sábado, 29 de noviembre de 2014

El diablo como león rugiente busca a quien devorar

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día (Lc 21,34).
Jesús, ¿te refieres al emborracharse? Así de primeras, el plan me parece de lo más espantoso. Hay que estar bastante desesperado. Eso de em­pezar a beber hasta que se embote la mente, dejar de ser tu mismo, hacer el ridículo delante de personas que no te quieren o te quieren solo como un objeto, pues no. Pero sé, Jesús, que cuando voy con los amigos no quiero parecer el raro del grupo y me dejo llevar… Cuando llegue, si llega, el momento y se os eche encima de repente aquel día. Jesús, no me dejes hacer el tonto, dame valentía de huir. Jesús, prefiero llenarme de otro licor que tanto le gustaba a San Pablo: el rico licor de la sabiduría.
                ¿Yo? ¿emborracharme? Eso es para desesperanzados.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir” (Lc 23, 36).
Jesús, ¡ayúdame! Dame de tu fuerza. Que no me engañe. Como dice San Josemaría: No tengas la cobardía de ser valiente: ¡huye! (Camino 132). Que me sepa rodear de amigos buenos en los que pueda confiar y no de leones o leonas. Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar (1Pet 5,8).
                Mis amigos, son realmente amigos, o bien son meros cómplices.

Propósito: Saber decir que NO.