viernes, 18 de abril de 2014

Viernes Santo. Cristo murió por nosotros; y muerte de Cruz

Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y Él, con la cruz a cuestas, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, donde le crucifi­caron (Jn 19, 16-17).
Jesús, me imagino que estoy en el Calvario acompañando a tu Madre. No puedo decir nada. Te veo. Estás allí, clavado en la Cruz, con la cara rota y el cuerpo destrozado y sangrante. Apenas puedes respi­rar, mientras te apoyas en tus pies atravesados por un clavo para tomar aliento. La boca abierta. La mirada triste, agonizante. ¡Jesús!, ¿qué te han hecho? Me miras… y toda mi vida me parece un sinsentido. Jesús, quiero consolarte, aliviar tu dolor. Que mi vida sea tu consuelo. Quiero aprender a servirte con mi vida.
·        Sigue contemplando y consolando a Jesús con tus palabras y tu cariño.
Padre, perdónales porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34).
Jesús, en la Cruz, todos tus gestos y palabras son de amor. Tienes los brazos abiertos, no porque estén clavados, sino porque quieres abra­zar a toda la humanidad en un abrazo cósmico. Entre tus brazos me acojo y con San Josemaría te digo: Soy tuyo, y me entrego a ti, y me clavo en la Cruz gustosamente, siendo en las encrucijadas del mundo un alma entregada a ti, a tu gloria, a la Redención, a la corredención de la humanidad entera. Quiero Jesús de verdad quererte y nunca más ofenderte.
·        Busca el crucifijo más cercano y llénalo de besos.

Besar el crucifijo o mirar la película de la Pasión (la de Mel Gibson).

jueves, 17 de abril de 2014

Jueves Santo. Te adoro con devoción, Dios escondido

Como amase a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13, 1).
Jesús, tu vida terrena está llegando a su fin y el corazón se te des­borda de ternura. No te reservas nada, no eres calculador, como yo tantas veces: los amó hasta el fin. ¡Te das del todo en la Eucaristía! Ardientemente he deseado comer con vosotros esta Pascua (Lc 22, 15), nos dices con San Lucas: ardientemente, te morías de ga­nas, con pasión deseabas que llegara ese momento para instituir la Eucaristía, el Dios con nosotros hasta el final de los tiempos. Jesús, todo para estar cerca de un tipo como yo, qué bueno eres Jesús, qué bueno eres, no me merezco que te entregues como alimento.
·        Sigue unos minutos. Agradécele que se haya querido quedar en la Eucaristía. Pídele que te aumente la FE.
Se levantó de la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó. Después echó agua en una jofaina y empezó a lavarles los pies a los discípulos (Jn 13, 4).
Jesús, al lavar los pies a los Apóstoles les estás grabando a fuego la clave de tu paso por la tierra: ser Dios es ser servidor de los demás. No basta saberlo, hace falta ponerlo en práctica cada día. Y ahí es­taban los pies de Judas, el traidor. ¡Qué cariño pondrías! Seguro que te esmeraste. Jesús, quiero ser como Tú, con un corazón grande, que sepa querer a todos, lavar los pies a todos, hasta los pies de los que me patean, que aprenda a servir.
·        Termina pensando a quién más puedes lavar los pies...

Propósito: lavar pies.

miércoles, 16 de abril de 2014

Miércoles Santo. Jesús, vales más que todo el oro del mundo

Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue don­de los príncipes de los sacerdotes, y dijo: ¿Qué me queréis dar a cambio de que os lo entregue? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata (Mt 26, 14-16).
Jesús, ¡qué mal negocio hizo Judas! ¡Qué estafa! ¡Le han engañado y se ha engañado a sí mismo! También a mí el demonio me quiere estafar. Como dice San Josemaría: El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salva­je que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer —que nada vale—, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad. (Camino 708). Jesús, que por nada te traicione, dame fortaleza para evitar el pecado.
·        Habla tú con Jesús y dile que nunca te dejarás estafar por el demonio.
Y mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de voso­tros me va a traicionar. Y, muy afligidos, comenzaron cada uno a decirle: ¿Acaso soy yo, Señor? (Mt 26, 22).
Jesús, los Apóstoles se quedan muy tristes por tu anuncio de traición. Te quieren de verdad, como yo. Lo han dejado todo para seguirte, ¿¡cómo yo!?... Pero admiten humildemente la posibilidad de que son capaces de traicionarte, se sienten débiles, capaces de lo peor. Jesús, yo también soy capaz de todos los errores y de todos los horro­res. Que sea humilde. Y si te traiciono en algo dame la fortaleza de ir corriendo a la confesión.
·        Pregunta a Jesús en qué cosas tienes que vigilar para no traicionarle.

Propósito: Antes morir que pecar.

martes, 15 de abril de 2014

Martes Santo. Jesús, antes morir que pecar

Cuando dijo esto Jesús se turbó en su espíritu, y declaró: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará. Los discípulos se miraban unos a otros no sabiendo a quién se refería (Jn 13, 21-22).
Jesús, te turbas, te conmueves, te duele. Después de todo lo que has hecho por Judas, el canalla va y te traiciona. Le has lavado los pies, le has llamado amigo… Cuántos momentos felices, cuántas bromas, cansancios, canciones, cuántos milagros había presenciado, y, lue­go… el pecado. Jesús, ¡ya no más! ¡No quiero ofenderte nunca más! ¡No quiero ser como Judas! Sé que te turba, que te duele, de manera especial, la traición de tus amigos. Jesús, con tu ayuda, nunca más. Pero lo que más te duele es que no te busque para pedirte perdón.
·        Aprovecha este rato de oración y pide perdón por tus pequeñas o grandes traiciones.
Entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Y Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo pronto (Jn 13, 27).
Jesús, las grandes traiciones, como las de Judas, vienen precedidas de pequeñas compensaciones egoístas. Los edificios no se caen de repente, sino que empiezan a salir grietas pequeñas, que se van abriendo, hasta que aquello se cae. Judas robaba de la bolsa… y tras el bocado entró Satanás. Jesús, con tu gracia ayúdame a des­cubrir esas grietas en mi alma. Y si me ayudas, me iré a confesar para que me pongan el cemento de la gracia en esas grietas.
·        Habla con Jesús sobre las grietas que piensas que hay en tu vida.

Propósito: nunca hacer de Judas

lunes, 14 de abril de 2014

Lunes Santo. Obras son amores y no buenas razones

María, tomando una libra de perfume muy caro, de nardo puro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume (Jn 12, 3).
Jesús, ¡cómo te quiere María! ¡Qué detalle! Tú la miras con infinito ca­riño y la dejas que haga lo que quiere. No es tanto la calidad del perfume muy caro de nardo puro sino el amor que María pone. Está demostrándote que vales más para ella que todo lo que cuesta aquel perfume tan caro. Jesús, y yo, ¿cómo te demuestro mi amor? ¿En qué se concreta? Me miras, también con cariño, como a María, y me susurras al oído: Obras son amores y no buenas razones.
·        ¿A qué huele mi vida? ¿Con qué buenas obras de amor perfumo mi vida?
Dijo entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregarle: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres? (Jn 12, 4-5).
Jesús, la misma historia de siempre. Ahora algunos tampoco entien­den que los cristianos queramos darte lo mejor (por eso critican a la Iglesia). No siempre es el amor a los pobres, lo que les lleva a pensar así, como no lo era el caso de Judas. Es simplemente falta de Fe, vi­sión humana, que impide luego amar de verdad a los pobres. Jesús, que sea generoso contigo, no solo con el dinero, sino también con mi tiempo, con mi esfuerzo y así te podré ver en cada uno de los pobres.
·        Sigue hasta los 10 minutos, piensa en obras de amor a Dios y a los demás. Y luego decídete hacerlas HOY.

Propósito: no ser tacaño con Dios.

domingo, 13 de abril de 2014

Domingo de Ramos. Jesús, que sea valiente

Las muchedumbres que iban a la fiesta, oyendo que Jesús se acercaba a Jerusalén, tomaron ramos de palmas, salieron a su encuentro y gritaban: Hosanna, bendito el que viene (Jn 12, 12-13).
Jesús, hoy comienza la Semana Santa. En pocos días vas a culminar tu misión en la tierra. Nos vas a dejar tu mandamiento nuevo del amor; vas a lavar los pies a tus discípulos; vas a pedir por los cristianos de to­dos los tiempos (también por mí); te me vas a entregar en la Eucaristía; vas a sudar sangre; te van a apresar y tus discípulos te abandonarán. Te azotarán y te golpearán; se burlarán de ti. Llevarás, con gran esfuer­zo, la Cruz de tu muerte y de mi salvación hasta el Calvario. Allí morirás perdonando.
·        Dile, con tus palabras, que no quieres dejarle solo ni un segundo en esta Semana Santa.
Jesús encontró un borriquillo y se montó sobre él, conforme a lo que está escrito: No temas, hija de Sión. Mira a tu rey, que llega montado en un pollino de asna (Jn 12, 14-15).
Una vez escuché la explicación de que si un rey se montaba en un burrito al entrar en una ciudad era señal de que llegaba con intencio­nes de paz, venía en paz para hacer la paz. Jesús, yo en esta Semana Santa quiero imitarte y -como decía San Josemaría – ser un sembra­dor de paz y alegría, especialmente en la familia. Jesús, que luche por no dejarme llevar por el egoísmo, el mal humor y los caprichos en la familia.
·        Concreta el cómo vas a vivir la alegría con tu familia.

Propósito: Sembrador de paz y alegría.

sábado, 12 de abril de 2014

Jesús, eres la Verdad, de verdad

Muchos, al ver lo que había hecho Jesús (la resurrección de Lázaro), creyeron en Él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús (Jn 11, 46).
Jesús, qué curioso, ante un mismo hecho dos reacciones opuestas: unos creen y otros acusan, como sucede ahora. Es lo que dice un filósofo: Dios actúa en el claroscuro, de modo que hay bastante luz para quien quiere ver, y bastante oscuridad para quien no quiere ver. Es querer. Jesús, tengo amigos que me preguntan por qué ahora no hay milagros espectaculares como los de antes… Yo les digo que mi­lagros hay pero que ellos no los ven: el milagro de la vida, una nueva vida, la confesión, entregar la vida entera a Dios, la Eucaristía…
·        Cuenta a Jesús el último milagro que hayas visto. Agradéceselo
Este hombre hace muchos signos. Si le dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán (Jn 11, 47).
¡Qué brutos! En vez de buscar la verdad piensan solo en su como­didad, en lo que más les conviene. Se cumple lo de San Pablo a los Romanos: Hombres que tienen aprisionada la verdad en la injus­ticia. Cuando se violenta la verdad todo es lícito. Jesús, que siga el consejo del poeta: ¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a bus­carla. La tuya, guárdatela. Ayúdame a no mentir y ser como un foco encendido para mi familia, amigos y conocidos.
·        ¿Amo la verdad? ¿Lucho por no mentir nunca?

Propósito: NO a las mentiras.

viernes, 11 de abril de 2014

La violencia ni vence ni convence

Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús (Jn 10, 31-42).
Jesús, lo de tus paisanos y su afición a lanzar piedras es impresionante. Si no fuera algo tan triste, sería para echarse a reír. Les gustaba eso de apedrear a la gente. ¡No perdían ocasión! Primero quisieron apedrearte a Ti, —nos lo acaba de contar San Juan—; también lo intentaron con aquella desdichada mujer: El que esté sin pecado que tire la primera piedra (Jn 8, 7). Al pobre de San Pablo en Tesalónica una lluvia de piedras casi le costó la vida: Apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad creyéndole muerto (Act 14,19). Y por último, San Esteban no tuvo tanta suerte y murió lapidado: Se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearle (Act 7,58). Y las peores tiradas de piedra son cuando uno pela cables.
·        A veces, las piedras que más duelen son los comentarios hirientes, las críticas. ¿Tiro yo piedras?
Él les replicó: Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál me apedreáis? (Jn 10, 31-42).
Jesús, ante la fuerza bruta respondes con sabiduría e ingenio. Porque quien usa la violencia ni vence ni convence, como decía San Josemaría. El que usa la violencia pierde cualquier autoridad y se descredita delante de Dios y de los hombres. Que no me deje llevar por la ira, que me controle.
·        Jesús, ayúdame a ser manso y humilde de corazón, como Tú.

Propósito: no tirar piedras a la gente

jueves, 10 de abril de 2014

Para Dios toda la gloria

Si alguno guarda mi palabra, jamás gustará la muerte. ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abrahám, que mu­rió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes tú? (Jn 8, 52-53).
Jesús, pero ¡qué tipos tan brutos esos fariseos! Cuántas veces se lo has repetido, pero no se quieren enterar. En el fondo no buscan la Verdad sino atraparte en alguna palabra para poder acusarte. Jesús, yo también, a veces, encuentro personas así: no les gusta la Verdad, son alérgicos a la Verdad y solo les interesa la manera de retorcer mis palabras, dejarme en ridículo, reírse de mí. Jesús, ayúdame a tener tu paciencia, esa mansedumbre que Tú has tenido siempre con los que no te comprenden.
·        Como en el chiste: Jesús, dame Paciencia… ¡Pero dámela YA!
Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada vale (Jn 8, 54).
Cuántas veces, Jesús, estoy buscando el éxito personal, el lucimiento propio: ser el más listo, el más guapo, el más inteligente, el más alto, y además ¡que se note! ¡Que todo el mundo lo diga! Jesús, ayúdame; quiero ser como aquel torero, Antonio Bienvenida, que cuando en la plaza recibía los aplausos del público, dando la vuelta al ruedo, mira­ba para arriba y saludaba —no al público sino más arriba, al Cielo—, mientras por dentro repetía: para Dios todo la Gloria, para Dios toda la Gloria. Jesús, ayúdame a ser más y mejor torero, atener humildad y no andar buscando que me reconozcan.
·        Regálale a Jesús toda tu gloria humana, y terminas.

Propósito: ser como el torero Antonio Bienvenida

miércoles, 9 de abril de 2014

La Verdad os hará libres

Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois en verdad discí­pulos míos, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8, 31-32).
Jesús, ¡cuánta mentira veo a mi alrededor!, ¡cuánta apariencia!, ¡cuánta falsedad! Veo cómo hablan algunos, cómo se arreglan, cómo se visten y pienso: ¡Qué gran mentira! Lo peor de todo es que a mí me pasa lo mismo: me gusta aparentar, fijarme en la marca, exagerar, provocar,… Jesús, Tú quieres que vaya bien, a la moda, elegante… Nada hay tan hermoso ni tan atractivo como el esplendor de la Verdad, la verdad en mi vida; una verdad que libera.
·        Dile a Jesús que quieres ser de Verdad, Auténtico, Cristiano al 100%.
Le respondieron: somos linaje de Abrahán y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices Tú: os haréis libres? Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: Todo el que comete pecado, esclavo es del pecado (Jn 8, 33-34).
Jesús, a veces, se me llena la boca cuando digo: ¡Soy libre! ¡Soy libre! Y resulta que luego no soy capaz ni de levantarme a la hora, ni de ayudar en casa, irme ayudar a una catequesis. Soy esclavo de un capricho, o prisionero de un programa de TV o de fut… ¿Soy libre? Me parece que no, hasta que rompa esas cadenas que me esclavizan: las 7 cadenas de los pecados capitales, las 7 cadenas de televisión, las cadenas de los vicios, las cadenas de algunas amistades que me pervierten.
·        ¿Qué cadenas voy a romper? ¡Cuento con la gracia de Dios!

Propósito: liberarme de la tele, al menos.

martes, 8 de abril de 2014

Jesús, que cuando me vean, Te vean

¿Tú quién eres? (…) Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy (Jn 8, 25.28).
Jesús, levantado o colgado significa crucificado. Jesús, les estás di­ciendo que sólo en la Cruz pueden entender quién eres. Y es que tu vida no se entiende sin tu misión redentora que culmina en la Cruz. Por las mañanas, recién levantado, al mirarme al espejo me pregunto: —Y yo, ¿quién soy?... Y por dentro una vocecilla me responde: —Eres Cristo, y tu cruz, lo que te santifica, es el estudio, ayudar en casa, ser buen amigo… Jesús, ¡que cuando me vean, Te vean!
·        Espejito, espejito ¿Quién soy? ¿Soy Blancanieves? … Soy ¡Cristo!
El que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn 8, 29).
Jesús, esta es la razón profunda de mi alegría: ¡Siempre estás con­migo! ¡Nunca me dejarás! Has prometido quedarte con los hombres hasta el último día. ¡Qué bueno! No me dejas sólo porque busco ha­cer lo que te agrada: perdonar al burro de mi hermano pequeño, aguantar a la insoportable de mi hermana mayor, cambiar el rollo de papel del baño, ir a Misa y confesarme con frecuencia… ¿qué más te agrada?
·        Pregunta a Jesús que más cosas le “agradan” y terminas.

Propósito: preguntar el espejo quien soy.

lunes, 7 de abril de 2014

Revestirme con las armas de la luz

La noche está avanzada, el día está cerca. Abandonemos, por tanto, las obras de las tinieblas, y revistámonos con las armas de la luz (Rm 13,12).
Hay una película: Lady Hawk que cuenta la triste historia de unos ena­morados. Por una maldición están condenados a estar siempre jun­tos, pero nunca podrán verse. Durante el día “ella” adquiere la forma de un halcón, y al llegar la noche “él” se transforma en un peligroso lobo en compañía de una misteriosa dama. Es la luz del día o la au­sencia de luz de la noche lo que marca el cambio. Jesús, pensaba en eso de las armas de la luz. Es tu gracia lo que me cambia: Paso de hombre-lobo a hijo de Dios. Eso sí que es una transformación.
·        Pide a Jesús que no quieres ser hombre-lobo, sino un buen hijo de Dios.
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinie­blas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8,12).
En la película el halcón (ella) es atravesado por una flecha, y para salvarla el muchacho la lleva a un mago, que vive en una torre. Los malvados descubren el sitio y los persiguen. Es de noche y la chica intenta salvarse subiendo a lo más alto. No tiene escapatoria, solo precipitarse al vacío…, pero en ese momento sale el primer rayo de sol y en plena caída se transforma en halcón, que majestuosamente emprende el vuelo y se salva.
·        Pídele a Jesús volar alto en este Año de la Fe.

Propósito: Con la Gracia, volar tan alto, tan alto...

domingo, 6 de abril de 2014

Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti

Y cuando se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ellas (Lc 19,41).
Jesús, pero como ¿Tú también lloras?; ¿cómo es posible? ¡Si eres Dios! Sin embargo me parece que no es la primera vez —eres reincidente, también lloraste por tu gran amigó Lázaro. “Jesús se estremeció en su interior, se conmovió y (…) comenzó a llorar. Decían entonces los judíos: Mirad cómo le amaba” (Jn 11, 33-35). San Josemaría nos recuerda: Jesús es tu amigo. —El Amigo. —Con corazón de carne, como el tuyo. —Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro... Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti (Camino 422).
·        Dile a Jesús que por nada del mundo quieres hacerle llorar
Lloró sobre ella, diciendo: ¡Si conocieras también tú en este día lo que te lleva a la paz!; sin embargo, ahora está oculto a tus ojos (…) porque no has conocido el tiempo de la visita que se te ha hecho (Lc 12,20).
Jesús, lo que más te duele de los hombres, de mí, lo que más te hace llorar es la ingratitud, la ceguera. Jesús, quieres traer la paz, la alegría a mi corazón y yo me empeño en no verte, en hacerme el “loco”, como que no te veo. Jesús, visitas mi alma en la Comunión, en la Confesión, cuando hago un rato de oración. Jesús, ¡Que te sepa reconocer!
·        ¿En qué cosas te haces el loco con Jesús?

Propósito: No hacerme el loco.

sábado, 5 de abril de 2014

Cinco minutos de Evangelio, por lo menos

Unos decían: Este es verdaderamente el Profeta. Otros: Este es el Cristo. En cambio, otros replicaban: ¿Acaso el Cristo viene de Galilea?
Jesús, el conductor del autobús que me lleva todos los días al cole se llama don Segundo. Es un hombre bueno, muy puntual, que hace ho­nor a su nombre: ¡Llega al segundo! Se lo decimos y se ríe. Y ya, en el colegio, encuentro la clase limpia y ordenada: ha sido Hortensia que por las tardes hace la limpieza. Jesús, ellos, quizá sin darse cuenta son Cristo. No son don Segundo, ni Hortensia: son Tú, Cristo que te haces presente. Este es el Cristo, que no ha venido a ser servido, sino a servir
·        Ahora habla con Jesús si sabes servir o eres un servido.
¿Por qué no le habéis traído? Respondieron los alguaciles: Jamás hombre alguno habló así. (Jn 7, 45-46).
Jesús, ¡qué bien hablabas! Los que te oían se quedaban boquiabier­tos, embobados (esta palabra se la aprendí de la muy fresa de mi hermana), escuchándote: ¡Más, más… otros cinco minutos más por­fa..! ¡La de la oveja perdida! ¡La del hijo pródigo! ¡Maestro, la última parábola! Jesús, Tú eres el Verbo hecho carne, eres La Palabra encar­nada y los Evangelios son La Palabra encuadernada, por eso cada día, después de leerlos, los beso, te beso a Ti.
·        ¿Leo los Evangelios todos los días?

Propósito: Servir y no ser servido.

viernes, 4 de abril de 2014

Jesús, que no sea miedoso

Entonces, algunos de Jerusalén decían: ¿No es éste el que buscan para matarle? Pues mirad cómo habla con toda liber­tad y nada le dicen (Jn 7, 25).
Jesús, te buscan para matarte; tu vida corre peligro pero no te escon­des, sino que continúas con tu misión de enseñar el Evangelio a todas la gentes. En cambio yo, Jesús, cuánta cobardía tengo a veces. Veo que debería decirle algo a ese amigo, o cortar una conversación cochina, o defender a la Iglesia o al Papa ante esa crítica. Pero soy un miedoso y me quedo allí arrinconado, escondido en mi silencio, y pierdo una oportunidad de dar la cara por Ti y darte a conocer.
·        Dile a Jesús que te dé una buena dosis de VALENTÍNA® (vía oral).
Jesús, enseñando en el Templo clamó: Me conocéis y sabéis de dónde soy (Jn 7, 28).
Jesús, quiero conocerte cada vez mejor. Quiero enterarme bien de tu vida para tratarte, quererte y luego poder transmitirla a los demás. Al regalarte aquella Historia de Jesús, puse como dedicatoria: Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo. Son tres etapas clarísimas. ¿Has intentado, por lo menos, vivir la primera? (Camino 382). Y cuando no entienda algo, que no me quede con la duda; lo preguntaré en la dirección espiritual.
·        Di a Jesús que le quieres conocer mejor cada día y terminas.

Propósito: conocerle mejor.

jueves, 3 de abril de 2014

No tengáis miedo. Abrid las puertas a Cristo…

Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en nombre propio, a ése lo recibiríais (Jn 5, 42).
Jesús, fíjate si soy medio burro que a veces pienso que ya te conozco lo suficiente y que me cansas. Entonces ya no te recibo. E incluso me quejo cuando tengo que estudiar el catecismo o asistir a una plática. —¿¡Otra vez Misa…!? ¡Qué aburrido! Tú, que te me acercas, que quieres ser mi amigo, y yo… no te recibo. Jesús, que te reciba siempre con alegría en los sacramentos, en los medios de formación.
·        ¿Cómo puedo recibir con alegría los sacramentos? Tal vez será quitándote las quejas.
¿Cómo podéis creer vosotros, que recibís gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que procede del único Dios? (Jn 5, 43).
Jesús, me doy cuenta que la fe se robustece con el estudio y con la formación. No es lógico que vaya creciendo en mi cultura, mi cien­cia, mi capacidad, y continúe con una formación religiosa de prime­ra comunión. Ya va siendo hora de sustituir en el alma los dientes de leche de niño por una dentadura fuerte: con mi formación y doctrina echaré el diente a cualquiera que se ponga por delante. Jesús, mi inteligencia es un chispazo de tu Sabiduría y, por eso, nada hay más razonable que creer y estoy dispuesto a demostrarlo…
·        Dos más dos: Cuatro. Dos más Dios: Infinito (y yo soy el dos).

Propósito: Quitarme las quejas.

miércoles, 2 de abril de 2014

Mi Padre sigue actuando y Yo también actúo

Dijo Jesús a los judíos: Mi Padre sigue actuando y Yo también actúo. (…) Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuen­ta nada que no vea hacer al Padre (Jn 5, 17.19).
Jesús, esto que leo El Hijo no puede hacer nada por su cuenta…, me trae recuerdos de la infancia. Cuando era pequeño, más peque­ño todavía, no te rías, un día mi papá me dijo: Hijo mío ya te estás haciendo un hombre. Ha llegado el momento de que aprendas a montar solo en bicicleta. Entonces, quitó las rueditas y agarrándome por detrás me dijo —Hijo, pedalea… Yo pensaba que él me sujetaba: Mi Padre sigue actuando y Yo también actúo. Y cuando quise mirar para atrás, estaba bien lejos. Todo orgulloso me gritaba: —pedalea, pedalea… y Tú, Jesús, me dices: —Pedalea, no te pares, así, muy bien…
·        ¿En qué cosas te está pidiendo Jesús que pedalees?
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; (…) porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió (Jn 5, 30).
Jesús, yo soy un voluntarista; lo que se dice un voluntas. Me creo que voy a ganar el Cielo, yo solo, a fuerza de bíceps, tríceps y cuádriceps. Y, de repente: ¡Cataplum chispúm! De buenas a primeras me vengo abajo y me doy con los dientes en el suelo. Jesús, que no me confíe de mí; que sólo me fíe de Ti y de tu Gracia.
·        Termina diciendo: Jesús, hágase tu voluntad… no la mía.

Propósito: Pedalear.

martes, 1 de abril de 2014

Aquí estoy

Había un hombre que padecía una enfermedad desde hacía treinta y ocho años. Jesús, al verlo tendido y sabiendo que lle­vaba ya mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres ser curado? (Jn 5, 3-4).
Jesús, ves a ese hombre que lleva tanto tiempo paralítico —¡trein­ta y ocho años!— y te compadeces de él. ¿Quieres ser curado?, le preguntas. Jesús, también a mí me haces preguntas: ¿Quieres ser curado? ¿Quieres que te ayude a superar este o aquel defecto? ¿Quieres que te dé alas para volar en tu vida interior? Jesús, te pa­recerá mentira pero… a veces te digo que no, que no me interesa comprometerme (tener dirección espiritual, hacer un retiro, asistir a una charla), no sea que me complique la vida. ¡Jesús no me dejes solo con mi egoísmo (huele tan mal)!
·        El amor de verdad exige compromiso. ¿Me comprometo con Dios?
El enfermo le contestó: Señor, no tengo un hombre que me introduzca en la piscina cuando se mueve el agua (Jn 5, 8).
¡Cuánta gente podría decir lo mismo!: Jesús, no tengo un hombre, no tengo a nadie que me eche una mano, que me ayude, que me oriente; nadie que me dé un buen consejo; nadie que me apoye cuando lo estoy pasando mal. Jesús, de los que están a mi alrededor, ¿puede quejarse alguno de mí? Jesús, que en el día del Juicio nadie pueda decir que no le ayudé. Tengo que abrir los ojos para que a nadie le falte mi cariño, mi ayuda, mi palabra de cristiano.
·        Cuéntale a Jesús a qué personas estás dispuesto a ayudar.

Propósito: Ayudar a los demás. Hacer apostolado.

lunes, 31 de marzo de 2014

Como los míos… no hay (padres) iguales

Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Galilea a Judea, fue a verle, y le pedía: (…) Señor, baja antes de que se muera mi niño (Jn 4, 46-47).
Jairo te fue a buscar para que le curases a su hijita de 12 años; la mujer cananea, la de los perrillos, consiguió que sanaras a su niña; también lo logró el padre de aquel chico lunático que se tiraba al fuego; incluso la Viuda de Naim, sin pedirlo, sin palabras, sólo con su mirada, consiguió que le resucitaras a su único hijo; hoy, en el Evangelio, es el funcionario de Cafarnaún. Todos estos padres angustiados no pedían para sí mis­mos, sino para sus hijos. Jesús, muchas gracias por darme unos papás que me quieren tanto, tanto, que siempre me llevan hacia ti.
u  Hay padres normales, fenomenales, pero como los míos no hay iguales.
Sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo es­taba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: Hoy a la una le dejó la fiebre (Jn 4, 51-53).
¡Vaya cara de susto se le pondría al pobre papá cuando vio que se le acercaban sus criados! —Esperaba lo peor… Me imagino que brincó de alegría cuando recibió la noticia: batió el record de salto de altura, seguro. Jesús eres el mejor antipirético, el mejor remedio contra la fiebre.
u  Repite muchas veces: ¡Jesús, muchas gracias por mis papás! Y ahora reza una estampa a don Álvaro por tu papá y tu mamá.

Propósito: Querer a mis papás.

domingo, 30 de marzo de 2014

No soy ningún “prodigio”, quiero hacer de Hijo Pródigo

Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento (Jn 9, 1).
¡Pobre hombre! Al ser ciego de nacimiento jamás pudo ver a su mamá, ni el amanecer, ni los colores, ni el rostro de sus hijos. Ahí se pasaba el día entero, a la luz del sol, pero en medio de la oscuridad y de la indiferencia de todos. Jesús, me recuerdas otra historia: Era el primer día de primave­ra. El metro estaba a rebosar. Llegó a su parada de siempre y antes de subir las escaleras para salir, se paró ante un hombre que pedía limosna. Tenía un cartel: «Soy ciego, deme algo». Como director de Marketing de una gran empresa le pidió permiso para cambiar el texto. A partir de ese momento le llovieron las limosnas.
u  ¿No seré yo también un poco ciego para las cosas de Dios?
Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé» (que significa Enviado). El fue, se lavó y volvió con vista (Jn 9, 6).
Por la tarde, el director de Marketing de regreso a casa, vuelve a pasar. No se sabe cómo pero el ciego le reconoció: —¿Ha sido usted, verdad? —Por favor ¿Qué es lo que ha escrito en el cartel? Pues muy sencillo: «Hoy comienza la primavera pero yo no puedo verla» (cfr Eduardo Camino, Formar líderes). Benedito XVI en la Pascua 2012 nos decía. La oscuridad amenaza verdaderamente al hombre (…) La oscuridad acer­ca de Dios y sus valores son la verdadera amenaza para nuestra existen­cia y para el mundo en general.
u  Para poder ver, tengo que limpiar los ojos del alma en la confesión.

Propósito: Evitar cuidar cerdos, cueste lo que cueste.

sábado, 29 de marzo de 2014

Humildad es andar en Verdad

El fariseo quedándose de pie, oraba para sus adentros: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo (Lc 18, 9-14).
Jesús, el fariseo de la parábola se creía muy bueno: No soy como los demás hombres. Sólo le hace falta decir: No me beso porque no me llego, que sino… Jesús, no hay cosa más fea que eso de colgarse me­dallas y hablar bien de uno mismo: Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. Jesús, ¡ayúdame a ser humilde! ¡Que no me lo crea!
u  Santa Teresa: Humildad es andar en verdad. Tengo que ser verdadero.
Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado (Lc 18, 9-14).
De la mano de San Josemaría: Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad: —pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás; —que­rer salirte siempre con la tuya; —disputar sin razón o —cuando la tie­nes— insistir con tozudez y de mala manera; (…) —despreciar el punto de vista de los demás; —no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;(…) —citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones; —hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan (Cfr. Surco 263).
u  Sigue leyendo por tu cuenta Surco 263. ¿No te sientes retratado…?

Propósito: No colgarme medallas.

viernes, 28 de marzo de 2014

El primer mandamiento es ESCUCHA

¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús res­pondió: Escucha, Israel, el Señor Dios nuestro es el único Señor (Mc 12, 28-30).
Jesús, me lo puedes decir más fuerte, pero no más claro: ¿Qué es lo primero? ¿Qué es lo más importante? Me respondes: Escucha, Israel…, escucha, Marta; escucha, Andrés; escucha Jorge, escucha….. (pon tu nombre). Jesús, al hacer cada día el 3+2, mi rato de oración, no te oigo, me cuesta conectar contigo. Quizá es que tengo que bajar el volumen de mi ruido interior, vaciar la cabeza de pájaros y ponerme a la escu­cha. ¡Qué alegría cuando sintonizo! ¡Qué maravilla cuando oigo tu voz! Jesús, estoy a la escucha. Pero, por favor, no hables tan bajito.
u  Primero sintoniza y luego escucha lo que Jesús te quiera decir.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas (Mc 12, 28-30).
Jesús, se ve que no te gusta compartir, ¡lo quieres todo, me quieres del todo! Eso de amarte completamente y con exclusividad me parece ¡tan difícil! Sabes, Jesús, me gusta el tenis y los perros y Harry Potter y, no te rías, Jesús, me gusta estar jugando Flappy Birds y tantas otras cosas. Jesús, qué bueno eres, porque queriéndote a ti, con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas, amo todas esas cosas que me gustan y sobre todo amo a mi prójimo.
u  Cuéntale lo que más te gusta.

Propósito: Sintonizar.

jueves, 27 de marzo de 2014

Jesús: Siempre contigo

El que no está conmigo, está contra mí (Lc 11, 23).
No caben las medias tintas. Jesús, en esto de ser cristiano no valen las gamas de grises ni las mediocridades; hay que involucrarse, implicarse, mojarse, darse color, diría un amigo mío. O contigo, o contra ti. Qué absurdo cuando oigo: Yo soy cristiano, pero no practicante. Eso sí que es lo peor: un cristiano fofo, frío, entibiado. San Pedro, con palabras inspi­radas, recrimina a los cristianos corrompidos de su tiempo –también los había–, que en ellos se cumple aquel proverbio tan acertado: el perro vuelve a su propio vómito y la cerda lavada a revolcarse en el fango (2 Pet 2, 22). ¡Qué bárbaro!
u  Jesús, ¿te he dejado alguna vez solo? Nunca más, Jesús, nunca mais.
El que no recoge conmigo, desparrama (Lc 11, 23).
Jesús, yo no quiero ser ni malo ni malote, ¡de verdad que no quiero serlo!; pero lo peor es que me conformo con ser buenecito, normal, uno más del montón. Me pasa como aquel muchacho al que su profesor le animaba a salir de la mediocridad, del montón y éste respondía: Es que debajo del montón ¡se está tan calentito…! Jesús, ahora es tiempo de héroes, de santidad: El que no recoge conmigo, desparrama. Jesús, que no me desparrame más, que me decida a ser santo ¡de verdad!
u  Anímate a pedirle a don Álvaro que te ayude a tomarte en serio la santidad.

Propósito: Salir de debajo del montón.