domingo, 6 de mayo de 2018

Jesús, quiero ver tu rostro


Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea completo (Jn 15,9.11).
Desde que te conocí, Jesús, me llamó la atención tu alegría contagiosa. No es posible pensar en Ti y no ver tu sonrisa maravillosa. No he encontrado en el mundo nadie más alegre, simpático y divertido que Tú, Jesús mío. Como escribía de ti un niño en un examen: En la mirada de Jesús es como si hubiera un tranquilizante que te quita el agobio de lo que sea. Si algún día estoy “tristón”, de “bajón”, entonces iré al Sagrario más próximo, me pondré de rodillas y te diré: de aquí no me muevo hasta que me llenes de gozo. Entonces sentiré tu mirada me reiré de mis tonterías y saldré feliz, flotando… y vuestro gozo sea completo.
Piensa en qué puedes coaccionar o chantajear a Jesús.
Vosotros sois mis amigos. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos (Jn 15,9.14-15).
¿Y tu sonrisa? ¿Jesús, cómo es tu sonrisa? Tu sonrisa es franca, limpia, da paz, contagia alegría. Yo me imagino -decía otra chico-, una sonrisa Colgate, una sonrisa de oreja a oreja, superalegre, con dientes más blancos que el azúcar. Jesús, pienso en Ti y me dan unas ganas locas de estar siempre contigo. Con el salmista diré: Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor; no me escondas tu rostro (Sal 26, 8-9).
Imagínate el rostro de Jesús: su sonrisa, su mirada, su pelo, su voz…
Propósito: ni braquets ni nada… ¡sonreír como Jesús!