lunes, 23 de diciembre de 2013

¡Libertaaaaad!

Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación (Lc 21, 28).

Tengo que apurarme, mañana es Noche Buena y pasado Navidad. Y yo pensando en los regalos. Jesús, ayúdame a levantar mi mirada al cielo y a no pensar en las cosas de la tierra. O mejor, como soy un borrico, yo te enseñaré la tierra y Tú me enseñarás el cielo… Prepara mi corazón para ser libre en las fiestas que se acercan. Libérame de centrarme en los regalos que me den. Libérame de quererme comer yo solo los chocolates, dulces y galletas (en especial las que tienen formas navideñas). Libérame del WhatsApp, BBM y lo que me lleve a distraerme de estar con mi familia.

·        Eres libre, no lo olvides. No te vayas a dejar atar por cosas materiales

Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra (Aleluya).

Salvar, liberar… un Rey que se hace también barro, como nosotros, para salvarnos, para liberarnos. ¡Y a mí, me cuesta tanto ser humilde! Me contaron que en la Iglesia de la Gruta de Belén sólo hay una puerta y que mide poco más de un metro, para recordar a todos cuál fue la entrada de Dios a la tierra “la humillación” y cuál es el camino para encontrar a Jesús “la humillación”. Yo no soy importante, Jesús, pero a veces se me sube el apellido y la soberbia: ayúdame a ser más humilde para recibirte mejor.

·        Yo quisiera, Jesús, recibirte con la humildad y devoción con que te recibió vuestra Santísima Madre.


Propósito: hoy hacer muchos favores liberadores