domingo, 6 de noviembre de 2016

No es Dios de muertos, sino de vivos

¿De cuál de ellos será la mujer? Porque los siete (hermanos) han estado casados con ella (Lc 20, 36).
Jesús, hay una película super-cursi que le encanta a mi mamá. Se titu­la: Siete novias para siete hermanos. Cada vez que la vemos en casa, la pobre se echa a llorar de emoción. Pero siete hermanos para una sola novia… me parece un poco exagerado. Jesús, creo que el que te preguntaba no buscaba la verdad, sino meterte en un lío. Ahora tam­bién hay gente así que se te acerca buscando “tres pies al gato”: que si Galileo, la Inquisición, la momia de Tutankamon, que si lo dice la TV…
Jesús, que no me confunda con cosas raras y te busque de verdad.
Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos (Lc 20, 38).
Y Dios de Francisco de Asís, Dios de Ignacio de Loyola, Dios de Juan Pablo II, ¿Dios de Tutankamon? Quizá también, ¿por qué no, si fue un buen faraón y se ganó así el Cielo? Y Dios de Josemaría, y Dios de Teresa de Calcuta, y Dios de los niños no nacidos… No es Dios de muertos, sino de vivos. Jesús, eres un Dios de vivos, te gusta la Vida. Contigo están en el Cielo tantos y tantos santos, unos anónimos, otros no. Tantos seres que­ridos, también mi abuela. Jesús, a mí también me gusta la vida, primero la vida aquí en la tierra y luego con tu gracia la Vida contigo en el Cielo.
Repasa a tus seres queridos que ya han pasado de la vida a la Vida.

Propósito: vivir bien la vida.