sábado, 30 de junio de 2018

Cuerpo de Cristo, sálvame; Sangre de Cristo, embriágame


Discutían, pues, los judíos entre ellos diciendo: ¿Cómo pue­de éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis Vida en vosotros (Jn 6, 52-53).
Madre mía, hoy en mi oración acudo a ti. ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Tú nos das la respuesta: Cuántas veces, como todas las madres del mundo, habrás dicho a Jesús Niño en tus brazos: Te co­mería a besos. Pero quizá nunca imaginaste que sería una realidad. Lo que no puede hacer el amor humano lo consigue el Amor divino. Es la locura de la Eucaristía: Comunión, unión, comunicación, confidencia: Palabra, Pan, Amor (Camino, 535).
Sigue tú unos minutos preparándote para la próxima Comunión.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él (Jn 6, 56).
María, tuviste durante nueve meses a Jesús dentro de ti. Cada vez que comulgo, durante diez minutos, tengo a Jesús dentro de mí. ¿Cómo le trato? Madre mía, seguro que le cantabas, le hablabas y le rezabas. ¿Cómo son mis comuniones? Yo quisiera Señor recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre…y de paso, daros un abrazo en el corazón.
Ahora que estoy de vacaciones, ¿no puedo ir algún día más a Misa?
Propósito: Ir más a Misa