miércoles, 27 de junio de 2018

Gracias Dios, mío; Gracias


Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para que coman éstos? (Jn 6,5).
Atardece. Estamos fatigados y hambrientos. Jesús, levantas la mirada y ves a la muchedumbre. Pero, no ves a la multitud, nos ves a cada uno, me ves a mí. Como nos dice el Papa: La mirada conmovida de Cristo se detiene también hoy sobre los hombres y los pueblos. Con su mirada abraza a las multitudes y a cada uno. Jesús, cómo me gusta sentir tu mirada. De un vistazo borras de mi alma cualquier rastro de preocupación, de amargura. Jesús, mírame, mírame mucho, como en la canción. Te lo pondré fácil porque pienso ir con frecuencia a que me mires desde el Sagrario. Ni pisci, ni playa, ni rayos UVA, ni tonterías: Sentirme mirado por Jesús. ¡Qué bien se está contigo!
Baños de Sol, sí, pero también bañarme en la mirada de Jesús.
Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces.
Andrés trae de la mano a su sobrino. El niño pensaba hacer negocio. Tenía ya el lema: Bocadillos de sardinas a un euro; hay que tener vi­sión comercial, decía. Y ese día hizo el mayor negocio de su vida: Lo dio todo. Jesús se sirvió de su generosidad para hacer un gran milagro. Jesús, yo también te lo doy todo, porque es tuyo.
Sólo nos llevaremos al Cielo lo que hayamos sabido dar.
Propósito: Dar a tutiplén