domingo, 31 de enero de 2021

Se busca “Profesor” (muy) particular

Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender (Mc 4, 33).

Jesús, te doy gracias porque te acomodas a mi entender, pero a veces, ¡no te entiendo! No porque sea absurdo lo que me dices, sino porque un Dios tan grande no puede caber en una cabeza de chorli­to como la mía. ¡Qué Dios más pequeño si cupieras! A sus discípulos se lo explicaba todo en privado (Mc 4, 34). Jesús, a mí dame clases particulares, y cuando entiendo un poco, sólo un poco, ¡qué alegría! Porque tus Misterios, Jesús, no son muros infranqueables, sino mares inabarcables en los que me interno y profundizo cada vez más.

Dile tus Misterios preferidos: Eucaristía, Trinidad, los del Rosario.

Cuando yo era niño, hablaba como niño, sentía como niño, razonaba como niño. Cuando he llegado a ser hombre, me he desprendido de las cosas de niño (I Cor 13, 11).

Ya ves, Jesús, sigo siendo niño —esto sólo lo arregla el tiempo— y ra­zono como un niño. Jesús, me recuerdas a mi mamá que sí que es ¡un misterio! Y mi papá está de acuerdo: –Papá, a mamá no hay quien la entienda... Y me responde: —Hijo mío, tu madre es un Misterio; no hay que entenderla hay que adorarla. Jesús, no sólo te quiero, sino que te “adoro”, aunque no te entienda en todo…

Dile: Jesús, delante de ti siempre quiero ser niño; y terminas.

Propósito: contar a Jesús mis misterios.

  

sábado, 30 de enero de 2021

¡Ya cállate…!

 

El que tenga oídos para oír que oiga (Mc 4, 23).

Jesús, hace unos meses el Papa fue de peregrino a Santiago de Compostela, entonces leí en una revista lo impresionante que es eso del Camino de Santiago. Días y días caminando desde Francia de peregrinos hasta la tumba del Apóstol Santiago, donde los gallegos. Dicen que más que la espléndida vegetación de algunas regiones, lo que más impresiona son las planicies inmensas de Castilla donde se confunde en el horizonte el cielo con la tierra. Pensé en el Hijo Pródigo que solo y en el silencio, debajo de una encina, “recapacitó”. En el silencio del campo y en el del Sagrario se oye bien a Dios, porque habla Tú hablas bajito, y hay que tener bien abiertos los oídos del alma.

Mira cómo evitar la contaminación acústica –ruidos, música, tv, palabras vanas…– y escuchar más al Señor.

A la mañana, mucho antes de amanecer se levantó, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba (Mc 1, 35).

Jesús, Tú también necesitabas, como del agua y del oxígeno, de esos mo­mentos de silencio, de soledad para hablar con el Padre. A mí me pasa igual: necesito hablar contigo, platicarte sin palabras que llenen los silencios. No podemos olvidar, como escribe San Josemaría que “el silencio es como el portero de la vida interior” (Camino 281). Jesús, el silencio es un frágil te­sORO que quiero regalarte: lo guardo con cuidado para que Tú me hables, sabiendo que cualquier palabra lo puede romper.

Dar a Jesús cada día unos minutos del “frágil” tesORO de mi silencio.

Propósito: Usar “silenciador” en la moto de mi alma.

 

viernes, 29 de enero de 2021

Jesús, líbrame de mi mismo

 

Al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pá­jaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedrego­so, (...) cuando salió el sol, se abrasó. (..) Otro poco cayó entre zarzas que crecieron y lo ahogaron (Mc 4, 3-7).

Jesús, yo de plantas y flores, nada. En mi casa son todas plásticas –por eso de las alergias y los bichitos; además así no hay que regarlas–. Pero ¡qué pena de semillas!: se las comieron, se abrasaron y se ahogaron. Sospecho que estás hablando de las almas. ¿Se pueden comer las almas? ¿A qué saben? ¿Y quemar y ahogar? Parece que sí: “Viene Satanás y se lleva la palabra sembrada”(Mc 4, 15). Jesús, el demonio está muy activo; ¡no me dejes caer en la tentación!

Jesús, tentaciones tendré siempre, pero ¡que no me ponga en ocasión!

El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno (Mc 4, 8).

¡Sólo una vida!: “Que tu vida no sea una vida estéril. –Sé útil. –Deja poso. –Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. Borra, con tu vida de após­tol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. –Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón” (S. Josemaría, Camino 1). Y además como cantaban hace tiempo, “sólo se vive una vez… caramba”.

Dile a Jesús las “cosechas” de amor a Dios con las que sueñas.

Propósito: Dar fruto.

 

jueves, 28 de enero de 2021

Zapatero a tu zapato

 

En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer (Mc 3, 20).

Te veo ocupado en tu trabajo, Jesús, y me admiro de que no quieras detenerte a comer. Se te va el tiempo volando. Estás haciendo lo que te gusta: salvar a las almas. Yo, cuando estudio, no me puedo estar quieto. Me levanto, como algo, juego con el perro, veo la tele. Quizá me pasa esto porque no le he encontrado “el gusto” al estudio. No veo que cada hora de estudio también es “salvar almas”: la mía, para empezar.

No pierdas la aviada: si te sentaste a estudiar y hacer tareas, aguanta hasta que termines.

Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre (Mc 3, 34-35).

Mejor cumplido no podías haberle echado a tu Madre Santísima: la que cumple en todo y para todo la voluntad de Dios. ¿Cuál es la voluntad de Dios para mí? Si soy de “profesión u oficio” estudiante, será que esto es lo que tú, Jesús, esperas de mí: ¡qué estudie! ¿Por qué entonces a veces me contento con sólo medio hacer las tareas y responder los exámenes con lo que me acuerdo de las clases?

Si eres de profesión estudiante, procura ser todo un profesional: no dejes de repasar cada día aunque no haya examen al día siguiente.

Propósito: Estudiar, ¿qué otra sugerencia esperabas?

 

miércoles, 27 de enero de 2021

“Todo se les podrá perdonar a los hombres”

 

Todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan (Mc 3, 28).

Un matrimonio asistía a una audiencia con Juan Pablo II en Roma. Cuando el Papa pasó delante de ellos, la mujer le dijo en voz alta: –Santo Padre, dígale algo a mi marido, que hace diez años que está alejado de Dios. Juan Pablo II continuó unos pasos más, pero se detuvo un momento, y se volvió atrás, puso la mano sobre el hombro de aquel señor y le dijo con voz baja y profundo: –¡Qué mal se está lejos de Dios! Aquel hombre quedó tan impresionado que ese mismo día se confesó y volvió a la práctica cristiana.

Habla con Jesús y dale gracias por el Sacramento de la alegría.

Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor (Lc 7, 48).

Decía San Josemaría: Un Dios creador es admirable; un Dios que viene hasta la Cruz para redimirnos, es una maravilla; ¡pero un Dios que perdona, un Dios que nos purifica, que nos limpia, es algo espléndidoJesús cada confesión es un encuentro contigo en el que me perdonas y me abrazas. Borras la caricatura en la que me he convertido por mi culpa y creas de nuevo tu imagen en mi alma. A veces me tardo en ir a pedirte perdón, porque tengo más temor, que amor: ¡Que no se me olvide lo de S. Juan: Dios es Amor (1Jn 4, 8), que si me arrepiento me perdona y me abraza, eso lo saben hasta los de Costa de Marfil.

Dile a Jesús que irás a confesarte, no una, sino 70 veces 7.

Propósito: Cuidar mi imagen y borrar la caricatura 70 veces 7 ó +.

 

martes, 26 de enero de 2021

Junto a Ti, la mejor playa

 

Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echan­do la red en el lago, pues eran pescadores; y les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres» (Mt 4, 18).

¿Cuál es el colmo de un pescador?: —Pues que te pesquen. Eso fue exac­tamente lo que le pasó a Pedro y Andrés: Jesús los pescó ¡Menuda pesca! Pero desde el principio lo tuvieron claro: —¡Hemos salimos ganando! De pescar sardinillas en un mar de nada, pasaron a pescar hombres –y algún que otro lelo–, en el mar del mundo. Sus sueños de pescador (anchoas, arenques) se quedaron cortos.

Jesús ¿te sirve un pescado chafa? ¡Esto es lo que hay!

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan (…) Y los llamó (…) Ellos le siguie­ron (Mt 4, 21-22).

Una vez abierta la veda de pesca, —¡peces temblad!—, les llegó el turno a la competencia, a los de la otra barca. —¡A mí no me pesca!, pensaron... Y Juan y Santiago se fueron tras Jesús en busca de otro mar, tarareando una canción. Los que les oyeron recuerdan que sonaba algo así como: Tú has venido a la orilla / no has buscado ni a sabios ni a ricos / tan sólo quieres que yo te siga. / Señor, me has mirado a los ojos / sonriendo, has dicho mi nombre / en la arena he dejado mi barca / junto a Ti buscaré otro mar.

Lleva la canción a tu oración, a ver qué te dice.

Propósito: Tararear la cancioncilla esa.

 

lunes, 25 de enero de 2021

Conversión de San Pablo. “¿Quién eres tú…Yo soy Jesús”

 

Le envolvió de esplendor una luz del cielo. Cayó al suelo y oyó una voz que le decía: –Saulo, Saulo. ¿por qué me persi­gues? Respondió: ¿Quién eres tú, Señor? Y Él: –Yo soy Jesús, a quien tú persigues (Act 9, 3-5).

―Fue en el camino de Damasco…, diría más tarde San Pablo, ―también yo fui alcanzado por Cristo. Aquel encuentro nunca se le olvidaría. Otro Apóstol y otro encuentro: el discípulo amado, también S. Juan recordaba con de­talle y cariño aquel momento: —“Era alrededor de la hora décima” (Jn 1, 39) ¿Cómo se le podía olvidar el instante más feliz de su vida? Jesús, sigues pasando y paseando entre los hombres… y sigues haciéndote el encontra­dizo. Jesús, ¡encuéntrame!, ¡porfa!

Recuerda a Jesús ese momento inolvidable en que os encontrasteis.

Saulo, hermano, me ha enviado el Señor, Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y te llenes del Espíritu Santo (Act 9, 17).

No fue un Arcángel, ni siquiera un Angelote en EPS* de la U. (*Ejercicio Profesional Supervisado). El enviado fue un viejo feo y calvo: Ananías (¡dis­culpá, mano!). “Saulo, me ha enviado el Señor…”. Jesús, y yo sigo espe­rando…. ¿Y no será, quizá, ese Padre chaparrín el que me haga recobrar la vista y me llene del Espíritu Santo?

Señor ¿busco quién me “gradúe” la vista? ¿Quiero ver?

Propósito: Preguntar por una jornada médica de oftalmología.

 

domingo, 24 de enero de 2021

“Este es mi Hijo amado”

 

Entonces vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser bauti­zado por Juan (Mt 3, 13).

Cuando Juan Pablo II, siendo Papa visitó Polonia, fue a su ciudad natal Wadowiche. Lo primero que hizo fue ponerse de rodillas y pasar un largo rato de oración delante de la pila bautismal. Allí, en ese preciso lugar, fue donde sus padres, por el Bautismo, lo “revistieron de Cristo”. También, aunque no lo pidió, le vacunaron, le llevaron al pediatra, etc. Jesús, hoy, en la fiesta de tu Bautismo, te pido por todos esos niños de familias cris­tianas no bautizados y por sus padres. ¡Qué gran responsabilidad ante Dios!

Ni apellido ni herencia ni “nada”. Lo mejor es haber recibido la FE.

Jesús salió del agua; y he aquí que se le abrieron los Cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz del Cielo que decía: “Este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido” (Mt 3, 16-17)

Jesús, voy a enterarme de la fecha de mi Bautizo para también celebrar­lo. No me acuerdo de nada, pero ahí estuvieron mis papás, padrinos, tíos. Jesús mío, tampoco quiso perderse tu Bautizo tu “Familia del Cielo”: acudió en pleno la Santísima Trinidad; y el Padre se emocionó tanto que no pudo callar y dijo: “Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me he compla­cido”.

Agradece a Jesús ser también el hijo amado, el predilecto

Propósito: Celebrar la fecha de mi Bautizo.

 

sábado, 23 de enero de 2021

Que si no me perdería

 

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo si­guió una muchedumbre de Galilea (…) Llegados a casa, se volvió a juntar la muchedumbre que no podían ni comer» (Mc 3, 7.20).

Jesús, S. Marcos insiste en las multitudes que te asediaban, también dice: “Había en torno de Él una numerosísima muchedumbre” (Mc 4, 1). Pero luego en la Pasión Te dejaron solo. Yo me acordé de Ti al leer a aquel poeta de Chile : “Soy la multitud y estoy solo / Cantaba en la adolescencia / Solo, y definitivamente solo, / No adentro de la multitud / Sino con la multitud dentro”. Jesús, son tantos los que te siguen sólo a ratos y te dejamos solo cuando cuesta.

Jesús, ¿cuándo te dejo solo?... Ya no más.

Jesús, dando una fuerte voz, expiró (…) Viendo el centu­rión, que estaba frente a Él, de qué manera expiraba, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios (Mc 15, 37- 39).

Y es otro poeta chileno, I. Langlois, quien da respuesta: “A los buscadores del infinito por cuenta propia se les hace saber / que el objeto de sus nobles y erráticas exploraciones ha sido ya encontrado en una cruz / el viernes de Nisán en las afueras de Jerusalén”. Jesús, tonto de mí, pienso que soy yo el que te he encontrado, pero en verdad eres Tú quien llenas mi soledad.

Jesús: “no me dejes solo ni de noche ni de día, que sin Ti me perdería”.

Propósito: Nunca estoy solo.

 

viernes, 22 de enero de 2021

Jesús, sin prejuicios

 

Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusar­lo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «levántate y ponte ahí en medio». Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?: ¿hacer lo bueno o lo malo? ¿Salvar la vida a un hombre o dejarlo morir?» Se quedaron callados (Mc 3, 2-4).

Jesús, pretenden cacharte. Eran prisioneros de sus prejuicios y sin preocu­parles para nada aquel hombre enfermo. Sólo les interesaba acusarte. Bien les citaste a Isaías: “Mirando, no vean; oyendo, no entiendan”. Jesús, ¿no me pasará a mí algo parecido? Quizá yo también estoy “al acecho”: juzgo con dureza a la Iglesia o a sus miembros y no quiero ver tanto heroísmo y santidad en sus misioneros, amas de casa, fontaneros, bomberos, profeso­res…O me quedo callado, y mi silencio me hace cómplice.

Jesús, que no me calle y sepa dar la cara. Que te defienda.

Entristecido por la dureza de su corazón le dijo al hombre «extiende el brazo». Lo extendió y quedó restablecido (Mc 3, 5).

Jesús, fuiste mirando uno a uno. Te asomaste a sus ojos –la mirada es el espejo del alma– y viste corazones duros, acorazados, insensibles. Jesús, me miras a los ojos y quiero que encuentres un corazón sin prejuicios, libre para amarte.

¿Qué es lo que encuentras Jesús en mi mirada?

Propósito: Ser menos retorcido.

 

jueves, 21 de enero de 2021

Coherencia y ejemplaridad

 

Un sábado, Jesús iba caminando entre los sembrados y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?” (Mc 2, 23).

¿Jesús, por qué tus discípulos cortaron las espigas? Quizá tenían hambre. No había un rótulo de “no cortar espigas”, pero los fariseos eran tan cua­drados y exagerados, que decían: cortar las espigas, es como trabajar, y en sábado no se trabaja. Les da igual si en realidad, estaban buscan­do simplemente algo de comer para mitigar el hambre. A ellos lo que les importan son las reglas, y la gente les vale muy poco. Jesús, yo también me siento así cuando me dicen que sería bueno que recogiera mi plato después de cena, y literalmente “recojo MI plato”.

Cuando se trata de ayudar y servir a los demás, no seas tan cuadrado.

El les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compa­ñeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacer­dote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros” (Mc 2, 25-26).

¡Eso es! Ahí les va la respuesta de Jesús. Hasta el gran rey David había hecho algo similar. Y los discípulos estaban con alguien más grande que David. Cuando estoy con el prójimo, también estoy contigo Jesús.

No te conformes con hacer tus encargos, ayuda a los demás.

Ayudar en mi casa haciendo un encargo que no me tocaba.

 

miércoles, 20 de enero de 2021

Hoy ayuno de enfados

 

Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan ¿Por qué los tuyos no? (Mc 2, 18).

Jesús, Tú le das al ayuno su verdadero sentido. No me vaya a pasar como aquel fariseo que decía orgulloso: “Ayuno dos veces por semana” (Lc 18, 12). Además hay también un ayuno estético (para mantener la línea), ayuno político (huelga de hambre), ayuno enfermizo (anorexia) o el ayuno por necesidad de los millones que pasan hambre. ¿Qué sentido tiene el ayuno (también de chucherías, tv, internet, música)?: me ayuda a tener dominio de mí y encontrarme contigo, Jesús. No podemos olvidar que hay “demonios modernos” que no se vencen más que con el ayuno y la oración.

Comprométete a ayunar: peleas, haraganería, enojos…

¿Por qué no hemos podido expulsar ese demonio? Esta raza, les dijo, no puede ser expulsada por ningún medio, sino por la oración (Lc 9, 29).

Contaba una madre el afán de su hija pequeña para que viviera el ayuno. Al llegar a casa un Miércoles de Ceniza le dijo: Mamá hoy en clase nos han explicado que los mayores tienen que hacer ayuno, es decir, no comer. Mamá ¿tú haces ayuno verdad? – Si claro, hija, sí. La niña se pasó toda la tarde persiguiendo a su madre para asegurarse que no comía. Cuando llegó su padre a casa: – Papá ¿hoy has comido? – Pues claro, hija…

Ayuna por la cuenta que te trae…

Propósito: Ayunar de facebook (p.ej.)

 

martes, 19 de enero de 2021

“Este es el Cordero de Dios”

 

Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29).

Jesús, estas palabras me suenan ¿No es lo que dice el sacerdote en la Misa mientras eleva y muestra la Sagrada Forma? Siempre me han intrigado… Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Yo, venga a mirar, venga a mirar y nada. Ni cordero ni nada. Sólo veo lo que aparentemente es solo pan. Menos mal que mi abuela, que además de santa es sabia, me ha explicado que aunque no lo vea, estás ahí verdadera, real y sustancialmente y que al Evangelista San Juan le encanta llamarte Cordero de Dios. ¿Serán caprichos o complicidades del Discípulo Amado?

Jesús, como te gusta, yo también te llamaré Cordero de Dios.

Al día siguiente estaba de nuevo Juan allí con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba dijo: «He aquí el Cordero de Dios» (Jn 1, 35-36).

Y sigue la molestadera… ¡Otra vez el Cordero! Tu primo es reincidente. Para empezar, los corderos no es que sean muy poderosos, no tienen cuernos, ni veneno, ni dan miedo… ¿No hubiera sido mejor decir: “Este es el León de la tribu de Judá” (Ap 5, 5) o “Este es el Señor de señores y Rey de reyes” (Ap 17, 14)? Si tu Primo te llama Cordero de Dios es porque te conocía bien: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. Jesús, tu fuerza es la del Amor, el Amor del que se da del todo en la Cruz.

Jesús, este es tu estilo: nunca te impones, sólo propones tu Amor.

Propósito: Llamar a Jesús Cordero de Dios y aprender de Él.

 

lunes, 18 de enero de 2021

Soy pecador, y qué

 

Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impues­tos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió. (Mc 2, 13-14).

Jesús, este es de mis partes favoritas del evangelio. Es también de las partes favoritas del Papa Francisco. Por un lado me resulta divertido pen­sar en Mate, distraído, contando su monedas en su banco de impues­tos; y por otro lado, tu, con tu mirada misericordiosa puesta en Mateo. Quizá a la primera, el muy creído de Mateo, ni habrá levantado la cabe­za. Quizá dijo: soy publicano, esto no puede ser conmigo. Pero no, era con él la cosa. Y te siguió, Jesús. ¡Te siguió!

Te has puesto a pensar que Jesús no anda buscando gentes especiales para que lo sigan. Podría estar buscándote a ti.

Viéndolo comer con los pecadores y publicanos, pregunta­ron a sus discípulos: “Por qué su maestro como y bebe en compañía de publicanos y pecadores?” Habiendo oído esto, Jesús les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos “ (Mc 2, 16-17).

Esta otra parte, también es de mis favoritas, porque yo me siento un pe­cador. No sé cómo se sentirán los demás, ni los que lean esto. Pero me llena de ilusión saber que Jesús pueda venir a mi casa, y sentarse a la mesa, porque soy uno que necesita de médico.

Así, para empezar, de qué necesitas curación.

Propósito: andar contento porque Jesús es mi amigo.

 

domingo, 17 de enero de 2021

“Hijo, tus pecados están perdonados”

 

Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de don­de estaba Jesús (Mc 2, 3).

Jesús, lo del paralítico me recuerda la historia de una niña peruana que caminaba cerro arriba cargada con su hermanito pequeño a la espalda. El sacerdote, que presenciaba la penosa ascensión, le preguntó: —¿No te pesa? ¿No te cansas?; a lo que la niña respondió sin pestañear: ―¡Es que es mi hermano! Jesús, me pones cerca familiares, amigos que son…unos pesados, o que quizá tienen parálisis en el alma. Pero ¡son mis hermanos! ¿Cómo no voy a tomarlos, cargármelos a cuestas y ponerlos delate de Ti…?

Di a Jesús: más pesado soy yo —“un peso pesado”— y bien que me aguantas.

Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados están perdonados» (Mc 2, 5).

Jesús, enseguida te diste cuenta: aquel paralítico lo que tenía, sobre todo, era un gran peso en el alma. Por fin pudo escuchar la absolución: “Hombre, tus pecados están perdonados”, y, ¡qué gran alivio sintió! Sus amigos “camilleros”, no entendían nada: —¡Pero si lo hemos traído para que lo cure…! Y se fue a su casa glorificando a Dios”, ¡menudo peso se había quitado de encima!

La confesión es un “quita-pesos”; gracias, Jesús, por perdonarme siempre.

Propósito: Hacer de camillero con amigos “pesados”.

 

sábado, 16 de enero de 2021

“Extendió la mano y le tocó”

 

Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “si quieres puedes limpiarme” (Mc 1, 40).

Jesús, debió ser algo parecido a lo que relata aquel escritor: “Uno de aque­llos pequeños de unos 6 años de edad (...) se encaprichó extrañamente de mí. Era una cosa pequeña, miserable, pálida y medio alelada. Yo nunca había visto un niño al que me sintiera menos inclinado a acariciar que aquel. Pero ese pequeño monstruito enfermizo rondaba a mi alrededor, agarrado a mi ropa, siguiendo mis pasos y al final, levantando las manos me sonrió y delante de mí, insistía en que lo tomara. Era como si Dios le hubiera prometido al niño ese favor de mi parte y yo tuviera que cumplir esa promesa”.

Acariciaste con cariño y ternura al leproso. ¿Cómo trato a los demás?

Sintiendo lástima, extendió la mano y la tocó diciendo: Quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio (Mc 1,43).

Tome ese niño repugnante y lo acaricié con tanta ternura como si hubiera sido su padre. Sostuve en brazos mi indeseable carga un rato y, después de dejar al niño en el suelo todavía me seguía, tomando dos de mis dedos y jugando con ellos, como si fuera un hijo mío. Era un niño abandonado, discapacitado ¡Me había elegido para ser su padre!”. Jesús, que me deje elegir por los que no tienen.

Hay muchos enfermos y niños que esperan mi visita ¿A qué espero?

Propósito: No hacer ascos a nadie.