martes, 1 de septiembre de 2015

Confesión

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio impuro, y gritó con gran voz: Déjanos, ¿qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? (Lc 4, 33-34).
Me acuerdo lo que dijiste, Jesús, “bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8), los que viven la pureza son amigos tuyos, te ven y te hablan. Los que viven en el lodo de la suciedad, los que buscan el placer a lo loco, no te pueden ver porque la impureza ciega el alma; por eso yo quiero siempre huir de lo que me puede ensuciar, para no ofenderte y porque sé que luego cuesta mucho volver…
u Mira si hay algo cercano que te pueda ensuciar y córtalo…
Y Jesús le increpó diciendo: Calla y sal de él. Y el demonio, arrojándolo al suelo, allí en medio, salió de él, sin hacerle daño alguno. Quedaron todos atemorizados, y se decían unos a otros: ¿Qué palabra es ésta, que con potestad y fuerza manda a los espíritus impuros y salen? (Lc 4, 35-36).
Tú palabra siempre es eficaz, logra lo que quiere: “Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz” (Gn 1, 3)… A los Apóstoles al resucitar dijiste: “recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados” (Jn 20, 22-23): que nunca deje yo de ir al sacerdote a oír como me saca los demonios y a quedarme muy alegre porque me has perdonado.
u Dale gracias a Dios por tantas veces que te ha sacado los demonios: bautismo y confesiones.

Propósito: Apuntar en “mi plan de vida” mi día de confesión.