viernes, 17 de febrero de 2012

Vergüenza, solo para pecar


El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará (Mc 8,35).
En 1247 San Simón Stock fue elegido sexto general de los Carmelitas. Como respuesta a sus súplicas de auxilio a su oprimida orden, la Virgen María se le apareció en Cambridge, Inglaterra, el domingo, 16 de julio de 1251. La Virgen se le presentó llevando un escapulario en la mano y se lo dio diciéndole: —toma, hijo querido este escapulario de la orden será como la divisa de mi confraternidad y para ti y todos los Carmelitas un signo especial de gracia; quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el castigo eterno.
u  ¿Tengo impuesto el Escapulario? ¿Lo llevo puesto o me da vergüenza?
Quien se avergüence de mí y de mis palabras, en esta generación descreída y malvada, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él (Mc 8,38)
Murió un soldado inglés en combate y le enviaron a su familia el reloj y el escapulario que llevaba. —Quiero que la lleves tú, dijo el padre a otro de sus hijos —Papá, no protegió mucho a mi hermano ¿No crees? —Claro que sí, mucho más de lo que te imaginas: Si caes herido y te llevan al hospital, saben que eres católico y te buscan un sacerdote… Fue lo que pasó con tu hermano. Me lo contó una enfermera…
u  Dile a la Virgen que la quieres mucho.
Propósito: vergüenza solo para pecar.