miércoles, 12 de diciembre de 2012

Virgen de Guadalupe María, ¡lúcete!


Venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados, y yo os aliviaré (Mt 11, 28).
Era un sábado de 1531. El indio Juan Diego iba muy de madrugada a México a sus clases de catecismo. Junto a un cerro, escuchó que lo llamaban: Juanito, Juan Dieguito. Subió a la cumbre y vio a la Niña que le dice: Hijito mío el más amado: yo soy la perfecta siempre Virgen María, Madre del verdaderísimo Dios…, mucho quiero tengan la bondad de construirme aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión y auxilio… Allí estaré siempre dispuesta a escuchar…, para purificar y curar sus penas y dolores.
·         Agradece a Jesús que nos haya dado a la Virgen como Madre nuestra.
Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrareis vuestro descanso (Mt 11, 30).
Juan Diego al principio se hizo el remolón, pero pudo más el amor a la Virgen. Por fin, fue a ver al Obispo y desplegó delante de él su poncho lleno de rosas. Y, así, al tiempo que se esparcieron las diferentes flores, en ese mismo instante… apareció de improviso en el humilde ayate la venerada imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, tal como ahora tenemos la dicha de venerarla. La Virgen se hizo una foto y nos la dejó como prueba de su amor.
·         Indudablemente a la Virgen le gustan las rosas. ¿Rezo el Rosario?
Propósito: hoy, Fiesta de Guadalupe, regalar rosas a la Virgen.