martes, 21 de octubre de 2014

Dichoso el que espera al Amado

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame (Lc 12, 35-36).
Cuando era pequeño, más pequeño todavía (no te rías de mi), a veces, mis hermanos y yo antes de irnos a la cama, recién bañados y con la piyama puesta, esperábamos con ilusión junto a mi madre el regreso de papá. A veces tardaba pero no por eso nos cansábamos. Cuando oíamos el motor del carro o el ruido de las llaves, corríamos como locos a abrirle la puerta, darle besos, colgarnos de su cuello. Jesús, es así como quiero preparar mi alma cada vez que te me acer­cas en la Comunión y en la Confesión. ¡Qué ganas de estar contigo!
¿Cómo me preparo por dentro y por fuera para recibir a Jesús?
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuen­tre en vela: (...) Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos (Lc 12 37-38).
Dichosos al cuadrado o mejor elevado a la n: (dichoso)n dichosisisí­simos. Jesús, eres como las novias, te encanta hacernos esperar, nos tienes en vilo día y noche. Y cuando menos lo espero en la oración te metes a raudales en mi alma y me llenas de tus luces. ¡Ha valido la pena la espera! ¡Merece la pena esperar a Jesús!
Irme preparando para el próximo encuentro con Jesús.

Propósito: repasar mates ¿qué es eso de elevado a la n? 

lunes, 20 de octubre de 2014

Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón

Un hombre rico tuvo una gran cosecha. (...) Y se dijo a sí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túm­bate, come, bebe y date buena vida» (Lc 12, 16.19).
Jesús, el padre de mi amigo tiene un carrazo, un BMW último modelo. Sabes, cuando lo lava, utiliza botellas de agua mineral para, dice él, no rayar la pintura. Creo que se pasa un pelín. Lo que en el fondo le pasa es que en él se cumple aquello de donde está tu tesoro allí está tu corazón. Por eso me recuerda al hombre de la parábola. Se ha hecho esclavo de sus bienes y aunque se diga túmbate, come, bebe y date buena vida, no es capaz, pues siempre querrá tener más y más y más… ¡Qué agobio!
No dejarme esclavizar por los videojuegos, internet, móvil y demás.
Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?» Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios (Lc 12,20).
Como aquella señora sorda que preguntó en el funeral si el difunto había dejado mucho... —Todo, señora; lo ha dejado todo. Y entonces ¿de qué sirve acumular tantas riquezas? Jesús, solo merece la pena invertir en Bonos del Tesoro, pero del Tesoro en el Reino de los Cielos. Amontonad en cambio tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón (Mt 6, 20-21). ¡Merece la pena!
Jesús, te nombro mi asesor financiero. ¡Máxima rentabilidad!

Propósito: no ser Don Angustias.

domingo, 19 de octubre de 2014

Queremos ver a Jesús

Le presentaron un denario. Él les preguntó «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César» (Mt22,15-21).
A veces, al encontrarme con alguien me viene a la cabeza: —¿Pero dónde he visto antes esa nariz? ¿Aquella sonrisa? ¿Ese gesto?... Son rasgos que identifican a una familia: ¿No serás hijo de…? ¿Hermano de…? De los parecidos se sacan filiaciones. ¿De quién son esta cara y esta inscripción? Jesús, me miro al espejo y pienso: Soy Hijo de Dios; estoy hecho a su imagen y semejanza; soy otro Cristo, el mismo Cristo. Jesús, ayúdame a no dar gato por liebre, que sepa reflejar tu luz y tu imagen a los que me rodean. Queremos ver a Jesús (Jn 12,21).
Jesús, aunque soy bastante cara-dura quiero reflejar siempre tu rostro.
Y nosotros, que llevamos la cara descubierta, reflejamos la Gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; así es como actúa el Señor (2 Cor 3,15-4.1).
Se cuenta la historia de un escultor, Gregorio Fernández, al que le encargaron un Cristo yacente. Para tallar el cuerpo no tuvo especial dificultad pero cuando quiso esculpir el rostro sintió que no era capaz. Entonces se puso a rezar y a hacer penitencia, y al final lo consiguió acertadamente. Parece ser que un día se le apareció el mismo Cristo que le preguntó: —¿Dónde me viste que tan bien me retrataste? —En mi corazón Señor.
Buscar el rostro de Cristo en mi corazón y esculpirlo en mi vida.

Propósito: hacer bodybuilding.

sábado, 18 de octubre de 2014

San Lucas. María guardaba estas cosas en su corazón

Ya que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, si­guiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fue­ron testigos oculares (Lc 1,1-3).
Jesús, San Lucas es un ¡crack! Es un hombre concienzudo, acostumbrado a ir hasta el fondo de las cuestiones. No en vano es médico, el Médico amado le llama cariñosamente San Pablo. Sus historias clínicas debían ser exhaustivas: ¿Alergias? ¿Pasó la rubeo­la?... Pero sobre todo Lucas es el Evangelista de la infancia de Jesús. Seguro que pasó largas horas escuchando a la mejor testigo ocu­lar, María: —¿Y cómo fue lo del Ángel?... ¿Y entonces qué te dijo tu prima?... ¿Y lo de los Magos?... ¿Y qué es lo que guardabas en tu corazón? …
Como Lucas haz tú una entrevista a María: ¡cuéntaselo todo!
Yo también, después de comprobarlo todo exactamente des­de el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido (Lc 5,20).
Venga Pe-Lucas, le diría la Virgen, deja de comprobarlo todo exac­tamente y com-prueba lo rico que me ha salido el pastel. A ver, ¿qué te ha inspirado hoy el Espíritu Santo? Y el listo de Lucas leyó: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo… (Lc 1,28). Y Ella se volvió a turbar al oír esas palabras.
Recuerda a María los momentos bonitos de su vida y terminas.

Propósito: contratar al Dr. Lucas como médico de mi familia.

viernes, 17 de octubre de 2014

San Ignacio de Antioquía. No tengáis miedo

A vosotros, amigos míos, os digo: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer nada más (Lc 12, 4).
Jesús, a mí, lo que más miedo me da, son las arañas, los tiburones, los perros grandes y la oscuridad. Me pasa como aquel niño pequeño al que preguntan: –¿Ya rezas?; –Sí, por la noche. –¿Y por la mañana no? – N o; por la mañana no tengo miedo... También me da miedo perder el autobús, perder a los amigos, perder clases… La verdad, me da miedo. ¿Sabes lo que hago cuando tengo miedo?: me agarro fuerte de la mano de mis padres y se me pasa. Jesús, esto lo he aprendido de Ti: cuando en el Huerto de los Olivos sentías aquella angustia, aquel miedo tan terrible, entonces acudiste a tu Padre: ¡Abba, Padre! Le llamabas papá, papaíto y se te pasó el miedo.
Y a ti ¿qué te da miedo? Díselo a Jesús. Es el mejor quitamiedos.
¡Soy yo, no tengáis miedo! (Mc 6, 46).
También San Ignacio de Antioquía, tuvo miedo al martirio cuando fue llevado al circo de Roma para ser devorado por los leones. Sin embargo escribía: «Dejad que sea pasto de las fieras, ya que ello me hará posible alcanzar a Dios. Soy trigo dé Dios y he de ser molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo (…). Quiera Dios que tenga el gozo de ser devorado por las fieras que me están destinadas; lo que deseo es que no se muestren remisas; yo las azuzaré para que me devoren pronto, no suceda como en otras ocasiones que, atemorizadas, no se han atrevido a tocar a sus víctimas. Si se resisten, yo mismo las obligaré.» Jesús, San Ignacio no era un loco. Prefirió perder su vida a perderé a ti.
Dile a Jesús que lo único que te da miedo es perderle.

Propósito: no ser tan miedoso. 

jueves, 16 de octubre de 2014

Las llaves del saber

¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas, después que vuestros padres los mataron! (Lc 11, 47).
Jesús, menudas lindezas les decías a los fariseos. No te dejabas llevar por lo políticamente correcto. Me recuerda cuando Juan Pablo II, al poco de ser elegido Papa, viajó a París. Tenía previsto recibir a un grupo multitudinario de jóvenes. Allí estaban también obispos, cardenales, etc. Después de los aplausos iniciales, el Papa empezó un discurso, con la voz que tenía entonces… En un momento dado, sin venir a cuento los jóvenes le interrumpieron con voces y aplausos: —¡Viva el Papa! El Santo Padre les cortó con fuerza: —¡Basta! ¡Callaos! Se hizo un silencio increíble. En voz baja un obispo murmuró: —Esto es el fin. Después, todos, rompie­ron en una carcajada imponente, una carcajada liberadora, a la que siguieron nuevos aplausos. Desde 1968 nadie había osado, ni en privado ni en público, decir no, hacer callar a los jóvenes. Aquellos chicos se percataron que el Papa nada tenía que ver con la superficialidad a la que estaban acostumbrados.
Jesús, ayúdame a ser políticamente incorrecto y a dejarme exigir.
¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con las llaves del saber! (Lc 11, 52).
De broma, uno comenzó a tararear: ♫ Dónde están las llaves, matarile rile rile…♫ Y todos miraron con sospecha a San Pedro. —¡Que no os en­teráis de nada! gruñó Simón Pedro. —Son otras llaves, no la de los Cielos, sino las llaves del saber. Pero acaso ¿no son las mismas?
Jesús te pido por los catequistas, profesores ¡Qué responsabilidad!

Propósito: conseguir copia de esas llaves. 

miércoles, 15 de octubre de 2014

Santa Teresa. Determinada determinación

Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondi­do estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla (Mt, 11,25-26).
Jesús, hoy celebramos a una gran Santa: Teresa de Ti, Tu Teresa; Santa Teresa de Ávila o mejor, Santa Teresa de Jesús, que me gusta más. Es por aquella aparición que tuvo al pie de las escaleras del Convento de la Encarnación en Ávila. Bajaba la Santa y se encontró con un niño que le pregunta: ¿Tú quién eres? Yo Teresa de Jesús; ¿Y tú? Yo Jesús de Teresa.
Dile a Jesús que tú también, como Santa Teresa, quieres ser suyo.
Sí, Padre, así te ha parecido mejor (Mt, 11,26).
De la boca de los niños y de los santos salen grandes verdades; Sta. Teresa tenía una boca grande: Importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo, como muchas veces acaece con decirnos: «hay peligros», «fulana por aquí se perdió», «el otro se enga­ñó», «el otro, que rezaba mucho, cayó», «hacen daño a la virtud», «no es para mujeres, que les podrán venir ilusiones», «mejor será que hilen», «no han menester esas delicadeces», «basta el Paternóster y Avemaría» (Camino de perfección, cap. 21, 2).
Pide a Jesús una determinada determinación de no parar hasta llegar.

Propósito: Hacerme amigo de los amigos de Jesús, de Santa Teresa.

martes, 14 de octubre de 2014

Tú eres el Hijo de Dios

Cierto fariseo le rogó que comiera en su casa. El fariseo se quedó extrañado al ver que Jesús no se había lavado antes de la comida (Lc 11,38)
Aquel hombre, el fariseo, no podía ser amigo de Jesús. Se dejó llevar por las apariencias, por las primeras impresiones, por la crítica. Pero lo peor era que juzgaba las intenciones, era falso, casaquero, rollero. El apóstol Bartolomé “alias” Natanael, también se dejó llevar por las pri­meras impresiones: —¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Jn 1,46). Pero no era retorcido, complicado interiormente. Reconoció su error y se ganó los elogios de Jesús: —Aquí tenéis un verdadero israelita en quien no hay doblez (Jn 1, 47). Jesús ¿Cómo soy yo por dentro? ¿Tengo doblez? ¿Por qué juzgo tanto? Ayúdame a no ser falso, hipócrita, murmurador, a saber rectificar cuando meta la pata.
¿Me dejo llevar por las primeras impresiones?
El Señor le dijo: Así que vosotros, los fariseos, purificáis por fue­ra la copa y el plato, pero vuestro interior está lleno de rapiña y maldad”. (Lc 11,39)
Jesús, que bien conoces los corazones, no te quedas en los hechos, en las apariencias. Le contestó Natanael: —¿De qué me conoces? —Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la hi­guera, te vi (Jn 1,48). Me ves y te llenas de alegría porque encuentras un corazón limpio, sin maldad.
En lo que queda de oración invita a Jesús a conocer tu corazón.

Propósito: lavarme las manos antes de comer, sin ser fariseo.

lunes, 13 de octubre de 2014

De perdidos al río… digo, al retiro

Habiéndose reunido una gran muchedumbre, comenzó a de­cir: Esta generación es una generación perversa; busca una señal y no se le dará otra sino la señal de Jonás (Lc 11, 29-32).
Jesús, que bonita la historia de tu gran amigo Jonás. Era lo que ahora llamamos un profeta menor, no por la altura, ni por peso, sino porque escribió poco. El caso es que escapando de cumplir la voluntad de Dios, —como yo, a veces— fue engullido por un pez enorme. Allí den­tro, un sitio calentito, tranquilo, silencioso hizo su curso de retiro de 3 días. Se dio cuenta de lo mucho que Dios le quería. Volvió cambiado, irreconocible, feliz. Se puso a hacer apostolado y convirtió a toda la ciu­dad: Nínive. Jesús, ¡qué estupendos son los retiros! ¡Cómo me ayudan!
Repasa los propósitos del último retiro ¿Ya hice mi retiro este año?
La reina del Mediodía se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los extre­mos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón (Lc 11, 29-32).
La Reina de Saba, y Salomón y los Reyes Magos y Moisés y los once her­manos de José, y la Burra de Balaám, y Noé y la hija de Jairo y Abrahám y Jonás y la Magdalena, y… tantos personajes bíblicos, me tienen en­vidia ¿Por qué? Por poderte recibir en la Eucaristía Jesús mío. ¿Me doy cuenta? ¿Lo aprovecho? ¿Lo valoro? Pide ayuda a San José.
Reza la oración: ¡Oh feliz varón, bienaventurado José, a quien le fue concedido!

Propósito: Apuntarme al próximo curso de retiro…

domingo, 12 de octubre de 2014

Tengo preparado el banquete

El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados (Mt 22,1-3).
Jesús, me gusta que compares la bienaventuranza eterna con un ban­quete. —¿Cómo será el Cielo? Pues como una Banquete de bodas, o una Cena de Navidad, en la que las almas podremos saciarnos de feli­cidad. Fíjate: si nos da tanta alegría estar en la tierra rodeados de gente querida, primos, abuelos, hermanos, alrededor de una mesa repleta de cosas ricas, ¡imagínate lo que será el Cielo! Allí te reconoceremos des­pués de tantos ratos de oración y podremos contemplar y gozar de tu rostro, hablaremos con tu madre la Virgen, con San José, con los ángeles y los santos. ¿Habrá Ketchup? Ya sabes que me vuelve loco. Un cielo sin Ketchup es menos cielo
Dile a Jesús que te reserve sitio entre los invitados. ¿Se podrá repetir?
Está preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto, venid a la boda. Los convidados no hicieron caso.
Jesús, que fuerte eso de que los convidados no hicieron caso. A todos nos has invitado a ir contigo, pero no todos quieren. Así, el Cielo es para los que buscándote son felices en la tierra. Ya en esta vida, estando cerca de Ti, es un medio Cielo. Y el Infierno es para aquellos que no han querido hablar contigo en la tierra. No os conozco (Mt 25,12) nunca me habéis hablado. Jesús, tú no condenas a nadie ¡si eres más bueno que el pan! Somos cada uno los que decidimos qué hacer con nuestra vida y Tú respetas la libertad.
Recuerda a María aquello de: ahora y en la hora de mi muerte.

Propósito: ser feliz en la tierra y en el cielo.

sábado, 11 de octubre de 2014

Virgen del Pilar, ruega por nosotros

El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado.
Cuando los Apóstoles se repartieron el mundo entonces conocido, al Apóstol Santiago le tocó en suerte el sitio más lejano, el fin del mundo: Finis Terrae. Pobre Apóstol, desanimado, lloroso, repetía a orillas del Ebro: —¡Qué brutos son los hispanos, pero qué brutos…! No hay mane­ra; si lo sé, no vengo. Y en esto, recibe la visita de la Virgen, que desde lo alto de un pilar, de una columna —la Virgen del Pilar—, le anima: —Hijo del Trueno, sigue, no te canses de mis hijos hispanos; que lo que tienen de brutos lo tienen de buenos. —Venga, vale, seguiré solo un poco más, dijo Santiago el Mayor. Y por eso estamos aquí tú y yo, muy brutos, pero en el fondo muy buenos, muy chulos.
Dale las gracias al Apóstol y proponte ser algo menos bruto.
Pero Él replicó: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan (Lc 11, 27-28).
Mañana domingo, aunque no se celebra, es la fiesta de la Virgen del Pilar. Se ha organizado un concurso Open de piropos a nuestra Madre. El 1º participante es el mismísimo Arcángel San Gabriel: Llena eres de Gracia, el Señor es contigo (Bastante bien). Sta. Isabel: Bendita Tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre (Muy bien). Pero el ganador es Jesús: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan.
Participa en el Open, por el 2º premio con tus piropos preferidos.

Propósito: Guapísima, Bombón, Madre mía, Madre de Dios...

viernes, 10 de octubre de 2014

Jesús, siempre contigo

El que no está conmigo, está contra mí (Lc 11, 23).
Aquí no caben las medias tintas. Jesús, en esto de ser cristiano no vale las mediocridades; hay que involucrarse, implicarse, meter el hombro, diría mi amigo Peter. O contigo, Jesús, o contra Ti. Qué absurdo cuando oigo: yo soy cristiano pero no practicante. Es como decir: Soy escritor, pero no escribo… Eso es lo peor, un cristiano frío, entibiado. San Pedro, con palabras inspiradas, recrimina a los cristianos corrompidos de su tiempo, que también los había, en quienes se cumple aquel proverbio tan acertado: el perro vuelve a su propio vómito y la cerda lavada a revolcarse en el fango (2 Pet 2,22). ¡Qué fuerte!
Jesús, ¿te he dejado alguna vez solo? Nunca más, Jesús, never.
El que no recoge conmigo, desparrama (Lc 11,23).
Jesús, ya me conoces ¿¡Qué te voy a contar!? Sabes cómo soy: mis talentos y mis miserias. No es que no te quiera, sino que a veces… me desparramo. No es que desparrame el agua o la leche del desayuno, sino que me desparramo, me pierdo, me ganan las pasiones, ¡son tan grandes las tentaciones! Pero de las caídas saco impulso. No son fracasos, porque al pedirte de nuevo perdón me llevas a recogerme de nuevo en Ti. A partir de ahora contaré más con tu gracia, y aunque parezca medio zombi, con tu ayuda espero algún día llegar a ser Santo.
Pide a Jesús espíritu de recogimiento: recoger la habitación, los libros..., los sentidos para Dios.

Propósito: no desparramarme tanto.

jueves, 9 de octubre de 2014

Quien no se ríe de sí mismo nunca será una persona seria

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará un piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? (Lc 11, 5-13).
Jesús, me encanta y divierte tu buen humor. Sabías des-dramatizar y reírte de las situaciones, ¡no de las personas! Usabas imágenes graciosas, como aquella otra al entrar en Jerusalén: Si estos callaran, las piedras darían voces… (Lc 19,40). ¿Contabas chistes? ¿Sabías imitar? Seguro que sí, para hacer reír a alguno de tus ceñudos apóstoles que a veces se lo tomaban todo muy en serio, o es que quizá estaban un poco cansados… —¿No sabéis aquel chiste de un hombre que una vez…?
Jesús ¿Quieres que te cuente un chiste? Aunque es malo, no te importa ¿verdad?
Hombres de Galilea, ¿Qué hacéis mirando el Cielo (Act 1,11)
¿Y los ángeles, tienen buen humor? Aunque son solo espirituales, parece que sí: después de la Ascensión, unos ángeles burlones fueron a espabilar a los apóstoles que se habían quedado con la boca abierta: Hombres de Galilea, ¿Qué hacéis mirando el Cielo ¿Y los santos? También tienen buen humor (condición sine qua non): Un santo triste es un triste santo (San Fco de Sales); Dame, Señor, el sentido del humor; dame el saber reírme de un chiste (Sto Tomás Moro); Solo contaba con 26 años, gracia de Dios y buen humor… (San Josemaría).
Jesús: dame buen humor, que no me tome demasiado en serio.

Propósito: contar chistes a Jesús (intentar que sean buenos).

miércoles, 8 de octubre de 2014

¡Porque has sido fiel en lo poco!

Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho (Lc 11, 1-2).
¡Cómo me impresionó! No fue solo su piedad, su amable conversación, ni su natural elegancia, ni siquiera su buen gusto. Lo que realmente me impresionó fue que cambió el rollo de papel en el baño… No nos olvidemos, decía un poeta, que los hombres, a lo más que pueden llegar, es a ser hacedores de cosas pequeñas. Y quizá, algún día, con la gracia de Dios oiremos aquello de: Muy bien siervo bueno y fiel. Porque has sido fiel en los poco… (Lc 19,11), porque cambiaste el rollo de papel y ordenaste la habitación y recogiste la cena y te hiciste la cama…
Dile que te ayude a descubrir cómo amarle en las cosas pequeñas.
Dios conoce vuestros corazones; porque lo que parece ser excel­so ante los hombres, es abominable delante de Dios (Lc 11,3-4).
Jesús, no hay cosa más absurda que hacer trampas jugando al solitario. Y es que es de tontos eso de engañarse a sí mismo. Jesús, tú me conoces mejor que yo, hasta el último rincón de mi alma, de mi conciencia. Qué no quiera aparentar, dar imagen, que no me engañe, porque lo que parece ser excelso ante los hombres, es abominable delante de Dios Jesús, quiero dar sólo tu imagen.
Ayúdame a hacer todas las noches un buen examen de conciencia.

Propósito: cambiar el rollo (por ejemplo).

martes, 7 de octubre de 2014

Nuestra Señora del Rosario. Más que Tú, solo Dios

Por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones (Lc 1, 48).
Miguel de Unamuno, en 1929, durante su destierro en Hendaya (Francia) iba cada día a orillas del mar: leía el evangelio de San Juan y contemplaba nostálgico la costa de su añorada España. Las olas que, incansables, irrumpían en la playa, le recordaban el paso lento de las cuentas de un “Rosario”: un rosario cósmico rezado por el mar. Y es que el Rosario es como el eco de una ola que choca contra la orilla, la orilla de Dios… y otra ola que viene de Dios: Dios te salve María…, una ola viene; Santa María… otra ola va.
Jesús: hago el propósito de rezar cada día con más cariño el Rosario.
Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava (…) ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso (Lc 1, 48-49).
¿Quién se ha cansado jamás de ver y oír el mar? La vuelta monótona de las olas rompiéndose en espuma blanca en la orilla es una melodía que nunca cansa. El rezo diario del Rosario, la repetida repetición de palabras de amor a nuestra Madre, nunca cansa: Dios te salve, María / las olas vienen; / Santa María, / las olas van. // Dios te salve, María, / rezan las olas; / Santa María, reza la mar. // Dios te salve, María, / es el Rosario, / Santa María, / sin acabar. // Gloria al Padre; un punto / sonríe el Padre, / y reza el mundo, /Amén, / y Dios también (Unamuno, Cancionero. Diario Poético).
Dale gracias a Jesús por su Madre.

Propósito: hacer olas.

lunes, 6 de octubre de 2014

Témpora de Acción de Gracias. Todo el que pide, recibe

Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá (Mt 7, 7).
Desde pequeñito todo el mundo me decía que era un pedigüeño, que no hacía más que pedir, que si era una sanguijuela o cosas peores. Jesús, Tú sí que me entiendes: Pedid y se os dará. Bueno, pues prepára­te: te pido por los niños a los que nadie habla de Dios, que no conocen a tu Madre dulcísima; te pido por los que mueren antes de nacer y por sus padres; que cures a todos los enfermos, que se acaben las guerras, por los cristianos perseguidos, que nadie pase hambre; te pido por el Papa, los sacerdotes y los religiosos; te pido por mis padres y por el pe­sado de mi hermano, para que se haga cura; te pido por el Barsa, para que gane la “Champion” y la liga; te pido… ¡la Luna!
Añade tu lista personalizada de peticiones… (no hay límite).
Porque todo el que pide, recibe; y todo el que busca, en­cuentra; y al que llama se le abrirá (Mt 7, 8).
Perdóname, Jesús. No sé si me habré pasado un pelín. Me ha salido una lista casi tan grande como la compra de mi madre en el supermercado, pero tú has dicho: Porque todo el que pide recibe. Bueno, Jesús. Ya sabrás Tú el momento y la forma oportuna. Porque también a veces me dices como a tus Apóstoles No sabéis lo que pedís (Mt 20, 22). Jesús, Tú sabrás mejor que yo lo que más me conviene, cuándo y cómo; lo dejo todo en tus manos, de Ti me fío.
Hasta ahora ¿qué no me he atrevido a pedir? Te pido, no ser tan lento.

Propósito: sobre todo te pido: ¡hágase tu voluntad!

domingo, 5 de octubre de 2014

Ponerme las pilas

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La entreca­vó, la descantó y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas (Is 5. 1-2).
Jesús, hoy las lecturas del domingo me recuerdan una bonita historia: Se decía de un hombre que entre sus posesiones y fincas tenía escondido un tesoro riquísimo, pero que nadie sabía dónde. Cuando le llegó el mo­mento de encontrase con su Creador, antes de fallecer, reveló a sus hijos el lugar del famoso tesoro. Resulta que se encontraba en una lejana viña que por mucho tiempo había estado descuidada. Allá fueron los hijos y empezaron con azadillas a cavar toda la viña. Después de quitar la maleza y cavarla toda entera no encontraron nada. Desanimados, desis­tieron, pero con el tiempo descubrieron que esa viña daba unas uvas co­losales y de ellas sacaron un vino excelente. ¡Este era el tesoro… la viña!
Jesús, ayúdame a descubrir esos tesoros escondidos con los que me enriqueces.
Llegado el tiempo de la vendimia envió sus criados a los la­bradores para recibir los frutos que les correspondían Mt (21, 34).
Jesús, una cosa es el tiempo de vendimia y otra muy distinta es estar pajareando. Ya sabes lo despistado que soy. Vienes a mí en busca de frutos. ¿Qué te podré dar? ¿Calabazas? ¡No…! Mis frutos serán el estudio ofrecido, mi deporte, mi alegría, mi ayudar en casa, mi simpatía. ¿Qué más?
Ofrécele a Jesús varias horas de estudio cabales: de 60 minutos.

Propósito: dar fruto y estar siempre pilas.

sábado, 4 de octubre de 2014

San Francisco de Asís. Jesús, soy el “raro que te quiere”

Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza (Lc 9,57-62).
Las hormigas tienen sus hormigueros, las abejas sus colmenas, las ara­ñas sus telas, los ratones sus agujeros, mis hermanos su habitación… Mira, Jesús, mientras yo viva, tú tranquilo, que no te faltará una casa, un techo. Estarás siempre conmigo, ¡de verdad! ¡Te lo prometo…! Te llevaré siempre conmigo. Jesús yo quiero ser tu templo, ¡soy Templo del Espíritu Santo!: tu refugio, tu escondite, tu consuelo y tu descanso, donde pue­das echar una cabezadita o unas risas de vez en cuando. Me sé unos chistes estupendos… ¿Te he contado alguna vez el del gringo gorrón…?
Jesús descansa en tu alma. Dile que ya no quieres ser más su pesadilla.
Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos
Jesús, hoy te pido por todos los Franciscos, Pacos, Pacorros, Paquitas… del mundo. Hoy es la fiesta de uno de tus grandes amigos, San Francisco de Asís, también amigo de la naturaleza y de los animales: hermano Sol, hermana Luna, hermano pájaro… Como soy bastante animal y también bastante pájaro le pido a San Francisco que me domestique, que me convierta en tu mascota preferida, en tu animal de compañía. Jesús, perdóname que todavía sea un poco, o bastante raro, pero con tu gra­cia, con mi lucha y con el paso del tiempo me corregiré.
Con la imaginación hazle unas cucamonas de mascota delante de Jesús.

Propósito: Ser la “+cota” de Jesús (menos animal y más racional). 

viernes, 3 de octubre de 2014

A ver si me entero de algo

¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que han sido hechos en vosotras, hace tiempo que habrían hecho penitencia sen­tados en saco (Lc10,13)
Corazaín y Betsaida eran dos ciudades magníficas que Jesús visitó con frecuencia e hizo muchos milagros, pero las pobres no se enteraron de nada. De hecho nada se sabe de Corazaín. La ciudad desapareció, hasta ahora, sin dejar rastros arqueológicos. Jesús, algo parecido puede suceder en mi alma: vienes a verme a menudo, me das de comer en la Eucaristía, me limpias en la Confesión, pasamos unos momentos estupendos en la Oración… ¡Haces milagros patentes! Y yo ¿me entero? ¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida!: ¡Ay de ti Rocío! ¡Ay de ti Inés! ¡Ay de ti Juan! ¡Ay de ti...! Que no te enteras, contreras. Jesús, que de una vez por todas me entere.
Habla con Jesús y dile que le “quieres” y que te “quieres enterar”.
Quien a vosotros oye, a mí me oye; quien a vosotros despre­cia, a mí me desprecia (Lc 10, 16).
¡Qué pesado el cura! ¡Qué rollazo de charla!... ¿Otra Misaaaá?... ¡Es que me aburre…! Quien a vosotros desprecia, a mí me desprecia. El sacerdote, quien sea, es un pobre hombre, hecho de la misma mala pasta que todos, pero… está ungido, es Cristo. Es Cristo y a través de él, Cristo me habla… aunque se repita. Jesús te pido por todos los sacerdotes.
Pide por todos los sacerdotes empezando por el más cercano.

Propósito: Que no me pase como a Corazaín, que se esfumó.

jueves, 2 de octubre de 2014

Ángeles Custodios. No me dejes ni de noche ni de día

¿Quién juzgas que es el mayor en el Reino de los Cielos? Entonces, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos (Mt 18,1-5).
¡Qué pesados los mayores! Siempre comparándolo todo, midiéndolo todo: ¿cuánto cuesta?, ¿cuánto vale?, ¿cuánto ganas?, ¿quién manda más? ¿Quién juzgas que es el mayor? Jesús, muy buena tu respuesta: Si no os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Jesús, como te decía ayer, delante de Ti quiero ser siempre chico, como el niño que tomaste en brazos, aunque luego mida más metros que Lebron (aquel jugador de basket que mide más de 2 metros). Aprenderé de Ti a llamar Abbá al Padre, papá, papaíto…
Pide a Jesús ser niño delante de Él, aunque te mueras de viejo.
Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, pues os digo que sus Ángeles en los Cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre (Mt 18, 10).
¡Felicidades, Ángeles Custodios!, con mención especial al mío (que tan bien me cuidas…). Hoy es fiesta en el Cielo, la Fiesta de los Santos Ángeles, con demostración de acrobacias angélicas y todo. Pero también cumple años la Obra: ¡Felicidades Opus Dei! Gracias, Jesús, por algo tan bueno; gracias Ángeles Custodios porque nos cuidan, muchas gracias San Josemaría por ser un hombre tan fiel.
Di a tu Ángel que te hable de Jesús, de lo guapa que es la Virgen...

Propósito: tratar mucho a mi Ángel. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Santa Teresa del Niño Jesús. Ser sencillo, no es ser tonto

Jesús, adivinando lo que pensaban, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí» (Lc 9, 47-48).
¿Quién sería ese niño tan afortunado? Tomó de la mano a un niño… Podía ser la hija de Jairo, tan contenta, o el avispado chico de los panes y los peces, o uno despistado que andaba por allí, o yo… ¿Por qué no? Jesús, entonces me coges de la mano, me la aprietas, sonríes y me dices bajito: —Vamos a darle un susto a estos. Me coges en brazos y dices: El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí. Jesús, pienso en los niños no nacidos y me dan ganas de llorar… ¿Pero por qué no los reciben? Es horrible. Matar a esos niños inocentes es como volver a matarte a ti. Jesús, ¿tú acoges también a esos niños abortados? —Pues claro, tan pequeñitos que son, serán pues, muy grandes en el cielo. —Yo los acojo en mis brazos y además desde allí interceden por sus padres.
Santos niños inocentes, no nacidos, intercedan también por mí.
El más pequeño de vosotros es el más importante (Lc 9,49).
Hoy, la Iglesia celebra a una gran santa: Santa Teresa del Niño Jesús o Santa Teresita. Tan grande y tan pequeña. Ella supo hacerse pequeña, muy pequeña, para que Dios la pudiera tomar en sus brazos y entonces, se hizo muy grande. No podemos olvidar que como decía el poeta: lo más grande que podemos hacer en la tierra es ser hacedores de cosas pequeñas.
Pídele hacerte más pequeño y a ver si Jesús te toma en sus brazos.

Propósito: cuidar las cosas pequeñas.

martes, 30 de septiembre de 2014

Ponerme las pilas

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La entreca­vó, la descantó y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas (Is 5. 1-2).
Jesús, hoy las lecturas del domingo me recuerdan una bonita historia: Se decía de un hombre que entre sus posesiones y fincas tenía escondido un tesoro riquísimo, pero que nadie sabía dónde. Cuando le llegó el mo­mento de encontrase con su Creador, antes de fallecer, reveló a sus hijos el lugar del famoso tesoro. Resulta que se encontraba en una lejana viña que por mucho tiempo había estado descuidada. Allá fueron los hijos y empezaron con azadillas a cavar toda la viña. Después de quitar la maleza y cavarla toda entera no encontraron nada. Desanimados, desis­tieron, pero con el tiempo descubrieron que esa viña daba unas uvas co­losales y de ellas sacaron un vino excelente. ¡Este era el tesoro… la viña!
Jesús, ayúdame a descubrir esos tesoros escondidos con los que me enriqueces.
Llegado el tiempo de la vendimia envió sus criados a los la­bradores para recibir los frutos que les correspondían Mt (21, 34).
Jesús, una cosa es el tiempo de vendimia y otra muy distinta es estar pajareando. Ya sabes lo despistado que soy. Vienes a mí en busca de frutos. ¿Qué te podré dar? ¿Calabazas? ¡No…! Mis frutos serán el estudio ofrecido, mi deporte, mi alegría, mi ayudar en casa, mi simpatía. ¿Qué más?
Ofrécele a Jesús varias horas de estudio cabales: de 60 minutos.

Propósito: dar fruto y estar siempre pilas.

También tenían su carácter

No le acogieron, (...). Al ver esto, sus discípulos Santiago y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma? (Lc 9, 53-54).
Tú, Jesús, no eres capitalino, sino nazareno, pero también ibas “bau­tizando” a la gente y dando en el clavo. A Simón lo llamaste Pedro –piedra, sillar– porque sería el primer Papa, y a esto dos les clavaste “Boanerges, esto es, «Hijos del trueno»” (Mc 3, 17). ¿Y a mí como me llamas? Porque Juan y Santiago se enojaban por los que no quería acogerte, en vez de rezar por ellos y quererlos para que cambiaran… yo en cambio soy pura gelatina; si no quieren, que no quieran… Creo, Jesús, que me pasa eso porque te quiero poco y los quiero poco.
u  Pide a Juan y Santiago más valentía y menos pena.
Y volviéndose, les reprendió (Lc 9, 55).
Aquí es donde me viene el genio, el enojo, el trueno y la tormenta: cuando me reprenden. Además es mi excusa perfecta, como me regañaron me pongo trompudo y no hago caso. Tú, Jesús, y quienes me educan –padres, profesores, etc.-- quieren lo mejor para mi y por eso me reprenden, y la verdad es que si mi padre o el profe de Mates pierden los estribos es sólo por culpa mía, porque soy un molestón de primera. Si fuera santo nadie me corregiría, además quien lo hace es porque me quiere mejor, como dice el Espíritu Santo: “yo, a los que amo, reprendo y castigo. (...) si alguno escucha mi voz (...) entraré en su casa y cenaré con él” (Ap 3, 19-20).
u  Cuenta a Jesús los últimos jalones de orejas que te llevaste.

Propósito: Amar los regaños.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

Vio Jesús a Natanael que se acercaba y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez (Jn 1, 47).
¡Qué buen piropo le echas, Jesús, a Bartolomé! Que era como un ángel, que no tenía “doblez”, lo que decía lo hacía y no cambiaba aunque la situación fuera difícil. Y es que cuando la Trinidad creó a millardos y millardos de ángeles les dijo “o conmigo o contra mi” y ellos eligieron libremente de una vez para siempre y nombró a tres capitanes. Jesús, ¡qué envidia de Miguel “Príncipe de la milicia celes­tial”, de Gabriel “Mensajero de Dios”, de Rafael “Medicina del Señor”… a los tres les pido ayuda y que no tenga nunca “doblez”, que mi “sí” sea siempre “sí”.
u  Pide su especialidad a cada uno de los tres Arcángeles.
En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar (Jn 1, 56).
Yo no he visto ningún ángel, pero sé que tengo uno conmigo siempre –lo llamo así “Ángel”, sin hacerme bolas– y que mi clase está llena de ellos porque somos muchos compañeros. Pero donde se juntan todos los ángeles y arcángeles es en Misa y en el Sagrario, por eso me gusta rezarles: “Oh Espíritus Angélicos que custodiáis nuestros Tabernáculos, donde reposa la prenda adorable de la Sagrada Eucaristía, defen­dedla de las profanaciones y conservadla a nuestro amor”. ¡Que inmenso aeropuerto de ángeles es cada altar! Ayúdenme a ser avia­dor, a volar junto a Jesús siempre, sin doblez, sin desviarme.
u  Encarga a los Arcángeles que cuiden a Jesús Hostia.

Propósito: Saludar a los ángeles del Sagrario… y a los otros

domingo, 28 de septiembre de 2014

Domingo XXVI: Obediencia

¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero, le mandó: Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. Pero él le contestó: No quiero. Sin embargo se arrepintió después y fue (Mt 21, 28-29).
Jesús, yo me parezco un poco a ese muchacho. Siempre que me dicen algo o me piden algo contesto que no. Luego, me arrepiento y hago lo que me dijeron. Por eso, mi mamá me dice que mi apellido es Contreras porque siempre llevo la contra. Es cierto que al final siem­pre acabo haciendo lo que me piden, pero quiero aprender a hacer las cosas con prontitud y con buena cara. Con una cara sonriente como la de don Álvaro. Con esa sonrisa que transmite paz.
u  Cuéntale a Jesús las últimas veces que has sido un Contreras.
Dirigiéndose entonces al segundo, le dijo lo mismo. Este le respondió: Voy, señor; pero no fue (Mt 21, 30).
Puestos a comparar, Jesús, este muchacho era peor. Con la boca decía que sí para quedar bien pero luego no hacía nada. La verdad es que no soy quien para juzgarlo, ya que muchas veces yo soy así contigo. En mis ratos de oración te digo que sí a todo y luego todo se queda en buenas intenciones. Le voy a pedir a don Álvaro que interceda por mí para decir sí con una buena cara y sonrisa y después hacer eso que me pides.
u  Di: beato Álvaro ayúdeme a decirle que sí a Dios y que haga lo que me pide.

Propósito: Obedecer.