domingo, 5 de julio de 2020

Los verdaderos descansados

“Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo los aliviaré” (Mt 11, 28).

¡Qué bueno eres Jesús!, te pones a nuestra disposición para ayudarnos a llevar nuestras cargas. ¿Cuáles son mis cargas? Quizá si otro me viera pensaría que no tengo ninguna carga, que no tengo motivo para que­jarme. Quizá tienen razón, pero Jesús me entiende. Sabe que, como soy pequeño, hasta las cosas más sencillas me resultan pesadas. A veces me resulta mega agobiante el colegio, los encargos de la casa, aguan­tar a mis hermanos, y que el perro no me haga caso y me manche con sus patas delanteras. Tengo que aprender a llevar esas “cargas” con alegría. Forman parte de mi día a día. Mientras tanto, ahí está Jesús, ayudándome.

¿Alguna vez has pensado que quizá te quejas mucho y por gusto?

“Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, por­que mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 29-30).

Es una gran verdad que en cuanto uno hace lo que tiene que hacer, aunque cueste, encuentra paz. Por eso san Josemaría hablaba del “gus­toso cumplimiento del deber”. Parece contradictorio pero cuando uno huye de sus responsabilidades, disque para descansar, le pasa justa­mente lo contrario. Viene el agobio, es estrés, el mal humor, etc.

Antes de que llegue el lunes, ¿con qué cara lo esperas?

Propósito: no más quejas, y decir mucho: “Jesús, que haga buena cara”.