lunes, 28 de marzo de 2016

Lunes de Pascua. Abrazaron sus pies y le adoraron



Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y gran ale­gría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos (Mt 28, 8).
Tráfico fluido en toda la ciudad, repetía de continuo la radio aquel lunes de Pascua. Había sido una Semana Santa estupenda acompañando a Jesús en su Pasión, Muerte y Resurrección. ¡Aleluya! Ahora, con la alegría de la Resurrección, era el momento de la operación retorno. Al llegar a una curva se formó una caravana de carros que avanzaba lentamente. ¡Qué extraño! Un poco más adelante, en la mediana, con el techo hun­dido y todos los cristales rotos, se veía un carro volcado. Enseguida surgió una oración por los ocupantes y las posibles víctimas.
Jesús, cada vez que viaje en carro rezaré la Bendición del Viaje.
De pronto Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron (Mt 28, 9).
Todavía no habían llegado ni la ambulancia, ni la policía. Pensé en primeros auxilios o últimos sacramentos, estaba preparado para todo. Aparqué el coche en el arcén, bajé y pregunté con discreción: ¡Gracias a Dios, no había víctimas! Milagrosamente los tres ocupantes estaban bien, con ligeros cortes y una cara de susto tremenda. En el rostro tam­bién se leía que aquel día habían vuelto a nacer. Era un lunes de Pascua de Resurrección.
Que cada día me vuelva a levantar de los tropezones, volver a nacer.
Propósito: rezar antes de viajar.