sábado, 30 de diciembre de 2017

Besar y abrazar a Jesús

Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser (…) Daba gracias a Dios y hablaba del Niño a todos (Lc 2, 36.38).
–¡Mirá, si es la profetisa Ana!, dijo San José muy contento. Porque aquella mujer conocía a la perfección a todas las familias piadosas de Israel. Sesenta años sin apartarse del Templo y profetizando dan para mucho. –¡Mirá, si es José!, replicó a su vez Ana. –¡Pero qué bien acompañado te veo! Y José con emoción recordó y comprendió aquella misteriosa profecía que un día le hizo, aún siendo niño: ¡Oh feliz varón, bienaventurado José, a quien le será concedido no sólo ver y oír al Dios, a quien muchos reyes quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron, sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo!
En tu oración pide a la “Profetisa Ana” alguna profecía sobre lo que Dios espera de ti.
El Niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba (Lc 2,40).
Jesús, yo también te puedo abrazar, vestir y custodiar como lo hacía San José. Te abrazo y te beso en la Sagrada Comunión. Te acaricio en mi alma en la Santa Misa. Te visto con mi lucha por adquirir las virtudes. Te custodio y protejo en mi corazón para que nada ni nadie te saquen de ahí. Y el Niño va “creciendo y robusteciéndose” también en mi vida. Dame fuerza para resistir la presión de ambiente que nos va corrompiendo.
Como a San José, muchos reyes te tienen envidia por tratar a Jesús: dale las gracias.

Propósito: Cumplir la profecía de Ana.