jueves, 24 de mayo de 2018

Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote


Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer (Lc 22,15).
Jesús, hoy es un día para rezar por los sacerdotes: don Braulio, el cura de mi parroquia; don Ezequiel, que me bautizó; don David que me dio la Primera Comunión… Y es que para ser sacerdote hay que quererte mucho, Jesús mío, aunque no es exclusivo de los sacerdotes. El Santo Cura de Ars decía: El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús. Cuando veas al sacerdote, piensa en Nuestro Señor. Y también decía: ¡Oh! ¡Qué cosa es el sacerdote! Si él se percatara de ello, moriría... Quizá por eso hoy en Misa se dice: Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darle así testimonio constante de fidelidad y amor.
Jesús te pido por los sacerdotes conocidos, para que te quieran más.
Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros. (Lc 22,19).
Una noche de Navidad, San Juan María Vianney, sosteniendo la Sagrada Hostia sobre el Cáliz, la miraba «tan pronto con lágrimas como con una sonrisa. Parecía hablarle, y luego volvían a brotar las lágrimas y, más tarde, las sonrisas». Al acabar la Misa le dijeron que le notaron muy emocionado. El Santo Cura de Ars contestó: En efecto. Es que se me había ocurrido una idea rara. Le decía a Nuestro Señor: «si yo supiera que había de tener la desgracia de no verte durante toda la eternidad, ya que ahora Te tengo, no Te soltaría»
Dile: Jesús, ya que ahora te tengo, no te suelto.
Propósito: no soltar nunca a Jesús.