domingo, 27 de diciembre de 2015

San Juan Evangelista “Y permanecieron con Él”

Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor! (Jn 21, 7)
Jesús, San Juan cuando te conoció bien podía tener mis años. Como yo era un joven lleno de ideales y “espinillas”, con ganas de cambiar el mundo. “Yo quisiera –me has dicho– que Juan, el adolescente, tuvie­ra una confidencia conmigo y me diera consejos: y me animase para conseguir la pureza de mi corazón” (Camino 125). La Santa Pureza es lo raro de no ser “raro”. Porque la impureza no va sola, sino que se hace acompañar de egoísmo, violencia, pereza… La impureza esclaviza, no se conforma, siempre está insatisfecha, quiere más. Niño-Dios, hoy te pediré, por mediación de San Juan, el don de la Santa Pureza para mí y los míos.
San Juan tenía un corazón joven, ardiente, enamorado, ¿cómo yo?
Maestro, ¿dónde vives? (…) Venid y veréis (…) Y permanecie­ron con Él aquel día. Era como la hora décima (Jn 1, 39).
¿De dónde sacaba Juan la fuerza? ¿Cómo consiguió un corazón tan enamorado? —Respuesta: del trato con Jesús. Después de encontrarse con el Amor, ya no le servían sucedáneos, “amoríos” de medio pelo. Lo decía el Papa Benedicto XVI en Colonia en su primera JMJ: «Yo sé que vosotros como jóvenes aspiráis a cosas grandes, que queréis compro­meteros con un mundo mejor. Demostrádselo a los hombres, demos­trádselo al mundo»
Pregúntale a Jesús ―¿Qué quieres de mí? Y óyele y contéstale.

Propósito: Permanecer con Él.