jueves, 11 de octubre de 2012

Aprender a reírme de mi mismo


¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? (Lc 11, 5-13).
Jesús, me encanta y divierte tu buen humor. Sabías des-dramatizar y reírte de las situaciones, ¡no de las personas! Usabas imágenes graciosas, como aquella otra al entrar en Jerusalén: Si estos callaran, las piedras darían gritos… (Lc 19,40). ¿Contabas chistes? ¿Sabías imitar? Seguro que sí, para hacer reír a alguno de tus serios apóstoles que a veces se lo tomaban todo muy en serio, o quizá estaban un poco cansados. ¿No sabéis aquel chiste de un hombre que una vez…?
·         Jesús, ¿quieres que te cuente un chiste? Aunque es tonto, no te importa ¿verdad?
Hombres de Galilea, ¿Qué hacéis mirando el Cielo (Act 1,11).
¿Y los ángeles, tienen buen humor? Parece que sí: después de la Ascensión, unos ángeles burlones fueron hablarles a los apóstoles que se habían quedado con cara de zonzos. ¿Y los santos? También tienen buen humor (condición sine qua non): Un santo triste es un triste santo (San Francisco de Sales); Dame, Señor, el sentido del humor; dame el saber reírme de un chiste (Santo Tomás Moro); Solo contaba con 26 años, gracia de Dios y buen humor… (San Josemaría).
·         Jesús: dame buen humor, que no me tome en serio y me ría de mí mismo. Que deje de andar de malas.
Propósito: contar chistes a Jesús