sábado, 3 de septiembre de 2016

carreta a carretero, se vuelve un gran cuentero

Sucedió un sábado que, al atravesar los sembrados, sus discí­pulos arrancaban espigas y, desgranándolas con las manos, las comían (Lc 6, 1).
Los apóstoles como están contigo Jesús, no se preocupan si los demás les critican o hablan bien de ellos. No tienen miedo al qué dirán. Son ellos mismo. Muchas veces, Jesús, me doy cuenta que para caerles bien a los demás miento o no digo lo que realmente pienso que es bueno. Me da miedo que piensen que me tomo demasiado en serio a Dios. Jesús, yo no quiero ser un carreta o un mentiroso. Ayúdame a ser coherente siempre. A ser yo mismo, pero no, el “yo mismo” salvaje, sino el “yo mismo” que anda siempre a tu lado.
¿Cuántas veces mientes al día sólo por quedar bien?
Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor del sábado (Lc 6, 5).
Me parece entender, Jesús, que si me doy cuenta de que Tú estás por encima de todo y de todos, lo que me debe importar es lo que digas y pienses de mí. Así seré siempre coherente y fiel a Ti. También te quiero pedir, Jesús, que me ayudes a quitar de mi vida las cosas que no me dejan ponerte en primer lugar. A veces siento que, más que católico, soy una persona que de es de alguna religión rara que rinde culto a FIFA o las fiestas. Si me invitan a algo de Dios, me hago el loco y no voy; pero si me invitan a jugar FIFA o a ir a una fiesta, ni Flash me gana en rapidez.
¿De qué religión eres?

Propósito: No decir mentiras.