domingo, 22 de julio de 2018

Verdadero descanso


Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer. (Mc 6, 31).
Cuando era más pequeño y llegaban los domingos, me caía mal que cuando yo me despertaba aún seguían todos dormidos. Conforme han ido pasando los años, también yo me he unido a los que se levantan tarde. Hasta que un día, vino mi papá y me explicó que el domingo no era para dormir, sino para descansar. Es decir, para repo­ner las fuerzas dedicando tiempo a actividades familiares, deporte, paseo, etc. Y leyendo lo que me dices hoy en el Evangelio, pienso que sobre todo debe ser un tiempo para pasarlo contigo, Jesús.
No podrías apurarte un poquito más para salir a Misa.
Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque an­daban como ovejas sin pastor (Mc 6, 34).
No podría yo compadecerme también de la gente que me rodea. Quizá dentro de lo que hago los domingos podría haber algo de tipo solidario. Jesús, cómo quisiera aprender a compadecerme de los que me rodean. Saber descubrir cuando mis papás están agotados, o mis hermanos necesitan ayuda, o la gente en la calle, a veces pa­sando hambre y en algunos lugares hasta frío.
Piensa en las cosas que divierten a tu familia
Hacerse el chistoso, pero no por vanidad, sino para servir