sábado, 9 de marzo de 2019

Las llamadas perdidas de Dios!


Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme» (Lc 5, 27).
Bueno, Jesús, que ya te voy conociendo. Pasabas por ahí, quizá ha­ciéndote el despistado, como el que no quiere la cosa. Pero en el fon­do querías practicar tu deporte favorito: la pesca. Y ahí, encadenado, bajo el peso del montón de dinero, estaba tu amigo Mateo, un pez gordo. Al pobre no le cuadraban las cuentas: aquí me falta algo…, decía; efectivamente tenía un agujero, un vacío interior que no había forma de llenar: ¡Me falta algo, pero no sé lo que es! Mateo alzó la vista y se encontró con tu mirada. Y le dijo: «Sígueme» Y el gran va­cío se le llenó de golpe, y al instante, dejándolo todo, te siguió. ¡Qué alivio! ¡El mejor negocio de su vida!
Esos vacíos que no llenan mi vida, ¿no los podría llenar Jesús?
Él, dejándolo todo se levantó y lo siguió (Lc 5, 27).
Jesús, a veces miro el celular y me lo encuentro lleno de llamadas per­didas, y de Whatsapps. Son mis amigos, que me aprecian y quieren hablar conmigo, contarme sus cosas. En cuanto puedo me pongo en contacto con ellos. Tú también, Jesús, me sigues llamando con­tinuamente en los aconteceres de cada día. Quieres decirme algo, hacerme presente tu cariño. Y le dijo: «Sígueme» ¿Soy consciente de esas llamadas que me haces? Qué pena si se quedan en el ar­chivo de llamadas perdidas.
Jesús, que no pierda ninguna de tus llamadas.
Propósito: llenar vacíos y responder llamadas.

viernes, 8 de marzo de 2019

Jesús, es que te comería a besos


Se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio tus discípulos no ayunan? (Mt 9,14).
Jesús, yo siempre tengo hambre, como los discípulos de Juan. Mi madre me llama el hambriento. No como, devoro. Pero no es solo hambre de pizza, papas fritas y de chocolates, sino también hambre de Ti Jesús, ¡qué ganas tengo de comerte! ¡Con que ilusión estoy pre­parando la próxima comunión! Tenemos un montón de cosas de que hablar. ¿Te acuerdas de aquella vez en que me decías…? ¿O cuando pensaba que estaba solo y te buscaba…?
Recita despacio, por dentro, paladeándola, la Comunión Espiritual.
Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? (Mt 9,15).
Recordaba aquella niña que cuando tenía solo 5 ó 6 años, el sacerdo­te del Colegio les explicó la presencia real de Jesús en el sagrario. Se le quedaron grabadas las palabras: Este es el Pan vivo. Quien come de este pan vivirá para siempre. Por eso, cada día, en el desayuno, se fijaba en sus papás. No se quedaba tranquila hasta que les veía comer pan. -¡Ah! Han comido pan, menos mal. Entonces mis papás no morirán, vivirán para siempre. En su sencillez de niña pensaba que Jesús estaba presente en todos los trozos de pan. Jesús, pero qué hambre tengo de Eucaristía, que ganas tengo de comerte…
Jesús, aunque hoy sea abstinencia, te comería a besos.
Propósito: No perder nunca el hambre… de Eucaristía.

jueves, 7 de marzo de 2019

Pero, ¿dónde se esconde la Cruz escondida?


Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pier­da su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su alma? (Lc 9, 24-25).
¡Pobre Jesús!... ¡Siempre con la Cruz a cuestas!... Oye, Jesús, ¿y no te cansas? Ya va siendo hora de que descanses un poco. Hoy quiero ser yo quien lleve tu cruz, la cruz de cada día; hoy voy a ser tu Cireneo. Por eso hoy mi cruz será no responder ante las burlas, tratar con cariño al pesado de mi hermano, ayudar a la cursi de mi hermana mayor, no protestar, ponerme de portero en el futbol, sacar la basura, ayudar en casa todo lo que pueda…
Pregúntale a Jesús de qué más cruces dispone. Por ejemplo, ¿dónde guardas la famosa Cruz escondida?
El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y venga conmigo (Lc 9, 23).
¡Ya está! Lo he entendido: el que busca la Cruz se encuentra contigo, con Cristo. Jesús, esto me recuerda la historia de Carlitos. Aquel do­mingo fue a Misa con su abuela. Al entrar en la Parroquia se encontró, presidiendo el altar, un Crucificado de gran tamaño. El pobre Carlitos, asustado, se escondió detrás de la abuela y preguntó: —Abuela, ese, ¿quién es? La abuela le explicó que era Jesús… —¿Y quién lo ha puesto ahí? Unos hombres malos le crucificaron. —Abuela, preguntó más asustado: Efectivamente, por aquí seguimos algunos, pero tran­quilo, que también hay cireneos.
Con voz de trapo decía aquel niño: Pobre Jezuz, tan zolo en la Cruz.
Propósito: Llevar la cruz y buscar la escondida. Pero, ¿dónde estará?

miércoles, 6 de marzo de 2019

Miércoles de Ceniza. Polvo, sí, más polvo enamorado


Cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, qué está en lo escondido (Mt 6,17).
Jesús, hoy comienza la Cuaresma. Nos ha dicho el sacerdote que es un tiempo fuerte, tiempo de conversión… pero no sé qué quiere decir lo de fuerte. Eso sí, esta mañana he ido para que me impusieran la ceniza. Los de mi clase, que son un poco mensos, van porque dicen que todo lo que es gratis se apuntan. Un año más me ha hecho que pensar lo que dice el sacerdote: Recuerda que eres polvo y al polvo volverás… Yo, como el poeta, repetía por dentro: Polvo, sí, mas polvo enamorado. Algunos piensan que somos solo eso, polvo, química, física, moléculas, átomos, neuronas… pero capaces de amar, de enamorarnos. ¡Polvo que ama!
Dile a Jesús cómo piensas vivir esta Cuaresma: más estudio, ayudar más…
Y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará (Mt 6,18).
Jesús, en esta Cuaresma quiero vivir más cerca de ti, ser tu mejor amigo. Jesús, perdón por las veces que te he hecho enfadar, por las veces que te he olvidado. Y como muestra de mi amor y arrepen­timiento voy a hacer muchos pequeños sacrificios: sonreír siempre, comer lo que no me gusta, estudiar a tope, pasar la bola, etc... Y Tú, que ves en lo escondido… me recompensarás.
Recuerda que eres de Dios y a Dios volverás… asi me gusta más.
Propósito: Si aún no lo he hecho, ir a que me “echen” la ceniza.

martes, 5 de marzo de 2019

El ciento por uno y la vida eterna


Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido (…) Recibiréis ahora, en este tiempo cien veces más (…) y en la edad futura la vida eterna (Mc 10, 28.30).
¡El 10.000%! Esto no lo da ningún banco, ni nadie… Jesús, me has convencido. Creo que voy a invertirlo todo en Ti, en Bonos del Tesoro, pero del Tesoro del Reino de los Cielos. Seguiré tu consejo: Amontonad tesoros no en la Tierra (…) Amontonad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre corroe, y donde los ladrones no socaban ni roban (Mt 6,19.20). Ahí no hay crisis eco­nómica. Jesús, amontonaré generosidad, buen humor, alegría, saber perdonar, estudiar, obedecer, sacar buenas notas, tener amigos....
¿Voy llenando de cosas buenas mi cuenta corriente en Bank of Heaven?
Dónde está tu tesoro allí estará tu corazón (Mt 6,21).
¡Vale la pena! ¡Vaya si vale la pena! Pero no tanto por la rentabilidad, por el dinero, sino por estar siempre junto a Ti: y en la edad futura, la Vida Eterna. Como Gollum diré: mi tessssoro, mi tesssssoro… Jesús, Tú eres mi tesoro y dónde está tu tesoro allí estará tu corazón quiero siempre estar contigo, Tú eres el mejor Valor.
Termina agradeciendo tanta rentabilidad. ¿A quién se lo puedo decir?
Propósito: Invertir en el tesoro del Cielo.

lunes, 4 de marzo de 2019

Tú no quieres a Dios, tú cumples mandamientos


En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acer­có uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: –Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? (Mc 10, 17).
Jesús, acabas de bendecir a los niños de aquel pueblo. Se te hace tarde y tienes que irte. Te acompañan los lugareños, cuando de re­pente aparece el hombre-bala: se le acercó uno corriendo, se arrodilló…. Jesús, no sé, pero cuando considero la actitud del jo­ven rico me parece cada vez más falsa. Sobreactúa, es teatrero. Recuerda a lo que hacen algunos delanteros para celebrar un gol: van corriendo al corner y se deslizan de rodillas sobre la hierba... ¿Pero por qué espera a que salgas de la ciudad? ¿No pudo hablar antes contigo de forma más discreta? Eso de ir corriendo y ponerse de rodil­las, montar el numerito me parece algo forzado.
Jesús, no solo fue por las riquezas. El joven se quería demasiado a sí mismo.
Todo esto lo he guardado —le dijo el joven— ¿Qué me falta aún?
En el fondo lo que buscaba era quedar bien. Está orgulloso de sí mis­mo, le gusta ser el centro y lo manifiesta claramente: —¿Cuáles?... ¿Qué me falta aún?... –Maestro, todo eso lo he cumplido desde pe­queño. Pobre. No estaba preparado para seguir a Cristo. Es el peligro de reducir la fe a cumplir mandamientos. Jesús, sin darme cuenta yo también pretendo comprarte cumpliendo mandamientos.
Dile a Jesús que la cosa más monstruosa es un cumple-mandamientos.
Propósito: no ser un cumple-mandamientos.

domingo, 3 de marzo de 2019

Jesús eres el mejor fruto del árbol de la Cruz


Pues no hay árbol bueno que de fruto malo, ni árbol malo que de fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto (Lc 6,39-45).
Jesús, cada vez que leo este pasaje, no sé por qué, pero me acuerdo de Zaqueo encaramado a una higuera para ver sin ser visto... pen­saba. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: –Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa (Lc 19, 5-6). El manzano da manzanas, el peral da peras, el naranjo naran­jas… ¿Qué árbol da Zaqueos? Parece ser que era una higuera. Como fruta madura Zaqueo bajó y se puso contentísimo al recibir a Jesús en su casa. Jesús haces milagros de todo tipo y de las higueras caen Zaqueos arrepentidos.
Acoger a Jesús en mi casa, en mi corazón
Porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos (Lc 6,39-45).
Ni Zaqueos de las higueras, pero… A otro que le encantan las higue­ras es tu apóstol Natanael, alias Bartolomé. Se quedó de piedra al escucharte: Cuando estabas debajo de la higuera, te vi. ¿Pero, qué tendrán las higueras? Son árboles con muchas hojas, estupen­dos para hacerse cabañas y esconderse. Oye, Jesús, a ti también te gustan subir a los árboles, ¿verdad? Te subiste al árbol de la Cruz y desde ahí arriba nos diste el mejor fruto que se puede desear, tu Amor incondicionado.
Pídele a Jesús dar frutos en tu vida.
Propósito: Plantar un árbol.

sábado, 2 de marzo de 2019

Jamás se ha oído decir...


Le presentaron unos niños para que los tocase (Mc 10,13).
Aquel niño travieso ¡qué bien conocía a su madre! Cada vez que co­metía alguna fechoría, alguna “barrabasada”, no esperaba a ser des­cubierto sino que, corriendo buscaba a su madre: Mamá, mamá… Ésta, asustada por los gritos, acudía presurosa: ¿Qué pasa hijo mío? ¿Qué sucede? Mamá, guapetona… Y la madre, de golpe, lo en­tendía todo. Hoy es sábado, en el que los cristianos veneramos a la Santísima Virgen ¿De qué lío me puede sacar la Virgen? Pídele que te auxilie. ¿No es acaso tu Madre?
Cuando esté en apuros y cuando no, acudiré a mi Madre del Cielo.
Os aseguro que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y abrazándolos, los bendecía impo­niendo las manos sobre ellos (Mc 10,16).
Siempre lo es, pero hoy de forma especial: ¡Sábado y fiesta de la Virgen!, es la ocasión de hacernos niños y rezar muchas veces el Acordaos, un “auténtico chantaje” a la Virgen: Acordaos, ¡oh piadosí­sima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acu­do, oh Madre…”
Pide a la Virgen que auxilie también a las personas a las que quieres.
Propósito: Acordarme de rezar el “Acordaos”.

viernes, 1 de marzo de 2019

Mi amor es mi peso


¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? (Mc 10,2).
Jesús, pero ¿Qué está pasando? ¿Por qué tanta tragedia, tanto dolor? ¿No me pasará a mí también? Jesús, con razón me decía aquel ami­go: “Cuando el noviazgo es una comedia (todo vale), el matrimonio acaba en tragedia (ya, nada vale)”. Es en el noviazgo cuando pongo las bases, de lo que después será un hogar luminoso y alegre y no todo vale... Es tiempo de hablar y hablar. ¿De qué?: decía una abue­la: “Si la persona con la que sales, que empieza a gustarte, no tiene fe, entonces no tomes ni café; porque si te enamoras, luego ¿Qué haces?... Compartir amores es compartir valores.
Dicho de abuela sabia (un poco guerrillera): Si no tiene fe, ni café.
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (Mc 10,9).
Juan Pablo II escribió una obra de teatro El taller del orfebre en la que trata de las andanzas de varios matrimonios jóvenes en los que se ha terminado el amor. Un día Ana, una de las mujeres, decide entrar en la tienda para tasar su alianza matrimonial... El orfebre comprueba en la balanza que ¡no pesa nada! Asombrado mira por dentro y encuen­tra inscrita la fecha de la boda. Lo siento, su anillo no tiene valor, si no está junto al otro. Es lo que decía San Agustín: Mi amor es mi peso.
Pídele a Jesús por todos los matrimonios que conozcas.
Propósito: rezar por mis papás.

3+2 marzo 2019

Descargar el PDF


jueves, 28 de febrero de 2019

Jesús, Tú eres mi “recompensa”


Cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nom­bre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa (Mc 9, 41).
Jesús, soy un cazador de recompensas, como en las películas de vaqueros. Mira, en este mes, no sólo he servido el agua en la mesa, sino que también, he regado las plantas de mi mamá, he lavado el carro de papá, me he hecho la cama todos los días… ¡Tantas cosas buenas! Jesús, ¿qué me he ganado de recompensa...? ¿Sabes una cosa?, pensándolo bien no quiero más recompensa que tenerte a ti, parecerme a ti Jesús, que no te pierda nunca, que no pierda mi Recompensa.
Agradece a Jesús tantas cosas buenas y exígele tu Recompensa.
Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y sea arrojado al mar. (Mc 9, 42)
Jesús, ¡qué tonto soy! A veces me da por ser mayor y me pongo a ridiculizar delante de los demás la piedad e inocencia de los niños más pequeños: cuando van a Misa, hacen la Visita, voy, —idiota de mí—, y me río de ellos... Y lo hago sólo para quedar bien delante de mis amigos. Jesús, te pido perdón por si alguna vez he podido escan­dalizar a alguien, y más si fuera un niño.
¿Evito dar mal ejemplo, el escándalo, especialmente con los niños?
Propósito: ganar la mejor recompensa.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Se hace camino al andar


Maestro hemos visto a uno que echaba demonios en tu nom­bre, y se lo hemos prohibido, porque no era de los nuestros (Mc 9,38-40).
Oye Jesús, que mal me suena eso de no era de los nuestros, como si alguien tuviera la exclusividad en el amor a Dios; o ver en otros la competencia. ¡Qué horror! Nos lo recuerda San Josemaría: Me decías, con desconsuelo: ¡hay muchos caminos! —Debe haberlos: para que todas las almas puedan encontrar el suyo, en esa variedad admirable. ¿Confusionismo? —Escoge de una vez para siempre: y la confusión se convertirá en seguridad (Camino 964).
Pídele a Jesús un corazón grande y abierto, alérgico a las exclusividades.
Yo soy el Camino la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre si no es por mi (Jn 16,6).
Tantos caminos, tantas veredas: He andado muchos caminos, / he abierto muchas veredas; / he navegado en cien mares / y atracado en cien riberas (A. Machado). ¿Cuál es el mío? ¿Acertaré? No es fácil, ¡hay tantos!: Cada caminante siga su camino, nos recuerda el poeta. Jesús, Tu eres El Camino, y seguiré el consejo de San Josemaría: Es preciso atravesar el mundo. Pero no hay caminos hechos para voso­tros... Los haréis, a través de las montañas, al golpe de vuestras pisa­das (Camino 928).
¿Alguna vez haz hecho una peregrinación? Hazla, merece la pena.
Propósito: buscar mi camino

martes, 26 de febrero de 2019

Porque los iba instruyendo...


Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que na­die se enterase, porque los iba instruyendo (Mc 9,30).
Jesús, ¿de qué les hablabas? ¿Qué les contabas? Me imagino que les hablarías de tu Familia: lo mucho que te quiere tu Padre que está en el Cielo, y del Espíritu Santo que es todo Amor, de tu entrega, pasión y muerte por todos los hombres, pero que luego resucitarías... pero no entendían aquello. Los pobres se mirarían con cara de pasmados y por lo bajo dirían: ¿Pero es, o no es, el Mesías? ¿¡Pues entonces...!? Jesús yo tampoco entiendo tantas cosas: por qué mueren los niños, por qué hay guerras, hambre, dolor... Jesús, háblame, instrúyeme…
Dile a Jesús que quieres formarte hasta los 100 años por lo menos.
¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante (Mc 9,33-34).
Los discípulos, genio y figura hasta la sepultura. Como yo, que a veces tampoco me entero. Y lo peor es que me lo creo. Pienso que es­toy bien instruido, con buena formación, digo, por mi familia, porque asisto a clases de Religión. Jesús, pero no es suficiente… No puedo funcionar así, con los conocimientos de la 1°Comunión. Jesús, nece­sito conocerte mejor y dejarme formar asistiendo a charlas, círculos, meditaciones, retiros. ¿Por qué?: ¡Porque me da la gana!
Amar a alguien es conocerle mejor. Di que le quieres conocer más.
Propósito: conocerle mejor.

lunes, 25 de febrero de 2019

El Maestro está aquí y te llama


Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo (Mc 9,15).
Jesús, ¡lo que hace la Visita al Santísimo! Edith Stein, la que después sería Santa Benedicta de la Cruz, cuenta que de joven estaba llena de prejuicios racionalistas. Un día, paseando con un amigo católico, ella era judía, por la ciudad vieja de Fráncfort: entramos unos minutos en la catedral y, en medio de aquel silencio, entró una mujer con su bolsa del mercado y se arrodilló con profundo recogimiento para orar. Esto fue para mí algo totalmente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que yo conocía se iba sólo para los oficios religiosos. Aquí, en cambio, cualquiera en medio de su trabajo se acercaba a la iglesia vacía para un diálogo confidencial. Esto no lo he podido olvidar.
Jesús, que todos los días vaya a hacerte una “visitilla”.
En aquellos días, Moisés levantó la tienda de Dios y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó «tienda del en­cuentro». El que quería visitar al Señor salía fuera del campa­mento y se dirigía a la tienda del encuentro (Ex 33, 7-8).
Jesús, me han explicado que al Sagrario también se le llama Tabernáculo, que significa Tienda del encuentro. ¡Qué alegría! A mí también me gustan las acampadas: ir por ahí y poner la tienda de campaña. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como ha­bla un hombre con un amigo. Pero, ¿por qué no iré más a verte al Tabernáculo? Yo, como Moisés, pero sin barba.
Jesús, iré a visitarte a tu Tienda de Gran Jefe cada día.
Propósito: visitar al Gran Jefe.

domingo, 24 de febrero de 2019

Las “palabras” las carga el diablo


Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis con­denados, Perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará (Lc 6, 36-37).
Jesús, qué fácil es criticar, murmurar, marujear, despellejar vivo a al­guien, sin conocer los verdaderos motivos por los que hacen las cosas y que sólo Tú conoces. Es muy fácil criticar, pero es muy difícil valorar el daño que puedo causar con mis críticas. Las palabras pueden dar vida o matar. Su manejo debe ser tan delicado como el de los explosivos, el material radioactivo, los venenos y las medicinas, que se dosifican en fracciones de miligramos. Las palabras, una vez pro­nunciadas o escritas, toman aliento y una libertad imprevisible. Van de acá para allá, haciendo mucho daño.
Jesús, si no es para hablar bien de alguien mejor me quedo calladito.
Dad y se os dará (Lc 6,37).
Jesús, a veces soy muy tacaño con mis cosas, con mi tiempo, con mis ambiciones. No se dar, no se darme. Me doy cuenta de que esta actitud me empequeñece el corazón y, por eso, me hace incapaz de recibir tus dones. Hoy quiero aprender de Ti a ser generoso, y darte todo lo que me pidas: mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón;… tómalo, tuyo es y mío no (Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita…)
Ahora que Le has donado tu corazón, pídele un corazón como el Suyo.
Propósito: Y o ser chismoso o andar hablando mal…

sábado, 23 de febrero de 2019

Este es mi Hijo amado; escuchadle


Este es mi Hijo amado; escuchadle
Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos (Mc 9,2).
Jesús, hoy en la oración me voy contigo de excursión al monte. Como siempre te llevas a tus tres apóstoles montañeros, los íntimos. Yo haré de sherpa y subiré en mi mochila la merienda para todos. Jesús, ¡cómo te gusta el monte!: Tabor, Sinaí, Monte de las bienaventuran­zas, Gólgota... La ascensión es dura porque la montaña es alta, pero una vez arriba ¡Ha merecido la pena! ¡Qué vista! ¡Qué aire más lim­pio! Jesús, subir el monte es como hacer la oración: hay que poner esfuerzo, cuesta, pero luego todo se ve más claro y, además, Tú estás en la cima esperándome para transfigurarte, para darme más luces.
Una montaña no es alta si un amigo te espera arriba: Jesús me espera.
Se formó una nube que lo cubrió y salió una voz de la nube: —Este es mi Hijo amado; escuchadle (Mc 9,7).
Dios Padre ya no podía aguantar más, y aprovechó la ocasión: Este es mi Hijo amado; escuchadle. Se siente orgulloso de su Hijo al que quiere tanto. Señor, yo también quiero ser tu hijo amado porque con tu Gracia cada día me parezco más a Jesús, mi vida reflejará su Vida.
Jesús, para parecerme y reflejar tu vida, primero tengo que “escucharte”.
Propósito: hablar menos y escuchar más.

viernes, 22 de febrero de 2019

Cátedra San Pedro. No prevalecerán sobre ella


Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el po­der del infierno no la derrotará (Mt 16, 18).
El Papa Benedicto XVI sufrió los horrores y la persecución del nazismo en la 2ª Guerra Mundial. Él mismo lo cuenta: La Iglesia había sido, pese a las muchas debilidades humanas, el polo de oposición contra la ideología destructiva de la dictadura nazi; ella había permanecido en pie en el infierno que había devorado a los poderosos gracias a la fuerza proveniente de la eternidad. Nosotros teníamos la prueba: las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. Sabíamos, por experiencia propia, qué cosa eran las puertas del infierno y podíamos ver también con nuestros ojos que la casa construida sobre roca se había mantenido firme. ¿Quién le iba a decir que después él sería Piedra?
Pide por el Papa Francisco, para que sea piedra, roca, cimiento de la Iglesia.
Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en Cielo (Mt 16, 19).
Jesús, al Papa no le has dado las llaves del carro, o de un chalet en la playa. Le has dado las llaves de tu Casa, del Cielo. Por eso diré con San Josemaría: Todos con Pedro hacia Jesús por María.
Hazte amiguete de San Pedro para que cuando llegue el momento te abra la puerta.
Propósito: rezar a diario por el Papa.

jueves, 21 de febrero de 2019

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?


Por el camino preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas (Mc 8, 27-33).
Jesús, pues yo he oído todo tipo de tonterías: unos dicen que si eres un extraterrestre, un guerrillero, un hombre bueno, o un mito... Otros que si un incordio o un aguafiestas. Algunos no saben o no contestan (n.s. ó n.c.). Jesús, qué pena, han pasado 20 siglos y tantos que no saben (n.s.). Tantos que se dicen cristianos y no tienen ni idea, no contestan (n.c.). Funcionan con clichés, caricaturas, eslóganes, lo que han visto u oído en la tele. Nadie ha sabido explicarles, hasta ahora.
Dile a Jesús que quieres ser su portavoz: Llevar su voz a todos.
Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Pedro le contestó: Tú eres el Mesías Mc 8, 27-33.
Jesús, quieres saber mi opinión y me lo preguntas a quemarropa: Y tú Andrés, Mónica,... (pon tu name). ¿Tú, quién dices que soy yo? Venga, no mires atrás, respóndeme... Respuesta: —Jesús, mira mi vida, mis obras son elocuentes: desde que me levanto hasta que me acuesto pienso en ti, sueño contigo. Te lo diré con palabras de San Pedro: Tú eres el Mesías. Tú eres mi salvador.
Dile a Jesús, todo lo que piensas sobre Él. Despáchate a gusto.
Propósito: ser portavoz / explicar a n.s. y n.c. quién es Jesús.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Me saciaré de tu semblante


Llegaron a Betsaida. Le trajeron a un ciego, pidiéndole que lo tocase (Mc 8, 22).
—¡Despacio! ¡Que no tropiece! Trastabillando, aquel cieguecito fue llevado de mano en mano hasta la mano de Jesús. Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano. Pero aquella mano era diferente, pen­só el ciego, le guiaba seguro ¿Podría quizá éste poner fin a su cegue­ra? Otros lo habían intentado. ¿Traería colirios mágicos de Alejandría? ¿Se llevaría, como los otros, su dinero y su ilusión? El profeta empezó a hablarle mientras le humedecía sus ojos. Le untó saliva en los ojos, le impuso las manos. ¿Qué es lo primero que te gustaría ver? Al cie­go se le agolparon los deseos: árboles, hombres... Le preguntó: ¿Ves algo? Empezó a distinguir y dijo: Veo hombres que parecen ár­boles, pero andan.
Jesús deje de ser ciego.
Le puso otra vez las manos en los ojos: el hombre miró, estaba curado (Mc 8, 25).
Jesús, esta vez fue a la 2ª. El ciego de Betsaida necesitaba una se­gunda mano. Y a la 2ª fue la vencida: abrió los ojos y veía con toda claridad. ¿Qué es lo que vio tan claro? Te vio a ti, Jesús mío, y como el Salmo quizá exclamó: Me saciaré de tu semblante, Señor. Y ya no pudo dejar de mirarte.
Pide a Jesús que te eche todas las manos que haga falta: ¡Señor que vea!
Propósito: repetir, Señor quiero ver tu rostro.