jueves, 2 de julio de 2020

Verdaderamente poderoso

En esto, trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”. (Mt 9, 2).

Jesús, viste con cariño a ese hombre que desde a saber cuándo estaba tirado en su camilla. Pero antes de curarle la parálisis, le perdonas los pecados. Mis pecados, muchos o pocos, son peor que una parálisis. También los pecados de mis amigos, los paralizan. ¡Qué poder el de tu palabra, Jesús!

► No habrá llegado la hora de experimentar el poder de Dios en la confesión.

Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres (Mt 8, 33-34).

Nuestro Dios es un Dios optimista, positivo, que levanta a la gente. El pecado nos aplasta, nos hunde. Nos deja como cáscara de banano en el suelo. Está ahí pudriéndose y convirtiéndose en ocasión de que otros se caigan por su culpa. No quiero ser causa de caídas para nadie. Se me viene algo a la cabeza ahora: cuando termine de confesarme, y me ponga de pie nuevamente, pensaré que acaba de terminar la final del mundial y yo estoy en el equipo ganador, justo en el momento en que tomo la copa entre mis manos, la beso, y la levanto en alto triunfalmente.

► No olvides que los mundiales los ganan equipos.

Propósito: vivir la aventura de la confesión.