa Benedicto XVI sufrió los horrores y la persecución del nazismo en la 2ª Guerra Mundial. Él mismo lo cuenta: La Iglesia había sido, pese a las muchas debilidades humanas, el polo de oposición contra la ideología destructiva de la dictadura nazi; ella había permanecido en pie en el infierno que había devorado a los poderosos gracias a la fuerza proveniente de la eternidad. Nosotros teníamos la prueba: las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. Sabíamos, por experiencia propia, qué cosa eran las puertas del infierno y podíamos ver también con nuestros ojos que la casa construida sobre roca se había mantenido firme.

Pide por el Papa, para que sea piedra, roca, cimiento de la Iglesia.

Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en Cielo (Mt 16, 19).

Jesús, al Papa no le has dado las llaves del carro, o de un chalet en la playa, o la clave para entrar en la compu. Le has dado las llaves de tu Casa, del Cielo. Por eso diré con San Josemaría: Todos con Pedro hacia Jesús por María.

Hazte amigo de San Pedro para que cuando llegue el momento te abra la puerta.

Propósito: rezar a diario por el Papa.

domingo, 21 de febrero de 2021

Ángel de mi guarda, interceded por mí

 

El Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás (Mc 1,12).

Pero Jesús, —¡¿Cómo es posible?! — ¡¿Tú también sufriste tentaciones?! Pues yo, ya ves, también: se me ocurren cosas terribles y, en ocasiones los malos pensamientos de cosas impuras no me dejan en paz. Sé, que, si lo permites es para fortalecerme, porque por muy grande que sea la tentación siempre será mayor tu gracia. También sé que una cosa es sentir y otra consentir, y si en algún momento tengo dudas se lo pre­gunto al sacerdote, que de eso sabe un montón. Jesús, que me quede tranquilo: una cosa es tener tentaciones y otra distinta es pecar.

En el Padrenuestro pedimos, no tener tentaciones sino no caer en ellas. Eso sí, ¡líbranos del Mal!

Entonces el diablo le dejó, llegaron ángeles y le servían (Mt 4,11).

Jesús, ¡qué contento estoy con mi ángel de la guarda! ¡Un auténtico crack! Ya me ha sacado de muchos problemas. Tendrás que ascender­le en la jerarquía angélica porque lo hace muy bien. La verdad es que a veces se lo pongo difícil y tiene que hacer horas extras: esa serie de televisión que me hace daño, aquella amistad que no me conviene, esos caprichos, esa comodidad... Le voy a pedir a mi ángel que no me deje hacer el tonto, que huya de las ocasiones de pecar, y sobre todo que no me quiera hacer el valiente.

Habla con tu ángel…

Propósito: hablar con mi ángel y recomendarle para un ascenso.

sábado, 20 de febrero de 2021

¡Las llamadas perdidas de Dios!

 

Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme» (Lc 5, 27).

Bueno, Jesús, que ya te voy conociendo. Pasabas por ahí, quizá hacién­dote el despistado, como el que no quiere la cosa. Pero en el fondo querías practicar tu deporte favorito: la pesca. Y ahí, encadenado, bajo el peso del montón de dinero, estaba tu amigo Mateo, un pez gordo. Al pobre no le cuadraban las cuentas: aquí me falta algo…, decía; efectivamente tenía un agujero, un vacío interior que no había forma de llenar: ¡Me falta algo, pero no sé lo que es! Mateo alzó la vista y se encontró con tu mirada. Y le dijo: «Sígueme» Y el gran vacío se le llenó de golpe, y al instante, dejándolo todo, te siguió. ¡Qué alivio! ¡El mejor negocio de su vida!

Esos vacíos que no llenan mi vida, ¿no los podría llenar Jesús?

Él, dejándolo todo se levantó y lo siguió (Lc 5, 27).

Jesús, a veces miro el celular y me lo encuentro lleno de llamadas per­didas, de SMS, Whatsapps. Son mis amigos, que me aprecian y quieren hablar conmigo, contarme sus cosas. En cuanto puedo me pongo en contacto con ellos. Tú también, Jesús, me sigues llamando continua­mente en los aconteceres de cada día. Quieres decirme algo, hacerme presente tu cariño. Y le dijo: «Sígueme» ¿Soy consciente de esas llama­das que me haces? Qué pena si se quedan en el archivo de llamadas perdidas.

Jesús, que no pierda ninguna de tus llamadas.

Propósito: llenar vacíos y responder llamadas.

viernes, 19 de febrero de 2021

Pero, ¿dónde se esconde la Cruz escondida?

 

Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pier­da su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su alma? (Lc 9, 24-25).

¡Pobre Jesús!... ¡Siempre con la Cruz a cuestas!... Oye, Jesús, ¿y no te cansas? Ya va siendo hora de que descanses un poco. Hoy quiero ser yo quien lleve tu cruz, la cruz de cada día; hoy voy a ser tu Cireneo. Por eso hoy mi cruz será no responder ante las burlas, tratar con cariño al pesado de mi hermano, ayudar a la cursi de mi hermana mayor, no protestar, ponerme de portero en el futbol, sacar la basura, ayudar en casa todo lo que pueda…

Pregúntale a Jesús de qué más cruces dispone. Por ejemplo, ¿dónde guardas la famosa Cruz escondida?

El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y venga conmigo (Lc 9, 23).

¡Ya está! Lo he entendido: el que busca la Cruz se encuentra contigo, con Cristo. Jesús, esto me recuerda la historia de Carlitos. Aquel do­mingo fue a Misa con su abuela. Al entrar en la Parroquia se encontró, presidiendo el altar, un Crucificado de gran tamaño. El pobre Carlitos, asustado, se escondió detrás de la abuela y preguntó: —Abuela, ese, ¿quién es? La abuela le explicó que era Jesús… —¿Y quién lo ha puesto ahí? Unos hombres malos le crucificaron. —Abuela, preguntó más asustado: Efectivamente, por aquí seguimos algunos, pero tran­quilo, que también hay cireneos.

Con voz de trapo decía aquel niño: Pobre Jezuz, tan zolo en la Cruz.

Propósito: Llevar la cruz y buscar la escondida. Pero, ¿dónde estará?

jueves, 18 de febrero de 2021

Pero, ¿dónde se esconde la Cruz escondida?

 

Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pier­da su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su alma? (Lc 9, 24-25).

¡Pobre Jesús!... ¡Siempre con la Cruz a cuestas!... Oye, Jesús, ¿y no te cansas? Ya va siendo hora de que descanses un poco. Hoy quiero ser yo quien lleve tu cruz, la cruz de cada día; hoy voy a ser tu Cireneo. Por eso hoy mi cruz será no responder ante las burlas, tratar con cariño al pesado de mi hermano, ayudar a la cursi de mi hermana mayor, no protestar, ponerme de portero en el futbol, sacar la basura, ayudar en casa todo lo que pueda…

Pregúntale a Jesús de qué más cruces dispone. Por ejemplo, ¿dónde guardas la famosa Cruz escondida?

El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y venga conmigo (Lc 9, 23).

¡Ya está! Lo he entendido: el que busca la Cruz se encuentra contigo, con Cristo. Jesús, esto me recuerda la historia de Carlitos. Aquel do­mingo fue a Misa con su abuela. Al entrar en la Parroquia se encontró, presidiendo el altar, un Crucificado de gran tamaño. El pobre Carlitos, asustado, se escondió detrás de la abuela y preguntó: —Abuela, ese, ¿quién es? La abuela le explicó que era Jesús… —¿Y quién lo ha puesto ahí? Unos hombres malos le crucificaron. —Abuela, preguntó más asustado: Efectivamente, por aquí seguimos algunos, pero tran­quilo, que también hay cireneos.

Con voz de trapo decía aquel niño: Pobre Jezuz, tan zolo en la Cruz.

Propósito: Llevar la cruz y buscar la escondida. Pero, ¿dónde estará?

miércoles, 17 de febrero de 2021

Yo a cuantos amo, los reprendo

 

A los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca (Mc 8, 14).

¡Al que nunca se le haya olvidado algo que mandó mi mamá que tire la primera piedra...!” A mi ¡tantas veces!: los domingos, en un día de excursión… Jesús cómo me gusta que tus discípulos sean tan... normales, como yo. Y a falta de pan, buenas son tortas. No solo se les olvida el pan, sino que además empiezan a pegarse entre ellos. Están empanados, son susceptibles, son mecha corta. Ellos comentaban: —Lo dice porque no tenemos pan. Viven en su pequeño mundo. Necesitan que Jesús les despierte.

Jesús, ayúdame a evitar las peleas en casa, a salir de mi pe­queño mundo.

Dándose cuenta, les dijo Jesús: —¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender?” (Mc 8, 17).

Y Tú, Jesús, les hablas de la levadura y te salen por otro lado. Los po­bres, de verdad, es que no se enteran... Están tan metidos en sus co­sas, en otra onda. Tú aprovechas la ocasión para con buen humor, tirarles de las orejas: ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? (Mc 8, 19). Porque donde hay cariño de verdad se puede exigir sin herir. Yo a cuantos amo, los reprendo (Ap 3,19).

¿Dejo que me exijan? ¿Lo agradezco? ¿De verdad de la buena?

Propósito: des-empanarme.

martes, 16 de febrero de 2021

Yo a cuantos amo, los reprendo

 

A los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca (Mc 8, 14).

¡Al que nunca se le haya olvidado algo que mandó mi mamá que tire la primera piedra...!” A mi ¡tantas veces!: los domingos, en un día de excursión… Jesús cómo me gusta que tus discípulos sean tan... normales, como yo. Y a falta de pan, buenas son tortas. No solo se les olvida el pan, sino que además empiezan a pegarse entre ellos. Están empanados, son susceptibles, son mecha corta. Ellos comentaban: —Lo dice porque no tenemos pan. Viven en su pequeño mundo. Necesitan que Jesús les despierte.

Jesús, ayúdame a evitar las peleas en casa, a salir de mi pe­queño mundo.

Dándose cuenta, les dijo Jesús: —¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender?” (Mc 8, 17).

Y Tú, Jesús, les hablas de la levadura y te salen por otro lado. Los po­bres, de verdad, es que no se enteran... Están tan metidos en sus co­sas, en otra onda. Tú aprovechas la ocasión para con buen humor, tirarles de las orejas: ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? (Mc 8, 19). Porque donde hay cariño de verdad se puede exigir sin herir. Yo a cuantos amo, los reprendo (Ap 3,19).

¿Dejo que me exijan? ¿Lo agradezco? ¿De verdad de la buena?

Propósito: des-empanarme.

lunes, 15 de febrero de 2021

Jesús dio un profundo suspiro...

 

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo (Mc 8, 11-13).

Jesús, te pusieron a prueba, como si fueras la cabra de un circo: Si te subes hasta aquí arriba y haces el triple mortal con tirabuzón…; y ahora el más difícil todavía: haznos un milagrito. Jesús, te pusieron a prueba y yo también, a veces, te pongo a prueba: —Que apruebe el examen con buena nota y sin estudiar. —Que encuentre el bolígrafo sin buscarlo. —Si no me concedes lo que te pido, ya no respiro o dejo de creer o de ir a Misa… Jesús, perdóname pero a veces ¡te pido cada cosa!

Jesús, te doy, no el a-Probado sino el Sobresaliente.

Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? (Mc 8,11-12).

Mi abuela —que es una santa—, no hace más que suspirar. Toma todo el aire que puede, lo mantiene un ratito en los pulmones y después lo suelta de golpe, mientras musita ¡¡Ay Sssseñor…!! Mis hermanos y yo decimos que los suspiros le salen del alma. Jesús, ¿cómo fue tu profundo suspiro?, ¿suspiras también por mí?: este no se entera, pero qué cosas me pide…

Dile que le vas hacer suspirar de orgullo santo por tener un hijo tan bueno.

Propósito: aprender de mi abuela.

domingo, 14 de febrero de 2021

Santos Cirilo y Metodio: La mies es mucha

 

Los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir (Lc 10,1).

Jesús, de dos en dos pero sin empujar, ¡que hay gente para todos...! No sé qué me pasa pero hoy se me está abriendo un hambre apostólica… Para hacer apostolado, para acercar a alguien a Dios, en primer lugar hace falta oración. Por eso hoy mi lema apostólico es de dos-en-dos pero con el tres-más-dos. Quiero tener aventuras apostólicas, como las de aquellos dos amigos tuyos con nombres tan curiosos: Cirilo y Metodio, Patronos de Europa. No lo tuvieron fácil. Fueron grandes evangelizadores en una época muy complicada, mucho más complicada que la nuestra. Eran tan sólo dos pero convirtieron a naciones enteras que desde entonces son cristianas.

No me llamo ni Cirilo ni Metodio, pero “envíame”, quiero ser apóstol.

La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies (Lc 10,2).

Quizá naciones enteras no, pero sí puedo evangelizar, llevar a Cristo a mi clase, a mi colegio, a mi familia, a mis amigos. Eres, entre los tuyos —alma de apóstol—, la piedra caída en el lago. —Produce, con tu ejemplo y tu palabra un primer círculo... y éste, otro... y otro, y otro... Cada vez más ancho. ¿Comprendes ahora la grandeza de tu misión? (Camino 831). Yo seré, con tu gracia, esa piedra.

Concreta tu apostolado.

Propósito: hacer olas.

sábado, 13 de febrero de 2021

Me da lástima de esta gente

 

Como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Me da lástima de esta gente (Mc 8, 1-2).

Jesús, no me canso de contemplarte una y otra vez. En ti encuentro un rostro siempre nuevo e inagotable que me invita a seguirte. Puedo observar tu gesto cordial y optimista, tu buen humor, tu tristeza ante el mal, tu mirar compasivo y misericordioso: Me da lástima de esta gente. Te das cuenta de las necesidades de la gente, de cada uno, también de las mías.

Jesús, estos días, por dentro hablo contigo agradeciéndote tantas cosas.

Llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos (Mc 8, 2-3).

Un Dios que es Padre y a la vez con corazón de Madre. Sólo los ojos de madre pueden ver ciertas cosas: No tienen qué comer (...), se van a desmayar por el camino, (...) han venido desde lejos. Y a mí me dices: tienes mala cara, ¿no tendrás fiebre?, hoy no has dormido bien, ¿verdad?, a ver, ¿qué ha pasado hoy en clase?... Y surge mansa la oración como el agua de una fuente: Pues mira Jesús a mí lo que me pasa es que...

Dale un poco de pena a Jesús para que te haga caso (se deja engañar) pero no seas quejón.

Propósito: dar un poco de pena.

viernes, 12 de febrero de 2021

Jesús, tu eres mi otorrinolaringólogo...

 

Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar (Mc 7, 32).

Jesús, en mi casa somos un poco sordos. Dice mi mamá que debe tratarse de una “sordera familiar selectiva”. Selectiva porque no oímos cuando suena el teléfono o llaman a la puerta, pero luego, cuando algo nos interesa, no se nos escapa detalle. Mi mamá, que es santa, nos repite siempre que “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. Jesús, en la oración me pasa algo parecido: pienso que a mí no me hablas pero en el fondo es que no termino de escucharte, hago poco por sintonizar contigo.

Dile a Jesús que tú eres el sordo del evangelio, a ver qué puede hacer

El, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: —Effetá (esto es, «ábrete»)” (Mc 7, 31-37)

Jesús, ya sabes. Límpiame los conductos auditivos del alma. Es como el chiste del plátano: “No te puedo oír porque tengo un plátano en cada oreja”. Quizá no se trate de plátanos pero si de pereza, de im­pureza, de prejuicios, de soberbia. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Jesús, ábreme los oídos del alma, suéltame la lengua para hablar de Ti.

Dile a Jesús que le nombras tu “Otorrinolaringólogo” familiar.

Propósito: ¿tendré un plátano en la oreja?

jueves, 11 de febrero de 2021

Jesús, estoy para darte gusto

 

No está bien echarles a los perros el pan de los hijos (Mc 7,27).

Jesús, esto de los perros me trae a la cabeza lo que cuenta San Josemaría: “Ayer, por la tarde, a las tres, salí al presbiterio de la Iglesia del Patronato a hacer un poco de oración delante del Santísimo Sacramento. No tenía gana. Pero, me estuve allí hecho un fantoche. A veces, volviendo en mí, pensaba: Tú ya ves, buen Jesús, que, si estoy aquí, es por Ti, por darte gusto. Nada”. Como yo ahora Jesús, para darte gusto.

Jesús, que mi oración no dependa de mis ganas. Estoy para darte gusto.

Pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños (Mc 7,28).

San Josemaría se encontraba seco en su oración pero persevera haciéndose un perrito: “Mi imaginación andaba suelta, lejos del cuerpo y de la voluntad, lo mismo que el perro fiel, echado a los pies de su amo, dormita soñando con carreras y caza y amigotes —perros como él— y se agita y ladra bajito... pero sin apartarse de su dueño. Así yo, perro completamente estaba”. Jesús que forma más hermosa de estar siempre contigo: un perrito fiel que come de las migajas.

Dile a Jesús: que quieres rezar soñando… ¡pero sin dormirte!

Propósito: hacer de perro delante de Dios ¡guau!

miércoles, 10 de febrero de 2021

¡Te basta mi gracia!

 

Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad (Mc 7,14-23).

Jesús, algo me sospechaba. ¿Por eso dentro de mí encuentro tantas ganas de chinchar a mis hermanos, llevar la contraria a mis padres, hacer rabiar a mi perro, mentir, engañar...? Me pasa como a S. Pablo: Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Jesús, y todo este mal, ¿de dónde sale? ¿Quién lo ha puesto? Si yo no soy malo, ¿por qué a veces hago daño a los que más quiero? Y me responde S. Pablo: No soy yo quien lo realiza, sino el pecado que habita en mí. Tras el triste episodio de la manzana en el jardín del Edén una gota de aquel veneno, el pecado original, nos ha llegado a cada hombre, a mí también.

Que no me olvide del pecado original. Debo luchar contra el Maligno.

¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Mc 7,14-23).

Y San Pablo escuchó: Te basta mi gracia. Jesús, la Gracia que me das en tus sacramentos es el antídoto contra el veneno del mal, con­tra el pecado. Porque donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (Rm 5,20). Necesito mucho antídoto, necesito mucha gracia.

Busca el surtidor más cercano de Gracia y llena el depósito del alma.

Propósito: ponerme el antídoto (la Confesión por ejemplo).

martes, 9 de febrero de 2021

Mi corazón está muy, pero muy cerca de Ti

 

Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío (Mc 7,6).

Con palabras de Isaías, Jesús te quejas de tus contemporáneos. Cumplían las tradiciones, hacían sus rezos, pero les reprochas que su corazón está lejos de mí. —¿No me pasará a mi algo parecido? —¿No te quejarás también de mi?: hago el 3+2, rezo el Ángelus, e incluso hago el Vía Crucis los viernes... Jesús, que nunca me olvide que estas prácticas de piedad son medios para acercarme más a Ti, para quererte más, pero no son fines. Jesús, tú no eres como las máquinas de Coca-Cola® que echas una moneda y sale la lata. Jesús, no te voy a comprar con mis rezos, pero si te voy a ganar con mi corazón enamorado.

Pídele enamorarte de Él.

Hipócritas, (...) ¡anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición! (Mc 7, 9).

Jesús tengo los días super-llenos: clases de piano, de tenis, italiano, entrenos de fut... Es la tradición en mi familia. Y como no quiero ser un hipócrita de esos, también quiero dedicar tiempo a los demás. Cuántas veces me han invitado a participar en una catequesis, o ir hacer visitas a pobres en honor de la Virgen, pero me hago el loco. Jesús, ayúdame a salir de mi mismo, a complicarme la vida.

Dile a Jesús que también le das tu tiempo y terminas.

Propósito: Apuntarme a algo en favor de los más necesitados.

lunes, 8 de febrero de 2021

“Acariciar” a Dios en cada comunión

 

Colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto (Mc 6,56).

Jesús, a veces me lleno de envidia por la suerte que tuvieron algunos de tus contemporáneos: oír tu voz, disfrutar de tu sonrisa, mirarte a los ojos... Se conformaban con poco, tan sólo con tocar el borde de tu manto y... ¡quedaban curados! Jesús y yo, que te recibo en la Eucaristía, no me conformo con tocarte, en cada Comunión quiero acariciarte con mis obras buenas en mi alma para que también me cures.

Jesús, ¡qué ganas tengo de comulgar! ¿Por qué no voy más a Misa?

Y los que lo tocaban se ponían sanos (Mc 6,56).

Jesús, ¿te acuerdas? Aquel chico de 15 años entristecido porque al asistir a la Sta Misa el domingo con toda su familia no pudo comulgar. Tenía en la conciencia haber cometido un pecado grave. Veía a los demás, sus papás, sus hermanos comulgar y sintió un gran vacío, un hambre de eu­caristía, una gran necesidad de tener a Dios en el alma. Cuando poco después por la confesión recuperó la gracia, comentaba, con una sabi­duría impropia de su edad, como Dios se había servido de esa tristeza, de ese vacío, para que valorara más lo que es la comunión, tener a Dios en el alma. Jesús, ¡qué suerte más grande tengo! En cada Comunión te hago mío, te como ¿Las aprovecho? En cada Comunión ¡toco a Dios!

Después de la Comunión me quedaré un ratito con Jesús, dando gracias.

Propósito: acariciar a Dios en mi alma cada vez que comulgue.

domingo, 7 de febrero de 2021

Extendió la mano y le tocó

 

Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “si quieres puedes limpiarme” (Mc 1, 40).

Jesús, debió ser algo parecido a lo que relata aquel escritor: “Uno de aque­llos pequeños de unos 6 años de edad (...) se encaprichó extrañamente de mí. Era una cosa pequeña, miserable, pálida y medio alelada. Yo nunca había visto un niño al que me sintiera menos inclinado a acariciar que aquel. Pero ese pequeño monstruito enfermizo rondaba a mi alrededor, agarrado a mi ropa, siguiendo mis pasos y al final, levantando las manos me sonrió y delante de mí, insistía en que lo tomara. Era como si Dios le hubiera prometido al niño ese favor de mi parte y yo tuviera que cumplir esa promesa”.

Acariciaste con cariño y ternura al leproso. ¿Cómo trato a los demás?

Sintiendo lástima, extendió la mano y la tocó diciendo: Quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio (Mc 1,43).

“Tome ese niño repugnante y lo acaricié con tanta ternura como si hubiera sido su padre. Sostuve en brazos mi indeseable carga un rato y, después de dejar al niño en el suelo todavía me seguía, tomando dos de mis dedos y jugando con ellos, como si fuera un hijo mío. Era un niño abandonado, discapacitado ¡Me había elegido para ser su padre!”. Jesús, que me deje elegir por los que no tienen.

Hay muchos enfermos y niños que esperan mi visita ¿A qué espero?

Propósito: No hacer ascos a nadie.

sábado, 6 de febrero de 2021

No te dejo ni a sol ni a sombra, ¡Siempre contigo!

 

Y les dice: —Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco (...) Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos (Mc 6, 32-33).

Pobres. Los discípulos debían estar cansadísimos. Jesús, ¡Cómo te preocupas por tus apóstoles! ¡Cómo les cuidas! ¡Cómo —también— me cuidas a mí! A Pedro, cuando estaba muy cansado, quizá se le despeinaba la barba y a Mateo tal vez le brillaba un poco más la calva. Son detalles que solo perciben los ojos de los que aman. Y Tú, Jesús, te dabas cuenta enseguida: Eres un padre con ojos y corazón de madre.

Cuéntale que es lo que te cuesta y que te cansa.

Venid a mi todos los que estéis cansado y agobiados (Mt 11, 29).

—Eso va por mí, diría San Pedro; —¡Y por mí!, añadió el de la calva reluciente. Venid vosotros solos a un lugar apartado. Y te los llevaste, no a cualquier sitio, sino... ¡de crucero! ¡de crucero en la barca de Pedro por el Mar de Galilea! Con la mejor compañía Naviera Petrus. Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos. Ellos solos con Jesús, la mar de contentos. Y harían clavaditos y hasta esquí acuático y se lo pasarían recontentos: Mateo, por favor échate un poco de protector solar en la calva…, diría Jesús.

Dile a Jesús que nunca le vas a dejar solo ni a sol ni a sombra.

Propósito: entretenerme y divertirme con Jesús.

viernes, 5 de febrero de 2021

No perder la cabeza

 

Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey dijo a la joven: pídeme lo que quieras, que te lo doy (Mc 6, 14-29).

Jesús, ¡vaya fiestita de cumpleaños! Acabó muy mal. Qué contraste: el mayor nacido de mujer, un hombre justo y santo, va a morir para satisfacer el capricho de otro hombre ridículo, lleno de vacío, supersticioso, cruel e impuro. Seguramente Herodes estaría borracho. La mezcla del alcohol y sexo tiene consecuencias: violencia, egoísmo, aborto, dolor. ¿No seré yo también con mi presencia y mi silencio cómplice de tanto asesinato?

Que no me olvide de los pecados de omisión: el que calla, otorga.

Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista (…) Lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se lo entregó a la joven (Mc 6, 14-29).

Jesús, aquella adolescente alocada perdió la cabeza y pidió la cabeza de San Juan Bautista, como podía haber pedido un caballo, un perrito o un anillo. Quizá pensaba que era una artista. Y, ¿qué tiene de malo danzar? No era del todo consciente que con su forma de bailar, y de vestir despertó las pasiones de Herodes.

Jesús que mi forma de vestir, bailar, hablar no sean causa de que otros pequen.

Propósito: no perder la cabeza.

jueves, 4 de febrero de 2021

Que llevasen sandalias de repuesto

 

Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos (...) Les encargó que llevaran para el camino un bastón (…) que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto” (Mc 6, 7-9).

No era dinero, ni una maleta, ni una túnica nueva... Era solo una senci­lla caja de zapatos, pero con una nota desconcertante: Que hermo­sos son sobre los montes los pies de los que llevan el evangelio (Is 52,7). Aquel sacerdote, recién ordenado, abrió el regalo y encon­tró mucho más que un par de zapatos. Ahí dentro estaba todo un programa para su vida de apóstol; y entendió lo de las sandalias de repuesto. Pies ¿para qué os quiero? ¿Para dar patadas y poner zan­cadillas? Nooo...; —Para llevar el evangelio a todo el mundo ¿para qué sino?

Dile a Jesús que puede contar con tus manos, con tu boca y tus pies…

Jesús se levantó de la cena, se quitó la túnica, tomó una toalla y se la puso a la cintura. Después echó agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies a los discípulos (Jn 13, 4-5).

Jesús, me conmueve como cuidabas a tus apóstoles en la Última Cena. Lo que lavabas con tanto cariño no eran precisamente pie­cecillos de niño; eran pies sucios y polvorientos, cargados de largas caminatas por Palestina. Quizás decías: pero Que hermosos son los pies... mientras los besabas, también los de Judas. Jesús, mis patas, mis pies, quiero que sean tus pies que te lleven a todo el mundo.

Buscar pies, no tres pies al gato, ni pies de foto, sino pies que lavar.

Propósito: Ser de Lavapiés (es un pueblo en España)

miércoles, 3 de febrero de 2021

Todo lo ha hecho bien

 

¿No es éste el carpintero, el hijo de María? (Mc 6,3).

Jesús, tus paisanos te reconocen enseguida por tu oficio. Las puertas y ventanas de Nazareth siempre cierran bien y son bonitas; las mesas y sillas no están cojas y son cómodas; alacenas, cunas, hasta una mecedora de diseño original para la Virgen... de todo. Y todo lo ha hecho bien (Mc 7,37). Jesús, quiero ser como Tú y me propongo: sa­car las mejores notas que pueda, poner la mesa sin que me lo digan, ayudar a mis hermanos pequeños con los deberes. ¿Qué más?

Dile qué cosas estás dispuesto a hacer bien pero de verdad de la buena.

¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? (Mc 6,2).

Jesús, tus paisanos no salen de su asombro. —Pero si le hemos visto jugar en la plaza con todos los niños, ir a por agua a la fuente, pes­car cangrejos en el río... No les cabía en la cabeza que alguien tan normal hiciera milagros, fuera Dios. Jesús, ahora nos pasa al revés: muchos dudan que Dios pueda ser tan normal, tan cercano, que te interese el fútbol o las cosas de cada día. Jesús, eres perfecto Dios pero también perfecto Hombre. ¡Qué bien me entiendes! ¿Eres del Barça como yo…?

Tararea a Jesús tu canción preferida y pregunta si le gusta.

Propósito: lo normal es querer ser santo.

martes, 2 de febrero de 2021

La Presentación del Señor: El Niño iba creciendo

 

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la Ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, como está mandado en la Ley del Señor (Lc 2, 22-23).

Jesús, tus papás José y María —que te querían mucho— te llevaban al Templo de Jerusalén. A mí también mis papás —que me quieren mucho—, me llevan cada domingo a Misa. Pero no lo hacen sólo por cumplir la ley, por el cumplimiento (cumplo-y-miento), sino por Amor a Dios. Jesús, en la Eucaristía me esperas para alimentar mi alma. ¡Sufres tanto con las almas desnutridas, raquíticas¡ Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello… (Lc 17, 2-3). Y cómo gozas con las almas gorditas, como la mía, bien alimentadas con tu Cuerpo.

Pide por todas las familias que te acuerdes para que lleven a sus hijos a la Misa del domingo.

El Niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba (Lc 2, 22-40).

—Llevo 20 años yendo a Misa y no me acuerdo de ninguna homilía. Eso de ir a Misa ¡no sirve para nada!, así se justificaba aquel hombre. Y su amigo le explicó: —Llevas 20 años comiendo 3 veces al día y ni siquiera puedes recordar lo que has comido hoy. Pero si no te hubieras alimentado cada día, ahora estarías muerto. Jesús, gracias por alimentarme cada semana.

Reza despacito una Comunión espiritual.

Propósito: no ser un desnutrido del alma.

lunes, 1 de febrero de 2021

En “Cochinolandia” huele mal

 

Ellos le rogaban que se marchase de su país (Mc 5,17).

Te echan; Jesús, te piden que te marches de su país, del país de los cerdos. ¡Qué bárbaros! Los habitantes de aquel lugar Cochinolandia, no te quieren, prefieren vivir con los cerdos o como cerdos. Lo mismo le pasó al Hijo Pródigo: se alejó de su Padre y acabó también en Cochinolandia, cuidando cerdos. Jesús yo no quiero vivir en el país de los cerdos: series de TV, películas sucias, ambientes raros, amistades puercas. Ahí no puedes estar Tú, ¿y yo?… ¡tampoco!

Dile que te dé una buena limpiada a tu corazón, a tus ojos, a tu memoria y a tu imaginación.

Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: —Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia (Mc 5, 18-19).

Lee despacito lo que San Josemaría escribió: ¡Qué pena dan esas muchedumbres —altas y bajas y de en medio— sin ideal! —Causan la impresión de que no saben que tienen alma: son... manada, rebaño..., piara. Jesús: nosotros, con la ayuda de tu Amor Misericordioso, convertiremos la manada en mesnada, el rebaño en ejército..., y de la piara extraeremos, purificados, a quienes ya no quieran ser inmundos (Camino 914).

Pregunta a Jesús a quienes puedes rescatar de la piara.

Propósito: hacer apostolado.