sábado, 31 de octubre de 2020

Santa Teresa del Niño Jesús. Ser sencillo, no es ser tonto

 

Jesús, adivinando lo que pensaban, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que acoge a mí acoge al que me ha enviado» (Lc 9, 47-48).

¿Quién sería ese niño tan afortunado? Podía ser la hija de Jairo, tan contenta, o el avispado chico de los panes y los peces, o uno despistado que pasaba por allí, o yo… ¿Por qué no? Jesús, entonces me coges de la mano, me la aprietas, sonríes y me dices bajito: —Vamos a darle un susto a estos. El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí. Jesús, pienso en los niños no nacidos y me dan ganas de llorar… ¿Por qué no los acogen? Es horrible, matar a esos niños es como matarte a ti. ¿Tú acoges también a esos niños abortados? —Pues claro, tan pequeñitos que son, serán pues, muy grandes en el cielo y además desde allí intercederán por sus padres.

► Santos niños inocentes, no nacidos, interceded también por mí.

El más pequeño de vosotros es el más importante (Lc 9,49).

Hoy la Iglesia celebra a una gran santa: Santa Teresa del Niño Jesús o Santa Teresa de Lisiaux o Santa Teresita. Tan grande y tan pequeña. Ella supo hacerse pequeña, muy pequeña, para que Dios la pudiera coger en sus brazos y entonces, se hizo muy grande. No podemos olvidar que como decía el poeta: lo más grande que podemos hacer en la tierra es ser hacedores de cosas pequeñas.

► Pide a Jesús hacerte más pequeño y a ver si te coge de la mano

Propósito: lavarme más a ver si encojo.