martes, 19 de febrero de 2019

Yo a cuantos amo, los reprendo


A los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca (Mc 8, 14).
¡Al que nunca se le haya olvidado algo que mandó mi mamá que tire la primera piedra...!” A mi ¡tantas veces!: los domingos, en un día de excursión… Jesús cómo me gusta que tus discípulos sean tan... normales, como yo. Y a falta de pan, buenas son tortas. No solo se les olvida el pan, sino que además empiezan a pegarse entre ellos. Están empanados, son susceptibles, son mecha corta. Ellos comentaban: —Lo dice porque no tenemos pan. Viven en su pequeño mundo. Necesitan que Jesús les despierte.
Jesús, ayúdame a evitar las peleas en casa, a salir de mi pe­queño mundo.
Dándose cuenta, les dijo Jesús: —¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender?” (Mc 8, 17).
Y Tú, Jesús, les hablas de la levadura y te salen por otro lado. Los po­bres, de verdad, es que no se enteran... Están tan metidos en sus co­sas, en otra onda. Tú aprovechas la ocasión para con buen humor, tirarles de las orejas: ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? (Mc 8, 19). Porque donde hay cariño de verdad se puede exigir sin herir. Yo a cuantos amo, los reprendo (Ap 3,19).
¿Dejo que me exijan? ¿Lo agradezco? ¿De verdad de la buena?
Propósito: des-empanarme.

lunes, 18 de febrero de 2019

Jesús dio un profundo suspiro...


En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo (Mc 8, 11-13).
Jesús, te pusieron a prueba, como si fueras la cabra de un circo: Si te subes hasta aquí arriba y haces el triple mortal con tirabuzón…; y ahora el más difícil todavía: haznos un milagrito. Jesús, te pusieron a prueba y yo también, a veces, te pongo a prueba: —Que apruebe el examen con buena nota y sin estudiar. —Que encuentre el bolígrafo sin buscarlo. —Si no me concedes lo que te pido, ya no respiro o dejo de creer o de ir a Misa… Jesús, perdóname pero a veces ¡te pido cada cosa!
Jesús, te doy, no el a-Probado sino el Sobresaliente.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? (Mc 8,11-12).
Mi abuela —que es una santa—, no hace más que suspirar. Toma todo el aire que puede, lo mantiene un ratito en los pulmones y des­pués lo suelta de golpe, mientras musita ¡¡Ay Sssseñor…!! Mis herma­nos y yo decimos que los suspiros le salen del alma. Jesús, ¿cómo fue tu profundo suspiro?, ¿suspiras también por mí?: este no se entera, pero qué cosas me pide…
Di que le vas hacer suspirar de orgullo santo por tener un hijo tan bárbaro.
Propósito: aprender de mi abuela.

domingo, 17 de febrero de 2019

Dichosos los que lloran


Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis (Luc 6,21).
Jesús, que difícil de entender ese Dichosos los que lloran. ¿No es contradictorio? Me ayudó a comprender lo que cuenta el libro Réquiem por Nagasaki. El Dr Nagai sobrevivió a la explosión nuclear pero había perdido a su esposa. Ahora le preocupaba su pequeña hija Kayano que nunca lloraba. La veía, mientras el sol se hundía y empezaba a oscurecer, mirando fijamente la desolación nuclear, mordiéndose el labio inferior. Nagai vio tropezar a Kayano unas cuan­tas veces y cortarse en las rodillas. Esta se limpiaba despacio la san­gre con su dedo, pero nunca lloraba.
Dale gracias a Jesús por toda tu familia: repasa la lista uno a uno.
Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados.
Esto le condujo a escribir una consideración en un libro que esperaba pudiera leer ella algún día, cuando fuera mayor, como una carta al futuro: Querida Kayano: nuestra infancia es feliz porque podemos llorar. Sabemos que si lloramos nuestra madre vendrá y nos consolará. A veces, Kayano, desde que murió tu madre, quise sollozar a gritos. Pero una persona mayor no puede hacer eso; sólo un niño que tiene madre puede hacerlo. El único que tiene la respuesta completa dijo: Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados (Mt 5,4). Tú puedes llorar siempre que quieras delante de Él y tu llanto será escuchado. Jesús, que a gusto se llora sabiendo que tú siempre estarás para consolarme. .
Dile a Jesús que enjugue tus lágrimas y entonces serás dichosísimo.
Propósito: llorar a moco tendido en la oración.

sábado, 16 de febrero de 2019

Me da lástima de esta gente


Como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús lla­mó a sus discípulos y les dijo: Me da lástima de esta gente (Mc 8, 1-2).
Jesús, no me canso de contemplarte una y otra vez. En ti encuentro un rostro siempre nuevo e inagotable que me invita a seguirte. Puedo observar tu gesto cordial y optimista, tu buen humor, tu tristeza ante el mal, tu mirar compasivo y misericordioso: Me da lástima de esta gente. Te das cuenta de las necesidades de la gente, de cada uno, también de las mías.
Jesús, estos días, por dentro hablo contigo agradeciéndote tantas cosas.
Llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos (Mc 8, 2-3).
Un Dios que es Padre y a la vez con corazón de Madre. Sólo los ojos de madre pueden ver ciertas cosas: No tienen qué comer (...), se van a desmayar por el camino, (...) han venido desde lejos. Y a mí me dices: tienes mala cara, ¿no tendrás fiebre?, hoy no has dormito bien, ¿verdad?, a ver, ¿qué ha pasado hoy en clase?.... Y surge mansa la oración como el agua de una fuente: Pues mira Jesús a mí lo que me pasa es que...
Dale un poco de pena a Jesús para que te haga caso (se deja engañar).
Propósito: dar un poco de pena, en la oración.

viernes, 15 de febrero de 2019

Jesús, tu eres mi otorrinolaringólogo...


Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía ha­blar (Mc 7, 32).
Jesús, en mi casa somos un poco sordos. Dice mi mamá que debe tratarse de una “sordera familiar selectiva”. Selectiva porque no oímos cuando suena el teléfono o llaman a la puerta, pero luego, cuando algo nos interesa, no se nos escapa detalle. Mi mamá, que es santa, nos repite siempre que “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. Jesús, en la oración me pasa algo parecido: pienso que a mí no me hablas pero en el fondo es que no termino de escucharte, hago poco por sintonizar contigo.
Dile a Jesús que tú eres el sordo del evangelio, a ver qué puede hacer
El, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: —Effetá (esto es, «ábrete»)” (Mc 7, 31-37)
Jesús, ya sabes. Límpiame los conductos auditivos del alma. Es como el chiste del plátano: “No te puedo oír porque tengo un plátano en cada oreja”. Quizá no se trate de plátanos pero si de pereza, de im­pureza, de prejuicios, de soberbia. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Jesús, ábreme los oídos del alma, suéltame la lengua para hablar de Ti.
Dile a Jesús que le nombras tu “Otorrinolaringólogo” familiar.
Propósito: ¿tendré un plátano en la oreja?

jueves, 14 de febrero de 2019

Santos Cirilo y Metodio. La mies es mucha


Los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir (Lc 10,1).
Jesús, de dos en dos pero sin empujar, ¡que hay gente para todos...! No sé qué me pasa pero hoy se me está abriendo un hambre apostó­lica… Me dices que para hacer apostolado, para acercar a alguien a Dios, en primer lugar hace falta oración. Por eso hoy mi lema apostó­lico es de dos en dos pero con el tresmásdos. Quiero tener aventuras apostólicas, como las de aquellos dos amigos tuyos con nombres tan curiosos: Cirilo y Metodio, Patronos de Europa. No lo tuvieron fá­cil. Fueron grandes evangelizadores en una época muy complica­da, mucho más complicada que la nuestra. Eran tan sólo dos pero convirtieron a naciones enteras que desde entonces son cristianas. Llevaron a Cristo.
No me llamo ni Cirilo ni tampoco Metodio, pero “envíame”, quiero ser apóstol.
La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies (Lc 10,2).
Quizá naciones enteras no, pero sí puedo evangelizar, llevar a Cristo a los de mi clase, a mi colegio, a mi familia, a mis amigos. Eres, entre los tuyos —alma de apóstol—, la piedra caída en el lago. —Produce, con tu ejemplo y tu palabra un primer círculo... y éste, otro... y otro, y otro... Cada vez más ancho. ¿Comprendes ahora la grandeza de tu misión? (Camino 831). Yo seré, con tu gracia, esa piedra que removerá las aguas.
Dile a Jesús, que te encanta hacer olas.
Propósito: hacer olas, es decir apostolado.

miércoles, 13 de febrero de 2019

¡Te basta mi gracia!


Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difama­ción, orgullo, frivolidad (Mc 7,14-23).
Jesús, algo me sospechaba. ¿Por eso dentro de mí encuentro tantas ganas de chinchar a mis hermanos, llevar la contraria a mis padres, hacer rabiar a mi perro, mentir, engañar...? Me pasa como a S. Pablo: Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Jesús, y todo este mal, ¿de dónde sale? ¿Quién lo ha puesto? Si yo no soy malo, ¿por qué a veces hago daño a los que más quiero? Y me responde S. Pablo: No soy yo quien lo realiza, sino el pecado que habita en mí. Tras el triste episodio de la manzana en el jardín del Edén una gota de aquel veneno, el pecado original, nos ha llegado a cada hombre, a mí también.
Que no me olvide del pecado original. Debo luchar contra el Maligno.
¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Mc 7,14-23).
Y San Pablo escuchó: Te basta mi gracia. Jesús, la Gracia que me das en tus sacramentos es el antídoto contra el veneno del mal, con­tra el pecado. Porque donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (Rm 5,20). Necesito mucho antídoto, necesito mucha gracia.
Busca el surtidor más cercano de Gracia y llena el depósito del alma.
Propósito: ponerme el antídoto (la Confesión por ejemplo).

martes, 12 de febrero de 2019

Mi corazón está muy, pero muy cerca de ti


Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío (Mc 7,6).
Jesús, con palabras de Isaías te quejas de tus contemporáneos. Cumplían las tradiciones hacían sus rezos pero les reprochas que su corazón está lejos de mí. —¿No me pasará a mí algo parecido? —¿No te quejarás también de mí?: Hago el 3+2, rezo el Ángelus, e incluso hago el Vía Crucis los viernes... Jesús, que nunca me olvide que estas prácticas de piedad son medios para acercarme más a ti, para quererte más, pero no son fines. Jesús, Tú no eres como las máquinas de Coca-Cola® que echas una moneda y sale la lata. Jesús, no te voy a comprar con mis rezos, pero sí te voy a ganar con mi corazón enamorado.
Dile a Jesús que le quieres mucho, ¡pero mucho!, y luego sigues.
Hipócritas, (...) ¡anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición! (Mc 7, 9).
Jesús tengo los días súper-llenos: clases de piano, de tenis, esgrima, equitación... Es la tradición en mi familia. Y como no quiero ser un hipócrita de esos, también dedico tiempo a los demás. En el viejecito del asilo que espera mi visita, en el pesado de mi hermano, en el niño al que doy catequesis... En ellos veo tu “imagen y semejanza”, que me enamora. Ahí me esperas…
Dile a Jesús que también le das tu tiempo y terminas.
Propósito: tomarme una Coca-Cola, por ejemplo.

lunes, 11 de febrero de 2019

“Acariciar” a Dios en cada comunión


Colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto (Mc 6,56).
Jesús, a veces me lleno de envidia por la suerte que tuvieron algunos de tus contemporáneos: oír tu voz, disfrutar de tu sonrisa, distinguir tus pasos... Se conformaban con poco, tan sólo con tocar el borde de tu manto y... ¡quedaban curados! Jesús y yo, que te recibo en la Eucaristía, no me conformo con tocarte, en cada Comunión quiero acariciarte con mis obras buenas en mi alma para que también me cures.
Jesús, ¡qué ganas tengo de comulgar! ¿Por qué no voy más a Misa?
Y los que lo tocaban se ponían sanos (Mc 6,56).
Jesús, ¿te acuerdas? Aquel chico de 15 años entristecido porque al asistir a la Sta Misa el domingo con toda su familia no pudo comulgar. Tenía en la conciencia haber cometido un pecado grave. Veía a los demás, sus padres, sus hermanos comulgar y sintió un gran vacío, un hambre de eucaristía, una gran necesidad de tener a Dios en el alma. Cuando poco después por la confesión recuperó la gracia, comentaba, con una sabiduría impropia de su edad, como Dios se había servido de esa tristeza, de ese vacío, para que valorara más lo que es la comunión, tener a Dios en el alma. Jesús, ¡qué suerte más grande tengo! En cada Comunión te hago mío, te como ¿Las aprove­cho? En cada Comunión ¡toco a Dios!
Después de la Comunión me quedaré un ratito con Jesús, dando gracias.
Propósito: acariciar a Dios en mi alma cada vez que comulgue

domingo, 10 de febrero de 2019

“Duc in altum!”


Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando aca­bó de hablar, dijo a Simón: —¡Rema mar adentro! (Duc in altum!) (Lc 5,3-4).
Jesús, la brisilla de aquella tarde era una delicia. Todos, apretados en la orilla del lago, embelesados, no perdíamos Palabra. ¡Qué buena idea la de subirte a la barca de Pedro! La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios (Lc 5,1-11). ¡Y qué bien se oía! Hasta que llegó aquel Duc in altum!, ¡Rema mar adentro! San Juan Pablo II lo entendió así: Duc in altum!, donde el mar es más profundo, donde el misterio del amor de Dios abre delante de vosotros espacios maravi­llosos, que no bastará una entera vida para explorar (9.VI.2001). Jesús contigo, quiero adentrarme en el mar inabarcable del Amor de Dios.
Dile a Jesús que quieres ser explorador del “Mar del Amor de Dios”
¡Rema mar adentro y echad las redes para pescar! Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes (Lc 5, 4-5).
Simón Pedro era el experto; si de algo sabía era de peces y pesca: ¿cómo pescar de día? Aquel Carpintero podría saber de tablones y muebles, pero de pesca, no tenía ni idea… Por tu palabra, echaré las redes. Se confió de Jesús y vino el milagro. Jesús, yo, a veces confío, más en mí mismo, de mi criterio que de Ti. Pero como San Pedro me me­teré mar adentro en la vida interior y echaré las redes en el apostolado.
Sueña con “pescas milagrosas” y terminas
Propósito: remar mar adentro.

sábado, 9 de febrero de 2019

No te dejo ni a sol ni a sombra, ¡siempre contigo!


Y les dice: —Venid vosotros solos a un lugar apartado, y des­cansad un poco (...) Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos (Mc 6, 32-33).
Pobrecillos. Los discípulos debían estar cansadísimos... Jesús, ¡cómo te preocupas por tus apóstoles! ¡Cómo les cuidas!... ¡Cómo — también— me cuidas a mí! A Pedro, cuando estaba muy cansado, quizá se le rizaban las barbas y a Mateo tal vez le brillaba un poco más la calva. Son detalles que sólo perciben los ojos de los que aman. Y Tú, Jesús, te dabas cuenta enseguida: Eres un padre con ojos y corazón de madre.
Cuéntale lo cansado que estás para que te reserve sitio en su barca.
Venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados (Mt 11, 29).
Eso va por mí, diría San Pedro; ¡Y por mí!, añadió el de la calva relu­ciente. Venid vosotros solos a un lugar apartado. Y te los llevaste, no a cualquier sitio, sino... ¡de crucero! ¡De crucero en la barca de Pedro por el Mar de Galilea! Con la mejor compañía Naviera Petrus. Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos. Ellos solos con Jesús, todos muy contentos. Y harían Surf y esquí acuático y se lo pasarían super bien: Mateo, por favor échate un poco de pro­tector solar en la calva…, diría Jesús.
Dile a Jesús que nunca le vas a dejar solo ni a sol ni a sombra.
Propósito: aprender a descansar con Jesús.

viernes, 8 de febrero de 2019

No perder la cabeza...


Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magna­tes, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey dijo a la joven: pídeme lo que quieras, que te lo doy (Mc 6, 14-29).
Jesús, ¡vaya fiestita de cumpleaños! Acabó fatal como en la película Un cadáver a los postres. Que contraste: el mayor nacido de mu­jer, un hombre justo y santo, va a morir para satisfacer el capricho de un hombre ridículo, lleno de vacío, supersticioso, cruel e impuro. Seguramente Herodes estaría bebido: solo coger el punto, diría. La mezcla del alcohol y sexo tiene consecuencias imprevisibles: violen­cia, egoísmo, aborto, dolor. ¿No seré yo también con mi presencia y mi silencio cómplice de tanto asesinato?
Jesús, que no me olvide de los pecados de omisión… el que calla otorga.
Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista (…) Lo decapitó en la cárcel, trajo la ca­beza en una bandeja y se lo entregó a la joven” (Mc 6, 14-29).
Jesús, aquella adolescente alocada perdió la cabeza y pidió la ca­beza de San Juan Bautista, como podía haber pedido un caballo, un perrito o un anillo. ¡Vaya niña tonta! Quizá pensaba que era una artista. Y, ¿qué tiene de malo danzar? No era del todo consciente que con su forma de bailar, y de vestir encendió las pasiones de Herodes. Y yo ¿soy consciente?
Mi forma de vestir, bailar, hablar, ¿puede ser causa de que otros pequen?
Propósito: no perder la cabeza.

jueves, 7 de febrero de 2019

Que llevasen sandalias de repuesto


Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos (...) Les encargó que llevaran para el camino un bastón (…) que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto” (Mc 6, 7-9).
No era dinero, ni una maleta, ni una túnica nueva... Era solo una senci­lla caja de zapatos, pero con una nota desconcertante: Que hermo­sos son sobre los montes los pies de los que llevan el evangelio (Is 52,7). Aquel sacerdote, recién ordenado, abrió el regalo y encon­tró mucho más que un par de zapatos. Ahí dentro estaba todo un programa para su vida de apóstol; y entendió lo de las sandalias de repuesto. Pies ¿para qué os quiero? ¿Para dar patadas y poner zan­cadillas? Nooo...; —Para llevar el evangelio a todo el mundo ¿para qué sino?
Dile a Jesús que puede contar con tus manos, con tu boca y tus pies…
Jesús se levantó de la cena, se quitó la túnica, tomó una toalla y se la puso a la cintura. Después echó agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies a los discípulos (Jn 13, 4-5).
Jesús, me conmueve como cuidabas a tus apóstoles en la Última Cena. Lo que lavabas con tanto cariño no eran precisamente pie­cecillos de niño; eran pies sucios y polvorientos, cargados de largas caminatas por Palestina. Quizás decías: pero Que hermosos son los pies... mientras los besabas, también los de Judas. Jesús, mis patas, mis pies, quiero que sean tus pies que te lleven a todo el mundo.
Buscar pies, no tres pies al gato, ni pies de foto, sino pies que lavar.
Propósito: Ser de Lavapiés (es un pueblo en España)

miércoles, 6 de febrero de 2019

Todo lo ha hecho bien


¿No es éste el carpintero, el hijo de María? (Mc 6,3).
Jesús, tus paisanos te reconocen enseguida por tu oficio. Las puertas y ventanas de Nazareth siempre cierran bien y son bonitas; las mesas y sillas no están cojas y son cómodas; alacenas, cunas, hasta una mecedora de diseño original para la Virgen... de todo. Y todo lo ha hecho bien (Mc 7,37). Jesús, quiero ser como Tú y me propongo: sa­car las mejores notas que pueda, poner la mesa sin que me lo digan, ayudar a mis hermanos pequeños con los deberes. ¿Qué más?
Dile qué cosas estás dispuesto a hacer bien pero de verdad de la buena.
¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? (Mc 6,2).
Jesús, tus paisanos no salen de su asombro. —Pero si le hemos visto jugar en la plaza con todos los niños, ir a por agua a la fuente, pes­car cangrejos en el río... No les cabía en la cabeza que alguien tan normal hiciera milagros, fuera Dios. Jesús, ahora nos pasa al revés: muchos dudan que Dios pueda ser tan normal, tan cercano, que te interese el fútbol o las cosas de cada día. Jesús, eres perfecto Dios pero también perfecto Hombre. ¡Qué bien me entiendes! ¿Eres del Barça como yo…?
Tararea a Jesús tu canción preferida y pregunta si le gusta.
Propósito: lo normal es querer ser santo.

martes, 5 de febrero de 2019

Sala de Fiestas: “Talitha qumi”


Entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: –Talitha qumi, que significa: contigo hablo, niña, levántate (Mc 5,40-41).
Jesús, eres como los médicos buenos: la cogió de la mano. Ese gesto, tan tuyo… transmite calor, cariño, confianza, humanidad, cer­canía.... Lo hiciste con la suegra de Pedro, con el ciego de Betsaida, el hijo de la viuda de Naín... Jesús, también a mí me tomas de la mano y me dices: Talitha qumi, contigo hablo, niño, venga, levántate. Y tiras de mí, otra vez, una vez más, para arriba. ¡Ale… Hop! Y yo, me levanto.
Dile a Jesús que te agarre de la mano, pero luego tú no le sueltes.
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –te­nía doce años– (...) y les dijo que dieran de comer a la niña (Mc 5,42).
Aquella niña de Séptimo (12 años) vivía el minuto heroico: se puso en pie inmediatamente, se levantó a la primera, ¡para que yo apren­da! Y ahí tenía a su lado a Jesús —¡qué suerte! —, a sus padres y a unos barbudos apóstoles con cara de susto. —¡Qué hambre ten­go!, dijo. —¡Vamos!, ¿a qué esperamos?: hamburguesas con todo y Coca Colas para todos... Y organizó una gran fiesta con canciones de Mecano: ¯ En tu fiesta me colé, coca cola para todos y algo de comer…¯
Cuélate en la fiesta de Talitha un rato
Propósito: vivir el minuto heroico.

lunes, 4 de febrero de 2019

En Cerdilandia huele mal


Ellos le rogaban que se marchase de su país (Mc 5,17).
Te echan; Jesús, te piden que te marches de su país, del país de los cerdos. ¡Qué fuerte! Los habitantes de aquel lugar Cerdilandia, no te quieren, prefieren vivir con los cerdos o como cerdos. Lo mismo le pasó al Hijo Pródigo: se alejó de su Padre y acabó también en Cerdilandia, cuidando cerdos. Jesús yo no quiero vivir en el país de los cerdos: series de Tv, películas sucias, ambientes raros, amistades cochinas. Ahí huele mal, ahí no puedes estar Tú… ¿y yo?… ¡tampoco!
Dile a Jesús que pase por tu corazón: Los limpios de corazón verán a Dios.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo ad­mitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: −Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia (Mc 5, 18-19).
Incluso en Cerdilandia hay alguno que se rebela: ¡Qué pena dan esas muchedumbres —altas y bajas y de en medio— sin ideal! —Causan la impresión de que no saben que tienen alma: son... manada, rebaño..., piara. Jesús: nosotros, con la ayuda de tu Amor Misericordioso, convertiremos la manada en mesnada, el rebaño en ejército..., y de la piara extraeremos, purificados, a quienes ya no quieran ser inmundos (Camino 914).
Del cerdo me interesa el jamón, el chorizo, la salchicha… no su cochina vida.
Propósito: nunca visitar ese país, ¡huele muy mal!

domingo, 3 de febrero de 2019

Pasando… por medio de ellos


Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le lle­varon a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para despeñarle. (Lc 4, 29).
Jesús, ¡era tu pueblo! Qué bien conocías esa altura escarpada del monte. Allí jugaste tantas veces a tirar piedras o a esconderte. Jesús, ¡era tu gente, los habitantes de Nazaret! Qué bien conocías a cada uno: Ben Yuda, el comerciante en perlas finas, Jacob el vendedor de tejidos, Elí el mendigo tuerto. Ahí estaban todos, en la sinagoga. Pero ¿qué les pasó? Y es que en un arrebato de ira se puede hacer daño a lo que más se quiere, y a veces de manera irreparable. −¡Es que yo soy así! Si no te gusta como soy, te aguantas…Y entiendo que no deberías ser así. Si no, acabaré despeñando a Jesús o crucificándole de nuevo, como los de Nazaret.
Jesús, ¡ayúdame a cambiar! Manso y humilde de corazón, como Tú.
Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó (Lc 4, 30).
Oye Jesús, que yo también tengo mis rabietas, mis enfados. Entonces, sin querer hago mucho daño. Una vez un amigo me dijo: toma este papel liso y ¡estrújalo! Hice con él una bola. Ahora intenta dejar el papel como yo te lo di, completamente liso. No puedo – le contesté. El corazón de cada persona es como ese papel. Cada vez que te enfadas dejas una impresión que es muy difícil de borrar, como las arrugas del papel.
Dile a Jesús que no deje de pasar muchas veces por tu alma.
Propósito: no ser tan asquerosamente rabioso.

sábado, 2 de febrero de 2019

La Presentación del Señor. El Niño iba creciendo


Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la Ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para pre­sentarlo al Señor, como está mandado en la Ley del Señor (Lc 2, 22-23).
Jesús, tus papás José y María —que te querían mucho— te llevaban al Templo de Jerusalén. A mí también mis papás —que me quieren mucho—, me llevan cada domingo a Misa. Pero no lo hacen porque si, sólo por cumplir la ley, por el cumplimiento (cumplo-y-miento), ¡qué feo!, sino por Amor a Dios. Jesús, en la Eucaristía me esperas para ali­mentar mi alma. ¡Sufres tanto con las almas desnutridas, raquíticas! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello… (Lc 17, 2-3). ¡Atentos, papás! Y cómo gozas con las almas rollizas, como la mía, bien alimentada, con tu Cuerpo.
No llevar a Misa a los niños es una crueldad, es desnutrir sus almas. Pide por todas las familias que conozcas.
El Niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sa­biduría; y la gracia de Dios lo acompañaba (Lc 2, 22-40).
—Llevo 20 años yendo a Misa y no me acuerdo de ninguna homilía. Eso de ir a Misa ¡no sirve para nada!, se justificaba aquel hombre. Y su amigo le explicó: —Llevas 20 años comiendo 3 veces al día y ni siquiera puedes recordar lo que has comido hoy. Pero si no te hubie­ras alimentado cada día, ahora estarías muerto. Jesús, gracias por alimentarme cada semana.
Dile que quieres tener un alma “rolliza”, gordita.
Propósito: aprenderme y rezar la Comunión Espiritual.

viernes, 1 de febrero de 2019

Se busca “Profesor” (muy) particular


Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender (Mc 4, 33).
Jesús, te doy gracias porque te acomodas a mi entender, pero a veces, ¡no te entiendo! No porque sea absurdo lo que me dices, sino porque un Dios tan grande no puede caber en una cabeza de chorli­to como la mía. ¡Qué Dios más pequeño si cupieras! A sus discípulos se lo explicaba todo en privado (Mc 4, 34). Jesús, a mí dame clases particulares, y cuando entiendo un poco, sólo un poco, ¡qué alegría! Porque tus Misterios, Jesús, no son muros infranqueables, sino mares inabarcables en los que me interno y profundizo cada vez más.
Dile tus Misterios preferidos: Eucaristía, Trinidad, los del Rosario.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, sentía como niño, razonaba como niño. Cuando he llegado a ser hombre, me he desprendido de las cosas de niño (I Cor 13, 11).
Ya ves, Jesús, sigo siendo niño —esto sólo lo arregla el tiempo— y ra­zono como un niño. Jesús, me recuerdas a mi mamá que sí que es ¡un misterio! Y mi papá está de acuerdo: –Papá, a mamá no hay quien la entienda... Y me responde: —Hijo mío, tu madre es un Misterio; no hay que entenderla hay que adorarla. Jesús, no sólo te quiero, sino que te “adoro”, aunque no te entienda en todo…
Dile: Jesús, delante de ti siempre quiero ser niño; y terminas.
Propósito: contar a Jesús mis misterios.

3+2 febrero 2019

Descargar el PDF