miércoles, 26 de diciembre de 2012

Oh feliz varón, bienaventurado José


Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser (…) Daba gracias a Dios y hablaba del Niño a todos (Lc 2, 36.38).
¡Mira, si es la profetisa Ana!, dijo San José muy contento al entrar en el Templo con el Niño Jesús en sus brazos poderosos. Porque aquella mujer conocía a la perfección a todas las familias piadosas de Israel. Sesenta años sin apartarse del Templo y profetizando dan para mucho. ¡Vaya, si es José!, replicó a su vez Ana. —¡Pero qué bien acompañado te veo! Y José con emoción recordó y comprendió aquella misteriosa profecía que un día le hizo, aún siendo niño: ¡Oh feliz varón, bienaventurado José, a quien le será concedido no solo ver y oír al Dios, a quien muchos Reyes quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron, sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo!
·         Háblale a San José por tu cuenta.
El Niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba (Lc 2, 40).
Jesús, yo también te puedo abrazar, vestir y custodiar como lo hacía San José. Te abrazo y te beso en la Sagrada Comunión. Te acaricio en mi alma en la Santa Misa. Te visto con mi lucha por adquirir las virtudes. Te custodio y protejo en mi corazón para que nada ni nadie te me puedan robar. Y el Niño va creciendo y robusteciéndose también en mi vida.
·         Reza despacito una Comunión Espiritual.
Propósito: Comulgar con cariño.