domingo, 5 de mayo de 2013

Flores de valentía


La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde (Jn 14, 27).
Rencillas, agobios, incertidumbres, temores…, son el fruto amargo de perder el sentido de la vida. Insatisfacción, desasosiego, angustia…, es la falsa paz que ofrece el mundo. Sólo estar contentín o agustín, y nada más. Virgen Santa, desde que trato a tu Hijo me has quitado todo esto y me has regalado su Paz. Tu Hijo me ofrece: paz, alegría, equilibrio, esperanza. Nada puede robarme esta felicidad interior. Sólo el pecado, como un ladrón, intentará sustraer de mi vida su presencia amorosa. Es por eso que antes de dormir hago cada día el examen de conciencia. ¡Qué bien se duerme! ¡La mejor almohada es una conciencia tranquila! Y me quedo dormido pensando en angelitos y oliendo el aroma de tu pureza.
·        Que no me olvide que la paz es consecuencia de la “lucha”.
Os he dicho: Me voy y vuelvo a vosotros (Jn 14, 28)
¿Y si algún día meto la pata?, porque ¡mira que soy bruto! Pues entonces me acordaré de los consejos de muchos santos que lo importante es Volver. Volveré una y otra vez a mi Jesús con el sacramento de la paz y de la alegría, la Confesión. Madre mía, ayúdame a ser muy valiente y que me confiese todas las veces que haga falta, que me trague mi soberbia y no me invente excusas.
·        Sigue hablando con María.
Propósito: valentía para confesarme todas las veces que haga falta.