viernes, 2 de enero de 2015

Lindo corderito

Juan exclamó: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29).
—Por favor… ¡dibújame un cordero! —¡Eh! —Dibújame un cordero... Era lo último que podía esperar aquel aviador extraviado en medio del desierto del Sáhara. Nos lo cuenta el Principito. Tras varios dibujos fallidos: —Este cordero está muy enfermo. Haz otro; —No es un cordero, es un carnero; —Este es demasiado viejo…, el piloto y artista (incomprendido) garabateó su último dibujo: —Esta es la caja. El cordero que quieres está adentro. —¡Es exactamente como lo quería! celebró el Principito —¿Crees que comerá mucha hierba…? En la Misa, el sacerdote dice antes de la comunión “Éste es el Cordero de Dios”. ¿Dónde está ese cordero? En manos del sacerdote, y también en una “caja”, en el Sagrario. No lo veo, pero ahí está. No podemos olvidar que lo esencial es invisible a los ojos.
► ¿Quién le va a temer a un corderito? ¿Le temes tú?
Y Juan dio testimonio diciendo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre Él (Jn 1, 32).
Jesús, usas te manifiestas de modos sencillos de modo que cualquiera pueda entender. Bueno, no cualquiera, sólo la gente sencilla. Primero nos dices que eres cordero. Nadie teme a un cordero. Pero ningún “poderoso” de la tierra utilizaría un corderito como símbolo de fuerza. El Espíritu Santo viene como paloma. Tampoco es que sea el ave más popular para significar poder o dar terror. Sin embargo, es Dios mismo quien está detrás. 
► No te dejes engañar. Lo sencillo suele tener detrás a Dios.

Propósito: visitar al Cordero que está en la “caja” (el Sagrario).