viernes, 21 de diciembre de 2012

Santa María: Rosa Mística


Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros             (Mt 1, 23).
¡Pobre San José! En Belén nadie les hacía caso y, con un nudo en la garganta, no tuvo más remedio que acomodar a la Virgen María en un sitio que nadie quería: en un lugar donde pasaban la noche los animales. Eso sí, barrió con unas ramas secas el suelo, puso unas mantas limpias sobre la paja, para que reposara la Virgen; encendió un fuego y preparó algo de comida. Con el fuego, también se calentó el ambiente. Jesús, ahora que hay tantos que no te quieren, que te echan de sus vidas, en mi corazón siempre encontrarás un lugar limpio, serás para mi Emmanuel: Dios-conmigo.
·         Pide a José que te ayude a limpiar el alma antes de que nazca el Niño.
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el Ángel del Señor (Mt 1, 24).
Aquel sacerdote consideraba en su predicación la pobreza del Portal donde quiso nacer Dios: frío, bichitos, suciedad… ¡malos olores! De entre los que le escuchaban uno, en un arrebato, no pudo aguantar más, se levantó e increpó al predicador: Allá donde esté la Santísima Virgen, no huele mal, ¡no puede oler mal…! Santa María, Rosa Mística, nos trae el buen olor de Cristo.
·         El que trata con perfumes, huele a perfumes. ¿Y el que trata a María?
Propósito: oler bien, en el alma.